Lo de Marta (1)

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T. Lectura: 12 min.

Marta es el nombre de una chica que conocí en un chat de internet para citas y encuentros sexuales. Habíamos estado hablando sobre gustos y fantasías sexuales, pero nunca nos habíamos visto las caras y no habíamos compartido ninguna foto, por lo que para mí, era una completa desconocida. Todo eran conversaciones por escrito, hasta que un día me atreví a invitarla a mi casa para poder poner en práctica muchas de las cosas que habíamos compartido durante varias semanas.

Ella me contestó que sí, que no tenía ningún problema en conocernos. Para mí fue una sorpresa que ella aceptara, así que ya puestos, le puse una condición para que ella viniera. Esta condición consistía en que cuando pusiéramos en práctica nuestras fantasías, ella no tenía que hacer nada, tan solo ser un tanto sumisa y dejar que yo la hiciera todo lo que quisiera o cosas de las que habíamos charlado desde que nos conocimos. Esto a Marta le pareció una buena idea, así que finalmente aceptó y fijamos un día para el encuentro.

En todas las conversaciones que tuvimos Marta y yo sobre sexo y fantasías, Marta siempre había mostrado predilección por ser penetrada por todos sus agujeros, pero para ella todo eso eran solo fantasías que comentábamos, no se veía capaz de ser penetrada de esa manera así. Marta se imaginaba que nuestro encuentro sería para una tarde de sexo normal y corriente, pero eso no entraba en mis planes. Mi intención era realizar todas aquellas fantasías de las que me había hablado y que para Marta, en la realidad, le iban a suponer mucho más dolor que otra cosa, así que para poner en práctica esto, se me ocurrió que podría comprar una serie de vibradores y consoladores para convertir todas esas fantasías en hechos.

Por fin llegó el día del encuentro. Era una tarde de invierno en la que ya se había hecho de noche. Había preparado todo para que estuviéramos en el salón de casa con la chimenea encendida. Puse las luces con tono cálido y con una intensidad medio baja, no quería que todo estuviera iluminado pero tampoco quería perderme ningún detalle. Por fin sonó el timbre y abrí la puerta. Tras la puerta apareció una chica delgadita, morena con el pelo bastante largo y unas piernas largas que hacían que tuviera un cuerpo espectacular. Le di dos besos, y le dije que pasara. Cerré la puerta y la llevé al salón.

La puse de pie en el centro de la sala y le dije: “recuerda lo que hemos hablado, tú no tienes que hacer nada, lo voy a hacer yo todo. Hoy tus fantasías se harán realidad”. Entonces ella puso cara de sorpresa y no dijo ni una palabra más, pero en su expresión facial pude ver una sensación de impaciencia a la vez que de miedo, ya que las fantasías que habíamos comentado era algo difícil de llevar a la realidad.

Con Marta de pie en medio del salón, comencé quitándole el abrigo. Continué quitándole su chaqueta y empecé a desabrochar los botones de sus pantalones lentamente. Le quité su camiseta despacio, dejándola en sujetador y a continuación me arrodillé delante de ella para bajarle y quitarle poco a poco los pantalones y sus zapatos, dejándola ya solo con la ropa interior. En ese momento, de rodillas delante de ella pude observar un cuerpo perfecto. Tenía unas piernas larguísimas y espectaculares, con una piel blanca que era perfectamente lisa y sin ningún defecto. Su vientre era perfectamente esbelto y hacía unas curvas perfectas con su estrecha cintura. Su ombligo era precioso, perfectamente situado en el medio de su vientre.

Me levanté y me puse detrás de ella, entonces pude observar su precioso culo y sus nalgas perfectamente redondeadas que su braga tanga dejaban ver por completo. En ese momento, al ver su culo, provocó en mí un espasmo en la polla, que ya se había puesto dura por completo. Era ya el momento de pasar a la acción. Le desabroche el sujetador a Marta con ya algo más de rapidez y le bajé el tanga hasta el suelo.

Me puse delante de ella de pie, le pedí la mano y le pregunté: “¿estás lista?” Y me contestó “si”, asintiendo con la cabeza. Entonces, ella dio un pequeño salto para dejar atrás su ropa que estaba en el suelo y me la llevé al sofá. La subí encima y la indiqué que se pusiera en posición de cuatro patas, mirando hacia uno de los laterales del sofá donde me iba a colocar yo.

