Yo ya conocía la casa de Mario, por lo que después de un breve lapso de titubeo decidí entrar. El cuarto de Mario estaba justo frente al baño y no había nadie. Me acerqué, me asomé al cuarto y vi que Mario estaba tendiendo la cama y acomodando las almohadas, volteo en dirección al baño y veo que Martha va saliendo. Al verme me pregunta “¿también vienes al baño?”, le contesto que no y le digo que Mario está en la recámara, ella se sobresalta y me dice “no, ahí no, no quiero entrar porque me va a querer coger, mejor ya vámonos”.
Yo seguía muy excitado por lo que había visto, por lo que había pasado, por cómo ella se había dejado hacer y por cómo había participado, y como sabía que a ella le había gustado intenté llevar las cosas un poco más allá. “Está bien, si quieres ya vámonos, pero tenemos que despedirnos de Mario” la tomé de la mano y con el pretexto de despedirnos entramos al cuarto.
Mario ya se había quitado la camisa y el pantalón, nos ve y dice dirigiéndose a ella “te estaba esperando”, ella no contesta nada y soy yo el que dice “ya nos tenemos que ir, venimos a despedirnos”. Mario pone cara de sorpresa, pero nos dice que está bien y que no hay problema. Martha se adelanta para despedirse y él la toma del talle, la abraza y empieza a besarla en la boca, en ese momento yo les digo, “ahorita vengo, voy a buscar la ropa” e inmediatamente salgo del cuarto apagando la luz.
Después de un tiempo que consideré prudente, regresé al cuarto, y desde que vi que seguía la luz apagada pensé que la cosa si iba a llegar a más. Y en ese momento me di cuenta del deseo que yo tenía de que Martha cogiera con otro hombre y yo verla. Entré en silencio al cuarto y claramente escuché gemidos entrecortados emitidos por Martha y a Mario, que ya estaba desnudo, diciéndole “ándale, di que si, di que si…” y vi la silueta de ambos frotando sus cuerpos recargados contra la pared a un lado de la cama. Me desnudé y me acerqué a ellos mientras escuchaba a Martha diciendo entrecortadamente “yaaa… nos tenemos que ir… mmm… mmm… nos tenemos… mmm… que ir… yaaa”.
Al notar mi presencia, se separaron y yo tomé a Martha de la mano y mientras le decía, “si, ya vámonos” la guie hacia la cama y me recosté boca arriba. La reacción de ella fue decir que no, pero aun así se acomodó encima de mí y continuó diciéndome “nos tenemos que ir, nos tenemos que ir”. Y yo de nuevo le contesté “si, ya vámonos, pero primero chúpamela un poquito”. Ella me contestó “no, estás loco, mejor vámonos”. Y mientras nosotros sosteníamos ese diálogo, Mario se acomodó en la cama a un lado mío y empezó a deslizar su mano sobre su verga con un movimiento ascendente y descendente.
“Chúpamela, ya para irnos, solo un poquito, una probadita” le dije y ella seguía negándose, pero su resistencia estaba disminuyendo porque ya tenía mi herramienta entre sus manos. “Está bien, pero solo eso y después nos vamos” me dijo y empezó a chupármela, mientras Mario seguía recostado a un lado y masturbándose hasta que le dijo a Martha “yo también quiero”. Ella dejó de chupármela y acercándose a mi oído me dijo “ya ves lo que provocas… No quiero chupársela, ya nos tenemos que ir” y mientras me decía eso, Mario tomó una de sus manos y la colocó sobre su miembro. Ella sin decir ya nada se movió para ponerse en posición y empezó a chupársela.
Después de unos momentos de chupársela, Mario se mueve y le dice “me voy a levantar”, ella se incorpora y vuelve a decir “ya nos tenemos que ir”, y yo de nuevo le contesto “si, ya vámonos, pero vuelve a chupármela un poquito” ella se acomoda hincada entre mis piernas, agachada y con el trasero en alto y de nuevo empieza a chupármela. Mario se levantó de la cama y cuando ella me la está chupando, de nuevo se acerca pero se coloca detrás de ella, al sentir su presencia me dice “se acomodó, me va a querer coger, dile que no” y yo le contesto “si quieres ya vámonos”, y ella me contesta “me está frotando su verga, me la quiere meter”.
Y yo le contesto igual “si quieres nos vamos”, y me dice “ya me está metiendo la puntita, no quiero que me coja”, y yo le pregunto “¿nos levantamos?” pero su siguiente respuesta fue un gemido seguido de la frase que dio por realizada una más de nuestras fantasías.
