Mi primera experiencia con una mujer trans

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T. Lectura: 7 min.

Introducción.

Después de mucho tiempo fantaseando con mujeres trans, finalmente me lancé y fue una de las mejores experiencias que he tenido a nivel sexual en toda mi vida.

Llevaba mucho tiempo que cuando me calentaba y miraba porno en el móvil, siempre acababa buscando escenas de mujeres trans con hombres.

Nunca he sentido atracción por los hombres pero ver la feminidad de esas mujeres con polla me ponía y me pone a mil…

Jamás he utilizado los servicios de prostitución ni de hombres, ni de mujeres ni de trans pero llevaba ya algún tiempo ojeando las trans que se anunciaban. Cada vez mi curiosidad se convertía más en la necesidad de tener un encuentro.

Al final me decidí a buscar garitos y locales donde frecuentaban personas del colectivo LGBTIQ+ para ver si tenía suerte y podía conocer a alguna mujer trans con la que tener un encuentro o quien sabe si algo más.

A estas alturas he de presentarme para que os hagáis una idea de lo difícil que lo tenía. Soy un hombre de 45 años, separado, sin hijos, 1,70 m de altura y 66 k de peso. Me mantengo en forma sin tener un cuerpo definido. El cuerpo lo tengo depilado completamente. El pelo empieza a escasear aunque aún no llega a descubrir la parte superior de la cabeza. Vamos que no llamo la atención ni mucho menos.

Cómo iba diciendo, fui varias noches a zonas del movimiento sin tener suerte. Una tarde me acerque a un bar de encuentros gay, no sé qué me empujó a ir pero lo hice. Allí, a parte de la zona de bar, había varias salas donde se producían encuentros.

La curiosidad me pudo y me decidí a adentrarme en esas zonas. Supongo que las dos cervezas que me había tomado y la tercera que tenía ya en la mano, me envalentonaron. Tuve que pasar primero por el vestidor y quitarme la ropa depositándola en una taquilla para salir solo con unas chanclas y una toalla anudada en la cintura, según me dijo el chico de la barra era una tarde dedicada al nudismo y solo se aceptaba esa indumentaria o ir completamente desnudo.

Empecé a recorrer la primera zona donde había tres chicos en una cama redonda muy grande. Dos de ellos estaban tumbados boca arriba con las cabezas giradas comiéndose a beso mientras se masturbaban. El tercero estaba de rodillas en medio de los dos a la altura de sus rodillas e iba mamando las pollas alternando ambas. Me quedé allí de pie mirando la escena. Me puse muy caliente pero no me apeteció ni intentar meterme en la acción.

Mi polla ya estaba erecta y levantaba la toalla de manera que no era disimulable, así que decidí continuar recorriendo el garito sin ver cómo acababa aquel trio.

Al llegar a la segunda, era una habitación con una verja tipo cárcel que separaba más o menos la mitad del habitáculo, pude ver a una chica dentro recostada en un sofá tantra, de esos que puedes realizar mil posiciones. Me pareció muy raro ver a una mujer en este tipo de garitos. Me arrimé a la verja y me quedé mirando aquel cuerpo desnudo que me daba la espalda.

-Hola, fue lo único que atine a decir.

Giro la cabeza y con una voz algo ruda dijo:

-Hola, guapo, ¿qué andas buscando por aquí?

-Pasar el rato y a ver si surge algo…

Fue lo primero que me vino a la cabeza ya que viendo aquel cuerpo desnudo y lo caliente que venía de la otra sala mi mente estaba ya a cien.

Entonces se levantó, se giró para dirigirse hacia las verjas que nos separaban. Cuál fue mi sorpresa al ver que entre las piernas le colgaba una polla en estado morcillón que ya era del tamaño de la mía en plena erección…

Era una mujer con unas curvas perfectas y unos pechos que ya los querían muchas mujeres. Unos labios carnosos aunque no exagerados. Se podía intuir que la piel era suave y la tenía bien cuidada.

Cuando llegó a la verja, se agarró a ella por encima de la cabeza apoyando todo su cuerpo y dejando su polla entre dos barrotes invadiendo mi zona. Yo me acerque agarrando también los barrotes para acercar mis labios a los suyos.

No podía creer lo que había encontrado donde menos me lo esperaba. Las cervezas ya habían hecho su efecto y me sentía eufórico.

Entrelazamos nuestras lenguas en un beso apasionado que nunca olvidaré. Mordisqueaba mis labios, sorbía mi lengua y jugábamos con ellas.

