Cuando llegué a mi casa tomé la decisión de cumplir lo que escribí en ese papel. No lo llamé ni lo busqué, tampoco respondí sus llamadas ni mensajes y hasta lo bloqueé en mi teléfono y en mis redes.
Obviamente no iba a poder evitar cruzarme con él en algún momento, y eso sucedió un poco más de un mes después, en mi cumpleaños número 23. Ese día mi mamá organizó una cena familiar en su casa, con su marido y mi hermana, mis tíos, mi abuela, y por supuesto, mi papá.
Mi cumple fue un jueves, pero el festejo fue el sábado siguiente por la noche y mi papá llegó temprano, muy temprano. Cuando yo llegué, él ya estaba ahí. El marido de mi mamá estaba empezando los preparativos del asado, mi madre haciendo de todo un poco y mi hermana pelotudeando por ahí, así que quedamos solos en el cuarto de estar, mi papá y yo. Yo no quería verlo, pero al mismo tiempo sí quería. Deseaba insultarlo y a la vez tirarme encima suyo. Si, ya lo sé, soy una loca de mierda.
-¿Me podés explicar que mierda te pasa?, dijo
-¿De verdad querés saber?, vi tu WhatsApp y la charla con una tal Gisela, ¿te suena?
-Si, me suena, es una veterana que conocí el año pasado en Tinder. Pero hace mil años que no la veo.
-¿Mil años? Los mensajes eran nuevos, no te hagas el pelotudo
-¿Y qué culpa tengo yo de que la mina esa me quiera ver? La última vez que la vi fue cuando andábamos con el quilombo de tu ex y el departamento ¿te acordás?
-Si, ya habíamos estado juntos
-Shhh hablá despacio pelotuda que nos van a escuchar. Si, fue en esos días, un par de semanas después de eso creo que fue que la vi por última vez. Pero yo no sabía que vos y yo íbamos a seguir así.
-¿Y ahora la volviste a ver?
-No nena, desde que volví de EEUU me estoy comiendo la cabeza pensando en que carajo te pasó. Me quedé tranquilo porque hablo con tu madre y sé que estás bien. Pero no dejo de pensar en vos.
-¿Me amás?
-Claro que te amo, sos mi hija
-Como hija no, ¿me amás como mujer?
-¡Que pregunta!
-Contestame
-No lo sé, pero que pienso en vos como mujer, eso es seguro. Y más de lo que vos crees
-Demostramelo
-¿Cómo?
-Cogeme sin forro, a pelo
-Pero dejá de decir pelotudeces hija
-Mañana domingo a la tarde te espero en mi casa, “papá”. Veremos si es verdad lo que decís
La cena fue menos tensa de lo que pensé. Mientras comíamos no podría dejar de mirarlo buscando una mirada cómplice que nunca llegó y apenas se fue, ya lo empecé a extrañar. Había sido un mes y medio muy duro sin él, y encima verlo de nuevo me movió el piso y me dejó muy confundida.
Esa noche decidí quedarme a dormir en lo de mi mamá, no quería estar sola. De todas formas, no pude pegar un ojo pensando en si mi papá aceptaría la propuesta y si iba a ir a mi casa o no. Al otro día, después de desayunar subí a mi auto y me fui a mi casa.
Estando sola pensé en cual sería mi estrategia. Me dolía aún el hecho de pensar que mi papá había estado con otra mujer mientras estaba conmigo, pero también era cierto que en ese momento lo nuestro era una locura pasajera que no sabíamos en que iba a terminar. Pensé y pensé mientras me daba una ducha. Me decidía, me arrepentía, recordaba esos momentos vividos, la última noche en EEUU.
El reloj seguía corriendo y las dudas se iban disipando, en el fondo yo ya estaba decidida, yo quería estar con mi papá. Sabiendo esto pensé, a fin de cuentas, si voy a volver con él, tal vez el berrinchito me sirva para conseguir de una vez por todas lo que tanto había deseado, sentirlo al 100% adentro mío, sin nada entre nosotros, sin esa pequeña barrera de goma que yo tanto odiaba y él insistía en utilizar cada vez que cogíamos.
