-Por suerte, el maquillaje hace milagros. Me miro al espejo y, a pesar de sentirme agotada, me veo guapa. Ya me puse la ropa interior y me queda muy bien. Más que sostén o bragas, son joyas. Cadenitas de oro, perlas, brillantes. Parezco una princesa. Cuando estoy a punto para ponerme el vestido, muy elegante, llaman a la puerta. Es Bárbara – me explica Julia, la farmacéutica.
Después de muchos días sin verla, hoy puedo estar en la farmacia y seguir escuchándole contarme esos días de vacaciones con Pancracio, el hombre que la contrató para hacerse pasar por su novia ante el señor Alejandro, su tío extremadamente rico. Creyó que, por fin, su sobrino tenia una pareja dispuesta a ser compartida con él. Esa era una de sus fantasías. Él no sabía que, en realidad, Julia no era novia de su sobrino, sino que cobraba por estar con ellos esos cinco días.
-Don carpintero, solo tenemos unos minutos, porque vendrá Braulio.
-¡Que espere!
-¡No, Braulio es uno de mis mejores clientes especiales! Él paga muy bien por…
-Bueno, me decía usted que…
-Sí, pues que cuando subí a prepararme para la cena, vino a verme esa criada tan joven. Pero ella no vestía con su uniforme, sino que llevaba un vestido de noche también muy elegante.
“Aunque no tenía tiempo de atenderla, ella estaba muy inquieta y la dejé entrar:
-Bárbara, debo vestirme enseguida y bajar a cenar.
-Sí , lo sé, señora.
-Llámame Julia, hija.
-Sí, señora.
-¿Cómo vas tan elegante? ¿Es que esta noche no trabajas?
-No, sí, no sé.
-¿Cómo que no sabes?
-Don Alejandro me mandó llamar. Me asusté porque pensé que él me reñiría por haber dado ese espectáculo con usted esta tarde.
-No sería justo, si los hombres pudieron… ya sabes. – me sonrojo.
-Estaba el mayordomo con el señor. Me asusté todavía más.
-Claro.
-El señor Alejandro me dijo que Gaspar le había contado que ayer por la tarde, usted y él… en su habitación…
-¡Oh! ¿Y no se enfadó con él mi tío?
-No, se rio y dijo él había hecho bien de aprovechar que su futura sobrina es tan puta. Le contó que usted se había presentado a su habitación con el disfraz de colegiala. Que él no quería… que usted casi le obligó.
-¡Será cabrón!
-¡Muy cabrón! Le contó también que yo… que había estado yendo por la casa con esa faldita tan corta y sin bragas y con el plug…
-¡Pero él me prometió que no lo iba a contar!
-¡Pues ya ve! Se ve que cuando Gaspar vio lo que hacía usted esta tarde… él se lo confesó todo al dueño.
-¿Y te castigaron? ¿Te van a echar?
-Al final no.
-¡Menos mal!
-Me dijo el señor que nunca hubiera imaginado que yo fuera tan cerda, que me conocía de pequeña y que siempre le había parecido muy buena niña. Pero que esta tarde le había defraudado. Me preguntó si era virgen y yo le contesté que ya no.
-¡Él no tiene derecho a preguntarte esas cosas!
-Yo no le quería hacer enfadar.
-Habían estado hablando con el mayordomo y que habían decidido echarme por cerda, pero que lo había meditado y que me ofrecía una opción. “Hoy me he fijado que ya eres toda una mujer y que estás muy buena. Si aceptas un trato, te subiré el sueldo y de posición. Si no aceptas el trato, te puedes largar ahora mismo.”
-¿Y cuál es el trato?
-Me preguntó si es que me gustan las mujeres. Yo le contesté la verdad, que no. Que lo que había visto esta tarde era solo porque me excité demasiado con lo que estaba viendo que hacía usted.
-Es normal.
-Sí, pero él me dijo que las demás mujeres del servicio supieron comportarse. La propuesta es que hoy me vista así, de señorita rica, y que tras la cena, usted y yo…
-¿Qué?
-Pues que… solo si usted accede…
-¡Di!
-Que… usted y yo… ante todos… nos toquemos, nos desnudemos…
-Vale, entiendo. Si eso es lo que quiere don Alejandro y a ti te va a favorecer…
-¡La verdad es que me iba a cambiar la vida!
-Pues a mí no me importa.
-¿No? ¡Qué buena es usted!
-Yo hago todo lo que me piden.
-Sí. ¿Pero a su novio no le molesta que…?
-Ya ves que no, al contrario. Uy, llaman a la puerta. Debe ser él. Deja que me ponga el vestido.
