Hola, me llamo Raúl y soy profe de una primaria. Tengo una novia joven, hermosa y descaradamente fogosa llamada Brenda. Cogemos a diario y nuestra fijación recurrente es fantasear con meter a terceros a nuestra cama. A ella la pone caliente sobremanera y termina con orgasmos brutales. Ya hemos llevado varias fantasías a la realidad: ver cómo otro sujeto le da por todos lados mientras ella grita de placer me pone al cien. Es una sensación adictiva ver a tu propia mujer ser bombeada salvajemente por un desconocido.
Hace dos semanas, después de una cogida memorable, Brenda me confesó que un muchacho la andaba cortejando cerca de su trabajo. Un tal Marco, simpático y de buena plática, que no dejaba de buscarla. Pese a que ella le dijo que tenía novio, el tipo insistía, le agarraba la cintura y le daba besos en la mejilla. “No soy de palo y siento rico su cercanía, me empieza a poner cachonda, amor… quiero que me lleves a un hotel y entre los dos me den una buena cogida”, me dijo. Al meter mano bajo su vestido noté que su hilo estaba empapado ¡cabroncita te trae bien caliente ese buey! le metí dos dedos en su vagina mientras la besaba y gimió con intensidad… siiii, quiero que me cojan bien ricooo…
Con mi permiso Brenda buscó a Marco y le propuso la cita en el hotel con una condición: “Quiero que tú y mi marido me den una buena cogida toda la tarde”. Marco le replicó: “¿Por qué con tu marido? ¡Mejor invito a uno de mis amigos y te damos por todos lados entre los dos!”. Ella se negó a hacerlo sin mí, pero quedaron de verse el viernes.
Llegamos el vienes al hotel, mi novia iba emocionada, vibrando de deseo, imaginando lo rico que la pasaríamos, esperamos un rato, pero… Marco no llego, nos metimos al hotel, Brenda se metió al baño y se puso un camisón muy sexy, corto y que no dejaba nada a la imaginación, dio una vuela mostrándome su delicioso cuerpecito a través de la transparencia y dijo mira todo lo que iba a comerse Marco… Cogimos muy rico en varias posiciones, mi putita se retorcía de placer al recibir mis fuertes embates mientras la tenía con las piernas al hombro, imaginándose que era Marco quien le estaba dando caña: así papito, dame mmm… más, terminamos al mismo tiempo, descargue toda mi leche en su rica papayita.
Al otro día salí temprano al trabajo, Brenda salió un poco después, iba con el pelo recogido, un vestido holgado y absolutamente nada abajo. Se quedo ansiosa y caliente porque Marco no fue a la cita, iba a buscarlo para reclamarle, entró al negocio hecha una fiera, encarando a Marco en un rincón apartado: —¡Eres un miedoso! Me dejaste plantada en el hotel, con las ganas atragantadas y vestida para ti. ¡Un hombre de verdad no promete lo que no cumple! Marco la miró de arriba abajo con cínica lentitud, notando cómo la tela holgada revelaba la ausencia de ropa interior y la respiración agitada de Brenda.
—¿Así que vienes cachonda buscando verga ehhh? —contestó aprisionándola de frente contra la pared, recargando su bulto contra el culo firme de mi noviecita y besándola en el cuello, Brenda al sentirlo tan duro gimió suavemente— Voy a llamar a dos amigos y entre los tres te vamos a deshacer la panocha.
Antes de que pudiera reaccionar, Marco hizo una llamada rápida. En cinco minutos aparecieron dos yogurines algo corpulentos, con cara de pocos amigos y hambrientos de carne. Cerraron el local con candado y atrancaron la puerta de la trastienda. El pánico inicial de mi noviecita duró apenas un segundo: la amenaza violenta, el encierro y la presencia de tres hombres dispuestos a tomarla por la fuerza detonaron una ola de calor insoportable que le chorreó las piernas de pura lubricación, su papayita empezó a dilatarse y a escurrir imaginándose todo lo que le harían esos tres bueyes, después de todo era lo que ella fue a buscar.
