En la semana la oficina había estado tensa. Por fin llegábamos al viernes.
Ante la libertad de Marta de poder tener sexo con cualquiera de la oficina pero con la salvedad que el viernes nos íbamos a encontrar, yo opté por no tener encuentros con nadie y llegar super excitado al viernes.
Carlos y Ricardo no creían que hubieran sostenido toda la semana sin sexo. En cambio Emma imaginaba que sí.
El día anterior llegaron Carlos y Ricardo juntos muy animados los dos conversando, eso me hizo pensar que habían pasado la noche juntos. No sabía si Beatriz había participado o no pero algo había pasado entre ellos.
Emma por el contrario el jueves en el horario del almuerzo se acercó y me dijo: “quiero que sepas que no tengo ropa interior puesta y solo traigo el portaminas aguantando estas medias”. A lo que le respondí: “yo espero ansioso el viernes poder verte junto al resto”.
En ese momento me di cuenta que estaba dejando pasar una oportunidad tremenda, pero la excitación de llegar al viernes con mucha leche dentro podía más. Ya iba tener otras oportunidades de coger con Emma, los dos sabíamos que nos lo debíamos.
El viernes entonces me desperté con una erección muy dura. Decidí ponerme un slip ajustado que hacía que mi verga se notara mucho. Al tenerla curvada hacia la izquierda parada llagaba casi hasta mi cadera. Pantalón gris y camisa blanca slim que marcaba mi espalda, era el atuendo elegido para ese día.
Llegué a la oficina y no había nadie, fui el primero. Luego llegaron como les dije Carlos y Ricardo conversando animadamente, unos minutos después Beatriz. Emma fue la última en llegar sin contar a Marta. Estaba radiante, traía el pelo recogido en una cola alta y todo su pelo perfectamente atado. Los lentes grandes sin armazón resaltaban su carita de muñeca, que obviamente no tenía maquillaje. Sus pecas eran hermosas. Traía puesto un chaleco azul sin nada abajo y una minifalda ajustada del mismo color que el chaleco. La cola parada y grande destacaba en su espalda y hacía que su figura fuera un deleite.
Beatriz por su parte traía un vestido color verde suelto de una tela que se transparentaba y se podía reconocer el conjunto de lencería negro que traía debajo. Muy lujuriosa para su edad sino la conociera nunca la hubiera imaginado con ese atuendo. Pero sabía que era una buena puta.
Después que todos estábamos y cada uno sentado en su lugar de trabajo sin hablar solamente esperando que llegara Marta, apareció ella.
Una gabardina beige cubría todo su cuerpo y solo se veían unos zapatos con tacón negros y altos. Entró a la oficina y tras de sí cerró la puerta con llave. Pasó por nuestros escritorios sin siquiera mirarnos, los 4 la miramos caminar y vimos como la gabardina volaba con cada paso rápido que daba hacia su despacho. Solo tuvo un breve saludo con Emma que estaba en su mesita en silencio y la saludo al verla entrar.
Pasaron unos minutos, cerca de 10 en lo que hicimos fue seguir esperando. Hasta que al final nos llegó el mensaje de ella que decía: “Buenos días a todos, primero entrarán los tres hombres de esta oficina a mi despacho y luego de 10 minutos entrará Emma y 10 minutos más tarde Beatriz. Todos entrarán en ropa interior si tienen y sino desnudos. Los espero”
Tras leer el mensaje, los tres hombres nos paramos y empezamos a desvestirnos y dejar la ropa en nuestras sillas de trabajo. Yo con mi slip fui el primero en estar pronto y los esperé para empezar a caminar por el pasillo. Carlos traía unos bóxer ajustados que marcaban su verga y Ricardo como no podía ser de otra manera traía puesta una bombacha culotless que contenía apenas su verga y parte de los testículos se le escapaban por abajo. En ese orden pasamos por delante de la mirada de Emma, que se paró a empezar a desvestirse al vernos pasar.
Nadie dijo una palabra, estábamos todos entregados.
