Muchos sábados por la mañana, Elsa se desplaza al barrio de Gracia donde asiste a un curso avanzado de pintura con modelo al natural. Los alumnos forman un grupo heterogéneo, aunque abundan las mujeres de mediana edad.
-Os presento a la nueva modelo que posará hoy para vosotras. Acojamos con cariño a Arantxa -les dice la profesora desde la pequeña tarima.
Expectantes, la ven aparecer desde un lateral con un albornoz blanco; no muy alta, melena rojiza, ojos color avellana, mirada inteligente, rasgos finos y atractivos.
Todos aplauden mientras la profesora abandona la sala para que empiece la clase.
Arantxa, experimentada, se deshace rápidamente de la bata y desnuda se queda inmóvil en su primera pose.
Su cuerpo es impactantemente hermoso: pechos firmes, estrecha cintura, nalgas redondas, piernas fibradas, rasurada. A Elsa, con la boca abierta, casi se le cae el pincel de la mano.
La sesión ha transcurrido felizmente y todos están satisfechos con el resultado de sus obras excepto Elsa, cuya excitación, en lugar de disminuir, ha ido in crescendo a medida que la pelirroja iba cambiando de postura y sus miradas, eso cree ella, se cruzaban intermitentemente. Ha prestado poca atención a su dibujo y a sus pinceladas; sólo ha estado pensando en encontrar la oportunidad de conocerla. Pero su preocupación no dura mucho; es la modelo la que, cuando prácticamente todos han abandonado el local, se le acerca.
-¡Hola! ¿A que te apetece tomar una copichuela conmigo? Te invito a mi casa; vivo cerca y así me ducho. Por cierto ¿cómo te llamas?
Elsa no duda, tampoco le pregunta el porqué de esa invitación inesperada y repentina sin haber intercambiado ni sola una palabra antes. Ahora únicamente presta atención a los latidos locos de su corazón.
-¡Te has quedado muy sorprendida! ¿Es que crees que tus ojos de color violeta me han dejado indiferente?
Elsa está apurando su segunda copa de vino en el salón cuando Arantxa aparece tras haberse duchado y arreglado.
-¿Qué opinas? Ya me has visto hoy desnuda demasiado tiempo así que he pensado que te gustaría este conjunto -le dice sonriendo pícaramente mientras da vueltas sobre sí misma para que la vea desde todos los ángulos.
Elsa se acerca para contemplarla: altos zapatos negros de aguja, tanga con ligueros, sujetador de encaje transparente, toda la lencería del mismo color que el calzado en fuerte contraste con el rojo de su pelo. Deja la copa y se aproxima a ella aún más.
-Parece que te conozca de toda la vida, Arantxa, ¿cómo puede ser?-le pregunta mientras, cogiéndola con las dos manos, le levanta delicadamente la cara y la mira a los ojos que, a la luz del mediodía, parecen de miel.
La besa, despacio; el tiempo se ha detenido como agua que se hiela. Los besos recorren sus mejillas, sus orejas, su cuello y descienden. Aparta el sujetador y se demora largamente en sus duros pezones. La pelirroja jadea quedamente. Le lame los pechos y continúa deslizándose hacia el vientre. Juguetea con la lengua en su ombligo y luego, apartándole la braguita, disfruta de su sexo mientras recorre y aprieta con las manos su consistente culo.
-Espera, ven conmigo -le dice Arantxa que, suspirando, la arrastra de la mano a su dormitorio.
La modelo desviste a Elsa sin dejar de mirarla y descubre toda su voluptuosidad, sus curvas, sus anchas caderas, sus senos; la tumba sobre la cama para saborear su vulva húmeda y con su lengua excitar aún más su clítoris. La morena arquea el cuerpo y, gimiendo, retiene con las manos la cabeza de la pelirroja entre sus piernas.
-Siéntate sobre mi boca -le pide a la chica, que obedece para gozar de una buena comida de coño mientras Elsa se masturba con ansia y el rostro arrebolado.
Al unísono se corren, eyaculan, y aún abrazadas continúan besándose, comiéndose mutuamente las lenguas con pasión. Y así se quedan adormiladas una en los brazos de la otra.
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Me encanto Conciso y excitante