—Miren a esta zorra, viene a reclamar verga y le vamos a dar hasta por las orejas… le saco el vestido por arriba de forma un tanto agresiva, dejándola totalmente desnuda ante los ojos de sus amigos y entonces ambos la encimaron de espaldas violentamente contra una mesa de madera. Marco separo con fuerza las piernas de mi putita y contemplo por un instante su vulva ya dilatada y lubricada, pidiendo atención inmediata, se relamió los labios y se inclinó para devorarla con ansia recorriendo sus labios, metiendo la lengua profundamente en su vagina y dándole atención desde el clítoris hasta el ano, recorriendo toda su raja, Brenda abrió aún más las piernas para sentirlo de lleno y lo jalo hacia si con lujuria, así papito, cómetela completita ahhh así…
Los dos amigos de Marco mientras tanto se entretenían devorando las tetas de mi mujercita, mordisqueando sus pezones, mamando como becerros hambrientos, luego uno de ellos la empezó a besar en la boca y el cuello, mi mujercita le correspondió entrelazando ambos sus lenguas profundamente, mientras el otro le devoraba ahora las dos tetas de Brenda…
Marco intensifico el tratamiento a la papayita de mi putita, metiendo profundamente dos dedos mientras seguía degustando toda la vulva empapada y entonces, ella sintió una descarga eléctrica recorrer desde su botoncito, toda la columna vertebral hasta su cerebro, terminando en un violento orgasmo producto de la comida de boca, tetas y biscocho que le estaban propinado esos tres cabrones, salpico la cara de Marco con todos sus néctares… así ahhh, me vengoooo ahhh, que ricooo.
Marco no le dio tiempo de recuperarse del primer orgasmo y le hundió su gruesa verga en la vagina de un solo tajo seco, haciendo que Brenda soltara un chillido sordo sofocado por el miembro que tenía en la boca, mientras con la mano masturbaba al tercer yogurin. El sonido de la carne chocando contra la carne retumbaba en todo el recinto. Brenda no paraba de suplicar entre arcadas y gemidos: “¡Siii, más duro! ¡Ábreme toda! ¡Cójanse a esta zorra entre los tres!”. Se turnaba mamando los mástiles de los dos amigos mientras su picador principal la bombeaba salvajemente.
La maniobraron como a un juguete de carne. La pusieron en cuatro sobre un sillón viejo y mugroso. Mientras uno le sujetaba los brazos por la espalda y le apretaba los pezones con brutalidad, el segundo sujeto le alineó la cabeza hacia su ingle. Marco tomó la delantera y, usando su propia saliva como lubricante, le encajó el miembro entero por el ano de un solo empujón sin contemplaciones. Brenda soltó un bramido salvaje, con los ojos desorbitados.
Sin darle tregua, el tipo de enfrente le metió su verga en la vagina, rellenándola por ambos agujeros al mismo tiempo en una doble penetración implacable, mi putita al sentir tanta carne dentro se empezó a columpiar entre ambas vergas, poniendo los ojos en blanco de tanto placer, “asiii… ahhh, eso quería ayer… que me hicieran un rico sándwich ahhhh, tu ven aquí y dámelo en la boca… ahhh”, ahora mi mujercita esta empalada por todos sus agujeros, gritando, gimiendo y pidiendo más verga.
Las embestidas coordinadas hacían que la mesa y el sillón rechinaran. Brenda gritaba fuera de control, babeando, con la piel al rojo vivo y el cuerpo sacudido por espasmos violentos, de pronto le llego el segundo orgasmo tan intenso que la hicieron orinarse y chorrear fluidos por los muslos mientras suplicaba que no pararan, que la reventaran por dentro. Eso querías putita, así querías que te diéramos ayer… ¡lástima que no esté tu maridito para que viera lo rico que te estamos atendiendo, zorrita!