Yo le había dicho a mi papá que viniera a la tarde. A las 13:30 sonó el timbre. Buena señal, se adelantó. ¿Será que estaba ansioso?
-Llegaste re temprano
-Si, y traje comida.
-Buenísimo pá. Dejala en la cocina, después comemos, primero quiero hablar.
Estaba hermoso el muy hijo de su madre. Cayó re bien vestidito, pantalón caqui, camisita blanca que le marcaba ese lomazo. Que hablar ni hablar, yo lo que quería era saltar encima suyo y decirle cuanto lo extrañé.
-Hablá vos, yo ya te dije lo que tenía que decir
-Todavía estoy enojada, me dolió mucho enterarme de “la otra” (me tenía que hacer un poco la ofendida todavía che)
-Ya te dije que no hay otra
-Entendí esa parte, pero me jodió
-A ver si nos entendemos: a pesar de esta locura que hicimos durante tanto tiempo, a pesar de que hayamos garchado cientos de veces siendo padre e hija, ante todo sos eso, mi hija. Mi hija mayor y, por más que esté mal que te lo diga, mi favorita. Más allá de todo lo que pasó y pueda pasar, yo te amo y nunca haría nada consciente que te pueda lastimar. La pasé muy mal todos estos días sin verte y vos sabés que yo no soy de decir mucho estar cosas, pero te extrañé muchísimo. Te extraño muchísimo
-Yo también te amo
-Lo sé, Pequitas
-No, te amo como hombre, estoy absolutamente enamorada de vos
-…
Papá hizo silencio, tragó saliva. Me miró a los ojos, me acarició las mejillas y me dio el beso más tierno de todos. Conozco a mi papá y él nunca le hablaría a ninguna mujer de amor, de enamoramiento ni de nada parecido. Es así. Pero ese beso valió más que mil palabras.
Duró poco, pero fue mágico. Duró poco porque mi excitación le ganó a la ternura y comencé a besarlo inmensamente, a meterla la lengua en la boca y él hizo lo mismo.
Yo tenía puesto un vestido de verano color amarillo con algunos detalles de flores. Ese tipo de vestidos son ideales para cuando te tumban boca abajo sobre la mesa y eso fue lo que hizo mi papá. Me levantó la falda, me sacó la tanguita, se agachó y comenzó a lamerme la vulva y el orto. ¡Como chupa la concha mi papá por dios! Estuvo así unos minutos hasta que se dio cuenta que mis muslos temblaban y estaba a punto de acabar.
-Todavía no, Pecosa. Todavía no acabes, quiero que lo hagas con mi verga adentro
Y, sin decir más palabras, la metió de una. Se sentía firme y dura como siempre, pero húmeda y calentita como nunca.
-¿Me la pusiste sin forro?
-Si, ¿no es lo que me pediste?
-Si
-¿No es lo que querías?
-Si papi
-¿No es lo que siempre quisiste?
-Si, cógeme por favor
Empezó a bombearme fuerte como él sabe y a mí me canta. Bien duro, a tal punto que la mesa se empezó a mover sin control, hasta que se movió como a un metro de su ubicación original.
-¿Te gusta sentirla sin forro?
-Nada me gusta más
-¿Sabés que te va a gustar más? Que te llene de leche
-¿Serías capaz?
-Te voy a dejar tanta leche adentro…
-Dejame toda la leche que quieras
Habrán pasado 20 minutos y mi papá estalló dentro mío con una acabada monumental. Yo sentía dentro mío como que no paraba de salirle leche de esa vergota. Cuando la sacó me corría su semen hasta por las piernas. No es normal la cantidad de leche que eyacula mi papá cada vez que lo hacemos.
Cuando terminamos nos fuimos a la cama. Nos acostamos abrazados como aquella primera vez y él se quedó dormido porque obviamente necesitaba una siesta para recuperar energía después de semejante polvo. Yo lo miraba dormir mientras me daba vueltas por la cabeza que para esos días yo estaba ovulando.
Continuará…
![]()
Cuando publicaras la cuarta parte, me gusta lo lindo que relatas todo
Nunca dejes de publicar esto, me encanta y espero todos los dias a que subas algo nuevo.
A mí también me encanta sin firro
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Administración de CuentoRelatos