Qué delicia, él la calentó y yo me la comí (2/2)

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De la mano la llevé al comedor previo tomar una toalla de baño del placard y la desplegué sobre la mesa haciendo que ella se tendiera de espaldas con las nalgas en el borde.

-“¿Para qué es la toalla, acaso voy a sangrar tanto?”

-“No mi amor, si sangrás serán unas pocas gotas, la toalla es para que tu cuerpo no se pegue a la madera y vos puedas moverte con comodidad; te digo más, es posible que tu himen simplemente ceda, dando paso y no se rompa; la desfloración bien llevada no es traumática”.

Mientras hablaba la hice llevar las rodillas a la altura de los hombros y que las sostuviera de las corvas con sus manos. Era la postura ideal para lo que venía, yo de pie, tomando mi miembro que quedaba justo a la altura de su conchita mostrando los labios entreabiertos, pasando el glande a lo largo del canal para detenerme en el ingreso y hacer una suave presión, retomando nuevamente el recorrido.

-“Basta de dar vueltas, ¡entrá de una vez! por favor”.

-“Sí mi amor, estaba esperando que lo digas, ahora solo falta entrar un poquito para que después tu conchita, tragona me lo absorba ¿lista?”

-“Sí, no puedo abrirme más, poné la cabecita y yo empujo”.

Y así fue, su envestida fue suficiente para vencer la membrana, evidente por un rictus en su cara que duró muy poco, y después largó un quejido mezcla de placer y novedad.

-“Así papito, despacio seguí hasta el fondo, llename de pija”.

-“Ahí está preciosa, ya no tengo más para meter”.

-“Y aunque tuvieras, me estás estirando el fondo, quédate quieto, quiero sentirla, rotar sobre ese eje, frotar mi clítoris sobre tus vellos, un ratito antes de que empieces a sacar y entrar, es un momento para concentrar mi atención sobre lo llena que estoy”.

-“Por supuesto cielo, pero no me des esos apretones como si estuvieras en pleno ordeñe, si seguís así suelto todo antes de moverme”.

Unos instantes después inicié el mete-saca, lentamente por si todavía quedaba alguna molestia, pero en seguida comprobé que mi precaución era injustificada.

-“Fuerte mi viejito hermoso, fuerte, como si quisieras traspasarme”.

Y le hice caso, el sonido de mi pelvis chocando contra sus nalgas era la música de fondo sobre la que se elevaban los quejidos de placer.

-“Chiquita querida, me falta muy poco”.

-“Yo también me acerco, acabá cuando quieras”.

-“¡Ahí va cielo!”

-“Sí pijudito mío, siento como cabecea, uno, dos, tres saltos, ya debo tener tu leche en el fondo”.

Y así comenzó la nueva etapa. Una tarde, al rato de despedirla a Laura, después de haber gozado como un marrano al dejarle el culito albergando mi leche, me visitó Eugenia.

-“¿Le estás aplicando a mamá la misma terapia que a mí?”

-“¿Por qué la pregunta?”

-“Porque la vi salir de tu departamento con un gesto donde se mezclaba agotamiento con felicidad”.

-“Pues no, esa terapia es solo tuya”.

-“Me estás mintiendo”.

-“Sabés muy bien que no practico ese deporte, pero si tenés dudas, preguntale a ella”.

-“No puedo hacer eso, me entristece percibir que no confiás en mí”.

-“Me embromaste bien embromado; estoy entre traicionar la confianza de alguien que aprecio mucho y perder la confianza de alguien que también quiero. Lo que te voy a decir tenés que tratar de olvidarlo apenas cruces esa puerta, ¿podrás hacerlo?”

-“Te lo prometo”.

-“No mentí al decir que a tu madre no le hago la misma terapia que a vos, a tu mamá no le hago terapia, solo nos dedicamos a gozar, yo hasta la locura y creo que ella también disfruta así”.

-“Sos un hijo de puta al hacerle eso a mi papá”.

-“Me parece que el amor por tu padre, totalmente bueno, sano y razonable te está haciendo decir algo que no es del todo exacto; yo a él no le debo fidelidad, ni siquiera somos amigos, sí hay que reconocer que es un cordial y buen vecino. Tampoco soy el guardián de la moral del edificio ni custodio de las relaciones matrimoniales; de todos modos debés saber que nunca le falté el respeto, ni hablé mal, ni tuve palabras despectivas referidas a él. Lo que ocurre en cada pareja es patrimonio exclusivo de ellos y sobre eso no opino. ¿Alguna vez me escuchaste decir algo sobre tu novio?”

