Carmen, la madre de Pedro y yo

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Mi hijo pequeño seguía firme en su idea de llevar a la familia de su amigo Pedro al incesto, y uno de los pasos era emputecer a su madre, que ya se había follado a mis dos hijos, yo debía de conducirla hacia el lesbianismo, así que acordamos que una tarde yo la invitaría a ir de compras, y luego la llevaría a casa, donde debía culminar la tarea, la llamé y la invité, acepto y tras pasar la tarde de compras la invité a venir a casa, para poder seguir conversando de nuestros hijos ella aceptó, y la llevé a mi casa donde como mis hijos y yo habíamos previsto íbamos a estar las dos solas.

La hice pasar a la cocina, ya era junio y hacia calor, yo me dispuse a ofrecerle una macedona de frutas, y mientras la preparaba nos pusimos a conversar de nuestros hijos, ella me dijo que mis hijos eran muy atractivos, yo pensé que ella que se los había tirado lo sabría bien, y yo le dije que su Pedro también, y yo sí me lo había tirado, jajá, pero eso no se lo dije.

Con la excusa del calor yo me desabroché el vestido dejando buena parte de mis tetas a la vista, ella por su parte se alzó el vestido dejando al descubierto buena parte de sus piernas, al ir a servir la macedonia me decidí a lanzarme a al ataque, llevé mi boca hasta la suya y nos besamos, fue un beso divino, ella enseguida me abrió su boca y nuestras lenguas se juntaron, pero cuando terminamos ella me dijo, con voz muy floja y sin convicción el típico:

-Querida yo no soy lesbiana.

Le respondí que yo tampoco, que solo se trataba de una gesto de amistad, era una mala excusa, pero la aceptó y nos volvimos a besar, ella se puso de pie, yo llevé mi mano hacia su culo y mientras se lo alzaba poco a poco su vestido hasta dejárselo por encima de la cintura, ahí pude comprobar que llevaba un tanga de color oscuro y dimensiones muy reducidas.

La hice darse la vuelta y ponerse de espaldas a mí, mientras le seguía alzando el vestido, me puse a sobarle las tetas, las tenía muy grandes y apetecibles, se las acaricie y le dije lo mucho que me gustaban, finalmente la quité del todo el vestido, resulta que no llevaba sujetador y se quedó, solamente con el tanga, llevé mi mano hacia el y me puse a acariciarle el coño por encima del tanga, ella me pidió:

-Por favor que mi hijo no se entere de esto.

-Por supuesto, dije, yo, lo mismo te digo de los míos.

La verdad es que no sabía si nos estaban mirando, o yo se lo contaría pronto, pero desde luego se iba a enterar, jajaja, mis palabras la tranquilizaron, aproveché la ocasión para arrodillarme ante ella, y sacando mi lengua me puse a lamerle la zona de su tanga encima de su coño, ella se relajó y comenzó a gemir, pero al poco me pidió:

-Quiero experimentar contigo, déjame hacerte.

Parecía que aprendía rápido y antes de que me diera cuenta ya me había quitado el vestido, dejándome en ropa interior, me hizo sentarme sobre la encimera y se puso primero a acariciarme las piernas, mientras me decía:

-No me extraña que mi hijo diga que estas muy buena.

Y mientras decía esto apoyó su cabeza sobre mis tetas y estuvo así un momento, pero no tardó en lanzarse sobre mu sujetador, mi me sacó las tetas de él, a continuación, se puso a chupármelas mientras me decía:

A mi hijo le gustaría estar en mi lugar.

Ya lo había estado, pero desde luego la madre las chupaba divinamente, yo me estaba muy caliente y ella se debió de dar cuenta, porque se arrodilló ante mí, primero me quitó el tanga, y luego sacando su lengua se puso a comerme el coño, se le notaba que no tenía mucha técnica, pero lo compensaba con las ganas que ponía, me estaba volviendo loca de gusto. El asunto es que la muy zorra me hizo correrme.

Pero yo no estaba dispuesta a que el asunto terminara así, me arrodillé ante ella y me puse a lamerle el coño, ella comenzó a gemir y me dijo:

-Nunca pensé que una mujer pudiera dar tanto placer, lo hare contigo siempre que quieras, solo te pido una cosa, que mi hijo no se entere.

No la respondí, seguí lamiéndole el coño hasta que se corrió, en ese momento me levanté, y mientras separaba las piernas, para que nuestros coños entraran en contacto, lo mismo pasó con nuestras bocas, ella dijo:

-Espero que este sea nuestro secreto.

Tras un momento de descanso, llevé mi boca hasta la suya y la besé, nuevamente, después acaricie sus tetas, y dándome cuenta de que estaba ya más desinhibida, la pedí que pusiera una de sus piernas encima de la encimera, mientras mantenía la otra en el suelo y apoyaba su cuerpo sobre este mueble.

