La primera parte de este relato me sirve como contexto para lo que pasó después y que tiene que ver con Mario, un amigo muy cercano que a últimas fechas no la estaba pasando muy bien, recientemente se había divorciado y sus papás por motivos de trabajo se tenían que trasladar a vivir a otra ciudad. Por tal motivo Mario organizó una reunión de despedida, a la cual asistimos Martha y yo.
En la reunión todo transcurrió normalmente, después de la cena y la convivencia posterior, los invitados se empezaron a ir, hasta que quedamos nosotros, los papás de Mario y él. Unas cervezas más y los papás de Mario se van a dormir quedando solo nosotros tres. Y ahí fue que discretamente le dije a Martha “¿te animas con él?”, a lo que ella me contesto que no, pero yo seguí insistiendo y le dije “un poquito, sin coger, puro cachondeo” pero ella me siguió contestando que no.
Pero una cosa fue lo que ella me dijo y otra lo que empezamos a hacer. Como solo quedábamos nosotros tres, ya era muy noche y hacía algo de calor, nos salimos al frente de la casa y nos sentamos en la tapa de la pick up del papá de Mario, quedando Martha sentada en medio de los dos. Ella traía puesto un pantalón de mezclilla y una camisa blanca, y entre plática y cervezas fui yo el que empezó a acariciar sus piernas por encima del pantalón, abrazándola de repente y dándole uno que otro beso.
Mario poco a poco se fue animando y al principio rosaba con su mano la pierna de Martha, que no lo tomaba con malicia, sino como parte natural de estar sentados tan cerca los tres. Pero poco a poco él se fue animando a más y de repente tocaba su pierna y no retiraba la mano, la movía un poco dándole una ligera caricia y la retiraba, y cada vez el tiempo que dejaba su mano aumentaba. Yo me daba cuenta de lo que Mario hacía, y me excitaba, por lo que empecé a acariciar a Martha más deshinibidamente y aparte de acariciar sus piernas empecé a tocarle los pechos por encima de la ropa.
Cuando empecé a hacer esto, ella trató de impedirlo, pero cuando ella me decía que no, simplemente no le hacía caso y le daba un beso, por lo que ella poco a poco empezó a oponer menos resistencia. Mario, mientras tanto aprovechaba y seguía disimuladamente acariciando la pierna de Martha, hasta que de repente mientras él tenía su mano sobre el muslo de ella yo coloqué mi mano sobre la mano de él, quien volteó a verme con cara de sorpresa e incertidumbre, quizás esperando un alto de mi parte, más sin embargo yo empecé a besar a mi esposa en la boca y a mover la mano de Mario sobre la pierna de ella, y en un movimiento que ninguno de los dos esperaba, coloqué su mano sobre uno de los pechos de Martha.
La reacción de ella al darse cuenta fue retirar su mano, pero su resistencia ya era menos, por lo que Mario ya no necesitó más de mi parte para acariciar a Martha. Y él también entre la plática y como no queriendo la cosa empezó a abrazarla y a acariciarla. Después de algunos momentos de estar así, ella se levanta y nos dice “ya apláquense, si siguen así me van a coger… Tengo que ir al baño, ahorita regreso”.
Sus palabras realmente me excitaron y ahí vi la posibilidad de hacer realidad lo que tanto habíamos platicado de hacer un trio hmh, y para animar a Mario, mientras ella regresaba del baño yo le dije “por mí no hay problema, tienes mi permiso de hacer hasta donde ella quiera”, y quizás fue producto de las cervezas que se había tomado que me confesó “está muy hermosa, siempre ha sido mi fantasía”, “pues vamos convenciéndola” le contesté.
Cuando ella regresó ya no se quiso sentar entre los dos y quedó parada, pero Mario ya más animado le dijo “bueno, si no te vas a sentar vamos a bailar” y Martha adivinando que él quería bailar con ella me tomó de la mano y dijo “yo bailo contigo” y así lo hicimos, pero a la segunda canción yo le dije “también baila con él, no tiene nada de malo”, “es que me va a querer seguir metiendo mano” me dijo, a lo que yo le contesté “déjalo, dale una probadita, ándale, me excita”, entonces ella me sonríe y después de darme un beso me dice “está bien, pero solo un poquito”.
