Ana, esposa amante (4): Un regalo para mí y para ellos

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Después del día que pasé con mis vecinos Álvaro y Nacho, me sentí avergonzada por lo que hice. No podía creerlo, ¿cómo pude llegar a consentir eso? Pero, además, me sentía aún peor porque al recordarlo me excitaba y humedecía instantáneamente mis bragas. A raíz de estar con ellos dos, mi consolador rosa empezó a saberme a poco y me compré otro, igual, pero de color verde. Y a menudo me los metía juntos, hasta el fondo, y así experimentaba un gran placer e incontables orgasmos, recordando la doble penetración a que me sometieron mis amantes vecinos ese día. Mi marido Roberto ha seguido ignorándome a nivel sexual, y nuestro coito ya no llega a ser ni mensual.

Este lunes, al volver de mi trabajo de editora, me encontré con mi vecino Álvaro. Me sonrojé avergonzada y bajé la cabeza. Le dije solo un hola muy frío. Al día siguiente, el martes, salimos con mi esposo Roberto a tomar algo y al volver vimos llegar a Álvaro con una rubia despampanante y enseguida nos la presentó como Pamela, su novia. Estuvo muy simpático con nosotros. Y ella, también, muy agradable, la verdad. Luego yo pensé que bueno, que mejor que Álvaro ya volviera a tener pareja y así lo nuestro se habría acabado. Me sentía aliviada, pero también debo reconocer que algo desilusionada e, incluso, celosa. Pero esta mañana…

-Abre, abre, Ana, por favor, abre. ¡Tengo algo importante para ti! – llama a la puerta Álvaro, son apenas las ocho de la mañana, mi esposo acaba de salir al trabajo.

-¿Qué quieres? Oye, que es muy pronto, todavía voy con el pijama.

-Da igual, Ana, hay confianza. Solo te traigo una cosa y ya está. ¡Abre!

-No, no, voy toda despeinada y todavía ni me lavé la cara.

-Mujer, eso no importa. Mira, mira qué te traigo. Te lo doy y me voy, te lo aseguro.

-Vale, va ¿Qué traes?

-Un regalo, para ti. Oh, pero, oye, estás muy guapa aun sin arreglar. ¡Qué suerte tiene Roberto! Y me gusta este pijamita de Minnie.

-Bueno, es muy cómodo… y ya está. Nada especial. Ni sexy.

-No opino lo mismo. Se nota que no llevas sostén, se te marcan bien los…

-Va, no empieces, vete ya.

-Además, veo que solo llevas la parte de arriba. Te veo las bragas. Muy bonitas. ¡Y pequeñas!

-¡Roberto! ¡Vete!

-Vale, vale, toma, te regalo esto, pero con la condición de que lo uses esta misma mañana. Yo volveré a tu casa dentro de una hora a comprobarlo. Te quiero con esto puesto y, bueno, lo demás que lleves lo escoges tú, pero eso sí, sin bragas.

-¿Pero tú que te has creído? ¡Ni loca! No vuelvas, porque no pienso abrirte. ¡Olvidas que soy una mujer casada! ¡Al final creerías que soy una fresca!

-No, mujer. Pero se nota que pasas hambre y eso tiene una muy buena solución. -me mira descaradamente el pecho y los muslos.

-¡No te pases de maleducado! No te abriré, ya te digo. ¡Adiós! – y cierro la puerta de golpe. Oigo su voz que dice: “póntelo enseguida y a las nueve vuelvo!”

Al abrir la caja del regalo, veo con sorpresa que se trata de un tapón anal. Y es enorme. Más de un palmo de largo y más grueso que dos plátanos de buen calibre. ¡Eso no me cabría ni que tuviera el agujero del culo el doble de ancho! Sin poderlo evitar, me doy cuenta de que mojo las bragas sólo de pensar en tener eso en el ano y que mi vecino me vea con él. Pero eso no sucederá. Caray, tengo las braguitas empapadas ¡joder!

Me ducho con agua fría a ver si me pasa la calentura, me depilo bien, que llevaba unos días sin hacerlo y ya tenía algunos pelitos por aquí y por allí. Me pongo un conjunto de ropa interior verde eléctrico, una blusita blanca cortita, que muestra mi obligo y mi barriguita plana, y mi falda preferida: de cuadros rosa, blancos y negros, que realzan mi culo y casi no cubren ni mis nalgas. Al final, para ir por casa, no hace falta vestirse mucho ¿verdad? Me miro al espejo y parezco una colegiala. Claro que ya no soy una niña, ya sé, sí, pero me veo sexy. ¡Una colegiala calentorra! Es un outfit que no me atrevería a ponerme para salir a la calle, la verdad. Pero sola en casa es otra cosa.