Cuando lo hizo me puse de rodillas y llevando mi mano hasta su coño introduje uno de mis dedos en su interior, nuevamente ella se puso a gemir, yo seguí con mi dedo en su interior, mientras con mi boca besaba los cachetes de su culo y con mi lengua lamia la zona que iba de su culo a su coño y viceversa, nuevamente logré que se corriera.

En ese momento yo me levanté y ella dejó de apoyarse en la encimera y vino hacia mí y dándome un beso en la boca, me expresó la felicidad que lo que estábamos haciendo le proporcionaba, me empujó un poco hasta hacerme apoyarme contra los muebles de la cocina, y llevó una de sus manos hasta una de sus tetas y se puso acariciármela, llevó la otra hasta mi coño e introdujo en mi interior y comenzó a masturbarme, era algo muy delicioso.

Algunas veces dejaba su lengua fuera de mi coño y metía su dedo, con lo que a mi coño no le faltaba algo que le diera placer, y mientras me lo hacía, decía:

-Si nuestros hijos supieran lo que hacemos pensarían que solos unas putas.

Los míos sabían lo que su madre hacía, y sus palabras me hacían desear que muy pronto su hijo supiera, y disfrutara de lo puta que era su madre,

Al poco se colocó detrás de mí, y llevó sus labios hasta los míos mientras me decía:

-Eres maravillosa, me estás haciendo gozar más de lo que nunca me ha hecho gozar mi marido.

Ella a mí también me estaba haciendo gozar muchísimo, y no tardó en provocarme un nuevo orgasmo, en ese momento yo le sugerí:

-¿Qué te parece si continuamos conociéndonos en el sofá?

A ella la idea pareció encantarle y cogidas de la mano nos encaminamos hasta el sofá, al llegar allí ella se sentó y yo consideré que mis deberes de anfitriona incluían hacer sentir muy bien a mi invitada así que, tumbándome en el sofá, boca abajo, llevé mi boca hasta su coño y comencé a lamérselo, esta vez su sabor no se si influido por las veces que se había corrido me pareció aún más sabroso. Seguí comiéndoselo hasta que se corrió, tras ello, ella me hizo levantarme y me tumbó en el sofá, después me beso las tetas y me dijo:

-Gracias, amor, por demostrarme lo maravilloso que pude ser el sexo entre mujeres.

Me tumbó en el sofá, me hizo abrir bien las piernas y se puso encima de mí, de manera que mi coño entro en contacto con el suyo, mientras no dejábamos de besarnos y ella me repetía constantemente, cuanto me quería. La dejé hacer durante un rato, pero después, le pedí que se pusiera de rodillas, con las manos apoyadas sobre el respaldo del sofá, me puse detrás de ella, y besé su cuello, mientras con mis manos acariciaba su cintura, después me tumbé boca abajo y comencé a besar los cachetes de su culo y la zona de su coño, al cabo del rato, me senté en el sofá y la hice sentarse en mis rodillas, ella acercó su boca a la mía para besarme, yo llevé una de mis manos hasta su coño y me puse a acariciárselo, notaba que le gustaba y sin dejar de acariciárselo le pregunté:

-¿Le has sido infiel a tu marido?

Ella me confesó que sí, que lo había hecho con un par de jovencitos, lo que la muy zorra se calló es que eran mis hijos, jajaja, yo le dije que yo también, pero de momento le oculté que entre mis yogurines estaba su hijo, jajaja, eso si le dije que tenia varias amigas con las que jugaba y que le podía presentar a alguna de ellas, ella me tumbó sobre el sofá y me besó nuevamente.

Después las dos nos quedamos sentadas en el sofá, ella me acarició u me dijo:

-Te adoro, quiero que me enseñes muchas cosas.

En ese momento creo que ella no intuía, ni mucho menos hasta donde la iba llevar yo, pero eso sería más adelante, se lanzó a chuparme las tetas, aunque no tenía experiencia lo hacía muy bien. Al rato yo la empujé un poco hacia atrás y la hice sentarse sobre el sofá con sus manos, detrás de ella, apoyadas sobre la superficie de este, me incliné hacia ella y besé sus tetas, después la hice quedarse tumbada, abrí bien sus piernas, y llevando mi lengua hasta su coño me puse a lamérselo, ella se puso a gemir, yo le pregunté:

-¿Tu marido no te hace esto?

Ella me confesó que no, que solo sus dos yogurines le habían hecho esto, y que la encantaba, pero que yo se lo estaba haciendo mejor, me encantó oírselo decir tanto porque le gustaba lo que yo le hacía como por el hecho de que eran mis niños los que la habían hecho experimentar cosas nuevas.

