Como le digo a mi sobrino que me cogí a su esposa

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El fallecimiento de un familiar siempre reúne a la familia más lejana, este era el caso, me llamo Samuel vivo en Estados Unidos desde hace muchos años, tengo 65 años, soy jubilado y soy viudo, mi esposa falleció hace algunos años y llegué a mi pueblo natal por el fallecimiento de mi hermano, mi sobrino el hijo de mi hermano es un buen muchacho aunque nos hemos visto pocas veces siempre nos hemos llevado bien, nunca ha habido problemas o alguna situación extraña, por eso acepté quedarme en su casa por un par de semanas para ver lo del fallecimiento de mi hermano y todas las cosas que salen en una situación así.

Le había pedido a mi sobrino que fuera por mí al aeropuerto, debió a la situación tuve que tomar el primer avión que encontré para México, llegué a las 2 de la mañana y mi sobrino ya me esperaba, el camino a su casa transcurrió bien, platicábamos para no quedarnos dormidos, reíamos y recordábamos viejos tiempos, al llegar a su casa mi sobrino se ofreció bajar mis cosas, solo eran un par de mochilas que llene como pude al salir de prisa de mi casa, al entrar a la casa, Karina su esposa estaba en la sala dormida, tal vez se quedó en vela esperando a que llegáramos, cuando la vi… miles de pensamientos sucios y traicioneros invadían mi mente…

Ahí estaba ella acostada en el sillón, una mujer muy joven, llenita, grandes caderas, el camisón color salmón que traía puesto dejaba mucho que ver, esas nalgas enormes y sus muslos anchos me ponían mal, enseguida mi sobrino… la despertó y ella se levantó aún ebria del sueño, cuando se levantó se dejaron ver un par de tetas enormes y hermosas, ese camisón apenas si las podía mantener cubiertas, no hubo tiempo de saludos, mi sobrino enseguida la llevó al cuarto y a mí al mío, esa noche me masturbe como hacía años no lo hacía de tan solo ver la silueta de Karina entre el camisón, tal vez fueron unas 3 o 4 veces las que me saqué la leche viendo una foto de ellos que estaba en el cuarto donde yo me quedaba.

El día siguiente mi sobrino salió a trabajar, me despertó el ruido que él hacía preparándose y moviendo sus cosas para salir de casa, me levanté y abrí un poco la puerta para ver si todo estaba bien, mi sobrino Roberto y Karina se estaban despidiendo en el pasillo de la entrada él la tomaba de las nalgas mientras se besaban, Roberto levantaba su camisón para meter las manos dentro de su ropa interior, esos besos y esas caricias me ponían caliente, cerré la puerta y me acosté un rato más para olvidarme de ese deseo, pasó una hora y decidí salir del cuarto, Karina estaba en la cocina preparando el almuerzo, al verme sonrió y se acercó a saludarme…

“Buenos días tío Samuel, siéntete casi está el almuerzo”

Nos presentamos y ella me abrazó un poco de cortesía, pude sentir esos pechos grandes contra mi cuerpo, cosa que me ponía mal.

Tomé asiento y mientras muy disimulado leía el periódico también veía a Karina preparando el almuerzo, veía sus nalgas moverse de un lado a otro, la respiración me faltaba y la verga se me volvía a poner dura, pasó el almuerzo conversamos y reímos un poco, ella se pasó al cuarto, pasaron unos minutos, cuando la vi salir, se había puesto un vestido negro muy lindo, un poco escotado, pero para serles sincero cualquier escote le quedaría pequeño, yo la miré y casi babeaba de solo mirar esa bella y elegante silueta…

“Me dijo Roberto que lo llevara al funeral, después de almorzar”

Así fue llegamos al funeral, saludé a viejos familiares y le recé un poco a mi hermano, esa misma tarde tendría que ser sepultado así Karina muy linda me acompañó durante todo el día y toda la tarde, aunque triste por la muerte de mi hermano no podía dejar de buscar a Karina con la mirada, no podía dejar de ver esa deliciosa figura…

Eran las 6 de la tarde y todo el jaleo del funeral ya había pasado, cada quien se iría a su casa a descansar después del cementerio, para agradecer a Karina la invité a cenar, le pedí que ella eligiera el lugar, al principio no quiso y se apenó por eso, sin embargo mi insistencia la convenció, fuimos a un pequeño restaurante que estaba en una pequeña plaza comercial, la cena transcurrió bien, sin mayores novedades, decidimos ir a dar un paseo por la plaza, me dijo…

“Tío le molesta si lo dejo un poco, iré a ver a una amiga que trabaja aquí cerca”

“Con gusto hija, yo aquí te espero”

Ella se fue con su amiga mientras yo daba una vuelta en la plaza, vi un collar hermoso en una joyería, era una cadena de oro con un dije de zafiro rojo que brillaba maravillosamente, quería verlo en el pecho de Karina, quería ver esa joya entre esas enormes tetas, no me sobra el dinero, pero si me puedo dar ciertos lujos, lo compré de inmediato y no le dije nada a Karina, cuando ella regresó subimos al auto y nos dirigimos a casa.

Ya estando en casa nos sentamos en la sala y comenzamos a charlar un poco, mi corazón se aceleraba y me ponía nervios como un adolescente, me sentía raro, pero se sentía bien, de pronto le dije…

“Karina ya estando tarde ¿y no ha llegado Roberto?”