-Me voy. ¡Juli, muchas gracias! – se abalanza sobre mí y me da un abrazo.
“Cuando llegamos al comedor, don Alejandro me presenta a los invitados, uno a uno, doce en total, sin contar a mi novio y a su tío. Muchos son de la edad del dueño de la casa, es decir, muy mayores, pero alguno está más cerca de mi edad. Me explica que son militares, como él, la mayoría jubilados, y de sus hijos, también con carrera militar.
“La cena transcurre agradable. Tengo mucho apetito y disfruto de la comida deliciosa. Me devoran con la mirada, lo que me parece normal. El vestido es muy elegante y el escote, mayúsculo. Antes de que sirvan los postres, el mayordomo hace entrar a Bárbara en el comedor y el señor anuncia que “este bombón será a partir de hoy la encargada principal del servicio de la casa y hoy tendremos el placer de que se siente con nosotros en la mesa para los postres”. Un caballero le indica que se siente en una silla vacía a su lado y la chica me sonríe nerviosa. Su vestido también luce un enorme escote y todas las miradas se centran en sus pechos.
Después pasamos a un salón que se llama “la sala de los espejos” y allí los criados sirven cafés y licores. Todas las paredes están cubiertas de grandes espejos que van desde el suelo hasta el techo. El dueño de la casa toma la palabra:
-Ahora estas dos bellezas, mi nueva sobrina y la muchacha, nos van a brindar un espectáculo erótico. Como os dije, amigos, a Juli le encanta exhibirse ante todos, no tiene vergüenza. Y Bárbara, bueno, veremos qué nos puede ofrecer la chica, pero ya os digo que esta tarde nos ha enseñado a todos que le gusta el sexo. ¡Adelante, señoritas!
“Primero bailamos sensualmente. Nos abrazamos. Nos acariciamos por encima de la ropa. Bárbara me arremanga el vestido y magrea mis nalgas. Yo hago lo mismo con su vestido y con su culo. Me huele el cuello y lo besa. Tomo la iniciativa y bajo las tiras de su vestido y le acaricio los hombros y se los beso, mientras ella pone la mano en mi pubis. Le bajo el vestido por debajo del pecho y veo que el sostén es también una joya, como el mío.
Cuando se lo desabrocho y se lo quito, ella se deja hacer y también cuando le acaricio las tetas. Bárbara mete sus dedos bajo mis bragas y me acaricia el clítoris. Yo le tomo la mano y la acerco a la entrada de mi vagina. Mete un dedo en ella. Suspiro. Le beso y le chupo los pechos. Ella ja tiene varios dedos dentro de mí. Yo separo las piernas para que pueda moverlos sin dificultad. Mi flujo resbala por mis muslos. Me besa en la boca. Jugamos con nuestras lenguas. Oímos aplausos.
“La chica me mete un dedo en el ano. Yo juego con él contrayendo mi esfínter. Estoy más que excitada. Acerco mis manos bajo su vestido y hago lo mismo que ella, solo que le meto dos de mis dedos en el culo. Gime y me inserta otro dedo en el ano. Le respondo con un tercero en el suyo. Hasta que ambas tenemos nuestros cinco dedos en el ano de la otra. Me imagino que eso gustará a los hombres, así que le susurro a Bárbara que nos quitemos los vestidos.
Nos bajamos también las braguitas y nos ponemos de espaldas a los espectadores y nos inclinamos, con los codos en un sofá y de rodillas en la moqueta. Levantamos el culo y volvemos a meter los cinco dedos en el ano de la otra. Separamos los dedos para que se agranden los agujeros. Bárbara casi tiene la mano entera en mi ano y la mueve muy placenteramente. Yo apenas puedo tener mis cinco dedos en el de ella, poco más que las puntas. Presiono para meterlos un poco más adentro y ella suspira.
“Hago que la chica se siente en el sofá y le separo las piernas. Ella se deja hacer cuando le beso el sexo y le lamo la rajita, que rezuma flujo y sabe muy rico. Me pongo de rodillas, levanto mi culo, para que todos lo vean bien, y le hago un cunnilingus. No es lo que más me gusta de este mundo, pero no me importa dar placer a la niña y agradar a los amigos de mi tío. Muevo el culo sensualmente. Se acerca el criado Anselmo y me da el dildo flexible y transparente.
-Para su ano y su coño, señora.
“Me meto un extremo en cada agujero. Sé que les encantará al verlos abiertos y sonrosados, aumentados por la transparencia del consolador. Me gusta esta sala de los espejos porque así me pueden ver bien, por todos los ángulos. Cada vez estoy más cachonda. Consigo introducirme más de la mitad del consolador en el chichi y una buena parte de la otra en el culo. Me aplauden y felicitan. Eso hace que aún meta más adentro el dildo y que mis agujeros parezcan todavía más abiertos. Verme en los espejos, me pone a cien.
