Lo de Marta (2)

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En ese punto, mi polla estaba tan apretada contra su culo, que de nuevo casi me corro en ese momento, por lo que tuve que detenerme unos segundos con mi glande a punto de entrar dentro de su ano y dejar de hacer tanta presión contra su culo. Cuando conseguí controlar mis ganas de eyacular en su culo, retomé de nuevo la penetración y volví a ejercer presión. Agarré con una mano la cadera de Marta y mientras me sujetaba la polla con la otra continué empujando para seguir abriendo el culo de Marta al diámetro de mi glande. Mi capullo estaba a punto de quedar dentro del culo de Marta.

Su ano estaba muy apretado hacia adentro y mi polla se estaba comprimiendo de la resistencia que ofrecía hasta que por fin, su esfínter terminó de abrirse por completo y mi glande quedó oculto por completo dentro de su ano. Su esfínter se cerró con mi capullo dentro de su culo, y mi polla quedó atrapada en su culo. Mi polla y su culo dejaron de estar comprimidos, y yo ya me relajé un poco más al no tener tanta presión sobre mi polla. Fue una sensación de alivio y de excitación a la vez, porque mis ganas de eyacular en ese momento bajaron un poco pero la excitación aumentó de golpe al saber que su ano ya estaba abierto y que ya podía deslizar mi polla a placer dentro de su culo sin apenas resistencia.

Con mi glande dentro del culo de Marta, ahora era el tronco de mi polla lo que era estrangulado por su esfínter. Con esa presión, comencé a introducir el resto de mi polla dentro de su culo. El tronco de mi polla se iba deslizando hacia el interior muy poco a poco sin que apenas el culo de Marta ofreciera resistencia. Las venas que envolvían mi polla, que estaba tan dura como una piedra, iban estimulando el ano de Marta a medida que iban pasando por el esfínter del culo de su culo.

Según seguía mi polla entrando por el ano de Marta, iba notando como un calor placentero envolvía mi polla. Yo seguía introduciendo más a y más adentro mi verga, y cuanto más dentro iba estando, el esfínter de Marta cada vez más estrangulaba el tronco de mi verga, por lo que toda la parte de mi polla que estaba dentro de su culo, estaba a punto de reventar.

Marta no estaba sintiendo ningún tipo de dolor ni nada parecido. Tenía orden de no hacer ningún gemido, por lo que no mostraba por su boca síntomas de disfrute pero su expresión corporal era que estaba sintiendo placer, era su ano el que estaba acogiendo mi polla con una gran disposición, y ese era el mejor síntoma de que Marta estaba gozando.

Tan solo quedaban un par de centímetros de mi polla por meter en su culo y yo ya estaba a punto de correrme, así que no aguanté mas, y decidí terminar de introducir por completo mi verga dentro del culo de Marta. Mi pubis tocó con el trasero de Marta y mi polla, estaba ya oculta del todo dentro de su ano. Su esfínter seguía estrangulando mi verga por la base, lo que provocaba que esta, tuviese las venas que la recubren a punto de estallar. Notaba como mi glande palpitaba en el fondo de su ano, y el calor que envolvía el tronco de mi polla hicieron que ya no pudiera aguantar más y que mi verga empezase a tener palpitaciones.

Estaba empezando a correrme. Marta notó esas palpitaciones y comenzó a sentir un mayor placer que hacía que comenzase a mover su cadera acompañando las palpitaciones que emitía mi polla dentro de su cuerpo. Entonces, comencé a eyacular dentro de su ano. Con cada palpitación, sentía como se depositaba un buen chorro de semen dentro del culo de Marta. Mis huevos, se encogían y se expandían ronzado la vagina de Marta con cada palpitación. Estaban vaciándose de esperma para rellenar de leche bien caliente el culo de Marta.

El placer que estaba sintiendo era increíble, comenzaron a darme espasmos en la cadera mientras terminaba de correrme dentro del culo de Marta, que hacían que la diese unas cuantas embestidas con mi polla introducida por completo dentro de su culo, las cuales, hicieron que mi polla se clavase aún más en el fondo del trasero de Marta. Estaba vaciando todo mi semen en su culo y Marta iba notando como su ano se iba rellenando poco a poco de lefa bien caliente.

