Con el dueño del gimnasio (2)

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Después del cachondeo en la sala entre unos tragos llegamos a la ducha en su habitación, el agua fresca caía en nuestros cuerpos calientes, se la estaba mamando bajo las gotas de agua, sus gemidos deliciosos hacían eco en todo el baño, estaba disfrutando de follarme la boca con meticuloso cuidado, eso hasta que sin aviso alguno reactivo su salvajismo pues me sostuvo la cabeza y follo como un loco mi garganta, me dio unos empujes que no soporte, pues aunque lo intente termine vomitando un poco, el whisky que había bebido minutos atrás había salido por mi garganta.

El Ruso disfruto tanto eso me sostuvo la cabeza contra la caída del agua con su dura y pesada verga apoyándose en mis mejillas una y otra vez, el reía y yo trataba de recuperar el aire perdido, la compostura tras el vuelco del estómago, cerró el paso del agua y me llevo del cabello hasta la habitación, me lanzó bruscamente a la cama, las sábanas se pegaron un poco en mi mojado cuerpo, sin espera me abrió las piernas, tiro de ellas y dejo mi culo al borde de la cama, levanto mis piernas y me ensarto la verga durísimo.

—Traga verga hija de perra —jadeaba como un toro embravecido y arremetía contra mí con fuerza— No te cabe en esa boca de puta… pero que bien se la traga tu coño…

Yo gritaba de placer, cada ensartada hacía que mi piel se erizará y ese cosquilleo se fuera alojando de manera inmensa en mi coño, jalaba de las sábanas rogando a gritos que no parara, apretó mis piernas por detrás de las rodillas y las empujó hacia mi sin dejar de separarlas tanto como podía, se dejaba caer fuerte contra mí, el golpeteo de nuestros sexos era demasiado sonoro y más húmedo por recién salir de la ducha.

—Más papi… quiero más —le gemía fuerte rogando sin parar— Que rica verga

—Eres una puta —me daba azotes con su enorme mano en mi muslo y parte de la nalga— Te encanta pinche piruja

—Si… si papi soy tu puta —Grite tan fuerte que retumbó en toda la habitación— Soy tu puta —y lo repetí una vez más a gritos y gemidos.

Se salió de mí, eso fue la tortura más grande, me sentí vacía, mi coño se contraía casi de forma violenta reclamando su verga, el estar lleno una vez más, lo vi caminar a lo que parecía ser un pequeño armario al lado del closet, al girarse lo que parecía ser una correa de cuero negro, me lanzo este desde aquella distancia, hasta que lo tuve en las manos pude ver qué tenía un collar, me lo puse sin rechistar nada, de pronto algo pesado callo a mi lado, era un dildo, tal cual un pene de plástico, se veía tan real dentro de aquel empaque, tan parecido al del Ruso, al menos en tamaño.

—Le darás buen uso mi perra… —caminaba hacia mí con esa delicia balanceándose entre sus piernas— dame la correa puta…

Sonreí excitada y el hizo lo mismo, tomo la correa del collar, jalo de este me hizo una seña con la cabeza hacía el dildo.

—Quiero verte usarlo y necesito verte bien abierta como la puta que eres… —me ordenó y como siempre obedecí con placer y gusto infinito.

Rompí el empaque en el que venía, rasgando el cartón y parte del plástico hasta tener aquella cosa entre mis manos, el látex lo hacía sentir tan real, si no fuera por la ventosa que tiene bajo las bolas sería aún más real, pero bueno sirve para fijarse en superficies planas, del apuro jamás vi que contenía un pequeño control remoto y menos pude ver qué el Ruso lo tomo, me hizo chuparlo un par de veces y después me abrió las piernas en señal de lo que deseaba ver y lo hice, me metí el dildo poco a poco hasta empezar un vaivén me ordenó que más rápido y esa cosa empezó a vibrar y moverse dentro de mí, cerré las piernas por instinto pero el Ruso me las abrió de forma brusca.

“Ábrete puta y más rápido” y me dio un golpe en el muslo con la correa, lo obedecí empecé a meter y sacar más rápido, esa cosa hacia un movimiento dentro de mi y vibraba era delicioso sentir eso, el subió la intensidad con el pequeño control remoto y mis gemidos aumentaron, me jalo con fuerza y quedé sentada con esa cosa bien clavada en el coño, me hizo darle unas mamadas.

