Ana, esposa amante (3): Sorpresa doble

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T. Lectura: 10 min.

Quizás ya me conoces, estimado lector. Soy Ana. Me casé muy joven con Roberto y en estos últimos años ya no me sentía guapa ni atractiva ni tampoco para mi marido. El espejo y mis amigas, incluso muchas miradas o piropos de los hombres, me indicaban que soy muy hermosa, pero mi esposo, tan frío conmigo, me confundía. Hasta que mi vecino Álvaro, hace solo unas semanas, me hizo sentir deseada y sexy. Me resistí a volver a visitarle. No quería poner mi matrimonio en peligro. Quiero mucho a mi esposo y no querría darle un disgusto. En lugar de eso, me doy placer varias veces al día con el consolador rosa y con Álvaro en el pensamiento.

Pero hace tres días, mi vecino me mandó un mensaje con todas las fotos tan explícitas que me hizo cuando estuvimos juntos y unas palabras: “te deseo y quiero que vuelvas a ser mía” y, como postdata, “no querría que tu marido cornudo llegara a ver estas fotos”. Ciertamente, me veía irresistible en ellas. Y gozando de mucho placer. Las borré enseguida de mi móvil. Me halagaba que Álvaro me deseara, y más cuando Roberto apenas me miraba, pero no me gustaba el tono de amenaza que se desprendía del mensaje. Y ayer, otro: “ahora mismo le mando un mensaje con unas bonitas imágenes a tu marido. Si no vienes, no serán las últimas”. Me asusté mucho y cuando Roberto llegó del trabajo me dijo:

-Mira, Ana, el vecino me ha mandado esto.

Yo me ruboricé y asusté, no sabía dónde ponerme, pero me calmé al ver que solo se trataba de unos chistes. Poco antes de ponernos a dormir, Álvaro me mandó un nuevo mensaje: “espero que te haya hecho gracia. El próximo mensaje que le mandaré será mucho más interesante. Ven mañana, pronto, tenemos mucho que hacer. Puntual, a las ocho y cinco de la mañana.”

Esta noche no pude dormir, estaba muy nerviosa. Y también muy excitada, por qué negarlo. Cuando Roberto se marchó al trabajo, me quité el pijama, me rasuré completamente el pubis y el sexo, me duché, me puse una cremita suave y olorosa en el culo y la vulva. Después me maquillé muy bonita, aunque quizá me pasé y parecía una putita, no sé. Pero me veía guapa. Me puse mi perfume favorito, mi ropa interior más sexy, de encaje de un blanco inmaculado, una batita blanca muy transparente y cortita y decidí dejar las cosas claras con Roberto, “¡qué se habrá creído!”.

Llamo a la puerta de mi vecino y me abre totalmente desnudo.

-Oh, vaya, pero ¿qué…? – exclamo con los ojos abiertos como platos.

-Ana, vienes media hora tarde. ¡Me parece que tendré que castigarte!

-Oye, vístete, por favor, ¡o me voy ahora mismo! Solo vengo a hablar, Bueno, a reñirte. Pero vístete. O, si te estás…

-Sí, claro, ¡empalmándome! ¡Pero cómo no voy a hacerlo si vienes así vestida! ¡Y con lo buena que estás! ¡Y tantos días sin estar contigo! ¡Ven, ven!

-¡No, no, déjame, vengo luego! – me siento turbada y excitada.

-¡Tú te quedas aquí! ¡Con lo que me cuesta que vengas a verme!

-¡No, así desnudo, no! Sólo venía a decirte que…

-¡Mira cómo vas tú! ¡Se ve claro a lo que vienes, por eso yo ya estoy preparado!

-Te digo que solo vengo a hablar. ¡Pero eso no quiere decir que no venga arreglada!

-¡Ya, si estás impresionante! ¡Solo que… veo que ya estás mojando las braguitas!

-¡Oh, vaya! ¡Es que… verte así! ¡Totalmente empalmado! Y… ya tienes la punta húmeda.

-¡Pues claro, mi polla se prepara para venir a visitarte!

-¡Nada, nada de eso!

-Mira ¿ves? Eso es para ti. Un regalo.

-¿Qué? ¿Otras esposas? ¡No!