-“Nunca”.

-“Lo mismo sucede con respecto de tu papá cuando hablo con tu madre; la relación con ella fue algo fortuito, algo no buscado, simplemente se dio, igual que con vos; pero respeto tu postura, te acompaño hasta la puerta, no te conviene relacionarte con un malparido, aunque la tristeza empañe la despedida, pues bien sabés cuánto te aprecio”.

Cuando la preciosa jovencita giró en dirección de la escalera cerré la puerta y el sonido del cierre fue seguido del llamado del timbre; era ella que, con las dos manos tapándose la boca y la mirada baja, mostraba el reguero de lágrimas en cada mejilla; ambos en silencio la hice pasar y al darme vuelta luego de cerrar la puerta se abrazó a mi cintura para esconder su cara en el pecho antes de largar el llanto. Si alguien presenciara esto seguramente pensaría que estaba frente a un jovial abuelo consolando a la nieta que sollozaba mientras recibía besos en la frente y lentamente volvía a la calma. Para hablarme levantó la cabeza:

-“¿Estás enojado conmigo?”

-“Nunca lo estuve, simplemente me sentí muy triste”.

-“Quiero hacerte un pedido”.

-“Te escucho”.

-“¿Aceptarías ser «mi querido hijo de puta»? Por favor, decime que sí”.

-“Acepto y quiero que sepas algo más antes de dar por finalizado el tema; cuando una mujer tiene este tipo de relación conmigo solo siento agradecimiento y por eso me niego a hablar con cualquier otra persona de ese vínculo; con vos hago la primera y última excepción, te quiero mucho y me dolería en el alma defraudarte. ¿Me hice entender?”

-“Seguro que sí, y ahora también por única y última vez me voy a referir a esa relación, por favor, déjame extenuada de placer como lo hacés con ella”.

En eso estábamos, ella con la vagina llena, sentada en mis faldas, rotando lentamente sobre el eje de carne que la hacía cerrar los ojos, cuando escuchamos.

-“Eugenia, ¡qué estás haciendo!”

-“Sentada en la falda de Rafa conversando”.

-“Una niña no hace eso con un extraño”.

-“Mamá, soy mayor de edad, y Rafa no es un extraño, sí es extraño que hayas entrado sin que nadie te haya abierto la puerta”

-“Eugenia, yo le di una llave a tu madre por cualquier necesidad que pudiera presentarse”.

-“De acuerdo, ¿y qué necesidad te trae mamá?”

-“Quería saber de un conjunto de bombacha y corpiño que vi en el muestrario, pero lo haré en otro momento, vuelvo más tarde”.

Al escuchar la puerta cerrándose el dedo, que había permanecido quieto durante la charla, volvió a entrar y salir de su culito mientras ella rotaba sobre mi pija profundamente metida en la vagina.

-“Mi amor, apretame fuerte una teta que me falta poco para acabar, pero vos no lo hagas, quiero que reservés tu leche para mi mami cuando venga dentro de un rato; ella parecía buscar lo mismo que yo y, si tardás en recuperarte, se va a dar cuenta”.

Repuesta de la tensión del orgasmo, la tuve un rato acariciándole la espalda mientras ella descansaba la cabeza sobre mi pecho; era el momento apropiado para tocar un tema serio.

-“Preciosa, ahora estamos tranquilos, descansados, sin urgencias que nos ocupen la cabeza, es el momento de charlar seriamente”.

-“¿Es algo malo?”

-“No, creo que es algo bueno sobre todo para vos”.

-“Me alegro, pues sentí algo de miedo”.

-“En principio quiero que sepas dos cosas, primero que te aprecio muchísimo y segundo que con vos disfruto lo indecible, cosa que quisiera nunca termine; pero lo más importante es que debés tener la certeza de ser libre, nada te ata a mí, yo ni en sueños me considero con derecho a exigirte algo; el día que te enamores trataré de ser el primero en felicitarte y ofrecer mi ayuda para que seas feliz”.

-“El que habla es tu buen corazón y yo, de corazón, te lo agradezco; qué nos reserva el futuro no lo sabemos, pero hoy pienso que difícilmente vaya a renunciar a esa masa de carne que me llena, que entra fuerte, que serrucha una eternidad y explota como una bomba, todo en una mezcla de posesión física y afectiva. Dejémosle al tiempo la tarea de organizar el destino”.

Al rato de irse sonó el timbre y, al abrir la puerta me doy con Laura con cara seria, con una seña le cedí paso y entró apoyando la espalda en la pared mientras yo cerraba.

