La segunda infidelidad de Lulú

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Lulú y yo la pasamos riquísimo en nuestra primera noche. El día transcurrió tranquilo, fuimos al curso, hicimos lo que debíamos y conocimos a varias personas; algunos dijeron que más tarde se reunirían porque deseaban salir y bailar. Para ser honesto, el plan no me agradó mucho porque lo único que quería era poder penetrar el culito de Lulú; pero ella se entusiasmó con la idea y al final no me quedó más que acceder.

—De más está decir que Carlos tampoco debe saber que salimos a bailar con más personas.

—Lo sé, no te preocupes, nada de este fin será sabido por tu esposo.

Como era de esperarse, a pesar de no ir súper arreglada, todos querían bailar con ella. Realmente su cuerpo llamaba mucho la atención, así que tuve que compartir a mi pareja de baile con varios de los chicos que conocimos; yo también aproveché y estuve bailando con algunas chicas, pero ninguna tan buena, y siendo honesto, en mi cabeza solo estaba volver a coger con mi amiga.

Como era de esperarse, Lulú se sentía libre de su marido y coqueteaba con varios de los chicos del curso, pero no fue hasta que en una mesa llegó un grupo de españoles que realmente creí que no podría cogérmela. Uno de ellos se le acercó de inmediato y la invitó a bailar; cuando me di cuenta ella ya estaba en su mesa y bebía con ellos. Me resigné, pero también entendí que debía cuidarla por cualquier cosa, así que me acerqué y me presentó con ellos. El tipo que se interesó en ella se llamaba Antonio. Bebimos un rato hasta que Antonio de manera directa habló:

—Mi intención es follar con tu amiga, sin embargo me ha dicho que si tú no estás ahí no lo hará.

No supe qué responder, ¿me invitaba a un trío o solo quería que los mirara?

—Entonces, ¿qué dices? ¿Nos la follamos o pretendes que me haga la paja llegando a mi hotel?

Sonreí para mis adentros, aunque también me preocupé un poco. Yo solo había participado en un trío en mi vida y fue con dos mujeres; no estaba seguro de sentirme cómodo, pero las ganas de tronarle el culo a mi amiguita fueron más fuertes.

—Déjame hablar con ella y vemos qué se hace.

Esa fue mi respuesta. Saqué a bailar a Lulú y le pregunté de qué hablaba este tipo.

—Me dijo que le gusté mucho y que quiere coger conmigo, así que le dije que sí pero que tú estuvieras ahí; pensé que con eso dejaría de insistir…

—Pues ahora quiere un trío, jajaja.

—¿Y tú qué opinas? ¿Lo harías?

—Para ser honesto, a estas alturas lo que quiero es romperte el culo, no me importa si está él o no.

—OK, que vaya a nuestro hotel, me cogen y que se vaya, ¿sí? Realmente me calienta la idea de que me cojan dos hombres y sé que tú me cuidarás.

Pues no me quedó más que acceder. Regresamos a la mesa y establecimos las condiciones con Antonio y él aceptó, así que nos despedimos y salimos directo a nuestro hotel, para descubrir qué pasaría.

Una vez en la habitación, Antonio tomó la iniciativa: empezó a besar con desesperación a Lulú y empezó a desnudarla. La besaba con muchas ansias, la disfrutaba tocándole las nalgas y las tetas, le besaba el cuello, la giraba y le besaba la espalda, siempre con las manos inquietas recorriéndole el cuerpo. Ella gemía, con los ojos entrecerrados disfrutando cada caricia y beso de nuestro invitado español.

Yo me limité a mirar, sentado en un pequeño sofá de nuestra habitación. Me empezó a excitar mucho el morbo de ver cómo se la cogería frente a mí. Ellos continuaban en lo suyo, ella comenzó a quitarle la ropa hasta dejarlo desnudo. Antonio era un hombre blanco, sin tatuaje alguno en el cuerpo, su miembro estaba completamente erecto. Lulú bajó de inmediato y comenzó a mamarlo, de arriba abajo, ensalivaba el tronco y lo metía en su boca por completo. Él lanzaba algunos gemidos y presionaba la cabeza de ella para hundirlo más.

—Cómela, cómete toda mi polla.

