Después del orgasmo de Marta, cuando su respiración volvió a un ritmo normal y sus piernas dejaron de temblar, no tardé ni un instante en volver a introducir el dildo de seis centímetros de diámetro de nuevo en su vagina. Marta volvía de nuevo a estar rellena por completo, el dildo gigante seguía dentro de su ano y no había salido ni un centímetro de todo lo que tenía metido dentro. De nuevo, volví a coger el vibrador para volver a estimular el clítoris de Marta.
Volví a pasar el vibrador encendido por el clítoris de Marta para que su vagina volviese a chorrear flujo de nuevo. De pronto, me di cuenta de que Marta todavía podía estar todavía más rellena de lo que estaba, así sin dudarlo, me fui a la otra parte de la silla donde Marta tenía la cabeza y se la levanté un poco para de pronto, meterle mi polla dentro de su boca hasta la garganta. La frente de Marta estaba sobre mi pubis y mi polla estaba metida entera hasta el fondo de su boca.
Marta ahora sí que estaba rellena del todo por todos sus agujeros, no podía gemir ya que apenas podía respirar al tener mi polla dentro de su boca y su nariz, aplastada contra mi abdomen. Me incliné un poco hacia adelante para ver si llegaba de nuevo con el vibrador a volver a estimular su clítoris, y al inclinarme y apoyar mis codos sobre la espalda de Marta, apreté el cuerpo de Marta contra la silla, clavando el respaldo de esta en el vientre de Marta y hundiéndose en su cuerpo.
Esto provocó un dolor placentero en el cuerpo de Marta, el respaldo comprimía sus intestinos y hacía que la presión aumentase en el interior de su cuerpo, ya que el dildo de diez centímetros seguía metido por completo dentro de su ano, y el otro dildo de seis centímetros de diámetro estaba metido por completo dentro de su vagina. Yo apoyado con los dos codos sobre la espalda de Marta, apretando su cuerpo fuertemente contra la silla comenzaba a estimular su clítoris, mientras mi polla seguía metida en su garganta y su cuello estaba doblado hacia arriba ya que mi abdomen empujaba su cabeza hacia atrás, poniendo a Marta en una posición muy incómoda que apenas la dejaba respirar.
A los pocos segundos en esa posición, comencé a observar como los dildos que asomaban de sus orificios comenzaba a moverse de nuevo por las palpitaciones que estaban volviendo. Yo seguía estimulando su clítoris con el vibrador, y apoyando mis codos en su espalda para hundir el respaldo de la silla en su vientre, así que para terminar de rellenar del todo lo máximo posible a Marta, decidí introducir del todo el dildo gigante que tenía en su ano, y meterlo dentro de su culo por completo hasta que el esfínter del culo de Marta se cerrase con el consolador dentro, sin dejar que se escapara.
Esa satisfacción de haber conseguido introducir por completo el dildo de diez centímetros de diámetro dentro de su cuerpo hizo que volviese el temblor en las piernas de Marta, pero está vez más intenso.
Marta estaba teniendo un fuerte orgasmo, no solo le temblaban las piernas, si no también su cadera y sus brazos. Ya no sabía dónde agarrarse, su cuerpo estaba fuera de control. Su cabeza y su cuello temblaban con mi polla completamente dentro de su garganta, lo que estimulaba mi polla aún más. Marta esta vez no podía emitir gritos de placer, mi verga ocupaba su garganta y su nariz estaba aplastada contra mi abdomen, por lo que no podía apenas respirar. Comenzaba a tener arcadas para expulsar de forma violenta unas enormes cantidades de saliva que manchaban el suelo.
Marta no podía tragar la saliva que se acumulaba en su garganta, y la expulsaba por la comisura de sus labios para poder seguir respirando. Su saliva, con cada explosión embadurnaba mis huevos y bajaba por mis piernas, me estaba poniendo perdido con cada arcada que tenía. Mientras tanto, el ano de Marta palpitaba fuertemente y su vagina movía el consolador que tenía en su interior, mientras yo seguía estimulando su clítoris con el vibrador.