Pasados esos primeros momentos, mi mano bajo para poder coger su polla. Empecé a manosear y pajear ese precioso miembro que me estaba volviendo loco. Ella no se movía de la posición inicial que adaptó, aunque, con los tocamientos que le estaba propinando, le provocó que empezara a emitir pequeños gemidos de placer y movimientos involuntarios que le hacían contorsionar su cuerpo.

Estuvimos así como cinco minutos. Su polla fue creciendo y endureciendo progresivamente. Esto me estaba sacando de mis casillas. La manos que no estaba en su polla y que utilizaba para masajearle sus nalgas, la aparte de ella, me quite la toalla que todavía llevaba puesta y empecé a tocarme, estaba que reventaba.

Cuando ella notó que ya estaba fuera de mí, se acercó a mi oído y me dijo:

-Quiero que me la chupes.

No tarde ni un segundo en reaccionar y me arrodillé frente a ella sin soltarle la polla. Le lamí y besé el capullo. Poco a poco fui cogiendo gusto y poco a poco fui introduciéndome aquella bestia en la boca. Que gusto aquello que no había probado nunca. Me gustaba el tacto de tener su polla entre mis manos y el sabor que desprendía el miembro en mi boca. No sabría decir que era en concreto pero una vez que empecé a mamársela, no quería parar. Me hubiera quedado ahí toda la vida…

Pasado un buen rato comiéndome la polla de aquella hembra, se separó y me pidió que entrará. Abrió una puerta que había en un lateral y cuando entré volvió a cerrar para que no pudiese entrar nadie más si ella no lo permitía.

Se tumbó en el sillón tantra y dejo caer una pierna por cada lado haciendo que su polla pareciera aún más descomunal. Me posiciones entre sus piernas y seguí con la mamada que tanto gusto me estaba dando a mí aunque la receptora era ella…

Lamí todo lo que se podía lamer; sus huevos, el tronco de la polla, el capullo y su ano. Note que empezaba a respirar más agitadamente y que se movía de manera descontrolada. Intuía que la eyaculación era inminente. Me aferré a su polla sin dejar que saliera de mi boca por completo. El sube y baja de mi boca y de mi mano en su polla se aceleró.

En cuestión de segundos empezó a lanzar chorros de semen en el interior de mi boca que llegaban a la garganta. No paré y seguí con la maniobra hasta que ya había soltado la última gota y con su mano me frenaba la cabeza para que ralentizará mis movimientos. Lo hice, frené el ímpetu pero no la saqué de mi boca y después de tragarme todo aquel manjar seguí con la limpieza de todo su miembro.

Estaba que explotaba de éxtasis y ella quería devolverme el placer que yo le acababa de propinar. Con su mano me retiró y me invitó a tumbarme en la misma posición que había estado ella. Lo hice y a partir de ese momento… empecé a ver las estrellas. Tenía una técnica que me hacía volver los ojos del revés. El sube y baja con mucha lubricación salival que me estaba metiendo, me hacían presagiar que no duraría mucho. Así fue, no se el tiempo que transcurrió pero no pasó mucho cuando comenzaron las respiraciones descontroladas y los movimientos descompasados que advertían de mi inminente eyaculación.

Al contrario que yo, ella saco mi polla de su boca y continuó pajeándome mientras que con la lengua daba lametazos en mi frenillo, sorbiendo y besando este de una forma magistral.

Tuve un orgasmo de campeonato con unos latigazos de semen en la eyaculación que nunca había vivido en mis carnes. Le empapé toda la cara y los pechos. Entonces, empezó a juguetear con todo el líquido espeso que le había lanzado. Con sus dedos iba recogiendo cada gota y se los iba introduciendo en la boca. Cuando había recogido todo el que tenía por su cuerpo, recogió las gotas que habían acabado en mi pecho y estómago replicando el mismo modus operandi. Una vez todo recogido y digerido, arrimo sus labios a los míos y empezó a besarme como lo había hecho al principio.

Acto seguido, Arrimo sus labios a mi oído y me dijo:

-Te quiero follar…

Aquello no estaba en mis planes pero, en la vorágine del momento, la excitación que tenía y aquella preciosidad de mujer que tenía solo para mí, no pude más que decirle:

-Lo estoy deseando pero ten en cuenta que será mi primera vez.

-No te preocupes, dijo ella. Tenemos todo el tiempo del mundo.

Yo estaba completamente inmóvil, aquella mamada me había dejado en el séptimo cielo pero, estaba deseando probar que se sentía al tener una polla dentro de ti.

La chica se levantó y se acercó a un perchero que había en una esquina de la celda. Allí tenía una toalla colgada y un pequeño bolso de donde sacó un bote de lubricante y una tira de tres o cuatro condones.