-“No usaste la llave”.

-“Fue para evitar otra sorpresa como la de hace un rato, cuando encontré a mi hija, probablemente con tu miembro metido hasta la empuñadura que, poniendo cara de inocente, me pidió explicaciones sobre cómo había entrado, y vos tenés gran parte de la culpa, te odio”.

-“Cuánto lo lamento, porque yo te amo”.

-“Desgraciado, me querés envolver, además no te acerqués”.

-“Por qué cielo, me estás negando el placer de sentirte con mis manos”.

-“Perverso, no me rocés la tetas”.

-“Tus pezones duros me lo están pidiendo”.

-“Mentira, es una corriente de aire frío”.

-“Puede ser que me equivoque, pero probablemente tenés la conchita húmeda”,

-“Es idea tuya porque ya no me excitás”.

-“Eso y tu odio me duelen mucho, voy a añorar tenerte entre mis brazos”.

Y mientras tanto la tomé suavemente de la cintura para afirmarla contra mí sin que ambos dejáramos de hablar, yo diciendo el gusto que sentía, y ella negando con sus palabras lo que su cuerpo deseaba y permitía.

-“Por favor, no sigás tocándome”.

-“No me pidas eso, sabés que me enloquece lamerte las tetitas y chuparte los pezones como si fuera un bebé”.

-“Malvado, sabés que te odio”.

-“Sí querida, ódiame mucho, pero sin quitarme el placer de hacerte acabar con mis caricias”.

-“Eso sucede porque no hacés caso cuando te digo que me sueltes”.

-“En un ratito te dejo libre, ahora sostené el ruedo del vestido en la cintura para que pueda comerte la conchita así, arrodillado, mientras estás apoyada en la pared”.

-“No degenerado, si me corro de pie caeré sentada al piso”.

-“No mi amor, te voy a sostener para que te sentés encima de mí y así quedés bien ensartada”.

Y así sucedió, con mi pija metida hasta el tronco se olvidó del odio, embistiendo con fuerza tratando de sentir lo más profundo posible todo aquello que le cabía.

-“Ahora te odio porque me hiciste adicta a tu poronga, qué gusto sentirla así, largame tu leche que la quiero sentir cabecear en cada escupida”.

Pasado el clímax, abrazados en el sofá, entre lamidas al lóbulo de la oreja y caricias en los testículos largó.

-“¿Qué dirías si te pido que seas exclusivamente mío?”

-“Trataría de hacerte ver que es irrazonable tu pedido, porque la libertad debe ser recíproca, para ambos en la misma medida”.

-“¿Y si te emplazo para que te decidas por una?”

-“Te dejo inmediatamente, porque las imposiciones intransigentes nunca vienen solas, la primera allana el camino de las siguientes ¿Estás por probar?”

-“No mi amor, aunque de a ratos me viene el miedo que me dejes”.

-“Me voy a alejar solo cuando me lo pidas y eso represente un beneficio para vos”.

-“Gracias mi vida, ahora empecemos de nuevo, chúpame las tetas, pero déjame que siga así, ensartada en tu miembro que va revivir cuando lo apriete y, después, rotando sobre él te exprimiré nuevamente las bolas”.

-“Sí querida, hace lo que quieras”.

-“Ay madre santa, que profundo te siento, esa barra me vuelve loca, si todavía fuera fértil te pediría que me hagás panzona, así mi amor, largá fuerte tu leche bien adentro”.

Algo de un mes después de su desfloración vino Eugenia y una compañera de estudios, de su misma edad, con la que había entablado amistad; fue un rato de amable conversación bebiendo algo fresco; la excusa de la visita fue que deseaba presentarme pues su amiga quería conocerme después de haberla escuchado hablar de mí.

-“Carola, no tomes a mal mi pregunta, pero me parece raro que una joven quiera conocer un viejo”.

-“Es que Eugenia me habló de usted diciendo que era muy bueno con ella y, cuando le pregunté si no había sido con segundas intenciones, me dijo que no, por eso quise conocerlo”.

-“Me alegro mucho que no haya sido por algo malo”.

Un rato después, satisfecha la curiosidad se fueron, y paso una semana sin ver a mi vecina hasta que una tarde apareció sola.

-“Hola preciosa, qué gusto verte, te extrañé”.

-“Es que, entre el estudio, más salidas con Carola y sus amigos, se me paso el tiempo”.

-“Me parece muy bien que te reúnas con gente de tu edad, es una forma de sana socialización”.

-“Además quería conversar con vos un tema que no tengo claro”.