Cuando empiezan a bailar, efectivamente, él empieza a acariciar su espalda y más abajo, descaradamente toca las nalgas de Martha, y por un momento pensé que ella lo iba a parar, pero no fue así y al contrario, ella restriega su cuerpo con el suyo, y se empezaron a dar unos arrimones muy intensos, el baile era totalmente cachondo y cuando él empezó a desabrocharle los botones de la camisa, ella no opuso resistencia y por mi parte yo estaba extasiado viendo lo que estaba pasando totalmente excitado.
Cuando él intenta quitarle la camisa, que ya estaba totalmente desabrochada, ella dice que no y con el pretexto de otra cerveza deja de bailar y se sienta de nuevo junto a mí. Mientras Mario saca de la hielera las cervezas, ella me pregunta “¿qué tal?” a lo que yo le respondo “super cachondo” pero ahí es cuando ella me dice “ya nos tenemos que ir, ya es muy tarde y estamos en la calle, alguien nos puede ver”, “está bien, después de acabarnos esta cerveza nos vamos” le contesté.
Cuando Mario regresó, y después del primer trago a la cerveza, y como ella seguía con la camisa totalmente desabrochada yo le desabroché el brasier, y aunque ella intentó evitar que se lo quitara su resistencia fue muy débil, porque hasta me ayudó a quitarlo. Así que teníamos sus hermosos pechos libres y a nuestro alcance. Y ninguno de los dos perdimos tiempo, empezamos a tocarlos libremente y a besarlos sin ninguna resistencia de su parte, al contrario era evidente que le estaba gustando. Entre gemidos empezó a decir “que rico, que rico” y empezamos a turnarnos para besarla en la boca.
El cachondeo era total y desinhibido, pero para nuestra mala suerte vemos que se acerca un carro por la calle y por un momento tuvimos que parar. Momento que ella aprovechó para componerse un poco la camisa y decir “ya nos tenemos que ir”, cuando el carro se aleja los dos nos paramos y fui yo el que se desabrochó el pantalón primero y saque mi herramienta, Mario me imitó y de repente estábamos los dos parados frente a ella con la macana en la mano.
Ella se baja de la camioneta, quedando parada frente a nosotros y con su mano derecha agarra mi verga y con la izquierda agarra la de Mario, y después de acariciarlas un poco nos dice “ya sé lo que quieren, pero no… Aquí no… Estamos en la calle” y dirigiéndose a mí me dice “ya nos tenemos que ir”, me decía que nos teníamos que ir, pero no soltaba lo que tenía en las manos.
De repente, sin que ninguno lo pidiera, ella se agacha y sin soltar con su mano la verga de Mario, se mete la mía a la boca y empieza a chuparla, mientras que mueve su mano sobre el instrumento que seguía sujetando, así por un breve lapso de tiempo y entonces cambia, empieza a chupársela a Mario y a juguetear con su mano con la mía. Así estuvimos alternando hasta que ella se levanta y repite “nos tenemos que ir” pero nosotros estábamos más excitados.
Todavía nos dimos tiempo de turnarnos para besarla y agasajarla, pero ella seguía repitiendo “ya nos tenemos que ir”, evitó que le desabrochara el pantalón y como pudo se abrochó los botones de la camisa y de nuevo repitió “ya nos tenemos que ir…”.
Ahí sí, en contra de mis deseos pero pensando que ella tenía razón, nos fuimos para nuestra casa. Al subir a nuestro carro nos dimos un beso y de nuevo repitió “ya nos tenemos que ir”, “si, ya nos vamos” le contesté y al irnos quedó Mario parado en media calle, sin decir nada, con sus pantalones debajo de la rodilla y despidiéndose de nosotros con una mano, mientras que con la otra acariciaba su verga totalmente parada.
Después de haber estado en casa de los papás de Mario, y mientras regresábamos a nuestra casa Martha me dice “qué bueno que me hiciste caso de ya regresar a nuestra casa, si no me hubieras hecho caso hubiera terminado por ceder, la verdad ya no aguantaba, estaba muy excitada”. Y continuó diciéndome “si no acepté fue porque estábamos en la calle y además si hubiéramos llegado a más, ¿qué pensaría Mario de mí?”. “No te preocupes” le contesté “Es nuestro amigo de mucho tiempo y eso no va a cambiar, igual y esto queda solo como anécdota de única ocasión”, a lo que ella me contestó “ojalá así sea, aunque fue emocionante y excitante, me gustó pero con eso es suficiente”.
Eso y otras cosas más estuvimos platicando hasta llegar a nuestra casa.
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