“Ohh, me la metió” fue lo que me dijo y a continuación siguió chupándomela y ya no dijo nada. Al principio no percibí nada diferente pero poco a poco empecé a sentir el movimiento que provocaba Mario con cada metida que le daba. Después que se la metió por primera vez, quedó sin moverse por unos momentos para después empezar un movimiento muy lento, se la sacaba poco a poco y cuando estaba ya casi afuera invertía la dirección y de nuevo la dirigía hacia adentro, ella después de algunas metidas dejó de chupármela y se acomodó encima de mí, de tal manera que empezamos a besarnos mientras Mario la estaba penetrando.
Como ya lo mencioné, al principio el ritmo era muy lento y cada vez que Martha la sentía adentro, emitía gemidos muy excitantes que se mesclaban con nuestros besos y me decía entre gemidos “Mmm, ya vámonos… ohh” y mi respuesta fue “está bien, ya vámonos, pero si ya te la metió déjalo un poquito” y ella me seguía respondiendo “Mmm, ya vámonos… ohh” y lo dejaba hacer.
Poco a poco Mario fue aumentando el ritmo de sus embestidas y fue cuando le dije a Martha “ahorita vengo, me voy a levantar” y ella me contestó “no te levantes, me va a querer coger más” pero no impidió que lo hiciera y precisamente era el pretexto para dejarlos solos en la cama y yo poder cumplir la fantasía de ver cómo era cogida Martha por otro hombre.
Lo que yo estaba viendo era alucinante, mi esposa estaba en posición de perrito y nuestro amigo la embestía metiéndole todo su miembro. Al aumentar el ritmo, los gemidos de mi esposa se convirtieron rápidamente en gritos de placer. Él la tomaba de la cintura y coordinaba el movimiento de sus brazos con el del resto de su cuerpo para metérsela hasta el fondo.
Así estuvieron un rato, hasta que ella quedó totalmente acostada en la cama, boca abajo, y él seguía penetrándola, ella acomodaba y subía su trasero facilitándole la tarea. Otro rato se mantuvieron en esa posición y de pronto él se separó de ella y la giró para quedar de frente, ella instintivamente abrió y levantó sus piernas, permitiéndole a él colocarse justo sobre ella y listo para penetrarla de nuevo.
“Ohhh… mmm… ufff” fue la expresión de ella cuando él empujó para entrar de nuevo en ella, y como en la posición anterior, al principio el movimiento fue lento, pero gradualmente aumentó el ritmo de la penetración. Los gritos de Martha se escuchaban por toda la casa y entonces él también empezó a emitir fuertes gemidos en señal de que estaba cerca de terminar. Martha rodea la espalda de Mario con sus piernas y empieza entre gemidos a decir “siii… siii… adentro, échamelos adentro… siii…”
Mario, se puso rígido y emitió un grito, era la señal de que estaba terminando, estaba descargando su semen en el interior de mi esposa. Después de algunos momentos y que sus espasmos disminuyeron, dejó caer su cuerpo sobre Martha, que poco a poco pudo hacer que se bajara de ella y quedara recostado a su lado. Mario quedó totalmente agotado, su pene flácido y con los ojos cerrados, Martha voltea a verme y me regala una sonrisa, me acerco a su lado y le pregunto al oído “¿qué tal ha estado?” y como respuesta levanta el pulgar de su mano derecha.
Intenté acostarme en la cama, pero Martha me dice “¿qué hora es? Nos tenemos que ir”, y yo le contesto “Ahora si es un poco tarde, cuando quieras nos vamos”, y ella me dice “Ya para qué, si ya me cogió, mejor me levanto para irnos”. Tardó cosa de dos o tres minutos en levantarse y cuando se estaba poniendo la ropa Mario abre los ojos y nos dice “quédense otro rato” y Martha apurada cambiándose me dice “si nos quedamos me vuelve a coger, apúrate y vámonos”.
Antes que Martha terminara de cambiarse, Mario se levanta y se acerca a ella, y le dice “dame un beso de despedida” y antes de que Martha le pudiera contestar, la jala de una mano acercándola hacia él y empieza a besarla en la boca, ella trató de oponer algo de resistencia y trataba de decirle que ya nos íbamos, pero él no le hacía caso y seguía besándola y empezó a quitarle la ropa que ella ya se había puesto, ella seguía diciendo que no, pero cuando le bajó el calzón ella levantó la pierna para que él lo pudiera sacar.