-No, no son esposas, no.

-Me voy!

-Espera, mira. ¿Ves? ¡Ya está! – me rodea el tobillo con una argolla y ata el otro extremo a una pata de la mesa.

-¿Pero qué te has creído? – noto que mi coño rezuma -Desátame ya! ¡O voy a gritar!

-Sí, vas a gritar, pero de placer. Tengo otra sorpresa para ti. Mira. Nacho, ven ¡ya puedes salir! El pobre lleva casi una hora esperándote.

-Nacho… ¿Qué Nacho? ¡Oh, Nacho! – veo aparecer a otro vecino y yo, casi desnuda y con la pierna sujeta a una mesa -Pero… ¿Qué haces aquí?

-¡Hola, Ana! -me atraviesa con la mirada.

-Le conté a Nacho, nuestro vecino del quinto, lo cariñosa que eres y que hoy vendrías a verme otra vez y claro…

-Yo, yo solo vine a hablar con Álvaro, no… solo que no me vestí, salí así de casa…

-Álvaro me invitó – explica Nacho, mirando disimulando mi escote y mis piernas -Me dijo que estarías contenta de verme.

-Bueno, yo… no…

-Me explicó que serías feliz de tener a dos hombres solo para ti durante todo el día. Pero si molesto…

-¡Por favor, Álvaro, desátame! – tengo las braguitas empapadas -Yo me voy.

-No te desato, no. Y menos si te vas a ir. Ven, ven, Nacho, mira, primero le quitamos las braguitas, que están totalmente mojadas y transparentes. ¡Oye, no le mires tanto el coño que se lo vas a desgastar, ja, ja, ja! Bueno, ya ves que en lugar de cortarse, nuestra vecina está muy cachonda al quedarse sin bragas.

-¡No es verdad!

-Bueno, el flujo resbala por tus muslos.

-Es que… oh… ¡Qué vergüenza! – me tapo con las manos mientras noto como se me tensan los pezones y el clítoris.

-No debes avergonzarte.

-¡Eres una chica muy caliente! No hay nada malo en ello.

-¡Oh, qué bien huelen sus braguitas!

-¡Dejadme, dejadme!

-¡Pero si esto te excita! A ver, Ana, no has desayunado, ¿verdad? Pues va, ven, Nacho, vamos a darle el desayuno, verás que bien la chupa. Y luego dejaremos que te bebas nuestra leche caliente. Seguro que te va a encantar.

-No, quiero marcharme. ¡Os denunciaré!

Pero no puedo evitar relamerme cuando veo a Nacho sacarse el enorme pene del pantalón, completamente tieso, y me lo acerca a la boca. Quiero morirme cuando no me resisto a separar los labios. Lo mismo hace Álvaro con su miembro, también parado y deseable. De ninguna manera quiero abrir la boca, pero ellos presionan mis labios, me los humedecen con sus glandes, hasta que el olor a polla me vence y enseguida beso las dos vergas, sorbo las gotas de líquido pre seminal, chupo desesperadamente las puntas, cojo una con cada mano y apartó el prepucio y lamo con fruición ambas trancas. Nunca había tenido dos penes a mi servicio. Es que, como ya te conté, hasta ahora solo había estado con mi marido.

Nacho dice que las chupo muy bien y Álvaro se fija que estoy mojando el suelo con mi flujo y dice que soy una guarra y acerca su mano a mis labios vaginales e introduce sus dedos en mi vagina y le dice a nuestro vecino que me acaricie el clítoris y verá lo loca que me pongo. Y es cierto porque solo rozarme ya me corro y lanzo un gran chorro de squirt que moja el pantalón de Nacho y las piernas de Álvaro que dice que soy una cerda por manchar el pantalón a nuestro vecino y a él que ya ve lo marrana que soy que no tengo vergüenza y que me muero por tener dos pollas en mi boca.

Al cabo de pocos minutos, Nacho suspira, gime y grita que ya no puede resistir más y que se va a correr dentro de mí y Álvaro le dice que me dé toda la leche que verá cómo me la trago y es cierto porque recibo su semen con agrado y me lo bebo todo y no puedo evitar decir qué rico está, ya que es la verdad, y eso excita más a Álvaro y él también lanza toda su lefa en mi garganta. Después se pone en cuclillas e invita a nuestro vecino a hacer lo mismo, me abre los labios vaginales y empieza a lamérmelos, y también las piernas, el clítoris, las ingles, el perineo, el agujerito del culo.

