Las nalgonas cuando cogen, ya no son amigas

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Hola que tal les cuento una historia de como supe más detalles de la infidelidad de mi antigua pareja y el motivo por el cual nos separamos mientras me cogía a la nalgona de su amiga.

Si han leído mi relato anterior recordarán que cuando comencé mi soltería después de separarme tuve un momento de muchos encuentros sexosos y de despecho.

Cómo les había comentado trabajo en una empresa de logística, ahí conocí a una amiga de mi ex que se llamaba Carmen, ambas trabajaban en el sector de seguridad privada de una empresa.

Carmen y mi esposa eran la comidilla de las miradas lujuriosas de los hombres que trabajaban ahí y como no serlo si ambas eran chaparritas y voluminosas, mi ex era una mujer blanca simpática de senos medianos y amplias caderas con unas nalgas carnosas y voluminosas que acompañado a sus caderas y piernas cortas la hacían ver deseable. Por otro lado, su amiga era mulata un poco más alta que ella poco pecho y una cintura más pronunciada y barriga la cual no desentonaba con el gran culo que tenía pues era igual o más grande que el de mi entonces esposa.

Ambas uniformadas con esos trajes de policía entallados a sus curvilíneos cuerpos las hacían ver más que putonas. Obviamente cuando conocí a Carmen se me antojo la verdad también me percate que yo no le era indiferente pues en nuestras charlas y convivencias me coqueteaba de manera descarada y lanzaba alguno que otro comentario como

—Cuida bien a Claudia porque capaz te comen el mandado y yo puedo aprovechar también.

Yo la verdad muchas veces no entendí a qué se refería pero por azares del destino descubrí que Clau me había sido infiel con un abogado de la empresa y terminé con ella la relación.

El caso es que en una de tantas salidas con unos amigos después de mi ruptura en uno de esos bares de mala muerte cerca de donde trabajo, vi que Carmen llego con un tipo viejo y gordo, el cual no hacía más que sobarle el sabroso nalgatorio mientras le decía cosas al oído, fue cuando se percató de mi presencia y me saludo cordialmente dejando a su acompañante visiblemente ebrio en la barra.

Mis amigos la saludaron cordialmente no perdiendo detalle del descomunal culazo que tenía pues ese día iba con unas mayas color blanco y una tanga que se traslucía en su figura.

Le pregunté por su acompañante pero ella solo respondió:

—¡Va, que si el vejete este nomás calienta el boiler y ni la mecha se le paró mejor lo emborrache!

Yo sabía que Carmen tenía fama de putilla pues se rumoreaba que le gustaba obtener cosas de los hombres con los que se acostaba y tenía el placer de coger con esposos ajenos.

Volviendo a la plática mis amigos hacían burla de mi infortunio mientras ella no quedándose atrás les decía:

—Pero si yo le dije que tuviera cuidado porque un culo así no se come solo.

A lo cual le respondí:

—Pues nunca fuiste clara si me hubieras dicho antes capaz le pagaba con la misma moneda.

—Pues aún puedes y yo soy materia dispuesta si quieres jaja —decía ella mientras tomaba su cerveza.

—Ni digas porque ando caliente y no perdono.

Ella solo se rio y me tocó la pierna debajo de la mesa mientras señalaba mi teléfono.

Se paró de su lugar y se retiró despidiéndose de todos mientras me susurraba al oído:

—Tengo tanto que contarte pero a solas mejor revisa tus mensajes.

Yo hice la plática unos minutos más cuando llegaron mensajes de ella en los cuales me invitaba a su casa para poder platicar a gusto junto a un emoji de diablito.

Rápidamente me temblaron las manos y tenía una erección descomunal en mi entrepierna y para no hacerla larga pues me despedí de todos y fui disparado a su casa.

Toqué y me esperaba en la penumbra de casa con la misma ropa pero sin zapatillas, en cuanto cerré la puerta me abalancé sobre ella y comencé a besarla y a recorrer su culo con mis manos era un culo grande y suave como un par de grandes gelatinas.

