La reveladora tormenta de verano

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T. Lectura: 5 min.

Escenario:

Una gran tormenta de verano obliga a Lucía y Marcos, dos amigos de la infancia, a quedarse solos en una pequeña cabaña junto al mar dentro de un camping. La electricidad se va justo después de que hayan cenado, dejando la casa iluminada únicamente por velas.

Mientras buscan mantas, pues la tormenta ha refrescado mucho el ambiente, Lucía saca de su maleta de ruedas una vieja fotografía de ambos de cuando eran adolescentes. Marcos se acerca por detrás para verla y, durante unos segundos, ninguno dice nada. La cercanía resulta incómodamente íntima. Lucia respira el aroma de Marcos, mezcla de perfume y olor de su piel y retrocede veinte años, en aquel parque donde con unas copas de más, él la abrazada desprendiendo ese mismo aroma.

Aquella noche, recuerda perfectamente el deseo de besarlo, de meterle mano por debajo de su camiseta blanca y recorrer su espalda de arriba a abajo y tocar su culito prieto por debajo de su bóxer.

Se empezó a sentir mojada con aquel recuerdo y quería seguir fantaseando con aquel día, como tantas veces había hecho en su habitación, sin él, imaginando cómo le metía la mano en sus calzoncillos, acariciaba sus testículos y su polla mientras ésta se ponía más y más dura.

Aquello durante años había sido su fantasía favorita, mientras se tocaba y se metía mano a sí misma de forma salvaje, jadeando de placer y se follaba con dos dedos tumbada en la cama.

Marcos la sacó de aquel recuerdo tocando su cara con tres dedos.

—¿Qué ocurre? ¿Te has quedado muy pensativa?¿Estás bien?

—Sí, perfectamente —respondió Lucía notando la brusca humedad en sus braguitas.

Afuera, el temporal parecía amainar. Dentro, el silencio, las miradas, las sonrisas. Entonces Marcos rompe finalmente el pacto que ambos llevaban años manteniendo:

—¿Dime que nunca has pensado en qué habría pasado si aquella noche me hubieras besado?

Lucía se gira lentamente hacia él. Su cara se ruboriza y él suelta una carcajada.

—¿Qué? ¿No me negarás que estuviste a punto de hacerlo? ¿Por qué no lo hiciste? Estuve años pensando en ese proyecto de beso.

Lucía, mezcla de apuro y excitación respondió susurrando:

—No me atreví y a día de hoy me sigo arrepintiendo.

Marcos se acercó aún más a ella. Su cercanía hacía que Lucía notase sus jadeos, cada vez más evidentes. Se acercó para besarla y ella abrió un poco los labios para recibir su boca. La besaba despacio y a ella se la estaba haciendo el chocho agua. Notaba una mojada en su entrepierna como nunca antes había sentido en sus encuentros con otros hombres. Ella metió la lengua en la boca de Marcos encontrándose con la suya, tan suave. Ambas se enroscaban como si se conocieran desde siempre.

Marcos bajó los tirantes de la camiseta de Lucía, y le recorría los hombros y el cuello, con su boca gimiendo, hambriento y deseoso. Lucía desabrochaba su pantalón y metía la mano por dentro de su bóxer, como tantas veces había fantaseado en sus corridas. Esta vez era real. Recorrió el culito de Marcos y su mano pasó a la parte delantera; acariciaba sus pelotas, rugositas y duras, mientras él jadeaba de placer.

Agarró su polla suave, tersa, dura, erguida como un mástil, tocando las venitas que se marcaban fruto de la congestión y la tensión sexual. Mientras, Marcos hacía lo propio bajando sus braguitas notando la intensa mojada de su coño. Sonriendo acariciaba su rajita. Ella sentía que se iba a derretir con aquello. Su clítoris estaba tan duro que hasta le dolía de placer. Se acercó al oído de Marcos mientras masajeaba su polla con su mano y le dijo:

—Quiero correrme en tu mano. ¡No aguanto más amor!

Marcos recorría con esmero su coño empapado y llegó hasta el clítoris. El simple roce de los dedos de su piel en aquella bolita dura hizo que Lucia estallase en jadeos. Marcos notaba los envites de su chocho en su mano y se excito muchísimo. Un simple movimiento de su polla en la mano de Lucia hizo que los dedos de ella tocarán su agujerito mojado e inmediatamente empezó la corrida.

