Un cambio de planes (4): Oficialmente su mujer

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Después de hacer el amor con Henry y haberme entregado a él, sentí una felicidad y una sensación de plenitud tan grande que no tenía palabras en ese momento para describir lo que sentía. Henry había terminado un poco agotado pero aún tenía entre sus planes que hiciéramos varias cosas ese día, pero quería que descansaremos un rato primero, así que nos acostamos en su cama, él estaba totalmente desnudo a mi lado, y no podía parar de verlo, me gustaba cada parte de su cuerpo y en mi mirada creo que se notaba.

Él hacia lo propio conmigo, me observaba, me acariciaba y me consentia de una manera que nadie había hecho antes. Me hizo varios cumplidos sobre como me veía con la lencería, mis medias, mis guantes, la tanga que resaltaba mis nalgas y el brasier que hacía juego. Sentir sus manos un poco ásperas sobre mi piel, y sentir su barba cuando me daba besos era algo que me estremecía. En un momento senti la necesidad de darme la vuelta y darle la espalda, y al estar así, sentí como se acercó más a mi y me abrazó, y me empezó a besar en la espalda y en la nuca, era algo muy tierno y excitante, a su vez sentí como su pelvis se pegó a mi trasero, quedamos en un posición de cucharita, un contacto físico muy intenso pero delicado.

Él estaba tan cerca de mi que sentía su respiración y su calor, esto me resultaba muy rico (Era una sensación de protección). Pero en mi interior seguía sintiendo ese miedo a lo que estaba pasando, no era fácil para mí entender todo lo que estaba pasando. En un abrir y cerrar de ojos pasé de llevar una vida como hombre activo a estar acostada en la cama de un hombre, vistiendo lencería femenina y con mi culo lleno de semen, y ese hombre estaba ahí, abrazándome tranquilamente, siendo tierno y seguro siendo el único macho en esa habitación.

Entre todas las emociones del momento, una oleada de miedo se apoderó de mi en un instante, me pregunte que estaba haciendo, esto estaba yendo a una velocidad que no podía manejar y sentí que estaba en un terreno desconocido. Así que me arme de valor y le hable a Henry;

“Esto que está pasando es algo que tú en verdad deseas?, que es lo que está sucediendo entre los dos?”

Él me volteó para quedar de lado frente a mi y colocó una mano sobre mi cadera, me miró y me respondió;

“He esperado mucho tiempo para que llegara alguien como tú a mi vida, y quiero que nos demos una oportunidad de estar juntos y si todo sale bien, construir una relación”

Sus palabras sonaron sinceras y muy concretas, después de todo los dos ya somos adultos, pero eso no eliminaba del todo mis miedos e inseguridades. Y se lo hice saber;

“Se que eres un hombre hermoso, eres gentil y tienes muy claro lo que quieres, se que quieres que sea tu mujer, pero mírame, no tengo todo lo que quieres y buscas, puedo esforzarme pero no tengo todo lo que buscas de una mujer”

Él se quedó en silencio unos segundos, y respondió con un acto, se puso a la tarea de quitarme el brasier y los guantes, cuando lo hizo, se acercó a mi pecho y empezó a darme besos, a lamer mis pezones y a acariciar mi pecho, y me dijo;

“Esto es lo que busco, se que no naciste mujer, pero acá estás, tan femenina como ninguna, es tu actitud la que busco, tu entrega, tu esfuerzo por ser femenina para mí, tu energía y la forma en que has asumido todo esto. Se que ha sido rápido pero no estás sola, este proceso es de los dos y yo quiero ser tu hombre, quiero que hagamos esto juntos”.

Sus palabras me desarmaron, no tuve más remedio que acentir con mi cabeza y buscar su boca para besarlo. Me lo quería comer a besos. Y así, sin decir más, estaba claro, en ese momento estábamos empezando una relación como pareja. No hubo más que decir, los dos sabíamos que así era.

Esa tarde estuvimos en su habitación consintiendonos y hablando de todo. Fue algo bonito, pues muchas veces en mi vida anterior, después del sexo todo se acababa y no había este tipo de intimidad.

Cuando fueron cerca de las 5 pm, nos levantamos y nos duchamos. Henry quería que salieramos a un centro comercial, quería que fuéramos a dar una vuelta y hacer algunas compras. Yo me sentí emocionado pues era salir en público con Henry.

Salimos y nos dirigimos a un centro comercial cercano, y para mí sorpresa, el plan estaba enfocado en mi, Henry quería que compraramos algo de ropa para mí, y debo decir que fue algo tan excitante. Jamás lo había hecho, pues algo diferente era comprar lencería en un sex shop y otra cosa era estar en un almacén viendo ropa de mujer para mí. Y para ser sincera, a pesar de sentirme siempre apoyada por Henry, no sabía cómo hacerlo, en el primer lugar al que entramos me atendió una chica de unos 25 años, era gentil pero no sabía cómo decirle que era para mí lo que estaba buscando.

Así que salimos de esa tienda y fuimos a una tienda por departamentos, ahí pude buscar mejor, hasta que encontré un par de vestidos que sentí que podían quedarme, ahora el problema era probarmelos. Le dí vueltas al asunto y decidí que no iba a hacerlo, así que le dije que llevaría esos y ya. Fuimos a la caja, él los pagó y salimos con esa bolsita. Que aunque sencilla era muy importante para mí, dentro iban mis primeros vestidos, y estaba emocionada por eso.