Mi tío ha tenido una buena idea en pasar a esta sala. Estar tan expuesta me excita un montón y uno mis gemidos a los de Bárbara. Ella tiene los ojos cerrados y se muerde los labios. Creo que ha llegado el momento y le chupo el clítoris y le meto todos los dedos de una mano en el chocho empapado y caliente y los muevo frenéticamente. Como suponía, ella empieza a correrse y a gemir todavía más. Todos aplauden. Consigo que siga teniendo orgasmos y que, en el tercero, lance chorros de squirt como una fuente.
“Cuando ella, satisfecha, aparta mi mano de su sexo, es mi turno y me tumbo de espaldas al suelo, me abro de piernas y me masturbo con el dildo, procurando que los espectadores lo vean bien. Bárbara se arrodilla a mi lado, enseñando el culo a todos, y me besa las mejillas, el cuello y los labios. Me quita el sostén y lame y chupa mis pechos. Junta su mano a la mía en el dildo y entre las dos lo introduce más adentro y lo sacamos y lo metemos hasta que llego al orgasmo. Me besa cuando chillo de placer, sin dejar de mostrar su culo y su coño a todos. Estamos así un buen rato. En los espejos veo a dos diosas del sexo. Muchos de los hombres acarician su bragueta.
-Amigos, seguro que os ha encantado ver a estas dos mujeres dándose cariño y placer – todos aplauden y gritan que sí, claro – Pero no os engañéis. Ellas no son lesbianas, ni mucho menos. Al contrario, les gustan mucho los hombres. ¿Verdad, sobrina?
-Sí, es cierto, tío. Aunque Bárbara es un bombón muy sabroso, me encantan los hombres.
-Y te gusta estar con ellos ¿verdad? Con más de uno si puede ser.
-Solo si a mi novio le parece bien – miro a Pancracio y él hace un gesto afirmativo.
-A mi sobrino le parece más que bien. Y precisamente, amigos, os invité para que él comparta a mi futura sobrina con todos vosotros. Y también para que ella pueda disfrutar del sexo en grupo, que sé que le encanta. Bueno, ya habéis visto que le gusta exhibirse y enseñarlo todo, sin rubor.
-¿Y la niña, Alejandro? – pregunta uno de los amigos, el que parece mayor.
-No, yo, no, por favor – le dice Bárbara al dueño.
-¿De verdad que no te apetece, Bárbara? Mis amigos son muy educados.
-No, no quiero. El trato es que yo solo… con la señora…
-A ver, amigos, la chica… ella es todavía virgen y no…
-¡Pero si ha demostrado ser una cerda!
-Por favor, Antonio, un poco de respeto. Tú, vístete, hija. Te has portado muy bien. Ah, y te puedes quedar con la ropa y todo. ¡Ven, bonita! – don Alejandro da un beso en la frente de la chica. – Si quieres, puedes quedarte a mirar.
-Bueno, eso, quizá sí. ¿No le molesta, seño… señorita?
-No, Bárbara. Pero, estoy cansada. ¿No podría…? – pregunto a mi tío, completamente desnuda.
-Ahora no puedo hacer un feo a mis amigos. Ellos han venido para estar contigo, sobrina.
-Querría ir a descansar.
-Tú consigue que todos se lo pasen bien y entonces podrás ir a dormir.
-Pero es que son muchos, tío.
-Tu podrás, hija. Venga, que es la última noche. Haz feliz a tu tío. Y a esos caballeros.
-Tengo sueño.
-Mi sobrino y yo lo estuvimos hablando… la última fantasía que tenemos sería hacerte una doble penetración.
-¿Cómo? ¡No, tío!
-A ver, pero…
-¡No, no, nunca he hecho una cosa así!
-Ven, Pancracio. ¿Verdad que nos complacería poder follar los dos conjuntamente a tu novia?
-Es tu ilusión, tío. Juli, nos harías muy felices.
-Además, así, si dejas que nosotros dos te follemos conjuntamente, pues ganarás tiempo y podrás ir a descansar.
-Ya, pero no, no. Eso sí que me haría sentir como una guarra.
-Pero si es lo mismo, hija.
-¿Qué quiere decir? ¿Que soy una puerca?
-No, para nada, Juli. Mira, deja que nosotros dos lo intentemos. Y, si te gusta, puedes dejar que mis amigos también te follen de dos en dos y así, pues pronto podrás ir a la cama.