A ver, a ver el tapón… es muy bonito, con esa joya con forma de corazoncito brillante en un extremo.. La verdad es que es un buen detalle por parte de nuestro vecino. A ver, a ver si… me quito las braguitas… y… así, quizá si levanto la pierna, así, con el pie en el taburete… Bueno, sí, como tiene esa forma tan… sí, me entra un poco, ufff, pero no… a ver… le pongo un poco de vaselina… hmmm… sí, eso es otra cosa… uf… hasta la mitad. A ver… un poco más… oh, ha entrado todo, de golpe, oh… vaya, oh, me da placer, la verdad… oh… a ver, oh, me queda muy bien, me veo bien en el espejo… Casi no se ve, así entre las nalgas. Si las separo un poco, sí. Álvaro me dijo que no me lo quitara…

¡Qué descarado! Pero… va, me lo dejo un rato puesto. No me molesta la verdad. Más bien al contrario. Sentirlo dentro me excita. Me pongo las braguitas… oh, je, je, se ve el corazoncito entre el hilo del tanga ¡je, je!

Bueno, me pongo a trabajar, que la novela no se lee sola y debo tenerlo todo a punto para finales de semana. ¡Vaya, el timbre otra vez! Me pregunto quién será. Reconozco que me gustaría que fuera mi vecino y amante.

-Ya voy. ¿Quién es? Oh, Álvaro, eres tú. Te dije que no vinieras.

-¡Ana, oh! ¡Qué guapa te has puesto para mí! ¡Este sostén verde me encanta!

-¿Cómo? Pero…

-¡Con esta blusita tan escotada se te ve todo el sostén, mujer! ¡Pero me gusta, me gusta! ¡Y la faldita tan corta y sexy! ¡Muy bien, muy bien!

-¡Bueno, es solo para ir por casa!

-Ya, ya. A ver, a ver, date la vuelta. Inclínate un poco. ¡Oh, pero si llevas bragas!

-¡Pues claro! ¡Qué te has creído!

-Que para ir por casa no te hacen falta. ¡Pues toma, un par de cachetes en las nalgas como castigo!

-¡Ay! ¿Pero qué…?

-¡Y ahora, bragas fuera!

-¡Álvaro!

-¡Así! ¡Me las quedo! Oh, en lo que veo que sí me has hecho caso es en lo del plug, ¿eh? ¡Te queda genial!

-Bueno, yo…

-¡Pero si te ha entrado todo! ¡Y mira qué es largo y grueso!

-Solo quise probar si…

-¡Que sí, que sí, muy bien, Ana! Buena chica. Así tendrás el culo a punto.

-¿A punto? ¿A punto para qué? – me hago la inocente.

-¿Pues para qué va a ser? Mira, el otro día estuvimos con Nacho, mirando los vídeos que grabamos contigo, y estuvimos comentando que él se quedó con ganas de tu culo.

-¡Oh!

-¡De metértela bien adentro por detrás!

-¡Qué cerdo!

-Y claro, lo mismo me pasó a mí. ¡Y como eso tiene solución, pues para eso es el plug!

-¿No te irás a creer que…? Te recuerdo que yo soy…

-Que sí, una mujer casada. Ya lo sé. Con el cornudo.

-No le llames así. Yo quiero a Roberto.

-No lo dudo.

-Mucho, le quiero mucho.

-Que sí.

-Oh, vaya, ahora llaman a la puerta. ¿Quién será?

-Abre y lo sabrás.

-No puedo abrir así. Con esta faldita tan corta y sin bragas. Y con el tapón insertado en el culo – vuelven a llamar.

-Tú ve a abrir y verás que ir vestida como una putita con el culo a punto no será problema.

Le hago caso, porque me imagino quien llama y deseosa voy a abrir la puerta. Y sí, es quien me imaginaba y, la verdad, quien deseaba que fuera. Pero simulo estar sorprendida.

-¿Cómo? ¡No! -exclamo al comprobar que sí, que es el otro vecino amante, y me hago la tonta -Nacho, ¿pero qué haces aquí? ¡Y con esta botella de champán!

