Un día me encontraba con un amigo, pues íbamos a salir a dar la vuelta, comenzamos a caminar, cuando una vecina, Erika, en ese entonces ella tendría unos 19 años, la típica mujer que se casó muy chica y ya tenía un hijo de otro vecino de la misma edad con quien se juntó.
Ella es bajita, unos 1.55 aproximadamente, delgada, pero lo que resaltaba más de ella era su culo, un culo tan redondo y perfecto por el que muchos siempre se la quisieron coger, ella tampoco era una santa, para los que son del centro de México saben como son las morras a las que les gusta el reggaetón, bueno pues ella era ese tipo de chica, le gustaban las emociones fuertes y en pocas palabras los problemáticos.
El caso es que nos vio y nos pidió que si le ayudábamos a subir un mueble pues ella y su mamá no podían solas y mi otro vecino, ósea su pareja no estaba, y como buenos vecinos mi amigo y yo aceptamos.
Como pudimos lo subimos, que dicho sea de paso si estaba bien pesado, la señora nos agradeció y nos intentó dar dinero, cosa que rechazamos, Erika bajo junto con nosotros y su mamá se quedó cuidando al bebe, una vez abajo nos dice:
-Muchas gracias, solo por favor no le vayan a decir a Pepe, ya ven como es y se vaya a enojar.
Aunque su pareja era nuestro amigo no pensamos que fuera así, pero no le dimos importancia.
-¿En serio no quieren nada? – refiriéndose a dinero o un vaso de agua
-No como crees, así está bien – Dijo mi amigo.
La mirada de ella y la mía se cruzaron, ella vio algo en la mía que la excito y solo dijo:
-Si… pero luego – quizás dijo lo pensaba y yo le sonreí.
-Luego ¿Qué? – pregunto mi amigo, el cual no vio lo ocurrido.
-Es que quiere que le ayudemos a meterle un mueble en un huequito, ¿Quién sabe si le entre? – dije en un claro doble sentido que solo ella y yo comprendimos.
-Pues tendríamos que intentarlo, el lugar esta medio apretado o quizás ni este grande el mueble como piensas – me dijo provocándome.
-Tú tienes un metro en tu casa, ¿no?, lo puedes traer, por favor. – le dije a mi amigo
-Si, está bien – dijo él, ajeno a la situación.
Mi amigo sale rumbo a su casa, la cual no estaba muy lejos, y en cuanto él sale, me acerco a Erica y nos besamos, de esos besos cargados de deseo, de desesperación y mientras lo hago comienzo a agárrale su culo.
-No tenemos mucho tiempo – me dice entre jadeos.
-Entonces hay que aprovecharlo – le respondo mientras la volteo.
Ahora le masajeo sus tetas que están más grandes pues aun se encontraban con leche para su bebe, le comienzo a desabrochar el pantalón y bajarlo a una mano, pues la otra aún continuaba ocupada con una de sus tetas.
Una vez abajo el pantalón y su tanga negra, solo lo suficiente para nuestro propósito, me saco la verga y se la ensarto, se escucha un grito de su mamá:
-¿Ya se fueron esos muchachos?
-No mamá, solo que uno de ellos fue por un metro – le dijo ella tratando de evitar gemir.
-Pero si aquí tenemos nosotras hija – responde su madre quien no se imaginaba que abajo su hija pagaba con su puchita el favor recibido.
-Si mamá… Ahh… Pero él quiso ir… – esta vez era más evidente que su hija hablaba raro, así que ya no insistió la señora.
Después, cuando ya me la cogía más seguido ella me conto que si le dijo a su mamá que me había dado las nalgas ese día, pero en ese instante todo era calentura.
-¿Ya te habían parchado con tu mamá tan cerca?
-Como crees, estás loco papi. – dijo moviendo las caderas desenfrenadamente.
-¿Te gusta como te la meto puta?
-Si, me encanta, esto es super rico.
-Ya no ha de tardar en venir con el metro, así que voltéate para que te los eche en la boca.
-No mi amor, dame más, ya cuando llegue vemos como le hacemos, por favor, papi, no me dejes de coger.
Me imagino que en este punto la señora si se dio cuenta, solo que, por no hacer una escena no bajo, pues el ruido de nuestros cuerpos, más los gemidos de su hija no indicaban que estuviéramos leyendo un libro jajaja…
-Te la voy a sacar y si quieres que te vuelva a coger, te vas a hincar y como buena puta me la vas a mamar y te los vas a comer, ¿me entendiste? – le dije con voz más autoritaria.
-Está bien papi, pero si quiero que me vuelvas a coger, por favor. – dijo resignada.
Se hinco y comenzó a chupármela con mucha hambre, hasta que finalmente me vine y le llené la boca y la garganta de leche.
Ella se quedó mirándome desde el piso, incrédula de lo que había pasado, y por fin soltó una sonrisa mientras movía la cabeza llena de satisfacción.
Finalmente la ayudo a levantarse y nos acomodamos la ropa justo a tiempo para que llegara mi amigo con un metro. Él nos ve y nos pregunta:
-¿Qué paso? Se ven bien agitados
-Es que, si pudimos meter el mueble, no fue tan difícil como ella decía – dije continuando con el juego del doble sentido
-Es que desde cuando quería que entrara ese mueble, por eso no fue difícil – me dijo guiñando un ojo.
Mi amigo que ya empezaba a sospechar nos vio raro, pero no hizo más preguntas.
Nos fuimos y mientras nos encaminaba a la puerta no pude evitar volver a tocar ese par de nalgas y darles un buen apretón.
Nos despedimos y volvimos a lo nuestro mi amigo y yo, tiempo después ella se separó del papá de su bendi, no por mí, si no porque su wey si era medio celoso y vaya que motivos no le faltaban.
Después cogimos unas cuantas veces más hasta que el destino nos separó.
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