Yo estaba delante de ella, con mi entrepierna a la altura de su cara. Ella miraba atentamente a mi pantalón, donde podía notar el bulto que pronto se iba a descubrir. Entonces, lo primero que hice fue desabrocharme el pantalón, y sin bajarlos saqué mi polla para que quedase a escasos centímetros de la cara de Marta. Ella observaba atentamente mi polla que estaba gordísima y mi dura tras haberla desnudado. Movía la cabeza para contemplar mi polla desde todos los ángulos, yo notaba que sentía cierta curiosidad, ella estaba entusiasmada al ver esa enorme barra de carne rodeada de venas. Sin separar mi polla de la cara de Marta terminé de desnudarme por completo como pude para empezar pasar a la acción con Marta.

Era en este momento cuando Marta iba a cumplir sus fantasías.

Agarré con mis dos manos todo el largo pelo de Marta y lo recogí en una coleta que me servía para sujetar la cabeza de Marta. Con mi manos fui acercando la cara de Marta hasta que puse mi glande sobre los labios de su boca. Dejé que el líquido preseminal embadurnara sus labios para que ella empezase a saborear mi polla. Pero mientras Marta estaba relamiéndose los labios a la vez que la punta de mi polla descansaba sobre ellos, empujé mi polla dentro de su boca para introducir mi glande dentro de ella.

Noté como respuesta, que Marta, en lugar de llevar su cabeza hacia atrás, se abalanzó sobre mi polla de forma brusca y con ansia, así tuve que tirar hacia atrás del pelo de Marta para que no se metiera mi polla más adentro de su boca, y así yo poder recuperar el control. No iba a permitir que fuese Marta quien decidiese cuantos centímetros de polla se iba a meter en su boca.

Entonces, continué metiendo muy poco a poco el resto de mi polla dentro de la boca de Marta. Iba muy despacio, pero el objetivo iba a ser llegar hasta el fondo de su garganta sin parar. Mi polla iba desapareciendo dentro de la boca de Marta, era como un tren entrando en un túnel. Notaba como mi polla iba profundizando en su boca y hasta que de pronto, noté como mi glande rompía la barrera de la garganta, y ya mi polla comenzaba a deslizar bajando por su cuello. Mientras tanto, yo sujetaba la cabeza de Marta, agarrándola por el pelo para mantenerla en una posición recta respecto a su cuello.

Estaba ya a punto de que su nariz tocase con mi abdomen y de que mis huevos hiciesen contacto con su mentón. En este punto, yo ya esperaba que Marta se hubiera atragantado, que hubiese tenido ya una arcada o que hubiera tosido, pero sorprendentemente llegué al fondo de su garganta y terminé de meterle mi polla en su boca por completo hasta el punto de que tuve que hacer fuerza para aplastar su nariz contra mi pubis, para no dejar ni un solo milímetro de mi polla fuera de su boca.

Quería provocar que Marta se atragantase con mi polla en su garganta, quería que escupiera un montón de saliva, pero a pesar de todo lo fuerte que la estaba apretando con mis manos y empujando hacia adelante con mi cadera no fue posible. Mis huevos estaban totalmente aplastados contra su mentón y no había manera de que Marta pudiera respirar apenas, pero Marta no se inmutaba y llevaba unos cuantos segundos con su garganta rellena de polla. Estaba cumpliendo a rajatabla el pacto que habíamos fijado. Se estaba dejando hacer y no estaba haciendo nada, no oponía resistencia y yo estaba disfrutando a la vez que alucinando del aguante que tenía Marta.

Dejé mi polla unos segundos más dentro de su garganta y la fui sacando poco a poco de dentro de ella. Al salir mi glande por su boca, este salió con unos enormes hilos de saliva que iban quedando colgados hasta su boca. Entonces Marta volvía a respirar hondo, me miraba mientras lo hacía con la boca abierta, pero apenas mostraba sensación de asfixia.

A los pocos segundos, volví a meter mi polla en la boca de Marta. Lo hice de nuevo, de forma muy lenta, pero sin detenerme en el camino, hasta llegar otra vez hasta el fondo de su garganta. Cuando estaba mi polla completamente dentro de su garganta, apreté otra vez su cabeza contra mí abdomen con todas mis fuerzas. Quería provocarle una arcada a Marta, o que se atragantase, pero resultaba imposible. Marta aguantaba con mi polla dentro de su garganta como si fuese algo habitual para ella. Notaba como su garganta se acomodaba a la rectitud de mi polla y eso hacía que se me pusiera durísima.

