Amigas y cuñadas. Cola rota desata el incesto

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Al salir de encima de mí Celina iba dejando un rastro de semen y flujo por donde se movía. La último ahora corría por su parte interna de la pierna.

Fue hasta la cocina y trajo toallitas de papel para limpiar y secar todo. En ese momento donde aparentemente todo volvía a la normalidad, tocaba limpiar y ordenar, yo me sentí muy extraño.

Era casi el medio día. Todos teníamos que trabajar, nos habíamos dejado llevar y perdimos toda noción del tiempo y el momento.

Vicky se incorporó, fue a nuestro cuarto y se cambió de ropa para volver al trabajo. Celina se volvió a vestir ella era la que estaba más radiante y no parecía afectarla nada todo lo ocurrido.

–Hermano me voy, esto fue mucho mejor que ir al gimnasio. Déjale un beso a Vicky, tengo que ir trabajar también.

Y así sin más se fue de casa. Por mi parte, terminé de limpiar el sillón y el sofá que estaban todos mojados, me vestí y volví a mi laptop donde se acumulaban los mails sin leer. Todo parecía ocurrir en otra dimensión.

Bajó mi mujer, me dio un beso y se fue.

–Amor hoy voy a volver un poco más tarde de la oficina, tengo que recuperar estas horas que estuve en casa… Ahh y me duele mucho la cola, pero me encantó.

Quedé nuevamente solo. Con muchas preguntas sin responder y sintiéndome con una mezcla de emociones. Por un lado extasiado por el placer y el sexo y preocupado por lo que pasaría a continuación.

A ellas no parecía afectarles, podían aparentemente volver a sus vidas sin dificultades. Tenían mucha más experiencia que yo en hacer a un lado esa parte morbosa y sexual de la cotidianidad de sus rutinas.

El trabajo ayudó en parte pero no acallaba mis cuestionamientos. La tarde pasaba y no podía borrar de mi cabeza lo sucedido. Pasaba de calentarme a cuestionarme.

Recordando, se me paró la pija con solo pensar lo que habíamos hecho. Abrí la aplicación de nuevo y fui a la cámara del living de casa, me vi en la pantalla pero retrocedí hasta el momento que mi hermana se subía en mí y cogíamos. Volví a verlo y me masturbé de forma rabiosa. Lo hice mirando el show porno que vivimos y a la vez mirando a la cámara. Deseaba que alguna de las dos estuviera mirando la aplicación como yo y me vea acabar. El morbo se apoderaba de mi cabeza por momentos.

Vicky volvió ya para cenar, y en la cena conversamos sobre temas del trabajo y arreglos de la casa. No salía el tema de lo que había pasado. A mí me estaba volviendo loco. Nos fuimos a acostar y no aguanté más así que tuve que discutirlo con Vicky.

–¿No vamos a hablar de lo que pasó hoy?

–Que quieres hablar, a mí me encantó podríamos repetirlo ¿no?

–¿No te parece que hay algo que está mal en lo que hicimos?

–Mati, yo creo que si esto lo hubiéramos hablado y experimentado antes los tres hubiéramos sido mucho más felices.

–¿Vicky vos no me amas?

–Obvio que te amo y ahora siento que un poco más… que puedo ser plenamente yo sin esconder nada. Me siento aliviada, reconfortada y agradecida que hayas entrado en este mundo que tanto te ocultamos con tu hermana.

–Pero vos siempre la preferiste a ella antes que a mí.

–Ella es hermosa y me calienta, tenemos una historia que empieza antes de nuestra relación. Pero eso no quita que te ame. Sos el hombre de mi vida. Te amo. Pero mi cola va a tener que esperar un tiempo para volver a entrar en acción. Todavía me duele. Jejeje

No estaba seguro si yo iba a poder con todo esto como ella lo hacía. Todavía no estaba listo para bromear, por ejemplo. La besé y me de media vuelta y me dispuse a dormir.

Al otro día salí a trabajar y quedé con mi hermana para almorzar juntos en un local cerca de nuestros trabajos. Necesitaba hablar con ella también cara a cara.

–Mati ¿cómo estás?

Ella como Vicky parecía no tener ningún problema en disimular lo que había ocurrido.