Mientras pensaba esto con mi boca seguía disfrutandllevé mior de su delicioso coño, pero se me ocurrió una nueva cosa, la pedí que se pusiera a cuatro patas sobre el sofá y yo me puse también a cuatro patas, detrás de ella, llevé mi lengua hacia su delicioso coño, ese que llevaba disfrutando tanto rato y que esperaba seguir disfrutando muchas veces, ella al sentirme se puso a gemir nuevamente, oír como lo hacía me resultaba muy excitante, después decidí dejar de lamerla, y alzándome un poco sustituí mi lengua por dos de mis dedos.

Sus gemidos se hacían más intensos, lo que me hizo aumentar el ritmo al que se movían mis dedos, ella gemía de una manera cada vez más fuerte, hasta que sentí como se corría y los líquidos de su coño humedecían mis dedos.

Entonces fue ella la que me pidió que me pusiera a cuatro patas, encima del sofá y se colocó detrás de mí y me dijo:

-Ahora me toca a mí.

Primero metió su lengua dentro de mi coño y se puso a comérmelo, estaba aprendiendo muy deprisa, su lengua hacia verdaderas diabluras dentro de mí, dándome un placer increíble, al rato paró e imitándome, metió dos de sus dedos dentro de mi coño, puede que fuera su primera vez con una mujer, pero desde luego sabía como masturbar un coño, la paja que me estaba haciendo era una verdadera obra maestra, yo gemía y ella dejando un momento de comérmelo, me preguntó:

-¿Te gusta que te haga una paja una mujer?

La hice un gesto afirmativo y ella siguió masturbándome, de repente paro y levantándose del sofá se puso de rodillas en el suelo, me pudio que me sentara con las piernas bien separadas, ella me introdujo un dedo dentro de mi coño para seguir masturbándome, pero tomó la idea de alternar su dedo con su boca y me siguió aplicando el tratamiento hasta que, me provocó un orgasmo de campeonato.

Descansamos un poco, creo que en el ánimo de las dos estaba el seguir disfrutando hasta que nuestros cuerpos no pudieran más, o el tiempo nos obligara a parar. tras recuperarnos, ella me hizo tumbarme sobre el sofá y me dijo:

-Me he enamorado de ese coño, y quiero seguir comiéndomelo hasta que mi lengua no de más de sí.

Y nuevamente arrodillada en el suelo se puso a comerme el coño, parecía aprender a cada minuto, cada vez lo hacía mejor, y consiguió provocarme otro orgasmo, después, con una sonrisa en su boca me dijo:

-Me encantaría seguir conociendo tu casa.

Así que la llevé hasta mi cuarto, al entrar ella abrazándome me dijo:

-¿Este es el sitio donde follas con tu marido?

-Con él es con quien menos follo, querida, le respondí, y el que peor lo hace

-Te entiendo cariño, desde que descubrí lo que era follar con yogurines, creía que era el no ca más, y haciendo una pausa, añadió, hasta hace un rato.

No era cuestión de seguir hablando mientras podía hacerse otra cosa así que la tumbé sobre la cama, y me puse encima de ella, nuestros coños se juntaron, la besé otra vez en la boca, mientras ella me rodeo con sus piernas y la dije:

-Cariño, bienvenida a mi nido del amor.

Quería darle un recibimiento adecuado, así que primero poniéndome a la altura de su coño se lo acaricie, y después introduje, uno de mis dedos en su interior, nuevamente comencé a oírla gemir, parecía que me estaba haciendo adicta a sus gemidos, y mientras hacía esto llevé mis labios hasta sus tetas, se las bese y se las chupé.

Después le introduje otros dos más de mis dedos dentro de su coño y seguí haciéndole una paja, pero ella me pidió que parara y que me pusiera a cuatro patas, cuando lo hice se puso a cuatro patas detrás de mí y sacando su lengua comenzó a lamerme la zona que va desde el coño al culo, aunque paró un momento para decirme:

-Siempre serás mi diosa, la mujer que me ha llevado a un mundo de placer que no había pensado que existiera.

Y después siguió lamiéndome, ella si que me estaba llevando al éxtasis, luego me hizo darme la vuelva y centró su lengua en la zona de mi coño, decididamente, yo había creado un monstruo del sexo, pero al rato me dijo:

-Mi amor, tengo ganas de ponerme debajo.

Se tumbó en la cama y yo me puse de rodillas encima de ella, sacó su lengua y se puso a seguir comiéndome el coño, pero sentí, aunque no podía verlo como ella metía uno de sus dedos dentro de su coño y comenzaba a masturbarse, pero pasado un rato se me ocurrió una idea:

-Cariño, ¿Hacemos un sesentainueve?, le propuse.

