Como me enamoré de mi papá (2): La era del condón y un viajecito

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Al día siguiente me desperté sola en la cama. Miré alrededor durante dos segundos hasta que me día cuenta de que mi papá se estaba duchando en el baño de la habitación. Fui hasta ahí, lo vi bañándose a través de la mampara transparente y decidí meterme con él. Nos abrazamos debajo del agua, me dio un beso en la frente y comenzó a pasarme sus manos llenas de jabón por la espalda. Yo fui directo a agarrarle la pija, comencé a masturbarlo con las dos manos, a los pocos segundos intenté llevármelo hacía la conchita, pero mi papá se movió de golpe hacia atrás.

-¿Qué hacés?

-Nada, quiero que me cojas de nuevo

-No, sin protección no, metételo en la cabeza Pequitas.

-Bueno, andá a buscar otro a la mesita de luz

-No tengo más, el de anoche fue el último, hay que comprar

-¿Y por qué querés usar siempre forro? (como se le dice en Argentina a los condones)

-Porque si, porque hay que cuidarse. Además, las poquísimas veces que lo hice sin cuidarme dejé embarazadas a las dos. Primero a tu madre, y después a la madre de tus hermanos. Así que no, debo ser muy fértil o no sé qué carajos, pero no voy a correr el riesgo de embarazar a nadie y mucho menos a mi propia hija.

La verdad es que su respuesta me ofuscó un poco y mi papá se dio cuenta (creo que lo que más me molestó fue el hecho de caer en cuenta en algún momento de su vida se garchaba a mi mamá, lógico). Pero como es todo un caballero y un verdadero hombre que resuelve, cerró la llave de la ducha, me envolvió con uno de sus toallones gigantes y me dijo:

-Vení, vamos a la cama

Yo lo seguí. Me acostó en la cama boca arriba y me pidió que abriera bien las piernas. Acto seguido se arrodilló sobre la alfombra y comenzó a lamerme toda la vagina de punta a puta. Me es difícil explicar la sensación de esa lengua recorriendo toda mi concha, pero en pocos minutos me hizo acabar como solo él sabe hacerlo. Apenas se dio cuenta de mi reacción, me levantó las caderas y comenzó a lamerme el culo, primero despacito pero luego empezó a empujar su lengua para dilatarlo un poco. Metió la punta de su dedo por mi culito y volvió a lamer mi concha hasta hacerme acabar de nuevo.

Una vez que terminamos me pidió que me preparara para ir a resolver el tema de mi departamento y sacar las pocas cosas de mi ex que había ahí.

Aclaro que hasta ese entonces mi culo era virgen. Las veces que había intentado hacerlo con algún ex no había soportado el dolor, pero claro, eran todos unos boluditos que no sabían cómo hacerlo. Tiempo después mi padre me enseñó el arte de hacer el orto, pero como dije, fue mucho después y esa historia tendrá un capítulo aparte.

Fueron pasando los días, yo iba y venía entre mi departamento y el de mi papá. Él también venía a mi casa seguido, ya que me compró un montón de cosas para renovar los muebles y la decoración. Obviamente, cuando estábamos solos, cogíamos como conejos, en su casa, en la mía e incluso alguna vez se la chupé en el auto entre tanto viaje de una casa a otra.

Como dije, pasaron los días, y luego pasaron los meses, hasta llegar a agosto de 2019. Llegó el invierno a Argentina y desde enero yo me estaba cogiendo a mi papá. Para mí ya era normal. Fueron ocho meses en donde teníamos sexo como mínimo, dos veces por semana y en ese punto, sucedió algo especial.

Un día, estábamos los dos desnudos en la cama después de una hermosa culeada, mi papá, mientras se fumaba un cigarrillo, me miró y me dijo:

-Pecosa, tengo una invitación para hacerte

-Uh, que intriga, a ver…

-En dos semanas tengo que ir a Chicago por una fusión de una de las subsidiarias de la empresa con unos capitales de allá. ¿Querés venir conmigo? Yo voy a laburar, pero también van a organizar un par de cócteles y esas boludeces, además si querés después podemos ir una semanita al departamento de Nueva York y paseamos unos días.

La alegría que me dio esa propuesta no tiene nombre. Al segundo me empecé a imaginar todo lo que íbamos a hacer durante esos días.

Y llegó el día. Viajamos en primera, como siempre cuando viajás con mi viejo. El viaje en avión tranquilo, alguna tocadita debajo de las mantas, pero nada más.