—¿Te gusta? ¿Te gusta cómo te lo mamo?

—Me fascina.

Mientras ella le lamía la verga y le acariciaba los testículos, comencé a desnudarme y masturbarme en el sillón. Él la levantó y la acomodó en el borde de la cama, le separó las piernas:

—Te voy a comer el coño.

Él se hundió entre sus piernas y ella empezó a gemir de una forma muy excitante. Ahí llegó a su primer orgasmo, me di cuenta por lo que escuché… sí, tal como lo prometió, entre los gemidos de su primer orgasmo dijo mi nombre.

—Ven, quiero que tú me penetres primero —me dijo—. Quiero sentirte en mi culo.

No lo dudé, me levanté y me acerqué a ellos. Antonio se acostó y acomodó a Lulú encima de él y de una estocada la penetró vaginalmente. Ella lanzó un gemido riquísimo, mientras miraba hacia atrás y con ambas manos se abría las nalgas ofreciéndome ese culito que llevaba todo el día deseando.

—Anda, tío, lo que esta puta quiere son dos pollas dentro…

—Sí, cójanme ambos, quiero mis dos hoyitos llenos de buenas vergas.

Me acomodé detrás y puse la punta de mi verga en su culo, comencé a empujar y a sentir cómo me abría paso en lo apretadito de su culo; Lulú empezó a gemir fuerte, sus gemidos reflejaban dolor y placer al mismo tiempo; empezamos a bombearla ambos con intensidad.

—Así, no paren, cójanme, me voy a venir, me voy a venir, ah, ah, ah.

Ella no paraba de gritar; en momentos sentía cómo su cuerpo parecía desmayarse de placer, sus gritos me excitaban mucho y no resistí más, exploté llenándole el culo de mi leche caliente, al sentirlo ella estiraba sus manos hacia mí:

—Sí, papi, lléname de tu lechita caliente, mi culito es solo tuyo, nadie me había penetrado por ahí.

Me salí de ella y de inmediato ella se bajó y giró para empezar a lamerme la verga; Antonio se puso detrás y comenzó a cogerla vaginalmente de perrito mientras ella me lamía y me ponía mi miembro duro de nuevo.

—Que se ponga dura otra vez, sí, quiero que me la vuelvas a meter, disfruto mucho tu verga, papi.

Sus palabras me prendían mucho y Antonio seguía cogiéndola duro.

—Me voy a correr —dijo Antonio, eso alertó a Lulú, quien de inmediato se separó de él, se hincó.

—En las tetas, dame tu leche en las tetas.

—Sí, ah.

El grito de Antonio fue seco mientras le llenaba las tetas de su semen; yo me masturbaba, mi pene estaba ya duro de nuevo; Lulú se levantó y se colocó en la esquina de la cama con las piernas abiertas.

—Cógeme —me dijo mientras se acariciaba el clítoris con sus dedos—. Cógeme, te quiero sentir y quiero que tu próxima venida sea dentro de mi puchita —eso me puso al mil, y comencé a cogerla, le daba duro y con velocidad, ella gemía fuerte y se masajeaba las tetas.

Antonio se apartó hasta el sillón, se convirtió en espectador de nosotros que nos fundimos en un acto tan sincronizado que, después de unos minutos, nos llevó al orgasmo simultáneo. Sentí cómo otro chorro de semen le llenaba la vagina y se mezclaba con fluidos de su orgasmo femenino; al salirme, chorros de squirting salieron de Lulú.

—Puta madre, jamás me había venido de esta forma. —exclamó.

Me jaló hacia ella y me besó con pasión; fue un beso largo y sensual.

Luego se quedó acostada por unos segundos. Nos miró a ambos y riéndose nerviosamente dijo:

—Jamás pensé que podría sentir tanto placer.

Se levantó y se fue al baño. Antonio se quedó esperando qué proseguía y desde el baño solo gritó…

—Dile al español que se vaya, ya no habrá más para él esta noche.

Así fue; se vistió y con una despedida seca tomó sus cosas y se fue. Lulú y yo lo hicimos una vez más esa noche; ya no fue tan intenso, pero debíamos disfrutar la última noche de nuestro pequeño viaje.

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