Ella aceptó, pero me pidió que me pusiera yo debajo, lo hice y ella se colocó encima mio en posición invertida, después, de manera casi simultánea cada una se puso a comerle el coño a la otra, eso era como descubrir el cielo, ella saboreaba mi coño como si fuera un postre muy apetitoso y yo, definitivamente me había enamorado de su coño y quería hacerle gozar a tope, y mi experiencia se impuso, ella fue la primera en correrse, pero no por ello se rindió, sustituyó su lengua por sus dedos dándome un placer increíble, logrando que, una vez más, me corriera, después nos besamos apasionadamente. En ese momento yo le dije:

-Eres mi invitada, y mi alumna, creo que debo darte un premio muy especial por lo que estas aprendiendo.

Me bajé hasta su coño y comencé a acariciárselo, mientras le decía:

-Cariño, ¿No te parece que el sexo es muy especial? Algo que debemos de hacer con quien nos apetezca y cuando nos apetezca, sin importarnos los prejuicios sociales.

-Llevas razón profe, el asunto es follar bien, sin importar con quien.

Me pareció un buen razonamiento, aunque de momento no era seguro que estuviera dispuesta a aplicarlo con su propio hijo. Pero como se merecía un premio por ello seguí acariciándole el coño, y fue ella quien me dijo:

-Lo del sesentainueve me ha parecido alucinante, perol siento que con una vez no es bastante, quiero seguir experimentándolo contigo-

Yo también tenía ganas de hacerlo con ella, así que esta vez la hice ponerse debajo y yo me puse encima de ella en posición invertida, y como hacia un rato cada una introdujo su lengua en el coño de la otra y nos dedicamos a reposarnos cada centímetro de nuestro sexo, para darnos el máximo placer posible, ella volvió a demostrarme que aprendía rápido, las dos nos estábamos dando un placer inmenso, y así no tardamos en corrernos de una manera casi simultánea.

Tras volver hacer un pequeño descanso, nos pusimos de rodillas sobre la cama, ella llevó sus manos hacia mis tetas y me dijo:

-Te lo vuelvo a decir, no me extraña que mi hijo esté loquito por ellas, son preciosas.

Yo le devolvía el favor y llevé mi boca hacia los suyos y sacando mi lengua me puse a chupárselos, luego ella me dijo:

-Quiero darte una vez más las gracias, de una manera muy especial.

Me hizo tumbarme sobre la cama se colocó con su boca a la altura de mi coño, y añadió:

-La verdad es que no se como me las he podido apañar hasta ahora para vivir sin comer ningún coño y desde luego no pienso vivir sin comerme muchos y el tuyo siempre será muy especial para mí.

Y diciendo esto introdujo su lengua dentro de mi coño y se puso a lamérmelo, parecía que su capacidad de aprender no tenía límites, había creado un verdadero monstruo come coños, y era maravilloso.

Alcé las piernas para facilitarla su labor mie tras ella seguía comiéndome el coño, estábamos viviendo una situación alucinante. De esta manera volvió a lograr que me corriera, después yo me incorporé y le dije:

-Cariño, por ser tan buena alumna te mereces un premio muy especial.

La hice tumbarse boca abajo, yo se senté sobre la cama y con mis manos me puse a acariciarle el culo, la verdad es que lo tenía muy bello, después introduje dos de mis dedos en el interior, y me puse a masturbarla, ella gemía de gusto, las dos éramos inmensamente felices.

A continuación, volví a lanzar mi lengua sobre la superficie que unía su maravilloso culo con su divino coño, estuve lamiéndoselo hasta que nuevamente ella se corrió.

Después ella fue a levantarse de la cama, e incluso puso una de sus rodillas derechas, pero yo no me cansaba de verla, y quería un poco más, aunque sabía que nuestro encuentro no se podía demorar mucho más, ella me dijo:

-Mi amor no tienes bastante.

Creo que la expresión de mi cara la dijo que no, me tumbó nuevamente sobre la cama, y llevando su boca hacia mis tetas, dijo:

-Espero seguir disfrutando de ellas mucho más tiempo.

Y llevando su lengua hacia esa parte de mi cuerpo volvió a lamérmelas, era delicioso. Pero las dos sabíamos que debíamos por dar por terminado nuestro encuentro, las dos teníamos ganas de repetir, y yo además tenía muchas ganas de que mi nueva amiga accediera a tener sexo con sus hijos.

Ella se vistió y se marchó, yo también me vestí, mis hijos estaban al llegar, no hubiera estado mal a ver tenido una sesión de sexo con ellos, pero su padre y su hermana también estaban al llegar y ellos, sobre todo mi marido aun no estaba dentro de nuestro círculo.

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