La panty de mi vecina (2)

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T. Lectura: 3 min.

Las fantasías con las panties del cuarto de lavado fueron haciéndose más intensas y creativas con el tiempo. Mi imaginación volaba y mi adrenalina se disparaba de tan solo imaginar masturbarme con alguna de esas ricas panties dentro del cuarto de lavado. La idea de que ese sitio era un lugar común del edificio, y que cualquier persona con llave podría entrar en cualquier momento, lo hacía muy excitante.

Un martes por la mañana, cuando la gran mayoría de inquilinos se encontraban fuera trabajando o haciendo sus actividades, tuve que bajar a lavar ropa para mi semana. Tan pronto entré al cuarto, vi un par de deliciosas panties en uno de los tendederos. La primera era color rosa, con un corte triangular al frente pero mayor cobertura en la parte del culo. La segunda era una tanga riquísima color amarillo con ligeros detalles de encaje.

Mis palpitaciones y respiración se aceleraron de inmediato, empecé a sentir una erección y unas ganas inmensas de masturbarme. Revisé primero que no hubiera nadie dentro del cuarto, cerré la puerta y di un vistazo general por la ventana hacia el exterior. No se veía absolutamente nadie en las inmediaciones del edificio ni en el jardín de la parte de atrás. Sabía que era el momento y que no había vuelta atrás, me iba a masturbar completamente desnudo con esas panties y me iba a venir en ellas.

Con un poco de nervios por la posibilidad de que alguien bajara a lavar ropa en ese momento, quité las panties del tendedero y me fui a una esquina del cuarto donde era imposible ver desde afuera del edificio. La única zona por donde me podían ver era el jardín de la parte posterior, pero a esa hora regularmente no había nadie ahí.

Un poco tembloroso y emocionado, me quité los zapatos y los puse a un lado, me bajé el short y los calzones, pero justo antes de quitármelos por completo revisé de nuevo por las ventanas para asegurarme que estaba seguro. Así fue, así que procedí a quitarme short, calzones y camiseta. Ahí estaba, en el cuarto de lavado de mis fantasías, completamente desnudo con una erección que cada segundo se hacía más dura. Puse mi ropa y zapatos en el suelo, acomodados de cierta forma que fuera fácil ponérmelo rápido en caso de que alguien entrara. Había calculado que tenía unos cuantos segundo en lo que escuchaba que alguien entraba y que seguramente sería suficiente para ponerme la ropa rápidamente.

La primer panty que utilicé fue la rosa, la enrollé alrededor de mi pene y estuve masturbándome un poco con ella, luego me la puse lentamente y acomodé mis huevos y mi pene dentro del estrecho corte triangular del frente. La tela se sentía deliciosa, y me encantaba la forma en que me veía en ella. Mi testículo izquierdo salía un poco por el costado de la panty, y mi pene con su ligera curvatura hacia la derecha intentaba asomarse por la parte superior. Mi excitación era tal, que decidí aventurarme a caminar por el cuarto de lavado, exponiéndome a que me pudieran ver por la ventana si alguien pasaba por ahí de casualidad.

En este punto, me excitaba muchísimo la idea de que alguien pudiera verme, pero aun así trataba de evitarlo lo más posible. Caminé hacia la ventana principal y me saqué el pene por un costado de la panty. Empecé a jalarlo intensamente, podía sentir lo caliente que estaba y lo duro que había logrado ponerme. Varias veces me quité y volví a poner la panty mientras me masturbaba de diferentes formas, con la panty alrededor del pene, dejando mi líquido pre seminal en la parte frontal de la panty, estirándola mientras la traía puesta para que se me apretaran las nalgas, o poniéndome la panty en mi nariz mientras me jalaba el pene.

Cuando la panty rosa estaba completamente húmeda, decidí que era momento de probar la tanga amarilla, antes de eyacular por la excitación intensa que estaba sintiendo. Tomé la tanga y me la puse de inmediato. Era una talla un poco más pequeña, por lo que costó un poco de trabajo acomodarla, sin embargo fue una sensación completamente nueva y deliciosa. Sentía como el estrecho trozo de tela posterior se acomodaba entre mis nalgas de una forma perfecta. En la parte frontal, el pequeño trozo de tela no era suficiente para cubrir mi pene y mis testículos. Ambos testículos salían por los lados, y mi pene que en ese momento era una roca, no tenía más opción que quedar fuera de la tanga.

Después de varios minutos tocándome de distintas formas y jugando con las ricas panties, sabía que el momento de eyacular venía pronto. Mi pene estaba rojo, caliente y palpitante. Sentía que con cada jalada y roce de la tela podía venirme sin control. Intenté postergar lo más que pude este increíble momento de excitación, hasta que sentí que era momento de dejar salir mi semen.

Me quité cuidadosamente la tanga y me puse de nuevo la panty rosa, en la que mi pene cabía un poco mejor. Me froté lentamente y di las últimas jaladas hasta que sentí que toda mi leche venía sin freno. Rápidamente metí mi pene en la parte frontal de la panty y me vine de una forma increíble. Podía ver mi semen atravesando la tela y chorreando por los costados de la panty entre mis testículos.

Me quedé unos segundos disfrutando ese momento de inmenso placer, y después procedí a limpiarme y vestirme nuevamente. Nadie me vio ese día, y por supuesto tuve que lavar las panties para no dejar rastro de mi sucio fetiche que mis vecinas ni sospechaban.

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