Trio a la de tres, desflorada la dejé.
A la mañana siguiente, tras la tarde en el spa y noche sublime, nos despertamos los tres en la cama de 2 por 2 metros. Nunca se me había pasado por la cabeza pasar la noche en una cama con otras dos personas, desnudos, ella flanqueada por dos vergas a su disposición. Me quedé dormido acariciando el cuerpo de ella, disfrutando de su suavidad y de sus curvas, en realidad no sé si lo soñé, porque ni en la fantasía más fantástica me habría podido imaginar la primera noche que he pasado en una cama con una mujer y otro hombre.
Bailar, follar, amar: el trio perfecto sólo para dos, con excepciones excepcionales. Al acostarnos completamente desnudos, ya tendidos en la cama, ellos se dieron un “piquito” de buenas noches abrazados a la altura de los hombros, yo no dejé pasar la ocasión de acariciar su redondo culete mientras planeaba ya en mi mente poseerla por la mañana por detrás, sólo imaginarlo volvía la tensión a mi entrepierna.
Después ella se dio la vuelta y nos quedamos mirando, sus ojos verde oliva no se apreciaban en la penumbra pero sí su sonrisa cómplice y de felicidad que me contagiaba esa alegría de estar juntos, no podía dejar de contemplar su sinuosas siluetas de sus caderas, de sus muslos, de sus senos.
El amor no se dice, el amor se hace. En la distancia es complicado, es en la cercanía donde la poesía toma forma, se acaricia, se besa, se deleita. Sin pronunciar palabra recorremos con nuestros dedos el cuerpo del otro, lo que nos alcanza el brazo de cada cual, mis labios recorren el lóbulo de su oreja, la piel se le eriza por momentos, lo noto en las yemas de mis dedos, como si estuviera leyendo en “Braille” la pasión y el deseo que aflora de su cuerpo, recreándonos en lugares exclusivos y reservados para quien quieres compartir el placer de los sentidos, con quien quieres dejarte llevar y entregarte, con esa dama, porque cada encuentro queremos y tenemos que disfrutarlo como si cada vez fuera el último.
Sólo nuestra respiración es la que habla entrando en mi el aire que ella expulsa y viceversa, sólo nuestros cuerpos son los que sienten piel con piel las caricias que nos prodigamos con las manos, con los pies, con los brazos y piernas, en completa complicidad, con deliciosa tranquilidad y parsimonia hasta que nos arrebata el sueño.
Una noche deliciosa con un despertar donde ella se encontró con “2 tiendas de campaña” 2 mástiles con ganas de navegar por todo su cuerpo, tanto por fuera como por dentro.
Una cuestión que ya habíamos hablado el primer día, en realidad fue su marido quien puso la condición, la vagina de su mujer era de su exclusividad en lo que se refiere a la navegación de otro mástil que no fuera el suyo y que por cierto, como deduje era más largo y gordo que el mío. No puse objeciones al condicionante, aún me quedaban dos cuevitas donde descargar, en la boca como el día anterior y su culito, con el reto de ser un espacio aún virgen.
Volvimos a hacerla un sándwich esta vez en horizontal, sobre la cama, su marido empujaba por delante, me llegaba sus embestidas por efecto dominó y yo hacía lo propio por detrás, apretándonos de gusto contra su apetecible cuerpo, restregando ambas pollas sobre su vientre él y sobre sus nalgas yo. Sentir la presión me reportaba cierto placer, seguro que a su marido también le pasaba lo mismo y acrecentaba nuestra excitación.
Tras unos minutos de embestidas, ella se puso de rodillas a chuparle el mástil a su marido, aproveché para coger un dilatador anal que me traje para la ocasión, bien lubricado, procedí a introducirlo despacio por el redondito “mús-culo” trasero de ella, mientras con la otra mano la masturbaba empapándome con sus efluvios. Ella tuvo que dejar la mamada a su marido para entre jadeo y jadeo soltar su expresión del orgasmo que le estaba viniendo con el dilatador ya hasta el fondo de su orificio anal y mis dedos resbalando en su clítoris.
