Hola, soy Raúl, profesor de primaria. Tengo una novia joven, hermosa y sumamente ardiente a la que llamaré Brenda. Hoy les cuento lo que sucedió hace unos meses cuando decidimos ir a comer a la CDMX desde el Estado de México.
Abordamos el metro en la estación Cuatro Caminos (Toreo) en plena hora pico. El vagón venía a reventar y, conforme avanzábamos, se llenaba aún más. Brenda lucía espectacular: una falda arriba de las rodillas, una blusa con ligeras transparencias y ese aroma a perfume y piel limpia que marea a cualquiera.
Debido a la multitud, Brenda venía pegada a mí, de frente. Detrás de ella, un muchacho de unos 25 años quedó atrapado por la marea de gente, literalmente fundido al hermoso culo de mi novia. Con el vaivén del tren y los frenazos, el desconocido terminó apretando su pelvis contra el firme culo de Brenda. Noté cómo ella dio un pequeño respingo al sentir esa verga erecta presionando su falda. Se puso roja de inmediato.
—”¿Estás bien, amor?”— le pregunté al oído.
—”Sí… es que la trae bien parada y me la está empujando… ahhh, está dura y rica”— me susurró, buscando mi mirada.
—”¿Te gusta sentirlo?, ¿verdad? Disfrútalo, golosa”—. siii, está sabrosa y se empujó un poco hacia atrás para sentirla mejor. Amor eres bien puta y caliente…
Al ver que tenía “pase libre”, el muchacho se envalentonó y la tomó de la cintura para controlar mejor sus arrimones. Brenda, lejos de apartarse, restregaba su trasero contra el bulto del desconocido con un vicio evidente.
—”¡Qué rica verga tiene!”— … ahhh, deliciosa… ahhhh está bien firme me decía al oído mientras él ya le masajeaba un pecho por encima de la blusa y le besaba el cuello. Mi novia empezó a gemir un poco más fuerte mientras avanzábamos por las estaciones del metro, los demás pasajeros, sumergidos en su rutina, ni se enteraban del festín que se estaba dando mi mujer.
—”Quiero que me coja, amor… me tiene ardiendo”—.
—”Invítalo”— le respondí.
Él asintió de inmediato. Bajamos los tres en San Antonio Abad, agarre de la mano a mi novia y él nos siguió, ahí estábamos en la costera de Tlalpan, a punto de entrar a un hotel con mi novia vibrando de deseo por el arrimón cachondo que le acababan de propinar dentro del metro. La recepcionista no pudo evitar mirarnos con asombro al imaginar lo que dos hombres le haríamos a esa güerita tan encendida.
Ya en la habitación, con unas cervezas para el calor, el invitado se presentó: —”Soy Rogelio, estudio ingeniería y es un placer conocerlos”.
Brenda lo saludó con un beso en la boca.
—”El placer es mío, Rogelio… se ve que tienes un pitote grandioso”
—Y tú tienes un rico y hermoso culo tienes señora bonita….
Se sentaron en la cama conmigo a un lado. Brenda, impaciente por ver lo que había sentido en el metro le bajo el pantalón y el bóxer juntos hasta caer a sus pies, salto una verga semi erecta de buen tamaño, mi novia tomo ese mástil entre sus manos y lo empezó a masturbar, empezando a adquirir con sus caricias su máxima extensión, lo acerco a su boca y le dio besitos por todo el glande y tallo hasta llegar a sus huevos, luego se lo empezó a mamar en forma… tratando de meterlo lo más profundo que podía, disfrutándolo, poniendo ojitos en blanco, yo a un costado con la verga de fuera masturbándome viendo como mi novia mamaba como un becerrito hambriento esa vergota.
—”Vengan, quiero las dos vergas en mi boca”— pidió Brenda. Alternaba entre la mía y la de Rogelio, saboreando el “chocolate” con un vicio que me volvía loco, que ricas y duras vergas me estoy comiendo… ahhh, asii….
Rogelio la puso de pie, le quitó la blusa y el bra, dejando sus pechos con los pezones apuntando al cielo. Luego, se inclina y desabrocha su falda que cae al piso, con los dientes, le bajó el hilo hasta que ella quedó solo en sus zapatillas de punta que hacen que sus piernas luzcas macizas e imponentes.
