Amigas y cuñadas. Otra vez mucho sexo

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Los días pasaron y la relación con Celina avanzaba. Mi hermana me recibía en su casa, salíamos al cine como novios y lo mejor era cuando cenábamos en algún restaurant y después nos íbamos a un hotel.

Con mi mujer Vicky por el contrario todo se había enfriado un poco. En los dos y tres días siguientes a esa mañana loca de sexo, ponía la excusa que le dolía la cola y no pasaba nada. Yo tampoco insistía el dildo era grueso creo que solo se lo pudimos meter porque estaba loca de excitación por el morbo y el deseo. Luego nada, rutina, mi hermana y por ahí se fue deshilachando nuestro sexo.

Hasta que una tarde volví del trabajo, abrí la puerta y escuché risas y comentarios desde nuestra habitación. Me llamó la atención porque mi hermana y mi mujer se habían distanciado un poco. Cuando subí estaban ellas, las dos en ropa interior. Celina como nunca la había visto, traía un conjunto de lencería azul con transparencia.

El sostén de aro todo transparencia con apenas un encaje, dejaba ver sus pezones gruesos. En la cintura un porta ligas y más abajo una tanga también transparente en su parte delantera y luego una línea de perlas pasaba por toda su vulva hasta convertirse en un hilo de elástico azul que se perdía entre sus nalgas. Era hermosa pero así vestida era mucho más provocativa, un putón digno de coger con fuerza y brutalidad.

Por el contrario mi mujer tenía una musculosa vieja toda estirada que dejaba escapar sus enormes pechos y llevaba un clásico calzón de los que usaba mi hermana siempre. Bombacha tipo vedetina que le sujetaba fuertemente sus enormes nalgas.

Me quedé en la puerta mirándolas había algo que no encajaba, hasta que me di cuenta, se habían cambiado de ropa. Vicky llevaba lo que se había puesto Celina y al revés. Cuando descubrí eso, decidí entrar bromeando:

–Ahora no sé cuál es cuál. Voy a tener que probarlas a las dos para salir de esta duda.

–Mati cuando éramos jóvenes, de nuestros primeros juegos fue siempre cambiarnos la ropa interior. Eso nos dejaba jugar a ser otra persona y además vernos desnudas un poco.

–Es así, como dice Vicky, lo que no te dijo es que ella se quedaba oliendo mi ropa interior antes de ponérsela

–Jajaja es verdad Celi, yo disimulaba hasta que un día me dijiste: ¿por qué no la hueles derecho de acá?

–¿Y yo podría olerlas a las dos? (Interrumpí su conversación)

Ahí se acercaron una delante y otra detrás. Empezaron a desvestirme de forma sexy y con baile incluido. Mi última prenda fue obviamente el bóxer que al quitarlo mi verga saltó como trampolín y quedó subiendo y bajando un par de veces.

La tenía durísima. Mi hermana ya se había arrodillado y me la comía con mucha rudeza y vehemencia.

Vicky por su lado me refregaba sus tetas en mi espalda y pasando las manos por delante de mi cuerpo me pajeaba y ayudaba a mi hermana a que me la chupe. Tiraba hacia atrás la piel del pene, dejando mi glande rojo e hinchado frente a la cara de mi hermana. Me susurró al oído:

–Esta noche a tu hermana la vamos a coger como si fuera yo, y a mí me vas a dedicar todo el amor que le dedicaste a ella la última vez.

Esa frase me dejó claro que Vicky sabía algo… o por lo menos lo intuía. La besé con pasión iba a seguir el juego primero porque lo disfrutaba, no quería darle dudas a mi mujer y la idea de tener sexo sin límites con mi hermana me daba mucho morbo. No salía de mi asombro de la buena situación que ellas solas me habían puesto.

Celina se dedicaba a pasarme la lengua por todo el tronco de mi verga, con algo de dulzura y devoción cada contacto húmedo y cálido de su lengua me brindaba mucho placer. Vicky se puso tras de ella y le tomó la cabeza, empezó a empujársela y no permitía que la retirara, se atragantaba y no llegaba a metérsela toda en la boca. Mi mujer orillaba a mi hermana a atragantarse con mi pija.

La llevó a la cama y la acostó boca arriba, era el momento de ellas y así lo entendí cuando Vicky la besaba y le iba sacando el conjunto de lencería. Mi hermana se dejaba hacer, una vez desnuda por completo separó sus piernas dejando su concha empapada bien abierta, con sus manos separó más sus labios vaginales dándole mayor alcance a Vicky que ya se hundía de cabeza en su raja.

Lamía y besaba con pasión, se escuchaba claramente como chupaba y lamía su clítoris. Celina suspiraba y gemía. Soltó su entrepierna y me hizo seña para que me acercara. Deseaba a mi verga en su boca. Empecé a cogérsela sin piedad. Mi hermana gozaba y en un momento me retiró, nos miró a los dos y pidió una doble penetración para ella.