Estuvimos de pie mientras comenzaba a bajarle sus licras y empecé a lamer su vientre abultado y su depilada vagina llena de tatuajes de mariposa.

La recosté en su cama y comencé a darle lengua con efusividad sus gemidos eran intensos hasta que me detuvo en seco diciéndome:

—¿No íbamos a hablar?

—Te estoy cogiendo casi casi y tú quieres hablar, de que podríamos hablar si ya todo se de Claudia.

—Pues hay cosas de las cuales nos contamos las mujeres y me contó con lujo de detalle como te puso el cuerno.

—Ya para que, mejor te cojo y me dices después.

—Mejor dame lengua en mi cosita y te cuento.

Asentí mientras le daba sexo oral ella comenzaba a contarme de manera entrecortada…

—Pues sabrás que en el edificio donde trabajamos hay un abogado joven llamado Ernesto de como 20 años, muy guapo y más alto que tú, pues resulta que siempre piropeaba a Clau y la saludaba efusivamente, yo siempre le hacía señas de que venía y ella se mostraba muy animada, este hombre imponía con su presencia y los saludos comenzaron a ser más efusivos, llegué yo a mirar de reojo como sus mangos grandes comenzaban a acariciar una de sus nalgas cuando se saludaban.

La mezcla de excitación y lujuria de escuchar semejantes verdades me ponían a mil, mientras me desabrochaba el pantalón ella se incorporaba para tomar mi verga y comenzar a darle una mamada llena de saliva y atascada, ella mientras chupaba me decía.

—Un día la vi muy contenta mensajeando, le pregunté porque tan alegre y me comentó que el “Licenciado” como así le decía, le había pasado su número y le pedía encargos de papelería que le llevará a su oficina, en muchos de los mensajes la adulaba su trabajo y lo hermosa que era, ella entusiasmada con coquetería le respondía que no creía que una mujer como ella tuviera a alguien como el, el sin embargo le comentaba a qué todo podía pasar, fue un día en el cual le pidió un favor fuera de lo común, el cual era llevarle un paquete a su casa, yo al principio le recomendé a Clau que fuera cautelosa porque lo que ese hombre quería era cogerla pero ella solo reía y decía que no pasaría algo así.

Este relato iba despertando más mi curiosidad mientras me colocaba el condón con presura para posteriormente ser invitado por las piernas de Carmen para ser penetrada. Le decía que siguiera con su relato…

—Pues resulta que después de ese día que envío el paquete la confronte como buena chismosa y no soporto más y me dijo que ese día después de trabajar acudió a casa del licenciado se había puesto un pants holgado, su uniforme en una mochila, cuando llegó se moría de nervios, él la hizo pasar amablemente para que tomara un vaso de agua, comenzaron a platicar de cualquier cosa hasta que en un momento comenzaron a besarse, él la manoseaba por todo su cuerpo, ella no perdiendo la oportunidad también hizo lo propio hasta que sintió una erección grande y dura.

Dice que ella tomo la iniciativa y empezó a desabrocharle el pantalón, ya de rodillas hacia él, vio como si se tratara de un resorte apareció una verga grande, y delgada pero cabezona como un hongo, ella hipnotizada por el tamaño y la lujuria comenzó a lamerla y saborearla, dice que no le cabía en las manos, estuvo un buen rato pegada a esa verga mientras él sonreía, de pronto él la levanto y comenzó a desvestirla poniéndola de espaldas mientras le acariciaba los senos y la dedeaba, ella ya no sabe si fue la adrenalina pero que le pidió que la penetrara, el sonriente enfiló su pitote en ese nalgatorio y comenzó a meterla de una estocada.

Dice que nunca había sentido que le llegarán hasta adentro sentía que se hundía profundamente en su útero, se sentía caliente y tenía la sensación de que le tapaba la garganta, ella lo detuvo con la mano y le pidió que se acomodaran bien en el sillón, así lo hizo, se colocó bien en cuatro pensando que así sería más fácil y la sensación había sido culpa de la posición, pero no, cuando volvió a metérsela sintió aún más placer, ella se retorcía y estaba mojadísima.