“No se preocupe tío, Roberto tuvo que salir por su trabajo, estará un par de días fuera, me dijo que lo disculpara”

“No pasa nada hija, yo entiendo el trabajo, aparte yo estaré aquí un par de semanas, ya podremos hacer algo cuando llegue”

Ella se puso de pie, me dijo que fuera a descansar, que era tarde y nos veríamos mañana, ella se metió a su cuarto y yo me dirigí al baño, para lavarme los dientes y refrescarme un poco la cara, al salir del baño me topé con ella, tenía su camisón y unas toallas…

Cuando me miró avergonzada y sorprendida…

“¡Los siento tío! ¡No sabía que estaba ahí! Qué pena con usted que me vea así”

Yo babeaba pero lo único que pude hacer es reírme nervios e irme al cuarto, ella entró al baño aún apenada, deje que pasaran unos minutos y salí al pasillo, me puse de frente a la puerta del baño mientras escuchaba el agua cayendo, abrí la puerta y vi Karina con su bello cuerpo mojado, sus tetas enormes se reflejaban en el espejo mientras las enjabonaba, su vagina limpia y depilada, esas nalgas donde el agua caía por el medio y dejaba ver un ano color café claro delicioso, cerró la regadera y yo salí corriendo al cuarto con miedo a que me hubiera visto escabullirme por el pasillo, llegué a mi cama y me quedé en silencio hasta el sueño me ganó, toda esa noche soñé con ella, soñé con esas tetas y ese gran culo.

El día siguiente pasó tranquilo, mi sobrino aún no llegaría y yo solo quería estar lejos de Karina, me hacía más estar cerca de ella y en una casa sola, no quería comerte una barbaridad o una grosería.

Salí para distraerme y la noche me ganó, para no llegar con las manos vacías llegué a casa con algo de comida y una botella de whisky para mi, Karina estaba ahí en la sala viendo una película cuando le dije que había traído una cena, a lo que ella me respondió…

“Ya cené tío, pero si le acepto una copa de whisky”

Yo serví dos copas y comenzamos a beber y a charlar, una copa se hizo varias y el alcohol en nosotros ya empezaba a hacer efecto, recordé el collar de zafiro y fui corriendo al cuarto por el…

“Mira hija, me animé a comprarte esto, por lo linda que has sido conmigo, por abrirme las puertas de tu casa”

“¡Tío! Dijo ella asustada… eso es muy caro no puedo aceptar un regalo así, no no no, para nada”

“¡Anda hija tómalo! Se verá hermoso en tu cuello y tienes que aceptarlo”

Saqué la joya de su estuche y procedí a colorarlo en el cuello de Karina por su espalda, ella recogió su cabello y mientras yo colocaba la joya acariciaba su cuello con mis manos… me acerqué a su oído diciéndole…

“lo ves, se ve hermoso en ti” mis manos recorrían su cuello y sus hombros, masajeaba su espalda, ella cerraba sus ojos y parecía disfrutar del momento, mientras daba un trago al vaso con whisky, fue cuando decidí arriesgarlo todo… mis manos pasaron de su espalda a sus tetas, por fin masajeaba esas enormes tetas con mis manos, mientras ella solo soltaba pequeños pujidos.

Se levantó de pronto y solo dijo que necesitaba refrescarse, se dirigió al baño para lavarse la cara, salió un poco apenada y ya algo borracha por el whisky, sin decir nada se fue a su cuarto y cerró su puerta, me quedé unos minutos en la sala, pero supuse que no saldría más.

Me retiré al cuarto y me acosté sobre mi cama pensando si al día siguiente tendría algún problema, qué tal vez ella no me volvería a dirigir la palabra, me estaba ganando el sueño , mis ojos se cerraban cuando la puerta se abrió…

Era Karina con ese camisón que tanto me encanta, se acercó a mí y yo solo podía verla, no sé en qué momento ella se puso sobre mis piernas bajando mi bóxer, mi verga dura como piedra punzaba y se movía, sus dulces labios comenzaron a mamarme, movía su legua de un lado a otro, mientras masajeaba mis huevos con sus manos, de vez en cuando ella también lamía mis huevos, me masturbaba mientras lo hacía, pronto puso mi verga entre sus enormes tetas y comenzó a hacerme una tremenda rusa, nunca me habían masturbado de esa forma, sentir esas tetas suaves llenas de mi líquido mientras subía y bajaba me ponía loco, yo me retorcía del placer.

Estaba a punto de venirme cuando ella se detuvo, se postró sobre mí y tomó mi verga para acomodarla en la entrada de su vagina, se iba sentando lento y con calma mientras yo sentía como mi verga abría su interior húmedo y caliente, cuando entró por completo ella soltó un pequeño suspiro, se quedó quieta unos momentos mientras yo sentía como su vagina se contraía y se apretaba.

Yo no podía creerlo y trataba de contenerme para no venirme, tenía años sin probar una vagina, Karina empezó a moverse en vaivén sobre mí con una violencia y ganas locas, tomaba mis manos y las ponía sobre sus tetas, esos pezones de un ligero café claro se ponían duros con cada estocada de mi verga, cambio el ritmo y empezó a saltar sobre mí, esos enormes melones saltaban y se movían descontrolados mientras el zafiro rojo brillaba lleno de una combinación de sudor y líquido seminal, entre más se movía ella más gritaba, la cama también sufría con nuestra cogida, nunca me habían cogido de esa manera, está hermosa mujer me estaba usando como un gran juguete.

No pude aguantar más, empecé a sentir como mi leche empezaba a recorrer mis adentros, mi verga dura como piedra empezaba a soltar chorros de leche que llenaban los adentros de mi niña preciosa como la empecé a llamar, pronto su vagina ya era un mar de semen y líquidos, soltó un gran suspiro y me dio un beso con sabor a whisky, inmediatamente se quitó de mi ser y se sentó un poco a la orilla de la cama, cuando se levantó y sin decir nada se fue a su cuarto, en la parte de la cama donde ella se sentó, dejó la cobija mojada de esa deliciosa combinación…

No sé qué le diré a mi sobrino, cuando regrese…

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