En la misma posición en la que me encontraba, ella se sentó dejando su polla encarada a mi trasero, me levantó las piernas por encima de sus hombros, se untó lubricante en sus dedos, me alzó las piernas con la mano izquierda, sujetándome de los tobillos, más allá de 90° y con la mano derecha, ya untada de lubricante, empezó a masajearme el ano. Primero lo hacía suave, restregaba sus dedos desde el final de mis huevos hasta pasado el ano. Con cada pasada por el esfínter, notaba que incrementaba la presión, no penetraba pero notaba cómo el ano se iba relajando.

Pasado un rato, dejo caer mis piernas de nuevo sobre sus hombros para liberar sus dos manos y tenerlas libres para su siguiente movimiento. Se colocó un preservativo y lo untó con más lubricante. Volvió a coger mis piernas como anteriormente dejando mi ano a disposición de su polla. Lo encaró y ayudándose con la mano libre empezó a presionar su polla contra la entrada de mi agujero.

Al principio costó, cuando presionaba mi esfínter no dilataba y su polla resbalaba dándome contra los huevos. Siguió insistiendo y finalmente introdujo el capullo. Después de estar unos segundos en esa profundidad, comenzó con los movimientos de mete y saca introduciendo en cada ciclo unos milímetros más. Llegó un momento que me dio la sensación que había hecho tope y no podía meterme más polla, en cada empecé notaba un dolor que hacía que le frenará los muslos para que no apretará más.

-Me duele, le dije.

-Tranquilo, guapo, me dijo. Tú culito tiene que ir haciendo hueco y pronto dejará de doler.

Siguió empujando pero está vez presionando hacia mi interior sin movimiento de salida. Enseguida, note como si en mi interior se abriese una flor y note como si polla entraba toda y desaparecía el dolor.

A partir de ese momento, era yo el que presionaba hacia ella para notar cómo ese gran pedazo de polla que tenía me llegaba lo más profundo posible. Apretaba hacia ella cogiendo sus nalgas y apretándolas contra mi. No la dejaba separarse en absoluto y era yo quien hacía movimientos de arriba a abajo con toda su polla en mi interior.

Vi tensionar su cara y como resoplaba por qué no aguantaba y le llegaba el orgasmo. Sin parar, note como apretaba y se arqueaba en una eyaculación que, incluso con el preservativo puesto, pude notar los latigazos del semen en mi interior. Frené unos segundos mi ímpetu pero lo retomé enseguida. Sin sacarla, volví a los movimientos anteriores y en cuestión de poco tiempo, volvió a correrse. Está vez ya no noté su semen, debió de ser poco abundante por qué era la tercera vez que se corría.

-Me encanta follarte, me dijo. Ahora quiero que me folles.

Sacó su polla y se quitó el preservativo, era bestial la cantidad de semen que había dentro.

Dejó caer mis piernas por los laterales del sofá, me puso un preservativo y se montó encima de mí. No la vi untarse de lubricante y me llamó la atención que simplemente tuvo que dirigir mi polla y entro muy fácil.

Fue la mejor follada que he disfrutado en mi vida. Su polla golpeaba mi estomago hasta que se la agarré y empecé a masturbarla. No tarde en eyacular pero seguí masturbando su polla que lanzó unas gotas de semen cuando eyaculó por cuarta vez.

Quedamos rendidos, ella se recostó sobre mi pecho sin sacar mi polla de su interior besándome el cuello. Yo le acariciaba las espalda, nalgas y brazos.

En cierto momento, gire la cabeza hacia las verjas y pude ver que había tres chicos agarrados a estas y masturbándose. No sé desde cuándo estaban ahí por qué además de perder la noción del tiempo, estaba tan metido en faena que lo externo había desaparecido de mi mundo.

-Mira, le dije al oído, no somos los únicos que nos lo hemos pasado bomba.

Ella giro la cabeza mirando a los chicos y sonrió.

-Seguro que no disfrutan como he disfrutado yo, asintió dándome un beso en la mejilla.

Nos pusimos las toallas anudadas en la cintura y salimos hacia los vestuarios. Era descomunal la visión de sus pechos al aire con esos movimientos tan sensuales con los que caminaba a mi lado.

Después de cambiarnos, quedamos en la barra y charlamos un rato con una copa en la mano. Me dijo que se llamaba Gemma y yo me presenté también indicándole mi nombre (José).

Cuando nos acabamos las copas, salimos y cada uno se dirigió a su coche despidiéndonos con un monumental morreo.

Nos habíamos intercambiado los números de teléfono y habíamos quedado para cenar el siguiente fin de semana.

Lo que pasó… os lo contaré en otro relato.

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