Cuando los espasmos que me dieron por la eyaculación en el culo de Marta cesaron, sin sacar todavía la polla del fondo de su ano, agarré uno de los dos dildos gigantes que había dispuesto para continuar jugueteando con el culo de Marta. Tomé el consolador de seis centímetros de diámetro y con él, mientras mi polla seguía dentro, di unos golpes en el culo de Marta, para que notase el peso y la contundencia de lo que iba a venir después. La reacción de Marta sin ver su cara me pareció de sorpresa, ya que ni siquiera se giró para ver con lo que había golpeado una de sus nalgas, yo creo que fue por el temor que le podía producir ver a lo que su ano iba a tener que enfrentarse.

Comencé a sacar mi polla del fondo de su ano, donde había dejado una buena cantidad de semen. Al comenzar el movimiento de sacar mi polla, notaba como su esfínter todavía seguía estrangulando el tronco de mi verga, esto hacía que se fuese estrujando y que todo el semen que aún quedaba en el tronco de mi polla fuese extraído a medida que mi polla iba saliendo de su culo. Sentía todavía mayor placer al sentir que no iba a dejar ni una gota de semen sin depositar dentro del culo de Marta, y mientras, yo iba apretándome el tronco de mi polla según iba sacándola, para extraer hasta la última gota de lefa y dejarla dentro del cuerpo de Marta.

Cuando iba a sacar ya la punta de mi polla de su culo, me detuve, y puse la punta del dildo gigante al lado de mi polla, justo en la entrada de su culo. Quería que inmediatamente después de que sacase mi verga de su ano, comenzase a entrar el dildo gigante por su culo. No iba a permitir que su esfínter volviera a encogerse, y tener que volver a dilatarlo de nuevo con el dildo, así que me preparé, saqué mi glande de culo de Marta y al instante coloqué la punta del dildo sobre el ano de Marta, impidiendo que su esfínter se cerrase para mantener dilatado su culo al menos, al diámetro que había adquirido tras penetrarla con mi polla.

De inmediato, sin dejar descanso a Marta, comencé a introducir el consolador en su culo. De repente, noté como sus nalgas comenzaban a separarse a medida que el dildo iba entrando. Se trataba de un consolador de seis centímetros de diámetro, por lo que su ano tenía que dilatarse más de lo normal. Aun así, el dildo comenzaba a entrar con facilidad. Sorprendentemente Marta no oponía ningún tipo de resistencia, notaba que Marta estaba notando algo de dolor, pero lo intentaba disimular, ya que lo que me transmitía con su lenguaje corporal y sus pocos gemidos, es que a pesar del dolor que sentía, estaba deseando que el consolador entrase por completo hasta el fondo de su culo.

A medida que entraba el dildo, el semen que había descargado en el interior de su ano iba rebosando por el contorno del dildo, y hacía de lubricante para facilitar la entrada. Ya tenía metidos casi diez centímetros de consolador dentro del culo de Marta sin haberme detenido en el camino y el cuerpo de Marta comenzaba a retorcerse del dolor así que decidí parar unos segundos y sacar un par de centímetros el dildo. Dejé que Marta respirara hondo y descansara, pero antes de que volviese a aguantar la respiración para prepararse para una nueva embestida, empuje despacio pero con firmeza el consolador otros diez centímetros adentro de su ano.

La reacción de Marta fue un susto que le inspiró un fuerte y corto grito de dolor repentino que al instante se convirtió en un largo gemido de placer todavía más fuerte que el de dolor. Marta se había asustado al notar entrar tanta longitud del dildo dentro de su cuerpo. Pensó que el dolor iba a ser inaguantable, pero el dolor no fue tal como lo había imaginado, y la satisfacción de haber conseguido tener casi veinte centímetros de dildo dentro de su cuerpo provocó un placer en ella que hizo que el dolor que sintió desapareciera por completo. Marta estaba ya dispuesta a soportar cualquier cosa, había superado cualquier miedo al dolor de ser rellenada por consoladores gigantes.

Con movimientos de cadera, Marta me estaba pidiendo profundizar más con el dildo, así que sin demorarlo más, continué introduciendo el dildo lentamente y sin parar hasta casi por completo los cuarenta centímetros que tenía el dildo de largo, dejando un par de centímetros sin introducir.