Los tres hombres, estimulados por la sumisión y el descontrol de Brenda, llegaron al límite. Marco le vació un chorro hirviente y espeso en el fondo del recto; el segundo la coronó llenándole la vagina hasta el borde; y el tercero la tomó del cuello para que se tragara cada gota de su leche directo de su garganta. Los tres orificios de mi mujercita quedaron desbordando semen blanco y denso.
Luego se tomaron un respiro, todos acostados en el piso, Brenda en medio de todos…
Marco: ¿eso querías nena? ¿Te gusto como te cogimos?
Brenda: si me gustó mucho y quiero más…
Y empezó a darle otra buena mamada al pene algo flácido de su picador, que pronto estuvo firme y listo para la batalla, él la puso en cuatro, de a perrita y de un solo empujón la empalo completa, Brenda puso los ojos en blanco… que ricooo… así dame más… los amigos se colocaron a lados de su cara y le ofrecieron sus vergas ya duras y listas para que las chupara como paletas, ella no se hizo de rogar…
A media mañana, el teléfono me vibró en el bolsillo. Era una videollamada de Marco. Al contestar, la pantalla me mostró la escena más erótica y caliente que jamás había visto: mi novia estaba arrodillada en el suelo mugroso, con la cara, el pecho y el cuello llenos de leche y sudor, mamando con desesperación insaciable dos pollas enormes al mismo tiempo, mientras Marco la embestía de pie por detrás a un ritmo salvaje.
La cámara se enfocaba en su panocha roja, hinchada y destrozada, expulsando espuma blanca con cada estocada. Mi mujercita me fijó la mirada a través de la pantalla, con los ojos desorbitados y la boca ocupada, emitiendo gemidos ahogados antes de atragantarse de nuevo con la carne, lo cual hizo que mi verga se pusiera automáticamente dura y bien parada.
Un rato después de que llegué del trabajo escuché la puerta de la casa. Salí al pasillo y vi a mi mujer. Caminaba con extrema dificultad, totalmente abierta de piernas, descalza y con sus zapatos en las manos, con el vestido mal abrochado, despeinada y con marcas rojas de dedos en las nalgas y los muslos. Apenas pudo sostenerse del marco de la puerta. Con la mirada perdida de puro éxtasis, el rímel corrido y la voz completamente ronca por tanto gritar, me miró y me dijo:
—Me hicieron de todos esos cabrones… mira nada más cómo me dejaron, no puedo ni cerrar las piernas de tanto que me rellenaron los tres agujeros…
Olía a semen, a sexo, venia bien cogida, la lleve a la recamara, le quite el vestido…, se acostó de espaldas y abrió las piernas, su vagina y ano abiertos aun escurrían leche blanca y espesa, al verla así mi verga se puso dura como roca, de un solo envión la penetre, así ahhhh…que ricooo… así mi amor bate la lechita que traigo adentro… ahhh, le di un buen rato.
Luego la puse en cuatro y al ver su hermoso culo todo lleno de marcas la penetre de golpe por ese rico ano abierto y rojo por el tratamiento que le habían propinado los yogurines, entre como cuchillo en mantequilla y empecé a batir la leche que aún tenía dentro, muy excitante sentir esa leche y batirla sabiendo que se la habían cogido por todos lados y habían terminado dentro de ella.
Finalmente la puse de espaldas en la cama, coloque sus piernas en mis hombros y la volví a penetrar por ese rico culito… así mi cielo, cógeme… ahhhh, así como me bombearon esos cabrones… así ahhhh, acelere y terminamos juntos, descargue todo mi semen en su rico culito y mi putita tuvo su octavo orgasmo del día.
—¿Te gusto mi amor batir la lechita de esos cabrones? ¿Te gusto ver cómo me cogían? ¿Te gusta tener una novia bien puta, cielo?
La abrace, nos dimos unos besos ricos y profundos, aun sabia a leche de otro buey.
—Si corazón me encanta que seas bien putita…
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