La lleva a la cama y la recuesta boca arriba… se abalanzo sobre las tetas de mi mujercita como un hambriento, mientras ella me chupaba la verga a mí, él mordisqueando sus pezones endurecidos mientras ella gemía mi nombre y el de él en una mezcla de placer y exhibicionismo. Luego bajo a su “papaya” húmeda, dilatada y la devoró, recorriendo desde su ano hasta el clítoris, mordisqueando sus labios mayores y menores abiertos como una flor, la penetro profundamente con la lengua. Brenda se arqueó, convulsionando en un orgasmo violento que salpicó el rostro del estudiante. —”¡Ahhh, qué rico! ¡Me vengo!”— gritaba ella.
Brenda continúo mamándome la verga como borreguita, sin darle respiro Rogelio puso las piernas de ella en sus hombros y le dejo ir toda su verga de un solo empujón, Brenda pego un grito de placer al sentirse toda invadida en su intimidad, él la empezó a penetrar salvajemente chocando sus cuerpos intensamente, mientras casi se atragantaba conmigo.
Luego cambiamos de posición, mi mujer se puso en cuatro (de perrita) poniendo a nuestra disposición su hermoso culo y papaya bien abierta, la tome de la cintura y la penetre de un solo envión, mientras Rogelio la tomo del cabello y se la metió por la boca, se la cogió literalmente por la boca, con intensidad haciéndole una “garganta profunda”, por momentos hacia arcadas, pero lo disfrutaba en gran manera… ahhhh, que ricas vergotas me estoy comiendo, asiii, denme másss… que ricooo.
Luego de un rato muy intenso y que los tres sudábamos copiosamente por el esfuerzo y placer grupal, mi mujer pidió a Raúl se acostara y se subió en él, acomodo su verga en la entrada de su papayita dilatada y de un solo sentón se la enterró hasta los huevos, ahhh que rica la tienes, lo cabalgo un buen rato, hasta parecían que se iba a romper de lo intensa cabalgada que le dio, luego se detuvo, paso las manos por atrás, abriendo sus nalguitas y me dijo: papito clávame mi culito, los quiero sentir a los dos…. Empujé mi verga en su ano y la empalé completamente. Brenda bramaba de placer al sentir nuestros pistones bombeándola de forma sincronizada hasta que se vino por completo, perdiendo casi el sentido.
La dejamos descansar un poco, fui por las cervezas y se las ofrecí a cada uno, unos sorbos… me sorprendió lo rápido que mi mujer se recuperó y empezó a besar a Rogelio de lengüita, Rogelio: que deliciosa dama tienes amigo, caliente y muy golosa… él bajo a darle de nuevo lengua a la papayita abierta de mi putita, ella no se conformó, le pidió que se recostara boca arriba y se subió sobre él para mamársela, ofreciéndole al mismo tiempo su papaya mojada y dilatada.
Se trenzaron en un increíble 69, disfrutando del sabor de sus sexos al máximo, la habitación se llenó de sonidos, gemidos y aromas a sexo puro, yo con mi cerveza en una mano y mi verga en la otra disfrutando del espectáculo porno particular que me está brindando mi putita que me miraba con ojos de lujuria, de complicidad, mira amor que rica verga estoy devorando… ahhh, esta dura y deliciosa, mira cómo me come mi papaya este cabrón… asiii… ricooo.
Finalmente mi mujer se sentó encima de él y de un sentón se tragó ese pitote, lo cabalgo cual amazona, se oían sus gritos de placer por todo el hotel, luego llego intensamente a un orgasmo de gran duración, ahhh, así… me vengo… que deliciaaa, échamelos adentro… él acelero sus empujones y él la llenó de leche profundamente mientras yo explotaba en mis manos, salpicando la alfombra.
Ambos quedaron respirando profundamente, Brenda se recostó en su pecho un momento, luego se dieron de besos profundos, mi novia limpió la verga de Rogelio con la boca, lo despidió con un beso y él le dejó su número en la cama por si queríamos repetir. Luego vino hacia mí para dejarme limpio también.
Amor que bárbara, no tienes llenadero, eres una putita caliente, por un arrimón te cogieron. Brenda: ¡pero te gusto verme amor! Te encanta ver cómo se cogen a tu mujercita… me encantas cornudito mío.
Me agarro de la verga y nos dirigimos al baño, nos refrescamos y continuamos nuestro paseo para ir a comer…
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