Hola nuevamente, tu leona favorita, Verónica, mejor conocida como Ishtar Flores. El día de hoy te traigo otra rica experiencia sexual contada a través de un excitante relato. Espero que lo disfrutes y gracias por el apoyo.
Aquella mañana me bañaba. No había nadie en casa. Sin embargo, mi hija menor estaba por venir y había decidido acompañarla al doctor. Mientras me duchaba, acariciaba mis labios vaginales y pechos. Un gemido escapó de mi cuerpo mientras mis fluidos salían.
Estaba tan sumida en mis pensamientos, aunado a la música de mi cuarto, que no escuché cuando se abrió la puerta del departamento.
—¿Me invitas? —dijo una voz varonil mientras corría la cortina de la ducha con una sonrisa provocadora.
Yo me sobresalté porque no había escuchado entrar a nadie. Al darme la vuelta vi allí desnudo, a mi yerno, el novio de mi hija mayor (tenía las llaves de mi hija), y su tremenda verga erecta. No pude evitar una media sonrisa.
—Claro que te invito —le dije de manera seductora—, pero apúrate, que ya no tarda mi Ana Gabriela en venir.
Acarició lentamente mi cuello, bajando por mi pecho y llegando a mis tetas. Comenzó a mamar como un bebé recién nacido. Pegó su cuerpo desnudo al mío y tomé su verga y comencé a masturbarlo. Con su otra mano bajaba muy lentamente por mi cuerpo, acariciando mi espalda y mi abdomen.
Estando de frente, comenzamos a coger. Sonaba muy rico cómo chocaban nuestros cuerpos mientras el agua caía sobre nosotros. Comenzaba a penetrarme suave y nos abrazábamos mientras aquel miembro que penetraba a mi hija también lo hacía conmigo. Le arañaba la espalda como señal de que lo estaba haciendo bien.
Después de unos instantes recogí mi cabello en forma de chongo.
—Uff, cómo me encanta ese peinado, mamasota —dijo mi yerno.
Me hizo hincarme y comenzó a meterme su enorme miembro. Mientras sentía ahogarme con aquel pene y el agua, vi cómo su líquido seminal comenzaba a salir.
Me levantó y me volteó contra la pared y comenzó a penetrarme analmente. Yo me sostenía muy duro para no resbalar.
—Sí, amor, métemela más. Me encanta. Qué rico, qué buena verga tienes.
Tener a mi yerno desnudo, penetrándome analmente en la ducha, hacía que descargas eléctricas de placer quebraran mis piernas. Sus dedos hundidos en mi vagina, su verga en mi ano, su boca mordiéndome el cuello, para después pasar sus manos a jalarme con fuerza para que la penetración fuera más fuerte, hizo que gritara, que posiblemente se escuchara hasta la calle.
—¡Aaa!
Sentí desvanecerme al tener un rico orgasmo. Del placer mordí mis labios y los sangré, y por detenerme duro me rompí una uña.
—Qué verga de burro tienes, yerno.
Y me volvió a embestir.
—Gracias, amor.
Después me empezó a enjabonar mi zona íntima y mi ano. Asimismo enjabonó su vergota para después penetrarme. El jabón hacía que resbalara más rápido su pene. Estaba muy extasiada. Quería sentir que me taladrara más rápido, que me embistiera con fuerza, así que me giré y le di la espalda, pero ahora me incliné un poco. Rápidamente entendió el mensaje y me introdujo su fierro de carne ardiente en mi ano como si quisiera despedazarlo.
Después me volteó y nuevamente me penetró vaginalmente, recargándonos en la fría pared. Y fue ahí cuando se vino en mí.
—¡Aaa!
Una gran descarga de semen inundó mi vagina y escurrió por mis muslos mientras nos besábamos ardientemente. Su pene perdió su virilidad.
Y comenzó a enjabonarme, muy tierna y morbosamente. Me lavaba mi vagina y ano. Yo regresé el favor y le lavaba su pene, echaba su prepucio atrás y lavaba aquel miembro cabezón.
Nos besamos por un rato bajo el agua caliente mientras él metía sus dedos en mi vagina. Lentamente fui bajando hasta mis pechos y empezó a lamerlos y morderlos.
—¡Qué buenos senos tienes, suegra!
Casi no podía desprenderse de ellos, pero siguió su camino hasta llegar a mi vagina bien afeitada y depilada. Allí comenzó a meter su lengua en mis labios vaginales y degustar la vagina de su suegra.
Yo, mientras tanto, comencé a gemir y a suspirar de placer. De repente empecé a gritar y una gran cantidad de líquido salió de mi vagina. Había tenido un genial orgasmo y el culpable era mi yerno.
Me pidió que me reclinara sobre una de las paredes de la ducha. En esa posición, mis labios vaginales quedaban perfectamente expuestos para sus propósitos. Con cuidado fui penetrada, sintiendo cómo su pene se abría camino por ese lugar, abriéndome al máximo. Yo gemía y gritaba tanto por el placer que mi amante me besó para callar mi placer.
Mi celular sonaba, pero no me importaba. Empecé a temblar, señal de que venía otro orgasmo. Así que, para terminar juntos, aceleró su ritmo y, como sintiendo una descarga eléctrica, comenzó a eyacular dentro de la vagina de su suegra mientras un orgasmo la devoraba.
—Señora Verónica, cómo la amo. Es una diosa. Mi amor, nunca me voy a cansar de cogerte.
Quedamos extasiados por unos instantes. Al recuperar la cordura, salió del baño, se secó con una toalla y se despidió con un beso apasionado. Yo revisé: era el celular de mi hija. Ya no terminé de bañarme bien y dejé los fluidos de mi yerno en mi cuerpo. Me vestí rápidamente y acudí con mi hija.
Este breve relato, pero exquisito, es una de las tantas experiencias que tengo. Espero que lo hayas disfrutado. Besos de tu milf favorita, Ishtar. Aún tengo muchas experiencias sexuales que contar a través de ricos relatos. Besos.
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