Yo estaba en fuego, porque por un lado la excitación de cogerme a Carmen y por el otro lado la furia de saber cómo contaba estas cosas con lujo de detalle la puta de mi ex, fue entonces que después de coger a Carmen un rato de misionero la volteé de perrito, quería sentir su culo rebotando en mi pelvis, la vista no decepcionó, esas nalgas se hicieron más amplias, una panocha lubricada y escurrida me invitaba, ella me veía sobre si hombro esperando mi verga, la metí rápidamente, mientras le jalaba el pelo y me decía.

—¿Te pone caliente saber cómo se cogieron a tu esposita?

Claro que me excitaba y la furia que me provocaba era un deleite para mí, mi verga era succionada por su panocha, ella se movía más hacia atrás, queriéndose comérsela, también ella estaba caliente con la cogida y jadeaba, al ver esos movimientos tan puercos que hacía le decía sigue, sigue contándome…

—Pues me dijo que siguió cogiéndola un buen rato que ella se había venido ya dos veces, le temblaban las piernas y la sensación era muy rica, que en un momento sentía orinarse así que se quitó de su amante y lo hizo sentar en su sillón para cabalgarlo, que al momento de sentarse en su pito, sintió menos la sensación y fue su oportunidad para machucarlo con sus nalgas, que movía con enjundia su culote y haciendo círculos con tal de que se viniera, ya que no quería ser la única que acabará, el no se inmuto tomando sus nalgas y con la fuerza de sus piernas comenzó a taladrarle duro.

Ella comenzaba a perder la batalla y tuvo un orgasmo abundante, cayendo rendida sobre su amante, pensó que todo había terminado pero el muy cabrón tenía otros planes, dice que con la sensación de ese pitote poco había prestado atención a qué todo el tiempo le masajeo el ano, porque ese era su principal objetivo.

Cómo la tenía acostada encima de él, ella lo besaba mientras su pito seguía erguido dentro de ella, le dijo que se recostara en el sillón a lo cual obedeció, fue cuando empezó a darle lengua por todas las nalgas y meterle dedo en el culo, ella extasiada se dejó hacer hasta que sintió primero uno y luego dos dedos, se asustó un poco y quiso pararse pero ya no había escapatoria, el comenzó a colocar la cabeza de su pito en su ano cerradito, ella gritaba de dolor, pero podía su calentura que cuando iba por la mitad paro más el culo y se dejó hacer, para alivio de ella sus nalgas pronunciadas impedían que le metiera toda la verga, ella jadeaba y lloraba hasta que con gemidos y gruñidos por fin eyaculo, llenándole el ano de leche mientras ella ya se había tenido un orgasmo intenso.

Después de brutal cogida ella le comento que nadie se la había cogido así y que si era su culo lo que él quería a lo que él le dijo que había tomado una pastilla azul para poder disfrutar ese culo en su máximo esplendor a lo cual ella reía mientras le comenzaba a chupar la verga, satisfecha.

Yo sentía que me venía con ese relato, cosa que Carmen notó inmediato y me dijo:

—¿Quieres también metérmela en el culo?

Me invitaba con ambas manos abriendo su ojete lo más que podía, yo no perdí el tiempo y comencé a meterlo, la verdad apretaba más que su coño, pero resbalaba muy rico ella gemía y sonreía:

—Tal vez tu vieja no era muy fanática pero a mí me encanta comérmela por el culo.

Empecé una taladrada con todas las fuerzas que me quedaban, no pude aguantar mucho al final cuando sentía que iba a explotar le saque la verga y la jale del pelo para eyacular en su cara.

Ella gustosa recibió toda mi leche, chupándome la verga hasta el último rastro con una frase al final:

—Sabía que eras un caliente depravado, me gusta y nos vamos a llevar muy bien.

Después les contaré cómo supe que Carmen tenía tanta información ya que sus nalgas también habían sido taladradas por el licenciado y más compañeros.

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