Esta sucedió hace ya algunos años, por ahí del 2018. En ese momento me dedicaba a dar clases de fitness y en una preparatoria me contrataron para poner rutinas de baile a las animadoras; justo ahí conocí a Lulú, la maestra de alegorías. La describo: 1.76 de estatura, piel morena, acanelada, un muy buen busto y unas nalgas redondas y con el tamaño perfecto a su estatura. Era una mujer hermosa e imponente, casada y fiel, o al menos eso se presumía en los pasillos de la escuela.
Cuando la conocí nos caímos bien de inmediato y nuestro trabajo con el equipo de animación hacía todo muy ameno. En una ocasión, en un convivio de la escuela, tuvimos la oportunidad de bailar y nuestra sinergia también fue estupenda… Con el paso de los días nuestra amistad se hacía mejor; hasta conocí a su esposo un día, no me cayó para nada mal, era agradable aunque algo celoso, era obvio, tenía una mujer buenísima y deseable.
Meses después, ya con una amistad más cercana, pasó algo que no me esperaba pero de inmediato me agradó: el director escolar decidió comisionarnos para ir a otro estado a un curso de bandas de marcha y alegorías. Obviamente la escuela nos pagaba todo menos el hospedaje; el curso duraba un sábado y un domingo, así que era necesario viajar en viernes, pasar dos noches allá y regresar el domingo después del curso.
En ese momento le comenté que podríamos irnos en un solo carro para compartir gastos y pues los viáticos podíamos usarlos para el hospedaje. Ella, muy amable, me dijo que sí, y que para ahorrar un poco más podíamos pedir una sola habitación y compartirla. La idea claro que me encantó, pero para no verme aborazado le dije que ella se encargara de todo y yo solo de manejar.
El día de irnos llegó; pasé por ella a su casa y salió su esposo, quien me la encargó como lo más preciado que tenía. Nos despedimos e iniciamos el viaje… Todo parecía fluir bastante bien. Mi primera sorpresa del viaje fue cuando me comentó que la habitación que pidió era de una sola cama y que esperaba que eso no me incomodara, y que también me pedía de favor que Carlos, su esposo, no supiera este detalle: “él es muy celoso y no le comenté ni siquiera que estaríamos en la misma habitación”, eso fue lo que me dijo.
Al llegar al hotel ella hizo el check-in, nos ayudaron con las pequeñas maletas y nos instalamos. Yo decidí meterme a bañar, por si acaso. Salí del baño solo con la toalla enredada; mi físico nunca ha sido malo debido al ejercicio que siempre he practicado. Antes de salir me toqué un poco para que mi miembro se marcara semierecto en la toalla; funcionó, pude ver cómo ella bajó la mirada de inmediato y se sonrojó, pero no hubo incomodidad. De inmediato ella tomó sus cosas y se metió a bañar.
Aquí mi segunda sorpresa: al salir, salió con una playera blanca que apenas le cubría las nalgas, una tanga de color azul rey, sin bra y con los pezones duros, se marcaban riquísimos, sus piernas torneadas sin verse exageradas, su piel se veía exquisita y brillosa. De inmediato clavé mi mirada en su cuerpo y en mi mente solo quería cogérmela toda la noche.
Se acercó a la cama un poco tímida; supongo que notó que la vi de una manera distinta, a decir verdad ella también me miró así, solo era cuestión de saber qué botón apretar para que todo se diera.
—¿No te molesta que duerma así?
—¿Así cómo? Con la playera claro que me molesta —disfracé de broma mi intención de desnudarla…
—Jajaja, grosero, ya de por sí enseño demasiado.
—Te diría que no lo suficiente, jajaja.
—Yo digo que hasta de más, mira cómo ya te pusiste —dijo apuntando con su mano a mi verga, que estaba ya dura y firme por debajo de mi bóxer, que era lo único que yo llevaba puesto.
—Sería una falta de respeto no ponerse así, mirando ese cuerpo tan rico que tienes.
—¿Tú crees de verdad?
—Claro, ¿o tu esposo no se pone así todas las noches?
