Una esposa feliz

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2028
T. Lectura: 3 min.

En nuestro fraccionamiento hay unas 100 casas de las cuales la mayoría se encuentran habitada, particularmente en mi calle todas las casas están ocupadas y conozco a todos mis vecinos, al lado de mi casa se encuentra Rubén quien es viudo y ya está pensionado así que vive solo. Ocasionalmente vienen sus hijos para festejar cumpleaños, etc. Mi esposo y yo estamos de la edad de sus hijos y por alguna razón mi esposo y él son buenos amigos así que constantemente platicamos cuando nos vemos.

Mi esposo viaja muchas veces al año así que para mí es muy común estar sola en casa, cabe recalcar que yo tengo una tienda de cosméticos en línea por lo tanto salgo algunas veces durante el día para llevar pedidos a la paquetería, acostumbro a arreglarme muy bien para estar presentable cada vez que salgo.

Es muy común que salga en ropa deportiva para entregar los pedidos, me encanta mi figura, soy una mujer de 1.70 con un cabello castaño lacio el cual cuido demasiado con shampoos especiales, también tengo unos ojos grandes de color café, unas cejas bien definidas y unos labios muy sexys según mi esposo.

Tengo unos pechos de buen tamaño, no son grandes pero a mi esposo le encanta jugar con ellos, apretarlos con sus manos y lamer varias veces mis pezones, en fin muy bonitos y con los cuales me siento a gusto.

Mi trasero es la parte de mi cuerpo de la que más estoy orgullosa, soy talla 9 lo cual no lo hace muy grande pero si es lo más atractivo de mí.

Mi esposo adora mi trasero, cada vez que puede lo acaricia o me nalguea, no importa si estamos en casa o en público. Esto hace que muchos hombres me miren varias veces el trasero, a veces de forma descarada.

Antes me llegué a sentir incómoda pero con el paso del tiempo y con la gran idolatría que mi esposo le tiene a mi trasero he llegado a no darle importancia.

También el hecho de hacer ejercicio ha hecho que lo sienta más firme y eso me ha dado una mayor confianza.

Claro que he notado que mis vecinos me miran con lujuria, algunos son tan descarados que he visto problemas con sus esposas o parejas, siendo sincera no me importa, es cosa de ellos.

Mi vecino Rubén tiene 60 años, siempre está al pendiente de nosotros, sabe cuándo mi esposo sale de viaje y cuando regresa y también es un gran admirador de mi trasero, nunca me ha insinuado nada pero sé que me mira con mucha lujuria, en su caso hasta cierto punto lo comprendo, lleva varios años sin su esposa así que solo tiene sus manos para satisfacerse.

En unos de los muchos viajes de mi esposo yo me encontraba en mi periodo de ovulación y aunque mi esposo se encargó de cogerme bien rico aún me quedaban los últimos días.

Yo me sentía muy caliente durante el día y aunque tengo mis consoladores y vibradores estos no pueden reemplazar el gran pedazo de carne que mi esposo me proporciona, precisamente en esos momentos tan calientes tuve que salir a entregar un paquete, al regresar me baje del vehículo y vi a Rubén.

R: ¿Cómo está vecina?

Yo: Muy bien Rubén (con ganas de masturbarme, pensé)

R: ¿Otra vez salió de viaje el vecino?

Yo: Si Rubén, ya sabes que él tiene que cumplir con sus metas.

R: Está bien, me alegra ver qué este bien, cada vez que sale de viaje el vecino trato de estar al pendiente de usted por si necesita ayuda con algo… usted sabe… Algo en su casa que necesite o que usted quiera que le ayude.

Yo: Todo está bien Rubén, gracias por cuidarme, que tenga un buen día.

Entré a la casa y subí a la habitación, me sentía tan caliente que al quitarme la ropa, note que mi mallón estaba húmedo y que se notaba por fuera que estaba mojado, en ese momento me quedé pensando, ¿lo habrá notado Rubén? Será acaso que por esa razón me dijo…”usted sabe… algo en su casa que necesite o que usted quiera que le ayude”.

No lo podía creer sería la primera vez que me insinuaba algo y yo ni en cuenta, en ese momento estaba tan mojada que solo pensar que Rubén me había visto mojada y necesitada me calentó aún más que no pude aguantarme las ganas y me masturbe con mis dedos, me sentí tan deseada que me corrí muy rápido y gemí muy fuerte… ¡ah! Y continue masturbándome mientras pensaba en Rubén y lo que había pasado. No sé bien cuántas veces me corrí pero está vez grité muy fuerte fantaseando que Rubén estaría en su casa masturbándose escuchando mis gemidos.

Al terminar me quedé sin fuerzas en la cama con mis piernas bien abiertas y mi vagina escurriendo, subí mi mano hasta mi boca y lamí mis dedos y dije… Quiero más.

No podía creerlo, acababa de correrme tantas veces y de gozar tanto sin el pene de mi esposo y sin mis juguetes, esto definitivamente era una gran proeza de la cuál yo había disfrutado al 1000%.

Perdóname esposo pero no pude evitarlo, me calenté tanto que no pude parar… O más bien no quise parar… Sabes que te amo locamente pero esto fue increíble… Dije esto mientras me recuperaba de mi gran encuentro.

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