Fin de semana con Sara, la princesa y sus amigas

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Un día mi marido al volver del trabajo me comunicó que Sara, la princesa, me había invitado a pasar un fin de semana, al lugar donde habíamos celebrado la fiesta que narré en anteriores relatos, al parecer era una reunión solo con algunas amigas, mi marido mi insistió en que fuera, dada la importancia de su familia en las relaciones comerciales, así que acepté.

El día señalado me presenté en la finca, al parecer era la primera en llegar, yo me había puesto un vestido largo, pero muy escotado, me había dado cuenta de que la princesa me miraba mucho las tetas, ella llevaba un vestido verde, igualmente escotado tras darme la bienvenida me sugirió sentarnos en un sofá, una vez que lo hicimos ella dirigió una de sus manos hasta mis tetas, metiéndola por debajo del escoté y me dijo:

-En la fiesta, mientras me ocupaba de la parrilla no pude darte la atención que mereces, espero poder compensarte ahora.

En ese momento ella llevó su mano hasta mi cuello y arrimando sus labios a los míos nos besamos, yo en ese momento llevé una de mis manos hasta sus piernas y se las acaricie, mientras iba subiendo poco a poco, hasta llegar a mi objetivo, su tanga de color negro, encima del cual estaba su sexo, y se lo acaricié. Ella me dijo:

-Querida, eres fantástica.

Le pedí que se quitara el vestido, ella se puso de pie, yo detrás de ella le baje la cremallera e hice que este callera al suelo, en esos momentos tuve una visión fantástica de su culo, me agaché y llevando mi boca hasta él me puse a besárselo, ella me dijo:

-Me encanta lo que me haces, te adoro.

Al rato ella me pidió que me levantara, cuando lo hice ella se puso detrás de mí y, como había hecho yo antes, me bajo la cremallera y me lo quitó, después me hizo sentarme en el sofá, y bajándome las hombreras de sujetador dejó mis tetas al aire, llevó un de sus manos hasta mis muslos y me los acaricio, mientras decía:

-Que tetas tan maravillosas tienes mi amor.

Llevó su boca asta uno de mis pezones y con sus labios se puso a chupármelos, era algo delicioso y le dije:

-Me vuelves loca, mi amor.

La hice sentarse en el sofá, la quité primero el sujetador y después el tanga dejándola completamente desnuda, en ese momento me pareció tanto una princesa como una diosa, por instinto natural me arrodillé ante ella, e introduje mi lengua dentro de su coño, tenía un sabor delicioso, propio de una princesa, se lo comí con ganas y le provoqué un gran orgasmo. En ese momento ella me dijo:

-Muchas gracias, mi amor ahora me toca a mí hacerte feliz.

Me desnudó, como yo había hecho antes con ella, y haciéndome abrir bien las piernas, me introdujo su lengua dentro de mi coño, la verdad era que la manejaba maravillosamente, creo que me puse a gemir como una perra, ella alguna vez paraba y me decía:

-Cariño, tienes un coño delicioso.

Después seguía comiéndomelo, yo estaba experimentando un gran placer, adoraba a esa mujer, no tarde en correrme en medio de un orgasmo brutal, en ese momento ella me dijo:

-Cariño, quiero que seas mi marido.

Y en ese momento sacó de debajo de los cojines del sofá un consolador de buenas proporciones, antes de hacer nada me comió un rato el coño y después me pidió:

-Mi amor follame.

Después se colocó sobre el sofá con las piernas dobladas, yo tenía en la mano el consolador, pero la visión de su culo hizo que mientras la penetraba sintiera el deseo de lamer la zona de su culo, ella me dijo, muy excitada:

-Querida, me vuelves loca.

Seguí aplicándole el consolador, sus gemidos me demostraban que estaba disfrutando como una posesa, mientras me pedía:

-Mi amor, follame.

La forma en la que me lo pedía me resultaba muy excitante, así que seguí moviendo el aparato dentro de su coño, ella gemía cada vez de una manera más fuerte, hasta que sentí como la venía un orgasmo brutal, después nos abrazamos de una manera muy cariñosa, y ella me dijo:

-Cariño, vamos a pasar un fin de semana divino, aunque espero que no seas celosa.

El resto de la tarde transcurrió entre la llegada de otras invitadas, la fiesta y una cena todo ello muy animado, hasta que llegó la hora de acostarse, me dirigí hacia habitación de Sara dispuesta a reanudar nuestro encuentro de esa tarde, pero en ese momento descubrí que no estaba sola, junto a la Princesa había otra chica que e fue fácil reconocer, se trataba de Cristina, hija de otro de los socios comerciales de mi marido, y parece que de la familia de la princesa también. Debía de tener veintipocos años, Sara le enseñaba un juguete con forma de pene, y le decía:

-¿Te gusta cariño?