Con mi polla metida dentro de su garganta comencé a menear la cabeza de Marta tirando de su melena, ya que era por donde la tenía agarrada. Movía muy lentamente su cabeza, de adelante a atrás, y haciendo círculos de lado a lado, pero siempre empujando con mi cadera y manteniendo la presión de mi polla hacia el fondo de su garganta. Era como si me estuviera masturbando con su cabeza, pero muy lentamente. En el salón, había un silencio absoluto, solo se oía el ligero ruido de la chimenea, pero Marta no hacía ningún ruido.

Tan solo se oía como mi polla se movía dentro de su garganta, pero ni siquiera su respiración solapaba esos sonidos, ya que estaba totalmente relajada y cómoda mientras me masturbaba con su cabeza. Después de unos treinta segundos estaba sacando mi polla para dejar a Marta respirar. No quería ser violento con ella y esperar a que le faltase el aire, pero su naturalidad a la hora de tener mi polla en su garganta me estaba tentando a ponérselo cada vez más difícil.

Volví de nuevo a metérsela en la boca. Por tercera vez, lo más despacio posible, y llegando al fondo de su garganta lo máximo posible. Decidí entonces, comprobar hasta donde había penetrado mi polla dentro de su garganta, así que solté las manos de su melena y comencé a palpar su cuello con la intención de situar mi glande dentro de ella. Comencé a palpar el cuello de Marta con las yemas de mis dedos hasta que conseguí contactar con la punta de mi polla. Entonces, en ese momento, me di cuenta de que aquello podría hacer que Marta mostrase algún signo de ahogo al tener mi polla dentro de su garganta, así que saqué mi polla de su boca y dejé que tomase bien de aire un par de minutos.

Fue entonces cuando volví a metérsela hasta el fondo de su garganta, esta vez de forma repentina, y agarré su cuello con las dos manos, de tal manera que mis dedos apretaban su garganta, y con estos, comencé a frotarme el glande y a estrujar su garganta para masturbarme. Así que comencé a mover ligeramente mi polla dentro y fuera de su garganta, tan solo unos pocos centímetros para no perder el contacto de mis dedos con la punta de mi polla. Era como si me estuviera follando a Marta por la boca, y a la vez me estuviera haciendo una paja yo mismo, pero dentro de la garganta de Marta.

Esperaba que de inmediato, Marta se comenzase a ahogar y empezase a toser, pero la sensación y el placer de follarme la garganta de Marta mientras estrujaba mi polla a través de su cuello fue tan increíble que a los pocos segundos comencé a correrme dentro de su garganta sin poder evitarlo. La sensación era la misma que cuando me masturbo yo solo y empiezo a correrme y sigo agarrando mi polla mientras eyaculo, pero la diferencia era que lo que estaba agarrando era el cuello de Marta.

Mi cadera daba fuertes embestidas contra la cabeza de Marta. Estaba vaciando toda mi lefa dentro de su garganta, como si me estuvieran extrayendo en semen con un aparato. Mi polla daba espasmos dentro de la boca de Marta con cada chorro de semen que expulsaba mi polla, y mis huevos, se iban vaciando mientras estaban aplastados contra su mentón.

Para mí sorpresa, Marta seguía aguantando como una campeona sin atragantarse, pero antes de que terminase de soltar todo mi semen en el fondo de su garganta, tuvo una fuerte arcada que provocó una explosión de semen que hizo que todo lo que tenía dentro saliera disparado por la comisura de sus labios y por su nariz, ya que yo aún tenía mi polla bien metida hasta dentro de su garganta. Al contemplar esa explosión, rápidamente saqué mi polla de su boca, y con ella fuera, terminé aún por soltar un par de chorros más de semen que cayeron esparcidos por su cara, mientras yo seguía aún teniendo mis manos apretando su cuello.

Entonces solté el cuello de Marta y me separé de ella mientras aún goteaba algo de semen de la punta de mi polla. Dejando a Marta en la misma posición, con los dos chorros de semen atravesando su cara de un lado a otro y con su nariz y sus labios impregnados de los restos de lefa que salieron del fondo de su garganta me fui a otra habitación a por una bolsa de deporte. En esa bolsa había unos consoladores que había comprado unos días antes con la idea de usarlos para este encuentro.