Una vez traspasar la puerta, nos encontramos a Marta parada junto a su mesa en la que había tres vasos de agua servidos que tenían al costado una pastilla azul. Marta todavía llevaba puesta la gabardina cerrada y esperó que entráramos para sacársela. Una vez dentro los tres nos paramos en fila y cerramos la puerta. Ella nos miró mientras desataba el cinto de su gabardina y se la quitaba dejándola caer por su espalda a los pies.
Llevaba puesto un traje de látex bien pegado al cuerpo que iba desde el cuello a los tobillos. Esa calza de látex entera tenía agujeros, dos para dejar libres sus enormes pechos que caían apenas por su peso y otro en su entrepierna que por la parte de atrás llegaba a dejar al descubierto toda su cola. Los zapatos eran en realidad botas de caña alta que remataban en tacones altos y finos.
Era una bomba, una ama de látex negro que imponía respeto solo con mirarla.
—Al costado de cada vaso hay una pastilla de viagra para cada uno. Tadeo vas a tomar un cuarto por ahora, Carlos vas a tomar media y Ricardo una entera. No quiero verlos flaquear hoy. Adelante terminen de desvestirse y tomen cada uno lo que les corresponde.
Sin decir nada lo hicimos y ella se sentó en una de las sillas de la oficina, separó sus piernas y empezó a acariciarse la vulva y a separar sus labios vaginales y frotarse el clítoris.
—Carlos y Ricardo vengan a chuparme las tetas y vos Tadeo acerca esa pija hermosa que me la quiero comer.
Nosotros seguíamos sin hablar cada demanda de ella.
Me la empezó a chupar y a escupir, para mí era placer puro. Mientras me pajeaba mis compañeros le chupaban las tetas, metiendo su cabeza por debajo de los brazos de ella.
—Ricardo ahora vas a probar conmigo esta pija pero hoy quiero además que rindas con tu miembro bien gordo y duro. Es la única vez que vas a chupar pija, disfrútala.
Ricardo se sumó a Marta y Tadeo volvió a sentir esas cosquillas en el estómago que lo excitaban por estar haciendo algo prohibido.
—Carlos párate y déjanos chuparte a vos también esa verga.
Se paró de nuevo como hacía unos días atrás al lado de Tadeo. Pero esta vez le agarró su verga. Marta lo dejó hacer a ella le excitaba que los hombres se tocarán. Por eso había empezado a introducir a Carlos en un rol “activo” con Ricardo. Tadeo cerró los ojos y se dejó hacer por Carlos y Ricardo.
—Ricardo parate vos también que quiero comerme las tres pijas juntas.
Parados los tres Ricardo al centro. Marta mientras pajeaba con sus manos a Carlos y Tadeo se la chupaba al hombre más grande de los tres. Intercambiaba las manos y la pija que se llevaba a la boca. Estaba disfrutando de lo que lo había creado y faltaba más.
Emma entró traía puesto solamente un portaligas negro, que se ajustaba por encima de su cintura y sostenía unas medias de red. El color de la prenda destacaba y resaltaba sus pecas naranjas y la blancura de su piel. Sus pechos pequeños y pezones gruesos en su desnudez combinaban perfectamente con el vello de su pubis. Entró y se paró al costado de la puerta, esperando que se le indique que hacer.
Tadeo la miró y de arriba a abajo y la deseaba, no le sacaba los ojos de arriba, se la quería coger cuanto antes.
Mientras Marta disfrutaba cerdamente de tener tres pijas a su disposición le pidió a Emma que se diera vuelta y se quede frente a la pared. Lo hizo y esperó.
—Miren esa cola, miren que belleza ese culito, parece esculpido por un artista. Ese portaligas además lo destaca, lo resalta… quizás una tanguita negra completaría el atuendo de mejor manera. Pero todos sabemos que es tan puta y le encanta tanto que le abran la cola que no está dispuesta a perder tiempo. ¿Qué dicen chicos, le damos lo que está buscando?
La pregunta no era una pregunta en realidad. Los tres sabíamos que no teníamos que responder, aceptábamos y agradecíamos.