Marta tenía el consolador entero dentro de su ano, yo no lo movía, tan solo, observaba como estaba a cuatro patas respirando hondo y sintiendo un placer tremendo por la situación. Marta se sentía bien llena y eso era suficiente para provocarla placer y que yo no tuviera que masturbarla moviendo el consolador dentro y fuera de su ano. Me interesaba jugar a ver cuánto aguantaba con el dildo de seis centímetros dentro, así que tomé su pelo para hacerle una coleta y agarrarla de ella para levantarla del sofá y sentarla boca arriba, dejando su culo, del que asomaba el dildo gigante, fuera del asiento.

Comencé a palpar con mis dedos índice y corazón suavemente el vientre de Marta. Tenía curiosidad por notar hasta donde había penetrado el dildo gigante y si podía notarlo. Al poco rato de recorrer su bonito vientre plano con su piel perfecta, en torno a la zona del ombligo comencé a apretar levemente mis dedos para intentar palpar el dildo a través de su vientre. Continué hundiendo un poco más mis dedos y Marta comenzó a sentirse molesta, pero eso a mí no me importó. Me había sorprendido mucho que apenas le hubiera hecho daño el dildo de seis centímetros de diámetro, así que quería que lo pasase un poco mal para que supiera quién mandaba y quien tenía que dejarse hacer.

Continuaba apretando y mis dedos cada vez se hundían más en el fondo de su vientre. Mis dedos al hundirse en el vientre de Marta, iban abriéndose paso a través de sus intestinos y ya comenzaba a notar donde estaba metido el dildo gigante. Marta notaba un fuerte dolor de la presión que estaba ejerciendo, pero a la vez estaba sintiendo placer por tener un gran consolador ocupando sus tripas.

Yo, al estar en frente de ella con mis dos dedos hundidos completamente en su tripa y ver cómo el consolador gigante seguía dentro de su ano, decidí subir la apuesta y apretar con todas mis fuerzas la zona del vientre de Marta. Noté como su vagina comenzaba a palpitar del placer que estaba sintiendo, así que decidí meter mi polla por completo dentro de su coño. Quería sentir como las palpitaciones de su coño masajeaban mi polla y a la vez, quería hacer que Marta se sintiera bien rellena por todos sus agujeros.

El consolador gigante metido dentro de su ano, mi polla metida por completo dentro de su vagina y mis dedos hundidos hasta el fondo del vientre de Marta, provocaron que ella comenzase a tener un orgasmo. Yo al comenzar a oír sus gemidos, comencé a meter y a sacar mi polla de su vagina, a follarla fuertemente mientras ella se estaba corriendo. Con la otra mano agarré con agresividad una de sus tetas para follármela aún más fuerte y poder sujetarme a ella mientras la pegaba unas fuertes embestidas para sacar y meter mi polla completamente hasta el fondo de su vagina.

Estaba notando como palpitaba toda su entrepierna, notaba las palpitaciones de su vagina en mi polla cada vez que entraba y salía, y con mis dedos, notaba como su ano palpitaba con el dildo gigante dentro, todo ello mientras ella se corría muy fuerte. Cuando llegó el último de los gemidos de Marta y terminó de correrse, saqué mi polla de su vagina y el consolador de su ano a la vez mientras aliviaba la presión de mis dedos sobre su vientre. Mi polla salió completamente recubierta de flujo vaginal que iba escurriendo hasta llegar a mojar mis huevos. El dildo salió de su culo completamente brillante, humedecido y con restos del semen que había depositado en mi anterior eyaculación.

Con el dildo en mi mano, decidí pasarlo por la cara de Marta que estaba llena también de restos ya secos de semen y de su propia saliva. Marta estaba aún exhausta después del orgasmo y de todas las cosas que habían inundado su vientre, así que no protestó lo más mínimo cuando empecé a golpear su cara con el dildo y a restregar los restos de semen que tenía por ella. Marta esbozaba una sonrisa de enorme satisfacción por haberse metido ese dildo por su ano y por el orgasmo que le había producido, mientras, dejaba deslizar su lengua hacia el dildo para probar el sabor del que estaba impregnado el dildo.

Mientras Marta todavía mantenía su sonrisa y antes de que pudiera recuperarse del orgasmo, volví a hacerle una coleta con su pelo para levantarla del sofá. La puse de pie y la llevé al centro del salón. Agarré una silla y la coloqué en el centro de la sala. Puse a Marta encima de la silla, arrodillada de frente al respaldo y la incliné hacia adelante, de tal manera que su vientre quedaría apoyado sobre la parte superior del respaldo de la silla. De esta manera, el culo de Marta quedaba a mí alcance para continuar con el juego.