Después que la desnudó por completo, la agarró de las nalgas y la levantó totalmente, recargándola contra la pared e intentó metérsela, porque para ese momento la erección de Mario ya había vuelto, pero no pudo, entonces ella le dice “en la cama”.
Cuando la colocó en la cama, intentó subirse sobre ella, pero su respuesta fue “No, ahora te toca a ti estar abajo, yo me voy a subir, ahora soy yo la que te va a coger”. Decir que Mario se sorprendió es poco, comparado con mi sorpresa, pues estaba viendo a mi esposa haciendo algo que no estaba en los planes y que nunca habíamos platicado. Mario de reojo volteaba y me preguntaba con señas que si qué hacía, pero yo solo le respondía con una sonrisa y levantaba el pulgar de mi mano en señal de aprobación.
Cuando él se acostó boca arriba, Martha tomó con su mano la verga erecta de Mario y la colocó en su entrada, entonces lentamente se la fue introduciendo hasta que la tuvo toda adentro. Empezó con movimientos lentos que alternaba hacia adelante y atrás, cambiaba a movimientos circulares para después hacer movimientos arriba y abajo. Ahora era ella la que acariciaba el cuerpo de él besándolo donde a ella le apetecía, después de algunos momentos ella empezó a aumentar la velocidad de sus movimientos y de repente disminuía la velocidad. Así estuvo alternando un rato, hasta que Mario le dice “Ya, ya no aguanto” y ella empieza una cabalgata sobre su verga a un ritmo más rápido.
Ella se movía hacia arriba, hasta que asomaba la cabeza y de golpe se sentaba en ella hasta el fondo, así y cada vez más rápido hasta que los gemidos de ella y los gritos que él pegaba se sincronizaron hasta la culminación.
Mario estiró las piernas y torció los dedos de los pies, esa fue la señal para saber que de nuevo estaba eyaculando dentro de mi esposa, quien al sentir la descarga aceleró aún más sus movimientos y después de arquear la espalda y lanzar un grito de placer, quedó recostada sobre el cuerpo de Mario, pasaron algunos momentos y ahora fue Mario el que hizo que Martha se bajara y se recostara a un lado de él.
Cuando Martha recuperó el ritmo de la respiración y abrió los ojos, rápidamente se incorporó, tomo su ropa del piso y sin ponérsela me dijo “ya vámonos, ya no nos vamos a despedir”. Yo alcancé a ponerme el pantalón y al querer decirle que me esperara me hacía señas de que me apurara. Después de ponerme el pantalón y los zapatos, ella ya estaba en la puerta pero yo me asomé a la recámara y Mario estaba dormido, no supe si de lo borracho que estaba o por el esfuerzo que había hecho.
Me acerqué a ella y le dije, no te preocupes, no se va a levantar, pero ella sin hacerme caso, me dice “ya vámonos” y sale desnuda, con su ropa en la mano. No le importó que alguien la viera, y hasta que estábamos arriba del carro empezó a ponerse su ropa y a decirme “ya es muy tarde, ya vámonos”.
Ella tenía razón, para mí el tiempo se había ido muy rápido y no esperaba que fuera tan tarde. Ya eran más de las tres de la mañana y en el camino a nuestra casa, al principio ninguno de los dos hablaba, hasta que yo le pregunté “¿Qué tal?” y fue el inicio de su monólogo “Yo no quería llegar a tanto, que vergüenza, me cogió, ¿qué va a pensar de mí?, ¿y si le cuenta a alguien?, ¿y ahora cómo lo vamos a ver? Yo te estuve diciendo desde hace mucho que ya teníamos que venirnos…” y muchas conjeturas más que ella se hacía, ya que se desahogó y quedó en silencio.
Le pregunté “¿pero te gustó hacerlo?” Y de nuevo empezó con otro monólogo similar “¿cómo se te ocurre hacerme esa pregunta? Yo no quería llegar a tanto, y en la casa de sus papás, que vergüenza, y todavía salimos casi corriendo, sin despedirnos y sin ropa, ¿y si alguien nos vio?” y al decir esto último quedó en silencio por un momento y de repente soltó una carcajada y yo al ver su reacción no pude evitar hacer lo mismo, se acercó a mí y me dio un beso en la boca, y ya más calmada me dijo “qué aventura la de hoy, fue muy inesperado, no esperaba llegar a tanto, que bueno que no me hiciste caso cada vez que te decía que nos fuéramos y a la próxima hay que planearlo sabiendo que todo puede pasar”.
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