La amiga de mi hija

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Desde que empezó la edad escolar, mi hija, tenía un grupo de amigas que siempre han estado muy unidas y a día de hoy lo siguen estando. Vamos, esas amistades que son para toda la vida.

Entre ese grupo de amigas, hay una chica que siempre destacó por su belleza y cuerpo. Esas niñas que dices, guau, cuando se desarrolle tiene que ser un espectáculo.

Así es, hoy tienen 20 años y la chica, vamos a llamarla Esperanza, Espe para todo el mundo, es una belleza que llama la atención por donde pasa. Siempre vestida con ropa corta y ceñida marcando cada rincón de su cuerpo.

La familia, vamos de vacaciones todos los veranos a la playa como ritual de unión una vez al año los cinco juntos, mi mujer, mis otros dos hijos, mi hija y yo.

Este año, mi hija quiso que vinieran unos días sus amigas para pasar unos días con ellas en nuestro apartamento y tener algo de distracción diferente a la familiar que a esa edad ya no es como antes.

Lo bien cierto es que al final, por unos compromisos y otros, solo pudieron venir Espe y Vero.

Las recogimos de la estación de autobuses y nos dirigimos al apartamento. Desde el primer momento que vi a Espe, ya no pude quitarle la vista de encima… Cuando íbamos de camino, no podía quitar la vista del espejo interior del coche que me daba una visión increíble de sus pechos, tapados por una camisa semitransparente que dejaba entrever que no utilizaba sostén y de su cara, preciosa con unos labios pintados de rojo profundo que me hacían imaginar como podría colorear mi pene con una mamada que ya mi mente imaginaba.

Al llegar al apartamento y después de los saludos protocolarios, se metieron en su habitación para ponerse los bañadores y refrescarse en la piscina antes de la comida.

Impresionante la visión con la que se deleitaron mis ojos cuando las tres salieron con los bañadores de la habitación…

Espe, que es la que se llevó toda mi atención, llevaba un bikini, buenos, mini bikini, de color rojo como sus labios aún pintados. En la parte superior se le marcaban los pezones ya que era uno de esos que, por la naturaleza de su cuerpo, no le hacía falta ni rellenos ni sostenedores ni nada parecido… Las tetas le habían crecido de una manera desproporcionada al resto de su esbelto y pulido cuerpo. No es que fueses muy grandes pero si para su físico tan delgado. Bajo una braguita tanga que dejaba ver todas sus perfectas nalgas.

Llegado este momento, no pude más que irme al WC y hacerme una paja como hacía tiempo que no me la hacía, con los ojos cerrados y solo en mi mente la imagen de aquella mujercita que me estaba volviendo loco. Creo que hacía muchísimo tiempo que no lanzaba aquellos chorros de semen que resbalaban por la ducha cuando acabe y limpié con el agua fría que utilice para rebajar algo más mi calentura.

El día paso, menos mal que después de la comida se fueron las tres a la playa y no volvieron hasta que empezó a caer la tarde, no creo que mi mente me hubiese dejado descansar…

Después de la cena y como pide su edad, se fueron de fiesta a una discoteca cercana donde acudía toda la gente joven que está por esa zona. No estaba muy cerca pero decidieron ir paseando para hacer un poco de tiempo.

Como a eso de las 4 de la madrugada, recibo un mensaje de mi hija para que vaya a recogerlas que están cansadas y el paseo es largo.

Total que me pongo unos pantalones cortos de correr y una camisa para dirigirme a recogerlas.

Al llegar les aviso donde estoy para que se acerquen.

Al llegar al coche, mi hija se sube detrás con Vero que iba algo castigada por el alcohol y Espe, como el coche es pequeño, se sube en el asiento del copiloto.

Ahí empezó todo lo que os quiero contar y que jamás hubiese pensado que me pasaría…

Espe iba vestida con una mini falda negra, una blusa negra que era semi trasparente y unos zapatos de aguja negros también.

La primera sorpresa fue que al sentarse abrió un poco las piernas que provocó que la minifalda se le subiera y dejando ver que no llevaba ropa interior. Además se dejó recostar en el respaldo del asiento haciendo que si blusa, con algún que otro botón de más desabrochado, dejará ver parte de sus pechos, los cuales también llevaba libres de sostén, al descubierto. Menuda imagen, mi temperatura corporal subió de forma drástica y mi miembro empezó a tomar vida propia.

El camino al apartamento se me hizo insufrible ya que no podía quitar la vista de aquel monumento y me costaba estar pendiente se la carretera, menos mal que a esas horas no había tráfico y la zona era casi toda urbana.

Espe iba medio adormilada en el asiento pero, de vez en cuando giraba la cabeza hacia mi en dirección al bulto que ya era más que notable en ese pantalón corto que no retenía nada y que me explotaba.

La tensión, por mi parte, era más que evidente. Intentaba disimular el bulto pero lo que hacía inconsciente era empeorar la situación de este. Sin embargo, ella parecía estar en su salsa y al final ya no eran miradas furtivas sino más bien una mirada fija al bulto alzando de vez en cuando la mirada hacia mis ojos dejando entrever una sonrisa pícara.

Por fin llegamos al apartamento y allí mi hija y Espe llevaron a Vero a la ducha para refrescarla un poco y acostarla.

Por mi parte, era más que evidente que había desaparecido en mi todo vestigio de sueño así que salí a la zona de la piscina donde había unos bancos donde me senté a fumarme unos cigarrillos y analizar lo vivido.

Ya eran pasada las 5 de la madrugada y seguía allí sentado en la oscuridad de la noche, no había luna, la tranquilidad de la zona y la bajada de temperatura que ya había tenido en mi cuerpo.