Saqué de la bolsa de deporte el segundo consolador gigante. Este tenía diez centímetros de diámetro. Marta todavía seguía con una sonrisa en la cara, pero se iba a borrar. Con el dildo gigante de diez centímetros, comencé a golpearla en la cara. Marta seguía sonriendo, quizás estaba contenta al ver que este dildo era todavía más grande que el anterior.

Como Marta no perdía la sonrisa, comencé a golpearla cada vez más fuerte en la cara, le pegaba con el dildo en sus mejillas, en la frente y en la nariz, hasta que los golpes le empezaron a hacer daño y la sonrisa se le borró. Entonces, decidí llevarme el dildo gigante hasta su culo. Seguí dándole golpetazos fuertes, pero está vez ya en sus nalgas, para que sintiera de nuevo la contundencia de lo que a continuación iba a introducir por su ano.

Agarré el dildo gigante de diez centímetros de diámetro con mis dos manos y lo coloqué entre sus dos nalgas, separando estas para dejar a la vista su ano que ya estaba dilatado del consolador anterior. Puse la punta del dildo en el ano de Marta y comencé a ejercer una ligera presión, lo que hizo que Marta automáticamente se pusiera en tensión y se preparase para recibir un buen pedazo de consolador en el interior de su culo. Acto seguido, comencé a empujar el consolador dentro de su culo con las dos manos. Su ano comenzaba a dilatarse poco a poco, esta vez con mucha más facilidad.

Continué empujando hasta que se dilató hasta más o menos los seis centímetros del dildo anterior, pero en lugar de detenerme, continué empujando para que el ano de Marta siguiese dilatándose hasta los diez centímetros de diámetro que tenía el nuevo dildo. Esto hizo que Marta pegará un grito más de sorpresa que de dolor, no se imaginaba, por mucho que lo hubiera visto, que el dildo fuese a dilatar tanto su culo.

El ano de Marta estaba a punto de dilatarse al diámetro del dildo, y Marta mostraba una sensación de dolor a la vez que de impaciencia porque el dildo estuviera completamente dentro de su cuerpo, así que seguí empujando hasta que por fin, el ano de Marta se dilató los diez centímetros de diámetro del consolador y ya no tenía que dilatarse más. Marta lo había conseguido, había conseguido poner su culo todo lo abierto que el dildo pedía, así que ya no tenía que dilatar más, y el dildo ya podía entrar dentro de su cuerpo sin que su ano opusiera resistencia.

Continué introduciendo el dildo gigante en el culo de Marta. Ya comencé a introducir unos pocos centímetros dentro de su culo. Era increíble lo que había dilatado el culo de Marta, sus nalgas estaban muy separadas para dejar paso al consolador. Ver el culo de Marta así y ver qué apenas mostraba sensación de dolor me ponía super cachondo, así que como el consolador ya estaba introducido en el ano de Marta, solté una mano para comenzar a masturbarme mientras con la otra lo seguía sujetando.

Seguí introduciendo el dildo en el culo de Marta, muy poco a poco, apenas a un centímetro por cada minuto que iba pasando, pero no me detenía, y pasados unos minutos el consolador ya había entrado casi hasta los diez centímetros y el dildo ya se quedaba sujeto dentro del culo de Marta. Mientras tanto yo, seguía masturbándome al ver entrar ese consolador enorme dentro del cuerpo de Marta. Como había parado de seguir introduciendo el consolador, decidí sacar un par de centímetros el dildo del culo de Marta, para comenzar de nuevo a introducir otra buena cantidad de dildo dentro de su culo.

Volví a iniciar la introducción del consolador del mismo modo que antes, muy poco a poco, y está vez, no iba a parar hasta meterle a Marta hasta los veinte centímetros de consolador. A los pocos minutos, mientras introducía el dildo, Marta comenzó a sentir algo más de dolor, y yo veía como Marta se agarraba al respaldo de la silla para intentar aguantar el dolor. Ver eso no me importó, y yo seguí con lo mío, metiendo el consolador dentro del cuerpo de Marta, hasta que, cuando llegué a los veinte centímetros metidos dentro que había establecido, no me detuve, y continué metiendo el consolador aún más adentro, y está vez lo fui haciendo más rápido, sin importarme el dolor que pudiera sentir Marta.