-“Soy todo oídos, espero poder ayudarte”.

-“Ocurre que le conté a Carola sobre nuestra intimidad y después de intercambiar ideas me dijo que tu trato le parecía demasiado delicado, que ella prefería un macho que la hiciera sentir cierta rudeza, no que la cogiera o le hiciera el amor, sino que la empotrara, que la ahogara con la pija en la boca, que en las penetraciones diera a pensar que quisiera atravesarla”.

-“Es muy común confundir hombría con prepotencia, con cierto bestialismo, asociando el placer al menosprecio de la pareja; si a ellos les funciona y viven buenos momentos, nada puedo decir”.

-“Es que me metió la idea en la cabeza y eso me da vueltas sin saber qué hacer, por eso te consulto”.

-“Difícil tema, que te voy a contestar según lo veo. Si te digo que no te conviene puede parecer que estoy pensando en mi propio interés, no sea que tengas una experiencia mejor y después no vuelvas conmigo; por otro lado, si te digo que pruebes eso, estoy llevándote a una situación peligrosa que más adelante quizá resulte perjudicial. En resumen, creo que debés seguir tus deseos, pero siempre atenta a cómo evolucione la cosa, no sea que la rudeza se transforme en degradación”.

Cuando nos despedimos quedé convencido que iba derecho a probar la novedad, y que, muy probablemente, saldría arrepentida sufriendo alguna consecuencia indeseable. Menos de dos semanas después reapareció y se lanzó a mis brazos.

-“Rafa mi amor, qué maravilla es tenerte de refugio, tal como me dijiste, me fue mal y tuve suerte de salir antes de que surgieran problemas grandes”.

-“¿Querés contarme qué pasó?”

-“Me da vergüenza por haber sido tan tonta”.

-“Una manera de ayudar a no repetir los errores es recordarlos y buscar otra opinión sobre lo sucedido; no debieras tener vergüenza, todos alguna vez nos equivocamos”.

-“Sucedió que me dejé convencer por Carola de probar la rudeza con su novio, pero en seguida sentí que no era propiamente rudeza sino maltrato; los besos, las caricias eran agresivas, no llevaban la intención de preparar bien el momento de la cogida, y así, sin ninguna caricia previa me metió dos dedos en el culo mientras decía «¿esto buscabas puta?»”

-“Entiendo, era previsible que suceda”.

-“Pero no me lo dijiste”

-“Es verdad, no te lo dije; si te lo decía ¿hubieras renunciado a hacer la prueba?”

-“No sé”.

-“Estoy convencido que no, casi seguro habrías pensado que mis palabras eran fruto del miedo a que compararas lo que yo de daba con lo nuevo y, en la comparación, yo saliera perdiendo”.

-“Sí, quizá hubiera sucedido eso, pero ahora estoy con vos y quiero revivir los momentos de placer que nos dábamos”.

-“Encantado preciosa, pero primero conviene que hablemos de algunas cosas importantes; el novio de Carola ¿te penetró con protección?”

-“Me dio por la vagina y por el culo sin protección”.

-“Imagino que con tu amiga tampoco se cuida”.

-“Ella toma pastillas porque él dice odiar los preservativos; además la tiene dominada, ya la hizo tener sexo con dos amigos”.

-“¿También sin protección?”

-“Seguro”.

-“Entonces el tema es más serio de lo que creía, vas a tener que hacerte estudios para descartar cualquier posible enfermedad venérea”.

-“¡Por qué, si estoy sana!”

-“Ojalá tengas razón, pero vamos a imaginar lo peor, vos sin querer me contagiás a mí, yo a tu madre y ella a tu padre, ¿pensás algún resultado peor?”

-“Santo Cielo, tenés razón”.

Y se dio lo que temíamos, los estudios dieron que ambas estaban con gonorrea; la parte buena de esta noticia mala es que la solución era fácil y de rápido final, siete días de antibiótico y una semana en observación.

El temor de una reprimenda severa hizo que tanto la compra del medicamento como la colocación de las inyecciones fuera apelando a relaciones de amistad, oficiando yo de enfermero. Con toda suerte el tratamiento dio buen resultado y ellas se cuidaron muy bien de evitar que alguien de su entorno tuviera algún contacto que pudiera generar contagio.

Promediando el tratamiento mientras masajeaba la nalga de mi vecina, después de la inyección, largó un pedido.

-“Me gustaría un complemento de ese masaje ¿lo harías?”

-“Si está a mi alcance, encantado”.

-“Así, protegido por los guantes, méteme un dedo en el culito y otro por delante, estoy con una arrechera que me muero”.