Cuando llegamos al hotel nos recibe una señorita muy amable y luego de confirmar las reservas, nos dio la bienvenida con un: “Welcome Mr. & Mrs. (y nuestro apellido)”. Al escucharla me invadió una sensación muy rara. Era la primera vez que nos confundían con una pareja y eso me dejó helada y, además, me hizo pensar un montón de cosas. ¿Qué me estaba pasando con mi padre?, desde hacía meses estábamos teniendo una relación hermosa pero prohibidísima, en secreto, pero en el medio yo no había estado con nadie más, no me había fijado en nadie más. Solo pensaba en mi papá como hombre. Quería estar con él, solo él me gustaba, solo él me calentaba, pues solo él me trataba como nunca nadie me había tratado jamás.

Y ahí surgieron mis dudas. ¿Él sentirá algo parecido por mí o solo me trata así porque a fin de cuentas soy su hija?. Pero si me viera solo como su hija no me cogería como me coge casi todos los días.

Y así estuve un par de días pensando y pensando, mientras recorría la bella Chicago en tanto mi papá estaba ocupado con su trabajo. Pero una noche sucedió algo que me hizo sentir por primera vez en mi vida lo que todos describen como “mariposas en el estómago”.

Estábamos en el hotel, preparándonos para una recepción que se hacía en el SUM/terraza o no sé cómo llamarlo de la empresa. Era un cóctel para unas 300 personas. Para esa noche mi papá me compró un vestido largo, verde petróleo, de corte ajustado al cuerpo con un tajo que dejaba una pierna al descubierto. Él se puso un traje azul oscuro de tres piezas, corbata al tono. Estaba hermoso el hijo de puta, esa noche todas las mujeres volteaban a mirarlo. Pero no nos adelantemos, como decía, estábamos en plena preparación entre ropa, peinado y maquillaje cuando mi papá me dice:

-Escuchame Pequitas, te quiero comentar algo: Viste que el otro día la recepcionista pensó que somos pareja y, de hecho, todos acá en el hotel piensan que somos pareja y seguramente me bautizaron como el sugar daddy o algo así.

La verdad, me hizo reír. Él siempre me hace reír. Y le respondí

-Si, ¿te molesta?

-No, para nada. De hecho, te quería decir que a donde vamos también lo piensan

-¿Y por qué piensan eso?

-Porque yo se los dije

-¿¿¿Qué???

Por un instante sentí que se me desconectó algo por dentro y que el corazón se me salía del pecho

-Si, acá no nos conoce nadie y la verdad no tengo ganas de andar ocultándome. Si te quiero tocar o darte un beso esta noche delante de los demás, lo voy a hacer.

¿Podemos decir que esa fue mi primera cita oficial como pareja de mi propio papá? Para mí lo fue, y así la recuerdo al haber pasado ya varios años.

Esa noche me sentí en el aire. No podía creer estar entre tanto ricachón careta, del brazo con el hombre más buen mozo del lugar. Que me presentaría como Luciana, a secas. Que me tocara el hombro, que me diera un beso en la terraza a la luz de la luna.

Fue una noche mágica realmente. A tal punto que cuando volvimos al hotel y nos pusimos a coger, sentí por primera vez que mi papá no me estaba cogiendo, me estaba haciendo el amor.

Al día siguiente mi papá se fue para la oficina, que quedaba en el Downtown de Chicago. Yo me quedé en la cama del hotel, total al otro día ya partíamos para New York y me dieron ganas de ese día no hacer nada.

Y ahí tuve una muy mala idea. Agarré la laptop de mi papá porque se me ocurrió la brillante idea de buscar en Internet “como convencer a tu hombre de que no use condón” y, mientras veía opciones anticonceptivas que mi papá decía que eran todas inútiles comparadas con los condones, vi el WhatsApp web de mi papá abierto en una pestaña del navegador.

Tenía una conversación con una mujer en Argentina en donde ella le enviaba fotos triple x, le decía cuántas ganas tenía de verlo nuevamente y no sé qué más porque lo tuve que cerrar inmediatamente. Se me vino el mundo abajo por completo. Estallé en llanto, me angustié como nunca. La tristeza superaba al enojo, y eso es raro en mí. No podía creer que ese hombre del que yo ya estaba definitivamente enamorada tenía una relación con otra.

Lo llamé por teléfono, pero no logré contactarlo, quería insultarlo, decirle que me iba a volver ya mismo a Argentina y que no quería verlo nunca más.

Y eso hice, junté mis cosas, pedí un taxi al aeropuerto y volví a mi casa. Solo le dejé una nota manuscrita en el escritorio de la habitación del hotel que rezaba: “Me volví a casa, no me llames, no me busques, no quiero verte más”.

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