Las piernas de Marta temblaban tanto que ya apenas la mantenían de rodillas sobre la silla, yo decidí sacar de nuevo el dildo de su vagina para que un nuevo chorro de flujo vaginal empapase de nuevo el suelo del salón, aumentando el tamaño del charco que había del anterior orgasmo de Marta.
Las palpitaciones que estaba teniendo en su entrepierna, hicieron que el esfínter de su ano se dilatase y que comenzase a asomar de nuevo el dildo gigante que tenía dentro de su cuerpo, las piernas de Marta fallaban y comenzaba a caerse de la silla así que saqué mi polla de su boca y también saqué el consolador gigante de dentro del culo de Marta antes de que cayera totalmente exhausta de la silla al suelo, sobre el charco de flujo vaginal. Marta estaba en el suelo, semi inconsciente y bañada en su propio charco de flujo vaginal. Acababa de tener el orgasmo de su vida y había cumplido su objetivo de estar completamente rellena y de haberse introducido dentro de su cuerpo un dildo gigante.
Yo terminé con mi polla completamente mojada. Estaba completamente dura a punto de estallar, de ella colgaban numerosos hilos de saliva y mis piernas estaban completamente manchadas por las arcadas explosivas de Marta. Al ver a Marta tirada en el suelo, ya solo quedaba una última cosa que hacer. Me subí a la silla y me puse de pie en ella. Abajo en el suelo, permanecía Marta sin apenas moverse, sobre el charco de flujo vaginal. Agarré mi polla recubierta de venas a punto de reventar y cubierta de saliva que haría las veces de lubricante para la paja que me iba a hacer.
Comencé a masturbarme enérgicamente en lo alto de la silla, con la satisfacción de haber dejado exhausta a Marta y con el convencimiento de que esa sería la mejor paja que me iba a hacer en toda mi vida. Mis huevos estaban ya bien cargados otra vez, agitándose con el vaivén de mi masturbación. Los hilos de saliva acompañaban ese vaivén, y se iban desprendiendo de mi polla.
A los pocos segundos, empecé a notar como palpitaba mi glande y de pronto comencé a descargar una enorme cantidad de chorros de semen que empezaban a caer sobre el cuerpo de Marta. Sentía unos fuertes espasmos en mi cadera que hacían que mi polla no parase de expulsar unos buenos chorros calientes de lefa desde lo alto de la silla, y los chorros, cayendo desde esa altura se distribuían en gotas por todo el cuerpo de Marta, por sus piernas, por su vientre, por sus tetas, por su cara de agotamiento y hasta por su pelo.
Era una ducha de semen caliente la que estaba recibiendo Marta, ya que yo había estado tanto tiempo excitado durante todo el juego que tenía un montón de semen para expulsar de mis huevos. Los espasmos continuaban, con menor frecuencia, pero eran cada vez más fuertes, y con cada espasmo, aunque estuviesen más separados en el tiempo, seguía saliendo un chorro de semen con fuerza.
Cuando acabé de soltar la última gota de semen sobre el cuerpo de Marta, me quedé esperando a que ella se despertara. Cuando abrió los ojos, se levantó, y me vio de pie en la silla con mi mano agarrando mi polla. Ella empezó a darse cuenta de que estaba mojada, pero no era consciente de que era de su flujo vaginal.
Cuando empezó a tocarse el cuerpo y la cara se dio cuenta de que estaba cubierta entera de mi lefa, entonces, me miró y fue consciente que había sido duchada por el semen expulsado por mi polla desde lo alto de la silla, por lo que se acercó a mí, agarró mi polla y terminó de extraer las últimas gotas que quedaban en el tronco de mi verga, estrujándomela hasta sacar la última gota de semen que quedaba para llevársela a la boca y tragárselo todo para darme las gracias.
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