—Muy bien, ya están las tres pijas bien duras y prontas. Carlos acostaste en el sofá. Emma suite a él y deja que te penetre tu vagina.
Autómatas se acomodaron. Tadeo miró receloso de lo que pasaba, quería ser él en lugar de Carlos. Marta intentó meterse las dos pijas juntas en la boca y para eso tuvo que frotar una con otra. Ricardo, el grandulón, suspiraba con cada contacto a Tadeo no le gustó tanto, ya no le generaba lo mismo que hace un rato. La presencia de Emma en la oficina generaba otros deseos en él.
Ricardo le excitaba sentir la dureza y el calor de la pija de Tadeo, le encantaba esa sensación. Producto del viagra tenía la pija durísima, hacía mucho que no le pasaba.
Marta no pudo por más que intentó, quería comerse las dos pijas juntas. Así que se dio por vencida.
—Ricardo me parece que Emma quiere probar tu verga gorda y grande. Te prohíbo que le acabes en la boca. Anda a dejarla que te la coma y se atragante como yo.
El grandote se acercó al sofá y mientras Carlos penetraba con un ritmo cansino y lento a Emma, le puso su verga cerca de sus labios.
Emma arqueó su espalda y suspiro antes de meterse ese pedazo de pija en la boca. Lo miró a los ojos a Ricardo y le susurró “es hermosa, gracias”. A Carlos le excitó ese comentario, le confirmo que Emma era una ninfómana, calentona.
Esa joven que tantas conversaciones había suscitado entre los hombres de la oficina, efectivamente era como ellos deseaban. Una hermosa puta, que reclamaba gozar.
—¿Qué pasa Tadeo, no te gusta estar acá conmigo? Vas a ser el primero en cogerme. Vamos a la mesa.
Marta se subió a la mesa y apoyó sus pies sobre ella. Flexionó las rodillas y separó sus piernas, toda su vulva se abrió ante Tadeo. Estaba sumamente dilatada y abierta.
—Del segundo cajón elegí el consolador que más te guste y tráelo contigo. (Así lo hice, elegí uno bastante largo y grueso pero no el más grande). Cogeme y méteme también el consolador, mi concha está muy abierta y necesito dos pijas para gozar plenamente.
A Tadeo se le disparó el morbo, nunca había hecho algo así. Nunca había visto una concha tan grande y le excito el morbo de dilatarla con su propia pija y un consolador. Por un momento se olvidó de Emma que se atragantaba con la pija de Ricardo mientras Carlos la penetraba despacio.
Se escuchaban las arcadas de Emma y el choque acuoso de las penetraciones en Marta de su pija, suspiros, gemidos y el olor a sexo del ambiente era embriagante.
—Basta, no quiero que te corras ahora Tadeo. Siempre te portaste muy bien conmigo. Te ganaste tu recompensa. Le vas a coger el culo a Emma. Vas a ser el primero.
En ese momento se le dibujó media sonrisa en el rostro y miró a Emma, ella por su parte dejó de chuparle la pija a Ricardo y mirando a Tadeo se mordió su labio inferior y levantó su cola, separándola del cuerpo de Carlos.
Mientras Tadeo empezó a penetrarla, despacio y lentamente para abrirle la cola sin lastimarla, Marta abrió un placard del fondo de la oficina y sacó un monster dildo y lo acercó al resto.
Tadeo tomó las caderas de Emma y las levantó un poco, eso hizo que la verga de Carlos se escapara de dentro suyo. Carlos aprovecho a chupar y morder los pezones de Emma que agradeció con suspiros y jadeos.
Al tener la cola más erguida dejó caer un hilo de baba que recorrió por entre sus nalgas, las separó y presentó la cabeza de su pija en el culito de Emma. Poco a poco fue metiéndosela y la cola cedía sin esfuerzo. Entró toda al final y Emma dio un grito de placer y de haber triunfado. Ella deseaba coger por el culo y que se lo hiciera Tadeo le daba más placer. Por la culpa de la calentura entre ellos es que todos estaban ahí.
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