Me puso en cuatro y mis piernas temblando por la sensación del dildo moviéndose dentro de mí, sentí como me baño el culo de lubricante y me entró un terror inmenso porque eso solo significaba que me iba a destrozar el culo, pensé en negarme pero ya me estaba metiendo el dedo pulgar por el ano, lo metía y sacaba bien rico, lo podía escuchar jalándose la verga, para después sentir su cabezona empujarse contra mi ano, ya no había vuelta atrás este sujeto estaba por destrozarme de verdad, empujó y grite, me dio una fuerte nalgada y volvió a empujar duro ahora sí logrando entrar, grite más, con ganas, con mucho dolor, desgarre mi garganta a gritos.

Me jalo fuerte del cabello hacia atrás haciéndome arquear la espalda y volviendo a empujarme más adentro su vergota, llore, jadeaba de dolor y placer, le costó varios empujes para tenerme bien ensartada, cuando logro estar bien adentro empezó el mete saca sin piedad, gozaba con mis gritos agónicos, mis nalgas generando un choque contra su pelvis y el bufando como un animal.

—Que delicia de culo el de esta puta —y me daba fuertes azotes en las nalgas— Grita perra —y jalo la correa haciendo que echara hacia atrás mi cabeza.

—Rico papi que rica verga —grite para darle gusto— Más por favor más —suplicaba a gritos demasiado altos llorando de placentero dolor—

—Pinche puta tan rica —y me taladraba con furia el culo, el dildo vibrando y moviéndose dentro de mi coño, era desquiciante, sentía que me desvanecía de placer— Que bien tiemblan estas nalgas

Yo no podía hablar, me tenía berreando de dolor que se matizaba de placer, abriendo la boca y salivando, se me fueron los ojos en blanco, hundida en un orgasmo tan intenso que los brazos me flaquearon, quedé con la mejilla clavada en el colchón, mis jugos salieron en un chorro y sentí como el dildo logro salirse un poco, gemía como gata en celo, y el Ruso no paro de bombearme, darme fuertes nalgadas que ardían demasiado, así hasta que me apretó de la cadera para mejorar el movimiento y solo podía escuchar sus risas de gozo, sus denigrantes frases hacia mí, disfrutando del como me sometí al placer que él me provocaba.

—Tanto rogabas por verga llevando esos pantaloncitos hija de puta— sin parar de jalar la correa y darme nalgadas —Y ya te tengo en cuatro con el culo bien abierto— el maldito dildo vibrando contra mi sensible clítoris me hacía temblar me debilitaba las piernas.

—Así me gustan las perras —y salió de mí solo para empujarme hacia un lado y quedar expuesta abierta de piernas, con el dildo medio adentro de mí, arrancándome fuertes espasmos de placer— Que rica te vez así… ese coño y el culo abierto…

Era un maldito morboso, disfrutaba de verme de aquella grotesca manera, sudada, llena de fluidos y con el coño lleno de un pene de plástico, el cual tomo y empezó a mete y saca, mientras se jalaba la verga masturbándose.

—¿Así querías estar verdad puta? Por eso la pasabas enseñando el culo.

Yo le gemía diciendo que si y disfruto de eso un rato para después ser el quien se metiera entre mis piernas y me empalara duro con esa verga tan deliciosa, me la empujaba con ganas, me sostenía mis manos sobre mi cabeza y yo me abría de piernas todo lo que podía, no perdía de vista mis tetas y mis gestos al gemir, me escupió un par de veces para después soltar mis manos y apretarme del cuello, no me dejó llegar a un orgasmo más, pues el muy maldito cuando sintió que lo estaba paro, se echó una risa en mi cara.

—No perrita, hasta que tu amo lo ordene— dijo, y me llevo a cuatro patas hacia un sofá al otro extremo de la cama, me hizo montarlo rellenándome el coño para después de un rato girarme y follarme el culo, le daba sentones duros y el me azotaba las nalgas con la correa de mi collar.

Así sin sacármela nos pusimos ambos de pie y me siguió dando un par de metidas más por el culo me jalaba fuerte del collar y casi me ahogo al llegar a mi orgasmo una vez más, mis piernas estaban empapadas en fluidos el ruso jadeaba exhausto. Me tenía ya en la cama boca abajo recibiendo verga por el culo, me aplastaba con todo su peso y me relleno de leche otra vez, me jadeaba en el oído y yo por alguna razón deseaba sentir más, tenía los pezones bien duros y el coño palpitando hambriento, era imposible continuar tenía mi culo destrozado.

Bajo de mi nos quedamos recostados uno al lado del otro yo aún boca abajo el mirando hacia el techo, jadeando me acariciaba las nalgas y sonrió, yo tenía las piernas temblando y sentía que mi culo ardía demasiado.