Ella no dijo nada, entonces Sandra la empujo hacia la cama y la hizo tumbarse sobre ella y colocándose encima de ella con una de sus manos le subió la falda y se puso a acariciarle los muslos, mientras uniendo su boca a la de ella se dieron un beso apasionado. Cristina se dejaba hacer, mientras la Princesa seguía besándola y acariciando sus muslos.

Con su falda completamente subida su tanga de color azul quedó a la vista, Sara levó su mano hasta él y comenzó a acariciar el coño de su compañera, por encima de esta prenda, Cristina gemía de una manera muy intensa

Sara se desnudó ella y le quitó toda su ropa a Cristina, con excepción del tanga, prenda que apartó y se puso a acariciarla el coño directamente utilizando la palma de su mano, su víctima demostraba que se encontraba en éxtasis y después le introdujo dos de sus dedos en el interior del coño de su acompañante, mientras la preguntó:

-¿Estas disfrutando mi amor?

Cristina movió su cuerpo dando a entender que sí, Sara seguía masturbando a su presa, haciendo que esta experimentara un placer increíble, viéndola parecía que Cristina se estaba volviendo loca, al rato Sara, la quitó la mano del coño y bajándose un poco llevó su cabeza, hacia el coño de Cristina, y sacando su lengua comenzó a chupárselo, parecía que Cristina se estaba volviendo loca. Y no tardó en correrse. Después sara le dijo:

-Mi amor, ahora te toca a ti.

Se puso encima de la chica, poniéndole su coño encima de la boca de esta; Cristina abrió su boca y sacando su lengua se puso a comer el coño de la princesa, esta se puso a gemir, mientras decía:

-Muy bien, mi niña, me encanta como lo haces

Cristina siguió comiendo el coño de Sara, hasta provocar que esta tuviera un orgasmo bestial, en ese momento la princesa se tumbó sobre la cama, pero Cristina parece que le había cogido el gusto a comer coños, llevó su boca hasta el coño de Sara y se lo comió otra vez, las dos tuvieron un orgasmo fantástico.

En ese momento me decidí a dejar de mirar y a volver a mi habitación, y tras acostarme tuve un sueño muy profundo, cuando me desperté a la mañana siguiente, me decidí a tomar un baño relajante en la bañera del cuarto de baño que mi habitación tenía incorporado, y estaba muy relajada con el baño de espuma, cuando la puerta se abrió y entró Sara:

-Buenos días, cariño, me dijo, espero que hayas tenido una buena noche.

Me dieron ganas de decirle que no tan bien como ella, pero Sara se quitó la bata y completamente desnuda se metió en la bañera y acercando su boca a la mía nos fundimos en un delicioso beso.

Cuando terminamos de besarnos, ella llevó sus manos hacia mis tetas y se puso a acariciármelas, después llevó una de sus manos hasta mi coño y me lo acaricio, y dijo:

-Me encanta este cuerpo tan divino.

-Déjame que te enjabone, le dije.

Y llevándole mi mano hasta su culo se lo acaricie, era divino.

Yo no pude menos que llevar una de mis manos hasta mi coño y acariciármelo, mientras ella llevó su boca hasta uno de mis pezones y se puso a chupármelo, nunca había tenido sexo en un sitio así y la experiencia me estaba encantando. Poco después decidí ser yo quien le chupara una de sus tetas mientras ella se acariciaba. Ella volvió a llevar una de sus manos hasta mi coño y me dijo:

-Cariño, como puedes ver aquí estamos chicas de todas las edades, y quiero que todas nos lo pasemos muy bien, así que quiero que, si alguna de las otras invitadas te atrae, o se siente atraída por ti, disfrutéis juntas, ¿Entendido mi amor?

Solo de pensar en ello me calenté y me puse a acariciarme las tetas, ante la fija mirada de Sara, a la que se la veía muy excitada por la situación. Sara inclinó su cuerpo de manera que su coño entró en contacto con el mío, proporcionándonos a las dos un placer enorme, al rato yo pensé en poner mis tetas sobre esta misma zona de su cuerpo, creo que las dos nos corrimos.

Después nos besamos apasionadamente y ella me dijo:

-Recuerda querida, disfruta.

Tras una mañana tranquila, llegó la hora de la comida que hicimos todas juntas y comenzamos una fiesta, al rato noté como Sara salía disimuladamente del local junto con otra chica, se trataba de Elisa, hija de los guardias de la finca, con quien al parecer mantenía una relación muy especial, no pude evitar la tentación de seguirlas.