De ahí dimos vueltas hasta que nos cruzamos con un almacén de zapatos muy conocido, y yo sabía que ahí se conseguían todo tipo de zapatos para mujer y en las tallas grandes. Entramos y rápidamente me dirigí a la sección de tacones, encontré unos que me gustaron y que hacían juego con los vestidos. En el camino a la caja ví unas sandalias hermosas, las pedí en mi talla y sin decir más fui a la caja, nuevamente Henry pagó todo.

Luego él me llevó a una parte del centro comercial que no era muy transitada y ahí entendí porque, allá en un pasillo había un sex shop, él entró y detrás suyo fui yo. La persona que nos atendió era una mujer de edad madura. Fue muy gentil en su recibimiento. Nos preguntó acerca de que estábamos buscando y ahí fue cuando Henry tomó la iniciativa, le pidió que nos mostrará conjuntos de lencería, tangas y cacheteros. En silencio yo lo observé, con algo de timidez, di mi opinión en algunos momentos, hasta que la vendedora nos preguntó que tallas necesitábamos y como era la chica que la luciria.

Me quedé en silencio, era la pregunta incómoda que esperaba que surgiera en algún momento, pero Henry intervino y rápidamente me volteo a mirar, la vendedora entendió sin palabras lo que estaba pasando, así que se dirigió hacia mi y me dijo; “Tranquila, es más común de lo que piensas, te voy a ayudar con las tallas adecuadas para ti y algo que te haga ver hermosa”

Entre un casi shock y un alivio total, solo pude decirle “Gracias”.

Ella trajo las tallas de las prendas que Henry iba seleccionando, poco a poco el mostrador estaba llenándose de prendas de todo tipo. Hasta que ella interrumpió y nos dijo;

“Bueno, las prendas están hermosas y muy sexys, pero te hace falta algo”

Y señaló en una estantería unas pelucas que tenía en algunos maniquíes. Yo volteé a mirar a Henry y él solo dijo;

“Si quieres, anímate”

Me dirigí hasta el mostrador y estuve mirando un par, hasta que ella me pidió que me probará una, le dije que no sabía cómo ponermela y ella me dijo;

“No hay problema, yo te enseño y te guío en todo lo que quieras saber”;

y así fue, me ayudó y me dió todas las indicaciones necesarias para que la peluca que ella había seleccionado me quedara bien puesta. Al verme al espejo no lo podía creer, casi me desmayo jejeje sentí que me veía bien. Me gustó de inmediato y le dije a Henry, “Te gusta”, a lo que asintió.

No hubo más que decir, hicimos la compra y cuando fuimos a pagar, está mujer fue muy amable y me dijo, “Te voy a hacer un regalo”, y saco de la vitrina un labial y un sobre de lubricante, me los dió en la mano diciendo “Pásala rico” y se sonrió. Me sonroje como nunca, le devolví la sonrisa y le agradecí.

Salimos de aquel local, yo estaba que me moría, para calmar los nervios le pedí que tomaramos un café. Nos sentamos en un café y tomamos algo. En mi mente pasaban muchas cosas y muchos pensamientos, pero veía a esta hombre y me derretía, quería besarlo y darle gracias por ser tan bonito conmigo. No me imaginaba jamás que así se sentía ser atendida y consentida. Y no era porque me regalará cosas, pues yo tenía claro que podía comprarlas, pero era lo detallista que era lo que me tenía fascinada.

Finalmente, decidimos devolvernos para el apartamento, salimos del centro comercial, en el camino yo estaba que me lo comía a besos y eran tanta mis ganas que no dude en acariciarle su pene sobre su pantalón mientras manejaba. Él tenía su miembro ya como una roca, cuando llegamos al parqueadero del edificio no me aguanté y le solté la correa y baje su cremallera, quería sacar su pene y así lo hice. Lo empecé a masturbar ahí mismo, había una ventaja y era que su carro tenía los vidrios polarizados y como ya era de noche no se veía mucho desde afuera, así que aproveché que no había nadie cerca y me agaché y me metí su pene en la boca.

Quería agradecerle todo lo hermoso que estaba siendo conmigo y a la vez satisfacer las ganas que tenía de él. Así fue como empecé a darle una mamada en su carro jejeje, y me divertí tanto haciéndolo y él lo disfruto bastante, sus manos en mi cuello y sobre mi cabeza, y mis manos en sus bolas, era todo justo lo que buscaba. Senti tan delicioso, nos alternabamos el control. Tener su miembro en mi boca ya se estaba convirtiendo en un gusto adquirido muy delicioso.

El sabor de su pene era suave y ligero, y la sensación de su glande en mi lengua era genial. Le chupe su pene con ganas pero con delicadeza hasta que sentí que Henry iba a venirse, ahí no supe que hacer pero ya era tarde, él soltó su semen en mi boca, fueron varias descargas, y ya estaba llena de su leche. Seguí dándole varias mamadas más y no tuve dudas sobre lo que iba a hacer, ya había probado su semen antes pero ahora iba a comerme toda una descarga completa, y sin pensarlo mucho, empecé a tomarme su leche calientita y a limpiar su pene con mi lengua. Él solo estaba ahí mirándome mientras le lamía y limpiaba. Tenía una cara de satisfacción muy evidente.

“Gracias amor, que rico lo haces, me gusta que seas delicada y consientas tu pene con tanto cariño”

Esas palabras fueron más que un elogio para mí, era mi hombre aprobando mi esfuerzo por satisfacerlo. Cuando terminé me levanté y le pedí que fueramos a su apartamento.

Esa noche experimentamos varias cosas con todo lo que habíamos comprado, pero eso es algo que dejó para una nueva parte de este relato.

Continuará…

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