Recompensando a mi maridito (1)

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Cuando entró por la puerta y con el ramo de rosas en sus manos, me dijo hola mi amor, este es un regalo por ser mi maravillosa compañera. Depositó el ramo en la mesa de centro de la sala y sacó de su bolsillo un estuche que me entregó en mis manos, llena de curiosidad lo abrí y me encantó su contenido, un torzal de oro blanco con rosas de oro amarillo, en verdad de muy bien gusto artesanal.

“¿Y esto a que se debe?” Le pregunté contestándome que era por el gran amor que me tiene y por ser una maravillosa compañera. Lo abracé y besé sintiéndome muy halagada. Me invitó a comer en el restaurant que yo escogiera y nos fuimos a comer y beber a un lugar de comida italiana.

Regresamos a casa como a las 19 h ya medio entonados por el vinito blanco, entonces le dije que se sentara en el sofá de tres plazas, le serví unos caballitos con tequila, le quité los zapatos y le prendí el televisor.

“Mi amor, gracias por quererme así”, fui a la cocina y preparé algunos bocadillos de carnes frías y queso, en ese momento decidí recompensar su gesto de amor hacia mí y que mejor forma que darle una rica noche de placer, pero diferente a lo común, algo que las mujeres sabemos que a los hombres les encanta, tener una sexy mujer en casa.

Le llevé los bocadillos, luego de darle un gran beso, le dije que me sentía feliz por los detalles y que se había ganado un gran premio esa noche.

Lo dejé solito y me fui a nuestra recámara, mientras me estaba vistiendo y arreglando mucho muy provocativa con una minifalda muy sancona y una blusita super escotada, sin ropa interior y mis zapatillas doradas muy altas, alboroté mi cabellera, me pinté demasiado y pensando en crear un ambiente muy erótico para que mi maridito sintiera que esa noche su esposita había quedado de lado y que estaba con una sexoservidora muy complaciente.

Terminado mi arreglo me puse frente al espejo para verme de cuerpo completo para asegurarme que estaba totalmente transformada en una guila. Levanté aún más la minifalda y salí de la recámara, caminé de forma muy sensual contorneando mis caderas hasta que llegué a donde mi marido.

Luis se quedó viéndome con unos ojotes de lujuria y dijo “guau mi amorcito, que sabrosa te ves, ¿quieres que salgamos a bailar a algún lado?”.

“No mi cielo, esta noche nos quedamos en casa, es tu recompensa, pero te advierto que tu mujercita quedó lejos y quiero ser tu chica mala”.

Me senté a su lado y serví dos caballitos de tequila, brindé con él y le dije que esa noche le costaría $ 3,000.00 por estar conmigo y que a cambio lo haría muy feliz. Pero que el pago debería ser por adelantado, “así que págame”.

Luis diciendo con todo gusto, sacó su cartera y me dio el dinero, estuvimos bebiendo buen rato y yo le puse una pierna encima de la suya, luego me paré puse música y lo jale para que bailáramos, lo abracé me le repegué lo más que pude y mi Luis me abrazó de la cintura, bailando yo movía mis caderas rozándole con mi vientre su pene, “¿te gusto chiquito? Date gusto papi mira que esta noche soy la puta que pagaste y tienes derecho a todo”.

“¿a todo?” Me preguntó. “Si a todo mi rey, el que paga manda”.

Luis fue bajando sus manos a mis nalgas y a besarme las orejas, “que rico hueles mami”. Me agarró de las nalgas y me las acariciaba, “agárrame todo lo que quieras papito, esta noche quiero que me trates como a una puta que me disfrutes”.

Nos sentamos de nuevo en el sofá y serví más caballitos, seguimos bebiendo y brindando, por mi cliente yo brindé y el por “la puta más hermosa y rica que eres”. Luis se me quedó viendo como tratando de ver mi reacción a sus últimas palabras, y lo intuí, para tranquilizarlo le contesté, “así papi, así trátame me encantan tus palabrotas”.

Ya con más confianza Luis siguió refiriéndose para conmigo más intenso, “bueno mamita, si tú lo quieres y a mí me excita, pues a darle”. Entonces yo me paré y le dije que le haría un baile erótico, comencé mi baile desnudándome poco a poco, hasta quedar desnuda, me le acerqué y me volteé poniendo mis nalgas casi en su cara.

Luis me agarró las nalgas diciendo, “ay cabrona que sabrosas nalgotas tienes”. Me agaché diciéndole, “son tuyas chiquito”. Luego me volteé y puse mi vagina frente a él, me abrí de piernas con movimientos muy lentos. Luis no paraba de chulearme hasta que no aguantó más y me dijo que ya nos fuéramos a la cama a coger, me cargó y me llevó a la cama, se desnudó y cuando iba a acostarse, le dije, “ponte un condón”, Luis dijo “¿y eso?”. “Todas las putas cogemos con protección para evitar enfermedades”.

Tomé yo la caja de condones que tenía en mi bolso y le dije que se acostara boca arriba, le puse el condón y le dije, “ahora si papi, cuando quieras cogerme”. Luis se montó sobre mí y empezó a penetrarme como loquito, yo tuve dos orgasmos muy intensos. Luis me dijo, “voltéate zorra”, me puse a cuatro patas y moví mis caderas.

“Que rica prostituta tengo mira nada más que rabote”, “pues ya métemela, le dije, que se te acaba el tiempo”, me penetró y casi a los tres minutos Luis se vino dentro de mí, diciendo muchas palabrotas que no le conocía.

Esa noche tuvimos sexo hasta el amanecer. Al despertarnos, Luis me volvió a coger agradeciéndome por la rica noche que le regalé como una puta.

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