Por supuesto que accedí y, el mayor se aventuró en el ojetito, mientras el pulgar, después algunas idas y venidas por el canal desde el clítoris hasta la entrada, ingresó triunfalmente logrando en seguida el orgasmo deseado. Estaba reponiéndose de la corrida cuando le sonó el teléfono:

-“Sí mamá, te escucho”

-“. . .”.

-“Ya estoy llegando a casa, en un minuto estoy con vos”.

Cortó, se arregló un poco y salió diciendo que no sabía si iba a regresar. Le tocaba el inyectable a su amiga, cosa que hice como siempre, pero esta vez pude ver abundante flujo manando de su raja, así que no me extrañó el pedido.

-“Por favor don Rafa, también necesito que me baje la calentura, póngase un condón y métamela en el culito”.

Maravilloso pedido que cumplí con inmenso placer, pues verla levantada sobre las rodillas, los hombros en la cama y abriéndose las nalgas, me endureció rápidamente la pija. Con deliberada lentitud hice seis recorridos antes de verla convulsionar y yo largar la leche en el látex, lo que confirmó su afirmación de portar una tremenda excitación. Se despidió con un cariñoso abrazo.

Me levantaba de la siesta cuando sonó el timbre, eran Eugenia y Carola; después de tomar algo fresco y charlar un rato, mi amiga, tomándome de la mano, me llevó al sillón donde se sentó en mis faldas abrazándome por detrás del cuello para decirme.

-“Rafa, mi amor, ya estamos limpias, calmá las ganas que me tienen mal desde hace días”.

-“Preciosa, tenemos compañía, ¿querés que ella presencie nuestra intimidad?”

-“Sí, así como ella me convenció de probar sexo violento, yo le voy a mostrar lo que es el sexo amoroso. Que vea lo que es recibir leche fabricada en el corazón y no en testículos y próstata, que mire cómo los sentimientos endurecen una verga y las venas de la pija llevan ternura líquida”.

-“Tu propuesta es maravillosa, primera vez que dos damas jóvenes estén dispuestas a disfrutar conmigo, pero debo ser veraz, mi capacidad de recuperación va pareja con la edad y ahora está en algo más de media hora”.

-“No te preocupés, haceme acabar y le cedo tu leche a mi amiga”.

Con la última palabra se levantó, metió las manos por debajo del vestido, se sacó el calzoncito y, tumbándose de espaldas en el sillón, abrió las piernas.

-“Vení, comé mi amor”.

De rodillas entre las piernas cumplí su pedido; estaba en plena lamida cuando agregó.

-“El culito, querido, un dedo ahí, hasta el fondo”.

Mientras revolvía su recto comenzó a retorcerse como anguila.

-“Una teta, apretala fuerte que me corro, sí mi amor, ahí voy…”

En eso vi de reojo que Carola se frotaba la entrepierna mientras decía.

-“Puta, yegua puta, por tu culpa estoy al límite; don Rafa deje a esa zorra y atiéndame que no doy más; ¿podré hacerlo a mi gusto?”

-“Por supuesto que sí preciosa, lo que vos digas”.

-“Entonces desnúdese y, de espaldas sobre la alfombra tenga su pito apuntando al techo”.

Cumplido el pedido siguió.

-“Qué hermosura, su pija es mas grande que la de mi ex, téngala quietita que yo hago el resto; ahora me pongo en cuclillas encima suyo y bajo un poquito para que me puntee la entrada, como pidiendo permiso”.

-“Es exquisito chiquita”.

-“Sí don Rafa, a mí también me encanta, así mi conchita sola se irá abriendo loca de ganas, ahora haré que entre y salga solo la cabecita, ese juego de abrir y cerrar es maravilloso, aguante querido”.

-“Nena, no soy mago, lo que estás haciendo me llevará a explotar en cualquier momento”.

-“Un poquito más de tiempo por favor, ahora voy a recibir el tronco, así despacito, abrazándolo, dándole la bienvenida en forma de apretones, ya está, lo tengo entero estirándome el fondo, listo, suelte su leche, lléneme de crema blanca que estoy gozando”.

El hecho de tener relaciones a tres bandas es tremendamente placentero, pero no exento de riesgo. Cualquiera de las tres damas tiene una demanda individual superior a mi oferta, ni qué hablar si son sumadas. Ese tema debo prepararlo bien para que lo charlemos, seguro que lo entenderán pues me aprecian y, así, podremos acomodar las cargas. Con suerte seguiré disfrutando.

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