-Bueno, Álvaro me invitó.

-Pero yo no. Esta no es su casa.

-¡Oh, si ya vas sin bragas!

-¡No me mires el culo!

-Oh, y con un… con un… llevas insertado un…

-Sí, Nacho, es un plug anal, ya ves que nuestra vecinita ya está preparada para que probemos su culo sabroso.

-¡No! ¿Pero qué os habéis creído?

-Pues eso. Primero bebemos algo de champán para celebrarlo – Álvaro toma tres copas, descorcha la botella y las llena de champán-¡Brindemos por nosotros tres y porque hoy estamos juntos! ¡Hmm, qué bueno está! ¡Te has pasado, vecino, es de los caros!

-La ocasión lo merece.

-Sí, está muy rico, la verdad – digo al probarlo – ¿Pero qué ocasión? ¿A qué te refieres, Nacho?

-La ocasión bien lo merece, porque yo, nunca lo he hecho por el agujero de detrás con nadie, mi mujer no quiere ni oír hablar de eso – explica Nacho. – Y Álvaro me dijo que a ti, como eres tan… bueno, tan cochina, te encantaría que yo… hoy… eso lo dijo él, yo no creo que tú seas una cochina, Ana, de verdad.

-¡Pues claro que no!

-¡Tú tranquilo, vecino. Verás cómo te vas a estrenar con el culo de nuestra vecina. No probarás nunca mejor culo.

-¡Para nada! ¿Por quién me habéis tomado? ¡No, no, os vais ahora mismo! – ordeno sin evitar excitarme al ver que ambos ya tienen un buen bulto en la bragueta – ¡Los dos!

-Mira, ven, toma otra copa de champán, Ana.

-Uy, no, hmmm, bueno, vale, y os vais. Pero qué rico, la verdad. Es muy sabroso, Nacho. ¡Oh, creo que empieza a subirme a la cabeza!

-Bebe, bebe, no lo desaprovechemos. A ver, Ana, primero… esto – Álvaro saca unas cuerdas del bolsillo y en un momento ata con ella mis dos muñecas y luego a la parte alta de un armario.

-¿Pero qué haces? -Quedo de espaldas a mis vecinos y enseñando las nalgas y el corazoncito del plug. Me muero de vergüenza y de excitación. Ansío que me follen enseguida. Pero hago cómo que me resisto – ¡Desátame, Álvaro! ¡Ya!

-No, así no se nos escaparás. Además, así, prisionera me da más morbo. Y seguro que a ti, conociéndote, también te pone estar indefensa ante nosotros y enseñándolo todo.

-Te estás pasando. ¡Al final, conseguirás que te denuncie! ¡Suéltame! – aunque digo esas palabras, me encanta estar así expuesta ante mis vecinos y no puedo evitar inclinarme y levantar algo el culo para que me lo vean bien.

-Venga, mujer, que a ti también te da morbo. ¡Tu coño está empapado!

-Oh, ¡qué vergüenza! – gimo, ruborizada, y haciéndome la ingenua, pero es verdad, tengo el chichi rezumando. Me inclino un poco para que vean bien mi escote. -Sí, reconozco que me estoy excitando.

-Es muy natural, Ana – dice Nacho-con el… esto… el tapón en el… bueno… y, así, sin bragas y atada, tan expuesta a nosotros…

-Sí, ay, hmm, no puedo evitarlo… ¡oh, me resbala el flujo por los muslos!

-¡Eso es que quieres polla, vecina! A ver, Nacho, levántale la minifaldita, así, hasta la cintura. ¡Oh, estás irresistible, Ana! Espera que te vamos a grabar.

-¡No, no, nada de video, que ya está bien! ¡Desatadme e iros! – eso es lo último que deseo, la verdad. Espero que no me hagan caso. Y no, por suerte, no me desatan ni se van.

-Venga, toma el móvil, Nacho. Enfoca, enfoca bien su culo, así, sí, con el zoom. ¡Mira! – me saca de golpe el tapón – ¡Oh, oh, qué culo! ¡Nunca vi un ano tan abierto! Va, va, todo para ti, vecino. ¡Fóllale el culo!

Mis dos vecinos me tienen a su merced, sin braguitas, con la minifalda tan corta que les enseño todo el culo abierto y resbalándome flujo por los muslos. Debo simular que me resisto a su plan.

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