-Ay, no sé. Lo he visto en algunos videos, con mi esp…, quiero decir… no parece que a las chicas les guste.
-A algunas sí, hija.
-Y… por dónde… si os parece, aceptaría que uno me… bueno, que me la meta por el agujero que desee y el otro, pues que me folle la boca.
-A ver, que mames una polla estaría bien, pero eso sería además de la doble penetración.
-Pero…
-Mira, puedes escoger cómo quieres la doble penetración – me explica don Alejandro, que se saca el miembro del pantalón, ya bien empalmado.
-Ay, no sé. Supongo que… ¿uno por la vagina y otro por el culo?
-Eso como tú desees, Juli. Puedes escoger. Si prefieres que te la metamos los dos en el coño o los dos en el ano…
-No, no, creo que me iba a doler. Y no me iban a caber. Si acaso… no sé… probemos… si eso le va a hacer feliz…
-Sí, Juli, bonita.
-Pues túmbese, tío. Y yo me pondré encima. Y tú, Pancracio…
-Yo prefiero, si no te importa, darte por culo, hija – exclama don Alejandro – Es que tu culo es muy acogedor.
-Gracias, tío. Vale, pues al revés.
-Oíd, amigos, mi sobrina desea que hoy la follemos de dos en dos. Ella será la primera vez que hace una cosa así y dice que quiere estrenarse con unos caballeros tan apuestos como nosotros. Así, que, vayan quitándose la ropa y pónganse en fila de a dos. Ella quiere que los primeros seamos su novio y yo, su tío. Pero luego podrán ir pasando todos y follarla bien.
-Tío, no diga eso.
-Solo si tú quieres, hija.
-No, solo ustedes dos.
-Bueno ya veremos. Basta de charlas, que mira cómo estoy – me muestra su pene duro e hinchado.
“Pancracio se tumba en la moqueta y yo me siento encima de su verga parada, que atraviesa mi coño como un misil. Sin ninguna dificultad. Mi flujo rezuma. Levanto el culo para su tío y ya noto que el glande pugna por entrar en mi ano. Relajo el esfínter y enseguida tengo media verga dentro. Me gusta la sensación y beso a mi novio y me muevo sobre su polla para que entre y salga. El tío no consigue metérmela entera pero sé que siente placer porque cada vez suspira más intensamente. Yo empiezo a derramar flujo en el miembro y los testículos de Pancracio, que aumenta mi placer al acariciarme el clítoris. Estallo en un orgasmo y todos aplauden.
Cuando estoy más relajada, cambio de postura y me siento sobre el pene de mi novio para que me entre en el ano, lo que consigue en un momento. Separo las piernas y le ofrezco el coño a mi tío y él me introduce su miembro de golpe de manera que tengo las dos pollas dentro de mí por completo. Al cabo de poco, me llenan los dos agujeros con su semen abundante y yo me vuelvo a correr.
-Amigos, ya veis que a la chica le ha gustado. Así que ahora quiere que la vayáis follando de dos en dos.
-Tío, yo no he dicho eso.
-Pero te ha gustado, ¿no?
-Bueno, a ver, me he corrido dos veces.
-¡Pues va!
“Es el turno de los siguientes. Y después de dos más. Yo, estoy más cansada que excitada y no llego al orgasmo. Noto que mis agujeros se van volviendo más flexibles, así que, cuando les toca a los del cuarto turno, los dos más jóvenes, les invito a follarme los dos la vagina. Mi tío me felicita por la iniciativa. Pancracio se está masturbando y también me manda un gesto de aprobación.
Uno de los más jóvenes, que luego supe que se llama Gerardo, se tumba en la moqueta y me siento de espaldas a él. Me introduce su verga en el chichi y el otro, Mario, acerca el glande a mi clítoris. Yo le agarro el miembro y lo acompaño hasta mi vagina. Nada más entra la punta y no por completo. Aunque intento relajar más mi coño y Mario lo presiona con su glande, no hay manera. Pero yo siento mucho placer y ellos también. Suspiro y agarro el pene a Mario para ver si así me entra un poco más.
-¡Venga, chicos, que casi la tenéis los dos dentro del chocho de mi sobrina!
-¡Follad a esta guarra! – grita el tal Antonio.
“Gerardo tiene una vista inmejorable de mi culo y me introduce un dedo y juega con él en mi ano. Mario me acaricia el clítoris. Tanta excitación hace que aumente mi flujo y que abra más mi chocho. Mario consigue meter media polla en él. Entonces es cuando aumenta más nuestra excitación, yo me muevo y ellos bombean dentro de mí.