–Hola Celi ¿todo bien? ¿Todo tranquilo?

–Con mucho trabajo pero mañana podría volver al gimnasio de mañana, si tenés libre para acompañarme. (Sonrisa pícara de su parte)

–Celina, tenemos que hablar de eso. No me siento del todo bien con lo que hicimos.

–No. No empieces con eso. Siempre la elegiste a ella y yo ya lo acepté. No quiero perder esto también.

–No se trata de ganar o perder, se trata de si está bien o mal.

–Mati, ¿vos disfrutaste de lo que hicimos? (Bajando la vos siguió con las preguntas)

–Si

–¿Disfrutaste de coger conmigo?

–Si

–¿Te gustó cuando nos acabaste en la cara a las dos?

–Si

–¿Entonces?

–(Bajé más la voz) Disfruté más cuando acabamos juntos y me besaste.

Me quedó mirando sin esperar ese comentario. Ella pensaba que lo que me estaba atormentando era el morbo del trío sexual, pero no se imaginaba que yo también me estaba enamorando de ella. El incesto había dado un giro inesperado en mí.

Mi hermana siempre fue mi alma gemela, la mejor persona en mi vida y además era una mujer hermosa que siempre me había excitado muchísimo. Las pajas que le dediqué en secreto. Descubrir su obsesión conmigo revivió ese amor adolescente que tenía por ella. Esa mañana de sexo romántico e íntimo con ella había quebrado una barrera y había abierto una posibilidad que nunca fue real. Hasta ayer.

–Matías yo también te amo.

Me terminó de convencer con esa frase.

–Celi acá nadie sabe que somos hermanos ¿no?

–No.

–Entonces ¿por qué no haces como si fueras mi novia y te sientas a mi lado y me besas?

Noté como sus ojos brillaban y como se agitaba su respiración, la noté insegura. Estiré mi brazo y le tomé la mano.

–Yo también te amo Celi.

Se acercó a mí me besó con timidez y mucho amor. Comimos como si fuéramos novios, por momentos nos tomamos las manos. Esa sensación era hermosa, prohibida y profunda a la vez.

Le escribí a Vicky un mensaje, inventándole una historia que debía irme con urgencia a acompañar a un amigo al hospital. Que lo iban a operar y que me había pedido que pase la noche con él en el hospital. Me acompañó en la decisión sin preguntas ni cuestionamientos. Camino despejado, iba a vivir una noche de novios con mi hermana. Iría a su casa al terminar el trabajo. Ella ya estaría ahí esperándome.

Llegué y la encontré con una bombacha ancha, más parecida a un slip masculino que a la ropa interior femenina que uno se imaginaba que usaba esa mujer voluptuosa, una remera mía que obviamente le quedaba grande. Era tal cual llegar a casa y encontrarte con tu novia en ropa cómoda. Perfecto pensé, es lo que necesitaba.

Me dio un beso corto y solo chocando los labios, ese de todos los días en una pareja.

–¿Te vas a dar un baño amor? Ya te dejé en el cuarto ropa cómoda para que te saques esa del trabajo. También te dejé tu perfume en el baño.

Tenía mucha ropa mía en su casa. Todo eso me impactó, Vicky no era así, pero mi hermana siempre tuvo esos gestos conmigo. Esa relación me encantaba.

Me bañé, me cambié y me perfumé. Bajé al living donde estaba ella mirando televisión acostada en el sofá

Me acurruqué entre el respaldo del sofá y su cuerpo, en posición cucharita, pasé mi mano por debajo de su remera y le agarré una teta, le besé el cuello. Mi miembro creció y ella lo sintió, movió su cola para frotarlo y sentir su calor. Se sacó su calzón de vieja y se abrió una nalga con la mano.

–Métela, quiero sentirte dentro.

Saqué mi verga por el agujero del bóxer de tela y despacio la penetré, estaba caliente y muy mojada. Entró la cabeza primero y sentí un suspiro salir de su boca. Seguí metiéndosela y ella no pudo cerrar su boca en gesto de placer silente. Con movimientos cortos y medidos por la limitante del espacio hicimos el amor. Llegamos nuevamente juntos al orgasmo. Eyaculé justo cuando le decía al oído “te amo hermana”

No hubo cena. Solo sexo.

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