Pero entonces, sin esperarlo ni mucho menos, sale Espe del apartamento y se dirige a otro banco. Cuando me vio, se acercó para sentarse a mi lado sin mediar palabras en un principio…

Para romper el hielo, me decidí a preguntar yo por la situación de Vero.

—Como está vuestra amiga, —pregunté de forma sarcástica.

—Durmiendo —contestó— como el resto de los integrantes de la casa.

Espe vestía con una camiseta amplia y unos pantalones azules, a juego con la camisa pero, al contrario que está muy ajustados y cortos. Se podía intuir, por qué no ver por la oscuridad, que debía de marcarse todo.

Entonces Espe, mirando a lo lejos como si no estuviese yo allí y estuviese hablando con el infinito, me suelta:

—¿Como llevas esa fiebre que tenías en el coche? ¿Te ha bajado ya?

Me dejó descolocado y sin saber que contestar, tampoco hubo tiempo.

Espe bajó su mano a mi entrepierna y me apretó el pene que ya estaba morcillón. A continuación, lo soltó y, sin dejar de mirar al infinito, subió su mano a mi cintura y metiéndola por dentro del pantalón empezó a tocarme la polla de forma muy suave yendo de la base a la punta de forma continuada.

Yo ya estaba que ardía por dentro y no pude aguantar el meter una mano por debajo de su camisa y subir, acariciando su cintura y vientre muy suave, hasta sus pechos.

Las caricias le provocaron unos pequeños gemidos de placer que la hicieron tensionar el cuerpo.

Cuando llegué a su pecho, pude notar la dureza de estos y los pezones punzantes que los culminaban y que denotaban el estado de placer que le provocaba aquella situación.

En ese momento, Espe, me preguntó:

—¿Tienes condones?

El mundo me cayó encima. Ni tenía encima y ya hacía muchos años que ni se me pasaba por la cabeza tener. No esperaba ninguna ocasión para necesitarlos.

—No y además no sabes lo que me jode.

—No importa —me dijo con voz sensual y al oído—. Hay muchas formas de disfrutar el sexo, añadió.

Conforme acabó de susurrarme al oído aquellas palabras, se arrodilló delante de mí entre mis piernas y me bajó hasta el tobillo los pantalones deportivos que llevaba. Pasó de las caricias que me estaba proporcionándome en la polla a meterse todo el miembro en la boca.

Muy despacito y muy suavecito, iba subiendo y bajando con su boca todo el tronco del pene que era capaz de engullir. Me proporcionaba unos pequeños mordiscos cuando la tenía dentro y antes de empezar a subir de nuevo. Me tenía loco de éxtasis.

No fui capaz de aguantar mucho rato después de todo lo sucedido en el coche y lo que estaba sucediendo en ese preciso momento. Quise advertirle que me iba a correr pero ella ya se había percatado de mis movimientos y lo que hizo, para mi sorpresa, fue aferrarse más aún si cabe al pene hasta que solté los chorros de semen en su boca en una cantidad desconocida para mí y parecida a los que había soltado esa mañana en la ducha.

No paró y siguió regalándome la mamada que estaba haciendo sin cambiar el ritmo ni movimientos. Se había tragado el semen sin ver ni rastro por fuera de su boca. Así estuvo un rato hasta que volví a estar con el mástil en lo más alto, no hizo falta mucho rato.

En ese momento de máximo esplendor de mi polla, ella se levantó, se quitó el pantaloncito corto y ajustado que llevaba sin más complementos y se montó encima de mi colocando mi pene entre medias de sus labios vaginales.

Empezó a moverse hacia delante y hacia atrás provocando una fricción maravillosa entre mi pene y su vagina. Una masturbación en toda regla con mi polla de juguete. Pude notar que tenía todo el coño depilado, que no afeitado, por el tacto tan suave que notaba en el pene y el pubis con sus roces. El tacto y la lubricación natural que generaba aquella hembra, me hacía sentir la sensación de que estábamos follando realmente y casi podía notar el placer de la penetración.

Yo no podía dejar de mamar, mordisquear, succionar y todo lo que creáis que se puede hacer con aquellos maravillosos pechos que tenía al alcance de mi boca. Con las manos le recorría todas las partes traseras, desde su espalda hasta las nalgas. En ellas me quedé después de los pequeños masajes que le estuve dando en la zona de espalda y cadera.

Le abría y cerraba los cachetes intentando que expusiera el ano y lo relajara. No había manera y decidí ir masajeándolo muy suave, despacito y con pequeños apretones sin llegar a penetrar ni un milímetro.

Todo ello hizo que se corriera dos veces prácticamente seguidas empapando mi polla y abdomen. Justo con la segunda corrida, no pude aguantar más y me corrí yo. Mi estómago parecía un río de mi semen y sus fluidos.

Los dos rendidos pero yo saboreando aún sus pechos y masajeando su ano mientras ella permanecía, con amplios suspiros como queriendo recobrar el aliento, inmóvil dejándose hacer por mi boca y manos. Así estuvimos como cinco minutos relajando la tensión sexual que se había producido entre los dos.

Se levantó y se puso el pequeño pantalón, sin ni siquiera limpiarse una gota de ninguno de los dos. Se inclinó hacia mi oído bajándose la camisa que prácticamente le había subido yo a modo de collarín y me dijo con voz baja y sensual:

—Me ha encantado como trataste mi culo. He fantaseado muchas veces con probar y acabo de decidir que me lo desvirgarás tú.

Me propinó un beso en la mejilla y se marchó…

Incrédulo todavía, con los pantalones bajados y con cara de felicidad, tuve que reponerme y agotado me fui a la cama, no sin antes pasar por una ducha que borrara cualquier indicio de infidelidad que pudiera intuir mi mujer.

Ya os contaré que pasó el día siguiente…

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