Vicky sacó de su mesa de luz un cinturón con un dildo y se lo puso. “Yo te voy a abrir esa cola hermosa que tenés, no te vas a poder sentar en un par de días” lo dijo y sonó o revancha. Me acosté y mi hermana se puso encima de mí, se metió ella sola la pija en su concha. Estaba empapada y entró sin problema. Vi a mi mujer ofrecerle el dildo para que lo chupara primero. Su cara estaba muy cerca de la mía. La baba que dejaba en la pija de goma resbalaba y me caía en el pecho y la cara.

Me dio mucho morbo verla chupar mientras se movía buscando una penetración más profunda de mi pija. Me incorporé apenas y le besé. Mi mujer acercó la cabeza de esa pija y la puso entre nuestras bocas. No sabía qué hacer pero me dejé llevar cuando mi hermana me dijo:

–Chupala, quiero que la dejes mojada para que me entre más fácil en la cola.

La chupé, me la metí en la boca lo más que pude. Sentí ese deseo sexual que tanto veía en ellas cuando me la chupaban a mí.

–Ya está Mati, no quiero que acabes antes de que me la metan en el culo.

Celina había advertido esa ola de excitación extra que me había dado la situación. Vicky se puso tras de ella, dejó caer un hilo de baba en su cola que corrió por toda su raya.

Sin velocidad pero con firmeza fue metiéndoselo en la cola vi en los ojos de Celina dolor y placer.

–No pares, abrime toda la cola. Métela entera. Cójanme. Me duele. Seguí.

–Sos una puta hermana, nunca te vi así.

–Lléname de leche.

–Siento como el dildo te abre el culo y llega muy profundo.

–Me siento totalmente estirada y llena. Voy a acabar no pares. Quiero sentirte acabar dentro de mí.

–No voy a aguantar mucho más. Ahhh si, ahhh siii… ahí voy a acabar.

Empecé a eyacular dentro de ella, mi verga daba tirones cada vez que escupía semen dentro de su concha. Al estar abajo después de acabar, no podía salir. Mi mujer seguía martillándole el culo a mi hermana. Ella estaba disfrutando de un orgasmo larguísimo. La vía cerrar los ojos y apretar los dientes, seguía empujando con su cola hacia atrás forzando la penetración. Mi pene empezó a decaer y sentí como la leche y su humedad me caían sobre mi pelvis. Sus movimientos crecieron y mi verga se salió del todo de adentro de ella. Un par de movimientos más y al final se dejó caer sobre mí, extasiado, agotada y con todos sus músculos ahora en reposo era un peso muerto sobre mí.

Giré sobre ella y la dejé apoyada sobre su espalda. Me incorporé y fui a besar a mi mujer, mientras lo hacía le saqué el cinturón con la pija de goma.

–Esto ahora no lo vas a necesitar más.

Se tumbó boca arriba al lado de mi hermana, que acostada en posición fetal nos miraba extasiada. Le saqué su bombacha y empecé a besarle los muslos hasta llegar a la unión con su pelvis. Allí saqué mi lengua y lamí sus labios de afuera hacia dentro disfrutando de su sabor. Ella separaba sus piernas facilitándome el acceso a su clítoris que ya se destacaba coronando su vulva. Lo lamí, lo babeé, lo mordí suavemente y sentí como ella acababa por primera vez.

Me tomó la cara y me hizo subir hasta su boca.

–Quiero sentir mi sabor en tu boca. Metemela despacio y háblame al oído.

En una posición clásica de misionero, Vicky abría sus piernas y me apretaba con sus piernas cruzadas en mi espalda. Mi penetración fue lenta, no tenía del todo parada la pija. Pero al sentir su calor y humedad, se volvió a poner tiesa.

–Me encanta como te mojas cuando cogemos. Me encanta verte a la cara y descubrir tu placer. Te amo.

–Sos el mejor, logras que me moje toda. Lograste que olvidara a tu hermana y te desee a ti.

Seguía penetrándola cada vez más fuerte y ella levantaba la cadera buscando mayor profundidad. No tenía fin. Sabía que iba a demorar en acabar. No me importaba porque ahora la que tenía que disfrutar era mi mujer.

En ese momento mi hermana le giró la cara y quedaron frente a frente. Yo seguía penetrándola.

–Vicky, sos hermosa y quiero que disfrutes mucho. Pensá que soy yo la que te está penetrando. Siempre me lo pediste, ahora lo estoy haciendo. Así bien profundo, como a vos te gusta, así, así otra vez (coordinaba mis penetraciones con sus palabras) pero esta vez va a ser distinto, esta vez te voy a llenar de leche. Lo deseas y lo voy a hacer, sentí como te abro la concha.

La besó, largo y profundo. Noté como mi mujer acababa con fuerza, el orgasmo hacía que se sacudiera. Yo tampoco aguanté y me vacié dentro de ella y mirando como mi hermana le pasaba la lengua por sus labios.

En ese momento descubrí nuevamente lo hermoso que era el trío con ellas dos, como nos ordenábamos sin necesidad de hablarlo. Cada uno de nosotros buscaba el mayor placer del otro.

¿Es este el mejor momento de mi vida?

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