Nacho, aun en cuclillas, se pone detrás y me agarra ambas nalgas y empieza a lamerlas y a mordisquearlas, mientras Álvaro me sigue abriendo los labios y penetra mi sexo con su lengua dura y húmeda, mientras sorbe tanto flujo y squirt como puede. Me acaricia hábilmente el clítoris y yo suspiro cada vez más y gimo y Álvaro dice mira Nacho, que se va a volver a correr, mira que es puta, y enseguida tengo un orgasmo y lanzo chorros de mi ambrosía a los dos hombres y les digo que este es su desayuno y ellos me lo agradecen y dicen que es muy sabroso y caliente cosa que me excita todavía más y hace que me corra de nuevo en sus caras.

Álvaro pide a Nacho que se desnude porque esto no ha hecho más que empezar y el vecino me mira y yo le hago un gesto entre resignada e ilusionada, instintivamente tomo mis pechos y veo que el vecino del quinto se relame y mira a Álvaro y este le hace un gesto de aprobación y veo cómo Nacho me besa el escote, aparta la batita transparente, me desabrocha el sostén blanco de encaje y libera mis pechos que aparecen rotundos y excitados ante los dos hombres que se admiran cuando los tomo y se los presento para que me los mamen.

Ellos enseguida se vuelven como dos bebés lactantes y yo recojo mi flujo y humedezco mis pezones y ellos lo sorben con deleite y cada vez tengo más flujo para mis tetas y para los dos amantes que lamen, chupan y mordisquean. Sus bocas en mis senos me ponen a mil mientras me introduzco gran parte de la mano en mi coño y pronto tengo otro orgasmo y grito de placer y tomo todo el squirt que puedo para rociar mis aureolas y pezones y que ellos lo beban todo.

Veo con satisfacción que mis tetas y sorber mis jugos de ellas les gusta y les excita y me alegra que ver los dos hombres ya vuelven a estar empalmados y me siento en el suelo mojado de mis jugos, me abro de piernas y hago un gesto a Álvaro para que venga y llene mi sexo y él dice que debe ser amable con el vecino y que primero Nacho y este no se hace de rogar y yo me asusto al ver crecer todavía más su enorme pollón y grito de placer cuando introduce el glande en mi vagina y Álvaro me besa apasionadamente y me introduce su lengua hasta el fondo de mi garganta sin soltarme ambos pechos que noto arder.

Mientras el del quinto me folla el otro me besa y besa y masajea mis pechos tan hinchados y enrojecidos que parece que vayan a explotar hasta que Nacho dice que se va a ir y yo le digo que me llene toda, que no se preocupe, y me muevo para darle más placer y sí que se corre, sí, muy abundantemente, y al cabo de unos minutos de meterla y sacarla, se levanta y me besa y Álvaro, que se muere de ganas de follarme y aun con toda la lefa del otro vecino en mi coño, me penetra de golpe y no aguanta ni un segundo más y me lanza todo su semen mientras me llama puta, guarra y cerda y que vaya gran cornudo que es mi marido y esas palabras me duelen.

Pero también me calientan tanto que respondo con un delirante orgasmo cosa que hace que me vuelva a llamar de todo y dice que ves como disfruta nuestra vecina puta, puta y yo mezclo suspiros, con lloros y gemidos. Pienso en que me gustaría que mi marido me pudiera ver ahora con los dos vecinos y supiera que soy una mujer muy deseable y muy follable.

Como si me leyera el pensamiento, Nacho me está tomando fotos mientras Álvaro tiene su polla terminando de escurrirse en mi vagina. Cuando al cabo de unos minutos saca su polla de él, mi coño rezuma de semen y de mis propios líquidos. Me agrada ver cómo el vecino del quinto ahora toma foros de mi sexo abierto y empapado y de mis pechos enrojecidos. En realidad espero que mi marido nunca pueda ver esas fotos, claro. Aunque lo tendría merecido, por ignorarme y no hacerme sentir una mujer deseable.