Compré un consolador con vibración y estimulación para el clítoris, un dildo de seis centímetros de diámetro y cuarenta centímetros de largo y un dildo gigante de diez centímetros de diámetro y cincuenta de largo. Así que cuando volví al salón con la bolsa de deporte, la dejé caer al suelo para que al golpear contra el este, Marta pudiese notar el peso de lo que había dentro, y de esta forma, sin saberlo, pudiera hacerse una idea de lo que había en su interior.

Dejé la bolsa con los consoladores y agarré de la mano a Marta que seguía a cuatro patas sobre el sofá donde la había dejado. La puse sentada en el sofá, y metí las manos entre sus muslos para abrir sus largas piernas y separarlas. Entonces me arrodillé delante de ella y sujetando una de sus piernas comencé a deslizar mi lengua desde el tobillo subiendo por la parte interior, pasando por dentro de su muslo hasta poco a poco llegar a su entrepierna. Entonces ahí, apreté con mi lengua la entrada de su vagina y metí mi lengua bien adentro para saborearla separando sus labios vaginales.

Fui deslizando mi lengua poco a poco hacia arriba. En dirección al clítoris mientras iba disminuyendo la presión con la punta de mi lengua hasta que llegué al clítoris, donde me quedé unos segundos acariciando muy suavemente con unos ligeros toques con la punta de mi lengua. Volví de nuevo a hacer otra pasada por todo su coño, deslizando mi lengua entera de abajo hacia arriba, lamiendo bien su flujo vaginal y mezclándolo con la saliva que iba dejando hasta que de nuevo llegué al clítoris para envolverlo con el calor de mi lengua y terminar por lamerlo haciendo círculos alrededor de este y besándolo haciendo un poco de succión con mis labios.

Así que, tras asegurarme de que el coño de Marta ya estaba bien mojado y preparado, saqué el consolador con vibrador de clítoris de la bolsa, se lo pasé por la entrada de su vagina y por su clítoris, para que el consolador se impregnara de flujo y saliva, para después, empezar a meterlo poco a poco dentro de su vagina. Lo encendí y se lo introduje poco a poco hasta que el estimulador llegó al clítoris. Entonces me puse de pie delante de ella para observar cómo el consolador vibraba dentro de su coño y empecé a masturbarme delante de ella observando su cara y los chorros de semen de la corrida anterior.

Un chorro iba desde el centro de su frente, bajando por su nariz en diagonal hasta su mejilla derecha, mientras que el otro, venía del lado izquierdo de su frente y pasaba por encima del párpado del ojo izquierdo y la punta de su nariz, y continuaba pasando por encima de sus labios hasta su mentón.

Marta era una chica guapa de por sí, pero al ver su cara con ese par de chorros de semen hizo que me enamorara profundamente de su cara. Esos restos de mi corrida la habían convertido para mí en una mujer preciosa. Entonces, de repente sin apenas darme cuenta, me entró una excitación tremenda de nuevo por ver esa preciosa cara. Me entraron unas ganas locas de volverme a follar a Marta por la boca, aún tenía el pensamiento de hacer que se atragantase más todavía, por lo que ese impulso, me llevó a actuar de una forma más brusca. Agarré a Marta de un brazo y le di la vuelta poniendo su cabeza en el asiento del sofá y sus piernas hacia arriba sobre el respaldo.

Estando Marta boca arriba, dejé que su cabeza quedara colgando del sofá, mientras el consolador seguía vibrando dentro de su coño. Entonces me arrodillé delante de ella y comencé a follarme su garganta.

Metí mi polla por completo en su boca y comencé a mover mi cadera para meterla y sacarla lo más rápido que podía. Cuando mi polla entraba, mis huevos se aplastaban contra su nariz, y de pronto, Marta se agarró a mi cadera con sus dos manos para ayudar a que la penetrase aún más adentro su garganta.

Al ver ese gesto de Marta, me excité aún más, y comencé entonces a incrementar el ritmo de follarme su garganta, haciéndolo de una forma cada vez más violenta. A Marta no le daba tiempo ni a cerrar la boca, tan solo la dejaba abierta para que yo pudiera follarmela sin oponer resistencia. La garganta de Marta comenzaba a hacer ruido con cada embestida, así que decidí agarrarme a sus dos tetas con cada mano para poder hacer más fuerza y follarme aún más rápido su garganta.