-A ver, ella antes me dijo que deseaba mamar una polla mientras dos la follaban.
-¡Tío, yo no dije eso! ¡Pero bueno, sí, por favor!
-¡Venga, un voluntario! – exclama Pancracio.
“Y claro, los voluntarios no faltan. Abro la boca, saco la lengua y el primero que llega, un tal Bernard, me la mete hasta el paladar. Me miro en los espejos y me muero de gusto al verme sentada de espaldas a Gerardo, que me mete varios dedos en el culo y los huele con placer mientras me folla el coño junto a la polla de Mario, que además juega con mi clítoris y le hago una mamada a Bernard, que me magrea las tetas. Mi nuevo orgasmo es explosivo. Siento morir y chillo, y más cuando mis amantes eyaculan dentro de mí, ya con sus vergas completamente hasta el fondo. Bernard lanza su semen en mi boca y yo lo trago con gusto.
-Juli, le he llenado la boca con mi lefa. Lo siento.
-No pasa nada, guapo. Me ha gustado.
-Ya, pero es que, yo querría haber follado con usted.
-Bernard, no te preocupes, luego, dentro de un rato, podrás follar con mi sobrina, ¿verdad, Juli?
-Don Alejandro, solo una corrida cada uno. Estoy cansada.
-No seas desconsiderada, hija. Va, que mañana ya os vais.
-A ver, estoy seguro de que ahora mi sobrina desea que dos la deis conjuntamente por culo.
-No, tío.
-Ya sé que sí. Va ¿a quién le toca?
-Pancracio, es imposible.
-Verás como no. Tú abre bien tu culo.
“Antonio se tumba en el suelo y mi tío hace que me siente encima de él, de espaldas. Antonio me abre el ano con sus dedos y me mete la punta de su polla. Enseguida la tengo dentro casi por entero.
-¡Qué culo tan abierto y caliente tienes, cerda!
“Don Alejandro hace que me tumbe de espaldas, encima de Antonio, y uno de los jóvenes, Samuel, se pone de rodillas entre mis piernas y acerca su pene a mi culo. Yo se lo agarro y apunto hacia mi ano.
-A ver, empuja, guapo. Sí, así, a ver. Más. ¡No, ahí no, eso es mi coño! ¡Sácala! Sí, aquí, sí, sáquela un poco usted, Antonio, a ver si… sí, sí, ya está, hum, oh, dos pollas en mi culo, oh, por favor, más a dentro, sí, sí, así, fóllenme el culo, venga, va, denme los dos por culo, por favor!
“Y así estuvimos hasta altas horas de la noche. Muchos repitieron la doble penetración con todas las combinaciones posibles. Yo tuve muchos orgasmos, algunos incluso con squirt. Eso hizo que más de uno me insultara, que si guarra, que si puerca… Mi tío adivinó una idea que me pasaba por la cabeza, hacer una triple penetración e invitó a sus amigos a probarlo. Lo más cerca fue tener dos penes en mi chocho y otra corriéndose entre mis nalgas.
“Ya cerca de las cinco de la mañana, el señor Alejandro y Pancracio invitan a correrse en mi cara a los que todavía tuvieran ganas de más. Me pongo de rodillas, relamiéndome, y siete de los caballeros consiguen eyacular una vez más. Mi coño, mi culo, mis tetas y mi cara chorrean. Lamo y sorbo el semen de mis labios.
-Anselmo, trae lo que tú ya sabes.
“El criado trae una especie de barreño grande, como una bañera con ruedas, y Pancracio me invita a meterme en ello.
-Bueno, ahora, quien lo desee, puede mear a mi sobrina y así queda bien limpita y podrá irse a dormir y descansar, que ha sido un cielo.
-No, tío, eso no.
-¡Sí, hija, no sabes las ganas de mear que tengo!
Todos los invitados se acercan y empiezan a mear encima de mí. El dueño de la casa invita a los criados también a mearme. Veo con sorpresa que Bárbara también se acerca y se pone en cuclillas encima de mí y me mea, aunque ella también recibe los chorros de todos. Es una humillación, pero reconozco, don carpintero, que me dio mucho morbo e incluso me puso cachonda de nuevo.
“Descansé como un angelito hasta las dos del mediodía. Cuando me levanté y bajamos a almorzar, Pancracio me presentó a su tía, que había llegado por la mañana. Era una señora muy amable. Me dijo que me veía una mujer muy educada y elegante y que vaya suerte había tenido su sobrino conmigo.
“Nos marchamos después de comer y por la noche ya estaba con mis hijos y con mi esposo, muy serio y triste, aunque sin saber…”
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