Yo todavía tengo ganas de más, pero veo que ellos ya están rendidos:

-Bueno, Álvaro, ya está, por favor, suéltame que pueda ir a casa. — le pido, pero en realidad quiero quedarme más con mis sementales.

-No, no, uy, pero ¿qué dices? Sé que tú no tienes suficiente.

-Veo que me conoces bien. Pero, aunque fuera así ¿no ves cómo estáis? ¿Qué quieres hacer con esta pichita blanda? ¡Ja, ja, ja!

Álvaro, en lugar de ofenderse, exclama:

-Esto tiene solución, mujer. Verás, tú, prepárate, que ahora viene lo mejor. Ven, ven ¡toma, chupa, chupa, Anita! – y me baja la cabeza y me acerca su pene flácido. Yo lo lamo, lo beso y enseguida empieza a tomar algo de consistencia. Mientras, Nacho se pone detrás de mí, me sube la batita hasta la cintura, me huele el sexo, el culo y empieza a lamerme toda y dice con satisfacción que ya empieza a endurecerse su enorme polla.

-Tú, Ana, aunque eres tan caliente y tan puta, no habrás tenido nunca una doble penetración ¿verdad?

-¿Pero qué dices? ¡Pues claro que no! Si tú sabes mejor que nadie que nunca había sido infiel a mi marido.

-Ya, ya. Pues, mira, hoy te vas a estrenar con nosotros.

-No, eso no, por favor. Me sentiría muy mal, me sentiría como una puta, no, no. — y me doy cuenta de que la sola idea me asusta y avergüenza, pero que también me excita -Me dolería y no, no. Mejor que me sueltes y me voy.

-Ana, está claro que no acepto tu no. Estás con la pierna atada a la mesa, solo con la batita hasta la cintura, chupándome la polla, ofreciendo tu sexo y tu culo a otro vecino. Hoy te vas a estrenar también en una DP.

-No, de verdad, eso no. ¡Dejadme ir!

-Álvaro, no vayamos a pasarnos, hmmm, si ella quiere irse, que se vaya. Ya se ha portado muy bien con nosotros. — opina Nacho mientras me lame el clítoris, tiene un dedo en mi vagina, otro en mi culo y me abre y me mordisquea las nalgas.

-Nunca se va a ir hasta que hagamos el trío con doble penetración. ¿Y sabes por qué? Pues porque se muere de ganas. — me avergüenza sentir que es verdad -Mira ¡si está llenando tu cara con su flujo, de la excitación que tiene!

-¡Hmmm, sí, y que rico está! – yo gimo y noto que no dejo de emitir flujo para que el vecino lo vaya lamiendo y sorbiendo -¡Me encanta tu coño mojado y sin ni un pelo! ¡Yo ya estoy completamente empalmado!

-¡Y yo! – exclama Álvaro y al oír eso no puedo evitar lanzar un chorro de flujo a la cara de Nacho.

Álvaro se está masturbando mientras ve cómo nuestro vecino me lame el culo, el perineo, la vulva, el clítoris…

-Mira, chica, escoge por dónde quieres nuestras pollas, ¡verás cómo te va a encantar que te la metamos los dos juntos!

-No… no me van a caber, de verdad. — me relamo -¡Además, pensaríais que soy una guarra por dejarme hacer eso!

-A ver, Ana. Te has presentado a mi piso en ropa interior y has dejado que te follemos los dos. Además, nos la has estado chupando y te hemos estado mamando los pechos. Y ahora les estás ofreciendo el chocho y el culo al vecino. ¡Algo puta si eres!

-Álvaro, no le digas eso, pobre. — me defiende Nacho con su cara entre mis nalgas.

-No, si tiene razón. — admito avergonzada, entre suspiros -Es que aunque me hubieras desatado de la mesa, me habría quedado con vosotros. Pero que me falléis juntos, eso ya no, vecinos.

-¡Ana, tú escoge por donde te metemos las pollas, ya, o lo escogemos nosotros!

-¡No, no, por favor! – suplico mientras no ceso de excitarme y rezumando flujo.