Entonces, Marta comenzó a atragantarse y a tener arcadas, pero yo no estaba dispuesto a parar. Cada vez que Marta tosía con mi polla dentro de su boca, yo soltaba una mano para pegarle un manotazo fuerte en sus tetas para advertirla de que dejase de atragantarse. Marta comenzaba a expulsar saliva a borbotones por su boca, todo se estaba llenando de saliva mientras ella no paraba de toser y tener arcadas. Su cara estaba cubierta completamente de su propio escupitajo, y toda la saliva le iba cayendo por el pelo hasta formar un pequeño charco en el suelo, yo mientras, la seguía pegando sin dejar de follarla por la garganta.

A pesar de todo, Marta seguía agarrada a mi cadera, por lo que no me mostraba ninguna intención de que parase, así que opté por agarrar con una mano su cuello y apretarlo para notar como mi polla entraba y salía por su garganta. Entonces, en ese momento, las piernas de Marta que estaban en el respaldo del sofá comenzaron a temblar. El consolador que tenía en su vagina comenzaba a moverse por las palpitaciones que estaba teniendo en su coño, Marta estaba teniendo un orgasmo. Sus brazos soltaron mi cadera y comenzaron a moverse sin control.

Marta no sabía si apartarme para que dejase de follarme su garganta, o sacarse el vibrador que estimulaba su clítoris y que palpitaba dentro de su vagina. Yo solté la mano de su cuello para agarrarla fuertemente de sus tetas, mientras ella se corría y su cuerpo entero estaba fuera de control.

Rápidamente, decidí sacar mi polla de su garganta, no para que Marta pudiera respirar, si no para no correrme aún, ya que me entraron unas ganas increíbles de descargar mi semen en su garganta. En cuanto saqué mi verga de su garganta, Marta respiró fuertemente por la boca para tomar de nuevo aire y para soltar un fortísimo gemido continuado. Mientras terminaba de correrse y de gemir como una loca, comencé a pegarle de nuevo manotazos fuertes en sus tetas para que no gritase tanto, ya que Marta había perdido el control totalmente, hasta que por fin, las frecuencia de las palpitaciones de su vagina empezaron a disminuir y los gemidos bajaron de intensidad, y sus brazos y sus piernas dejaron de temblar.

Marta respiraba ya más tranquila, así que quité el consolador de su vagina y lo apagué para volver a recuperar de nuevo el silencio absoluto que había en la habitación antes de que Marta tuviera el orgasmo. La ayudé a sentarse de nuevo de forma correcta en el sofá, mientras ella, se iba quitando toda la saliva que había escupido al ser follada por la boca, y que se había desparramado por su cara y por sus ojos, para poder ver de nuevo con claridad lo que iba a venir después.

Yo tenía la polla a punto de estallar, ya que antes casi me corro en su garganta, pero ahora prefería probar otras cosas con Marta así que la puse en cuatro patas sobre el sofá y mirando contra la pared para que su culo quedase delante de mí, mientras yo estaba de pie detrás de ella. Separé ligeramente sus nalgas para observar su ano, y lo vi tan cerradito que me entraron ganas de penetrarlo y abrirlo con mi polla que estaba durísima a punto de reventar.

Agarré mi polla y me acerqué al culo de Marta, entonces, posé mi glande sobre el ano de Marta. Estuve un rato acariciando el ano de Marta con la punta de mi polla, y haciendo amagos de comenzar a penetrarla ejerciendo un poco de presión sobre su ano pero sin llegar a introducir nada en su culo. Marta aún se estaba recuperando de su anterior orgasmo pero pronto empezó a mostrar un poco de inquietud porque terminase con ese juego, sin decir ni una palabra me transmitió sus ganas de ser penetrada. Entonces, al ver que Marta estaba ya lista, detuve la punta de mi capullo sobre su ano, y comencé a hacer presión.

Su culo ofrecía bastante resistencia, y mi polla a pesar de estar dura como una piedra, comenzaba a doblarse hasta que su ano cedió, y comenzó a abrirse para dejar paso a mi rosado y brillante glande. Notaba como su culo no quería dilatarse, y la presión que ejercía sobre mi polla, hacía que se me pusiera aún más dura si cabía. Muy poco a poco, el diámetro del ano de Marta comenzaba a tener el tamaño de mi glande, y este iba entrando muy despacio dentro de su culo.

Continuará.

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