Las dos se encaminaron hasta una construcción en ruinas de un extremo de la finca. Una vez llegaron a su destino, las dos se abrazaron y de dieron un beso apasionado, sara se puso a desnudar a Elisa, mientras este sacándole las tetas de su vestido se puso a chupárselas, en poco tiempo Elisa estaba completamente desnuda, mientras el vestido enrolladlo de Sara dejaba al descubierto todo su cuerpo.

Elisa fue hacía una bolsa que había en el suelo y de ella sacó una toalla amarilla que tendió en el suelo, Sanda se arrodilló a su espalda y sacando su lengua se puso a lamer el culo de su amiga, y le dijo:

-Me gusta que seas mi jefa, porque además eres una grandísima puta.

Al rato, Sara se tumbó en el suelo, encima de la toalla, boca arriba, Elisa se puso boca abajo, con las piernas dobladas, colocando su coño sobre la boca de su jefa, que sacando su lengua se puso a lamerla el coño, los gemidos de Elisa eran muy fuertes, y la forma de comerle el coño por parte de Sara demostraba que estaba ansiosa por hacerlo. Al cabo de un rato, Elisa se corrió, en ese momento pidió a Sara que se pusiera a cuatro patas y ella poniéndose en la misma postura se puso a comerle el coño.

Yo me encontraba muy caliente, y de otro lado deseaba respetar la intimidad de las dos amantes, así que me dispuse a volver al chalet. Al llegar al jardín me encontré con Aby, Abigail, era una joven, más o menos de la edad de mis hijas, llevaba unos jeans cortísimos que marcaban un culo precioso, las dos nos miramos y no nos hizo falta hablar, yo la rodeé con mis brazos, mientras ella me acariciaba las tetas.

Nos fuimos a su habitación, que era la más cercana, una vez allí no desnudamos, ella se tumbó al borde de la cama y yo arrodillada en el suelo, le hice abrir bien las piernas, con una de mis manos acaricie sus tetas, mientras con la otra hacia lo mismo con su coño, después llevé mi lengua hasta esa parte de su anatomía y me puse a comérselo, era un verdadero placer lamer ese coño tan delicioso. Sus gemidos fueron aumentando, mientras ella decía:

-Querida, esto es fantástico.

Mi lengua seguía atacando su chocho, mientras los gemidos de su dueña se intensificaban, Después ella alzó sus piernas, facilitándome el acceso a su coño, sin duda esa maravillosa criatura, que seguía gimiendo abre los ataques de mi lengua, pero ella me pidió:

-Mi amor, hagamos un sesenta y nueve.

Me puse, sobre la cama encima de ella, en posición invertida, yo encima de ella, ella llevó sus manos hasta mi culo, mientras que con su lengua me lamia el coño, esa adorable criatura lo hacía muy bien, su lengua me daba un placer increíble, yo seguía lamiéndole su coño y logré que se corriera, ella me pidió que me pusiera encima de ella y siguió lamiendo mi coño, hasta que logró que me corriera.

Después nos dimos un beso muy intenso, nos vestimos y volvimos a la fiesta. Cenamos y la fiesta continuó yo me fijé en otra de las asistentes, se llamaba Melisa debía de ser de mi edad, aproximadamente, la gente se puso a bailar, noté como Melisa salía y me fui detrás de ella, vi cómo se sentaba en el sofá de una de las habitaciones, me senté a su lado y nos pusimos a conversar, haciéndome la atrevida le pregunté si sus tetas eran naturales y le acaricié una de ellas.

Viendo que no había oposición por su parte, la rodeé con mis brazos y nos besamos apasionadamente. Ella se sacó una de sus tetas del vestido, pude ver que no llevaba sujetador, yo llevé mi boca hasta ella y me puse a chupársela, después ella llevó sus manos hasta mis tetas, me las sacó del vestido y del sujetador y se puso a chupármelas, mientras me decía:

-Menudas tetas tienes, querida.

En una especie de broma nos rozamos nuestros pezones, en ese momento Melisa me dijo:

-Querida, creo que estaríamos en una de nuestras habitaciones.

Decidimos ir a la mía, y nada más llegar las dos no quitamos nuestros vestidos y nos pusimos de rodillas encima de la cama, ella que, como he dicho, no llevaba sujetador, solo tenía puesto un tanga, muy sexy, de color cielo, yo llevaba un conjunto de lencería blanco, pero no por mucho tiempo, porque ella rápidamente me lo quitó y dijo:

-Querida, me encantan tus tetas.