-Bueno, mira, ¡tú te lo has buscado! Nacho, toma el móvil y ponlo ahí, en grabación automática. Tú, Ana, aquí, ven, date la vuelta, así, enseña todo el culo a la cámara. ¡Oh, qué guarra! ¡Estás totalmente mojada, cerda!

-¡Es que no puedo evitarlo! ¡Me ponéis muy cachonda!

-Mira, Nacho, ya está grabando ¿verdad? ¡Muy bien, ve ahí, penétrala por delante!

-¿Puedo?

-Sí, pero suavemente, por favor, vecino, ¡Ay, oh, qué bestia!

-¡Perdona, Ana!

-No, si me gusta. ¡Reviéntame el coño, Nacho! ¡Así, sí! ¡Oh, hmm, ay! ¡Por favor! ¿Esto se está grabando? ¡Oh, qué vergüenza! ¡Me da mucho morbo! ¡Más adentro, Nacho! ¿Te gusta? ¿Te gusta mi coño?

-A ver, así, yo… — Álvaro acerca sus dedos a mi vagina y me la abre un poco más hasta que introduce un poco su pene – Es difícil, hmm, a ver, ábrete, Ana, ábrete más, mira, así, sácala un poco, Nacho, sí, a ver si así, ahora, los dos, sí, a dentro, ah, sí, hmmm, a dentro, más, hmmm, ábrete, Ana, muévete, va, sí, ¡sí, oh, uh, hmm!

-Ay, ah, me vais a partir, ah, pero que animales, cuidado, con suavidad, ah, más a dentro, movedlas, vamos, ¡ah, sí, sí, ah, ah!

Me corro bestialmente y con la humedad que desprendo lubrico más mi vagina y los dos penes entran casi totalmente hasta el fondo y me siento morir de placer y ellos me llenan y consiguen un mete y saca terrible mezcla de gusto y dolor mientras no cuento los orgasmos y me avergüenzo cuando soy consciente de que van grabando un video en que no puedo ni quiero disimular mi placer mientras dos hombres me están follando y más cuando ambos me llenan el coño de su semen caliente y Álvaro me llama de todo, desde guarra a cerda, cochina y puerca, y Nacho me dice que me ama y que hace años ya pensaba en que le gustaría follarme de tan buena que estaba y que siempre bromeaban con Álvaro sobre eso y yo me caliento más y más y me sigo corriendo incontables veces.

-¡Ay, por favor, qué placer, oh, habéis sido unos animales, ay, me duele el coño… y todo!

-¡Pero si te ha encantado!

-Sí que me ha gustado, sí. ¡Pensaréis que soy una fresca, qué vergüenza!

-No, mujer, simplemente, que te va el sexo y, por lo que parece, que estás muy necesitada, que pasas mucha hambre.

-Estoy casada y mi marido me quiere mucho. ¡Y yo a él!

-Ya, ya.

-Oye ¿y con el vídeo qué vas a hacer?

-¿Pues tú qué crees? Me lo miraré y me masturbaré con él.

-Álvaro, me lo podrás enviar, verdad? -le pide Nacho

-¡No, por favor, bórralo, bórralo!

-¡Eso nunca! Sí que te lo enviaré, claro, vecino.

-Bueno, pero solo a él, que ha sido muy cariñoso conmigo. ¡Pero a nadie más!

-Si te portas bien con nosotros, Ana, no debes temer nada.

-Me voy, ay, me quedaría más tiempo con vosotros, pero, ya son más de las diez. A ver qué excusa me invento. Y vestida así y… me imagino que sin bragas, ¿no?

-Pues claro, me las quedo, como siempre. Después te dejo unas del otro día, Nacho. ¡Verás que aún huelen a hembra en celo!

-¡De verdad que te pasas, Álvaro! ¡Pero cómo puedo ir así a casa! ¡Se me ve todo! ¡Y tan tarde!

-Va, va, con lo bien que te lo has pasado con dos machos. ¡Hala, ve con tu maridito doblemente cornudo!

-¡Qué malo eres, Álvaro!

-¡Adiós, cariño! – me acerco a Nacho y le doy un besito en los labios y Álvaro aprovecha para pellizcarme el culo desnudo – ¡Ay!

-¡Qué buena estás, vecina! ¡Y qué calentorra!

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