Mientras metía el consolador en el culo de Marta, yo continuaba masturbándome y cuando me quise dar cuenta, ya había introducido más de treinta centímetros de consolador en su culo. Estaba tan cachondo que me apetecía continuar rellenando el cuerpo de Marta así que dejé de masturbarme y me puse detrás de Marta para follarla mientras ella seguía con el dildo en su culo, así que posicioné la punta de mi polla a la entrada de su vagina que estaba rebosante de flujo vaginal y apoyé mi pubis en la parte del consolador que quedaba fuera de su ano.

No me aguantaba más a follarla así que metí mi glande dentro de su vagina e inevitablemente empujé el dildo otros pocos centímetros más dentro de su cuerpo. Marta empezaba a sentirse cada vez más rellena y comenzaba a emitir gemidos de placer y de dolor a la vez mientras se agarraba fuertemente a la silla para resistir la enorme cantidad de material que estaba entrando por su ano. Yo estaba ansioso por terminar de meter mi polla dentro de la vagina de Marta así que seguí empujando y a la vez, empujando el consolador gigante dentro de Marta.

Estaba a punto de que tanto mi polla y el consolador entrasen por completo dentro del cuerpo de Marta, tan solo quedaban cinco centímetros de dildo fuera del culo de Marta así que como Marta ya había llegado hasta este punto y seguía emitiendo gemidos de placer, no dudé en pegar el último empujón para meter mi polla por completo y empujar hasta el fondo el dildo dentro del cuerpo de Marta, lo que provocó un estallido de dolor y placer a la vez en Marta, que pegó un fuerte grito.

Yo me puse más cachondo si cabe así que comencé a follármela, metiendo y sacando mi polla dentro del coño de Marta con fuertes empujones, y cada vez que empujaba, golpeaba con mi pubis el dildo que asomaba un par de centímetros, moviéndolo en el interior de su ano y provocando dolor en Marta. Notaba, mirando la espalda de Marta, como el dildo estaba en el interior del cuerpo de Marta y como se movía con cada empujón que le daba mientras me la follaba.

Con mi polla notaba como el coño de Marta estaba empapado, rebosante de flujo vaginal y esa sensación hizo que me entraran ganas de correrme así que tuve que parar y sacar rápidamente mi polla de su vagina para no correrme encima de ella. Como ya no podía seguir rellenando a Marta por mi mismo, ya que no quería correrme todavía, decidí agarrar el consolador que utilicé anteriormente de seis centímetros de diámetro y metérselo a Marta por su vagina para rellenarla al completo. Obviamente, el consolador entró con mucha suavidad dentro del coño de Marta ya que estaba encharcado, así que se lo dejé metido casi hasta el fondo.

Marta ahora se sentía bien rellena con los dildos más grandes que le habían introducido en su vida, estaba sintiendo un placer como nunca antes. Marta giró su cabeza para mirarme con una cara de excitación tremenda. De su entrepierna asomaban dos dildos gigantes y su vagina y su ano estaban palpitando, lo que provocaba que se movieran los pocos centímetros que asomaban cada uno de los consoladores.

Al ver cómo la vagina y el ano de Marta estaban palpitando, agarré el vibrador que tenía, lo encendí y comencé a frotar el clítoris de Marta con la punta del vibrador. Lo deslizaba por completo por todo su clítoris mientras tenía dentro de su cuerpo los dos consoladores gigantes. A los pocos segundos, las palpitaciones comenzaron a aumentar en intensidad y en frecuencia, cada vez eran más fuertes y eso era porque Marta estaba comenzando a tener un nuevo orgasmo.

Comenzó a gemir cada vez más fuerte y sus piernas, encima de la silla comenzaban a temblar fuertemente, así que cuando Marta pegó el fuerte grito con el que llegó a clímax, yo saqué el consolador de su vagina para dejar que Marta expulsase un fuerte chorro de flujo vaginal de su coño mientras los gritos de Marta inundaban el salón, a la vez que se oía como la vagina de Marta se vaciaba por completo y su flujo vaginal hacía un charco en el suelo mientras sus piernas no paraban de temblar con ella arrodillada sobre la silla.

Continuará.

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