La tumbé sobre la cama, la bese, y le acaricié el coño por encima de su tanga, después se lo quité, dejándola completamente desnuda, con mi mano acaricié su coño y después introduje varios de mis dedos en su interior, ella se puso a gemir, mientras decía:

-Cariño, me estas dando mucho placer, esto es genial.

Seguí comiéndole el coño, mientras sus gemidos se intensificaban, y terminé por hacerla correrse, después ella dijo:

-Mi amor me has provocado un orgasmo bestial, ahora quiero ser yo quien te haga feliz.

Llevó su cabeza hasta mi coño y se puso a chupármelo, sus lamidas eran deliciosas, yo sentía que me volvía loca, ella parecía saber muy bien lo que se hacía, sus lamidas me daban un gusto increíble, hasta que provocó que me corriera, después nos besamos y nos quedamos a dormir juntas.

A la mañana siguiente nos despertamos y nos fuimos a desayunar, después debíamos de pasar la mañana conversando y después de comer, debíamos de recoger nuestras cosas para dar por terminada la fiesta.

No obstante a mí me pidió que me quedara para ayudarle a poner todo en orden, cuando el resto de las invitadas se hubo ido las dos nos sentamos en el sofá nos habíamos puesto un vestido corto y escotado, ella me preguntó si lo había pasado bien, mi respuesta fue rodearla entre mis brazos y besar su cuello, ella me respondió de la misma manera, tras darnos varios besos apasionados ella llevó su boca hasta mis tetas y se puso a besármelas, me bajó el vestido dejándome con el sujetador, yo me puse de rodillas y comencé a besar sus piernas, mientas se las acariciaba, después pasé a ocuparme de su vientre, ella estaba tremendamente excitada, y yo pensando que era la causa de su excitación, me excitaba también.

Llegué hasta su sujetador, y apartándole dejé fuera del mismo una de sus tetas, y le dije:

-Mi amor tus tetas son preciosas.

Le quité el sujetador y sus tetas quedaron al aire, En ese momento ella reaccionó y me quitó el mío, por lo que mis tetas también quedaron al descubierto, ella se lanzó sobre uno de mis pezones, y mientras me lo acariciaba con una de sus manos, llevó su boca hasta él y se puso a chupármelo, me sentía en la gloria.

Me sentó sobre ella y apoyó su cabeza sobre mi pecho, con una de sus manos me acariciaba uno de mis pezones, mientras llevó la otra hasta mi tanga y se puso a acariciarme el coño por encima de él, yo por mi parte resistía su ataque y tenía una de mis manos sobre una de sus tetas. Al rato yo le dije:

-Mi amor, quiero disfrutar de tu coñito.

Me volví a poner de rodillas en el suelo, mientras mi amada se ponía en la misma postura encima del sofá, su trasero estaba al alcance de mi boca y comencé a besársele, mientras, llevaba mis dedos hasta su tanga y comencé a bajársele muy despacito. Cuando su coño estuvo a mi alcance, le introduje dos dedos dentro de él, la princesa estaba gozando muchísimo.

Terminé de quitarle el tanga, ella se giró y su coño quedó al alcance de mi boca, saqué mi lengua y me puse a lamérselo, ella gemía cada vez más fuerte y de una manera más intensa, de esta manera conseguí que tuviera un orgasmo bestial.

Después me senté a su lado y nos besamos con pasión, comenzamos a hablar, ella me preguntó si me lo había hecho con mi cuñada, que también era amante suya, le confese que hasta esa noche en que has había pillado a las dos juntas nunca había pensado en mi cuñada como objeto erótico, ella me animo a hacerlo.

Pero mientras las dos nos habíamos calentado, yo me puse a acariciar una de sus tetas, que me encantaban, mientras ella llevó una de sus manos hasta mi coño, y con sus dedos se puso a masturbarme, era algo absolutamente placentero, en ese momento ella me dijo:

-Mi amor, ahora me toca a mi hacerte feliz.

Mientras yo permanecía sentada en el sofá, ella se arrodilló entre mis piernas y sacando su lengua se puso a lamerme el coño, su lengua, una vez más, sabía que centímetro de mi coño debía de lamer para darme el máximo placer posible.

De esta manera comencé a gozar cada vez más, hasta que me corrí, y ella se tragó todos mis líquidos, tras ello las dos nos vestimos, recogimos las cosas y nos dispusimos a volver a la ciudad.

Unos días después mi marido llegó a casa muy contento, le dijo que Sara parecía estar encantada de ser mi amiga y que debíamos de profundizar en nuestra amistad.

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