—Para nada, yo creo que ya ni le gusto, por eso, jajaja.
—Lo dudo, por algo te cela un buen, ya me imagino las cogidas que te ha de meter; digo, yo lo haría sin dudarlo.
—No, ya casi no tenemos sexo, supongo que la monotonía, uff, ya hasta calor me dio con la charla, jajaja.
—¿Ves? Te dije que te sobraba ropa, jajaja.
Esta frase fue la última de la breve plática. De inmediato se empezó a quitar la blusa, dejándome ver sus pechos enormes y deliciosos; sus pezones eran pequeños y duros, de un color café claro que combinaba perfecto con el resto de su piel. Me abalancé sobre ella y empecé a mamarle las tetas, y con mis manos acariciaba sus nalgas; mis dedos llegaron hasta su rajita y, haciendo a un lado la tanga, la comencé a masturbar. Sentía su respiración agitadísima y pequeños gemidos se le escapaban mientras sujetaba mi cabeza para que no dejara de lamerle las tetas.
La tomé de una de sus manos y la llevé a mi verga; al principio solo me acarició sobre el bóxer, después empezó a quitármelo, me recostó y empezó a besar mi abdomen hasta llegar a mi pito. Me lo empezó a mamar delicioso, usaba la lengua para ir del tronco a la cabeza y al llegar ahí se detenía para darme lengüetazos en círculo en el glande; mi miembro palpitaba por la cantidad de sangre que irrigaba a mi erección…
—Te quiero coger —le dije.
—¿Sí? ¿Estás seguro? —me dijo con un poco de duda. En ese momento pensé que no quería pasar del sexo oral, pero ya estábamos ahí y yo estaba muy caliente.
—Sí, te quiero coger, quiero darte lo que hace mucho tu marido no te da y que te vengas diciendo mi nombre.
—Ok, pero la condición es que te vengas en mi boca y en mis pechos, pero antes debes comerme la puchita, ¿sí? —esto ya lo dijo en un tono tan caliente que, de solo recordarlo, se pone duro otra vez…
Así fue: me coloqué entre sus piernas y comencé a besarle los labios y lamer su clítoris. Ella me hundía la cabeza y gemía, ya no lo hacía tímidamente, lo hacía cada vez más fuerte.
—Me voy a venir, no pares, no pares —así tuvo el primer orgasmo de la noche, justo en mi boca; pude sentir sus fluidos cómo salían…
—Ahora sí, ven y méteme esa verga dura que tienes para mí.
Me levanté, me puse entre sus piernas y de una sola estocada la penetré. Estaba mojadísima, así que no hubo resistencia alguna; aun así, el gemido que dio fue fuerte. Empecé a bombearla duro, estaba caliente y húmeda…
—Qué rico, papi, no pares, dame más verga, me está encantando.
Me pedía más, me arañaba la espalda y me jalaba hacia ella como desesperada.
—Me encanta, papi, qué rica verga, ¿ponme en 4, sí? Quiero que me des en 4.
—Claro, mi vida, estoy para cogerte como quieras.
Se dio la vuelta, ¡qué culo tan rico!, y con la tanguita aún puesta, eso me excita mucho. Empecé a darle en 4; cada vez que se venía, su vagina se contraía apretándome la verga deliciosamente.
—No voy a aguantar tanto, estoy a punto de estallar.
—No importa, papi, solo recuerda que quiero tu leche en mi boca, avísame para darme la vuelta.
Un par de minutos después salí de golpe; ella entendió y se giró. Yo exploté en su cara dándole una dosis de semen que, sin ningún pudor, se tragó. Algunas gotas cayeron en sus tetas y ella las lamía, tomándolas y acercándoselas a la lengua. ¡Qué buenas tetas!…
—¿Te gustó, papi?
—Sí, pero aún me debes un orgasmo gritando mi nombre.
—Cierto, jaja, ¿qué te parece si mañana después del curso me coges otra vez? Te prometo que grito tu nombre en mi primer orgasmo, si tú me prometes que el tuyo esta vez será dentro de mi culo…
Tal como leen, esta historia continuará en el siguiente relato…
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