Con el dilatador en su culo se montó sobre su marido, tanto ella como él al meterla notaron el estrechamiento de la vagina a cuenta del dilatador que tenía dentro por detrás, estaba tan mojada por su excitación que no fue ningún problema la penetración, al contrario, cada centímetro que entraba era un jadeo de placer y ella empezó a moverse arriba y abajo clavando y desclavando el mástil de su marido en su interior.
En un momento de respiro de ella procedí a sacar el dilatador y sin dejar tiempo a que se cerrara clavé mi duro miembro en su culo, a la vez que me colocaba el dilatador en el mío, aprovechando que ya estaba lubricado y porque también quería experimentar esa sensación interior, no era mi primera vez que me lo ponía y ya he dicho que me gustaría probar una de verdad, aunque la de su marido me impone un poco, una buena lubricación con una buena excitación… quien sabe.
Ella estaba dando placer a dos hombres atravesada por dos mástiles y navegábamos los tres viento en popa (nunca mejor dicho) ahora era yo quien marcaba el ritmo sobre la popa de ella, mis embestidas por su redondo y rico culo hacía que su cuerpo subiera y bajara sobre la polla de su marido dentro de su vagina. Estaba disfrutando de una doble penetración por primera vez, donde las sensaciones placenteras se acrecentaban al notar los tres el deslizamiento de los dos falos por la paredes internas de ella.
Asido a su pechos, uno en cada mano, mis emboladas culares repercutían en la cavidad vaginal y a buen seguro que la polla de su marido notaba la fricción, aquello fue apoteósico, su marido tendido en la cama boca arriba, agarrado a su caderas, yo de rodillas agarrado a su tetas, armonizamos los movimientos los tres, aunque no nos duró mucho, la excitación era total, los jadeos de los tres formamos un concierto de alta tensión, a mi explosión le siguió la explosión de su marido y a buen seguro que ella lo notó en sus terminaciones nerviosas internas; mientras la llenábamos de leche por dentro, pero no es un recipiente para saciar rápidamente la lujuria de un hombre.
Es muy excitante y satisfactorio saber y contemplar que ella lo disfruta, le vinieron espasmos y tembleques que no dejaban duda del gusto que le estaba dando; además, notaba yo alrededor de mi polla la presión dentro de su redondo “mús-culo”, que lo cerraba cada vez que soltaba un suspiro de placer, no sabría decir si le vino un orgasmo prolongado o varios cortos. La cara de satisfacción de ella nos supo tan rico a los dos como la corrida que acabábamos de tener, saciando nuestro deseo.
Fue increíble, porque cualquier descripción se queda corta. Lo mejor es experimentarlo y me ha excitado al relatarlo aquí.
Tras un buen desayuno-almuerzo reconstituyente nos despedimos, después de este conocimiento íntimo mantendremos el contacto para seguir teniendo contacto íntimo. El sexo es un poco como el café que no hay que convertirlo en adicción, vale más la buena calidad que una excesiva cantidad.
Lo que pasó el primer día, donde su marido paró en seco lo que prometía ser una tarde de pasiones desatadas donde abandonarnos al placer de los sentidos ha terminado con un final muy feliz y expectativas de repetirlo.
No fuimos conscientes que se notara tanto la atracción que sentíamos esa dama y yo por el reencuentro, donde la distancia y el tiempo, en vez de apagar la ganas y convencernos de lo imposible para que quedara en una buena amistad donde hubo un delicioso desliz, en realidad nos llevó a acrecentar el deseo de volver a estar piel con piel como así ha sido. Al menos él no sacó la conclusión que su mujer y yo ya nos conocíamos carnalmente, ahora se puede decir que queda “normalizada” la situación respecto a su marido.
Me vuelvo a casa después de este inolvidable fin de semana, estoy seguro que mi mujer tampoco lo habrá pasado mal con el socorrista de la piscina. Quizás le pregunte si la tiene muy grande, el día que les pillé follando no lo vi bien. Por calibrar las opciones. Reivindico el sexo puro y duro que de vez en cuando se necesita.
Desfloré el acceso que tenía virgen esa dama, si el mío acaba desflorado, espero y deseo que sí, ya lo contaré.
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