Espasmos llenos de semen mojaban la mano de Lucia. Su polla no dejaba de bombear y expulsar líquido mientras él se retorcía de placer, gemía, gruñía deseando no acabar nunca. El silencio se llenó de gemidos y jadeos, de liberación sexual contenida durante varias décadas. Ambos reconocieron tiempo después, haber tenido el orgasmo más largo e intenso de toda su vida aquella tarde.

Después de aquella explosión de placer contenido, Lucía llevo a Marcos a la habitación y allí desnudos, comenzaron una nueva sesión de caricias y tocamientos. Lucía sentó en la cama a Marcos y comenzó a mordisquearle las pelotas con cara de niña mala. La verga de Marcos comenzó a crecer de nuevo y en pocos segundos estaba de nuevo erecta y dura. Lucía la repaso con su lengua. La excitaba su suavidad, su dureza, su grosor.

Después de lamerla a su antojo, metió toda la polla en su boca. Marcos veía encantado como su tranca entraba y salía de la boca de Lucía y aquello le estaba poniendo a mil, soltando un quejido de placer mientras le pedía que siguiera.

Lucía estaba haciendo la mamada que siempre había deseado. Con su lengua recorría aquella polla dentro de su boca haciendo circulitos con su lengua, y cuando notó que Marcos estaba cerca del orgasmo paro diciendo:

—Aún no cariño.

Se sentó a horcajadas encima de su polla, clavándola en su chocho que estaba de nuevo muy mojado. Sentada encima de él notaba como la polla cabalgaba en su coño, entrando y saliendo. Se inclinó hacia delante y, mientras lamia su cuello, su clítoris rozaba su cuerpo y ella gritaba de placer. Marcos aguantaba como podía su orgasmo cuando de repente Lucía se paró, apretó la polla de él en las paredes de su coño e inclinada hacia su cuello empezó a latir

Sus latidos recorrían toda la polla de Marcos y su leche se desbordó dentro de ella. Los espasmos de ambos se confundían y ellos abrazados se sintieron uno solo, fusionados por primera vez en su vida. Después de tantos años deseando tocarse, besarse, follarse: su lujuria parecía no tener fin.

Marcos se acercó a los labios de Lucía y con su dedo la tapó la boca susurrando sonriente.

—Ahora te toca a ti, cariño.

Con un movimiento la tumbó de espaldas en la cama. Se la veía preciosa: sus tetas redondas y tirando a grandes, sus anchas aréolas oscuras y su pezón de punta, su pequeña barriguita y su coño peludo rizado; ese con el que tantos años había soñado… ¡Era mejor de lo que imaginaba!

Con un gesto la invitó a relajarse, pero ella lo que hizo fue ponerse cachondísima al ver su polla de nuevo creciendo y enderezándose.

Con besos, Marcos fue abriendo sus piernas y ella empezó a notar su respiración de nuevo agitada. El recorría con su lengua el interior de sus muslos y ella intentó respirar tranquila para no correrse tan pronto. Marcos acariciaba su rajita con los dedos y acercando su boca empezó a besar su chocho.

Su lengua se introducía suave en su canalito húmedo y cálido, chupó sus labios vaginales, succionó con fruición, aspiraba sus fluidos. Lucía se estaba volviendo loca de placer; se veía a punto de estallar, nunca se lo habían comido así, de esa manera tan sensual, tan intensa. Su clítoris erecto reclamaba esa boca, esos labios, esa lengua suave. Se movió ligeramente pera que él alcanzara el punto exacto.

Marcos chupaba su clítoris, lo masajeaba con su lengua y Lucía gritaba de placer, se veía incapaz de contener el clímax. Marcos se retiró por un momento para acariciar el punto exacto donde una fina película separa el jugoso chochito del estrecho agujerito del culito, para de nuevo volver a apresar el clítoris duro y erecto y jugar con él entre su lengua y sus labios, succionando y jugando hasta que Lucía se vino con su flujo ardiente en su boca. Todo su coño latía y ella gemía muy fuerte, casi se retorcía de placer. Sus piernas temblaban mientras ella perdía casi el sentido de la realidad. Marcos la besó en los labios con un beso cálido, húmedo y tierno, y en ese momento supo que, por primera vez en su vida, estaba donde quería estar.

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