—Que ganas tenia de probar ese culo —jadeo y se tocó la verga.

—Me destrozaste cabron —como pude me puse de medio lado y con ayuda de mi brazo me apreté un poco las tetas hacia arriba.

—Que ricas tetas —sus ojos se clavaron en estas y relamió sus labios— Rebotaban delicioso, igual que esas nalgas…

—Cuando quieras las puedes ver rebotar todo lo que quieras —solté una risita y me apreté una teta mirándole la verga sin vergüenza alguna— Porque… que vendita verga tienes, la quisiera sentir más y más…

—Eres una putita —me jalo hacia él y empezó a devorarme la boca para acabar chupándome las tetas— Te voy a reventar delicioso cada que pueda mi puta culona…

Entre risas y manoseos, nos enredamos en un juguetón cachondeo en la cama, por supuesto que fuimos por mas tragos, desnudos por su casa bebiendo y haciéndome bailar con música de reggaetón vulgar, me manoseaba completamente, me apretaba contra la pared para manosearme las tetas, poner su cara entre ellas, las bañaba de tequila y las chupaba delicioso, me ponía en cuatro solo para frotarme la verga al ritmo de la música, termine mamándosela para después el darme unas lamidas de coño y metidas de dedos deliciosa, no me la metió de inmediato, pues estábamos disfrutando del cachondeo, de la forma en que me morboseaba.

Me encantaron sus maneras, es un maldito cerdo vulgar, pues al paso de las horas desnudos, charlando, bailando y bebiendo, ya me sentía ebria, entumecida y el por supuesto que estaba por demás pasado de copas, me pidió dejarlo masturbase en mi coño, y no solo eso sino grabar mientras lo hacía, a lo cual accedí después de un rato.

—¿Te gusta puta? —me susurraba teniéndome inclinada sobre la mesa de la cocina, me frotaba su verga en el coño y se masturbaba, sosteniendo su teléfono con la mano libre grabando todo— ¿Te encanta que te usen verdad?

—Me encanta papito —le gemía separando más las piernas disfrutando de la sensación tan morbosa que llevábamos a cabo— Me fascina ser usada como una puta…

—Eres una puta cerda, ya lo comprobé… —me dio una nalgada tan fuerte que grite, pues mi piel ardió demasiado— Y como tal te voy a tratar piruja

—Que rico —moví el culo y gemí agudo —Papi…soy tu putita… —solté en un gemidito suplicante—

El Ruso se jalaba la verga bien rico, jadeaba y gemía delicioso, mi coño sentía su cabezona bien dura y yo le gemía fuerte, le pedía más tal como si me la estuviera metiendo, giraba la cabeza para mirarlo suplicando más y el me grababa, nos movimos de la mesa a la sala en la mesita de centro donde me puse en cuatro y siguió jalándosela, sin querer empuje mi cadera cuando él me estaba por frotar la verga y se me clavo su rica cabezona hinchada…

—Puta madre ya no aguanto… pinche… perra cachonda…

Sin más me ensarto allí mismo, no me la esperaba, di por echo que ya no daba para más, la mesita se corrió unos centímetros por la fuerza en que embistió, me sujeto del cabello, lo hizo con fuerza, y de una forma bastante agresiva entraba y salía de mí, me follaba duro, mis tetas dolían al rebotar y moverse sin control, como unas gelatinas, el choque de mis nalgas sonaba por sobre el volumen de la música mis gritos igual.

—Siente la verga de tu amo perra —El ruso gritaba enfurecido, entre roncos jadeos y bufidos— Te voy a dejar bien reventada por puta…

Yo seguía gimiendo, gritando y jadeando, sentía como entraba completamente, podía jurar que algo empujaba mi vientre, o era la sensación de la violencia con la que entraba, pero era delicioso me tenía escurriendo de las piernas, el choque húmedo como me encanta, me sostuvo un brazo tras la espalda con una sola mano y con la otra seguía su grabación.

—De saber que te dejabas usar así, desde el primer día serías mi piruja personal… —así de ensartada me llevo a ponerme en cuatro en el sofá, no pude ver dónde dejo el teléfono— Pide verga pendeja…

Y me castigaba con azotes en las nalgas con la correa que aún tenía puesta, yo le gritaba pidiendo más, gritaba por más verga y él me la daba, el Ruso jadeaba, bufaba como animal y no paraba de decirme, “eso puta así”, “traga verga piruja”.

—¿Que eres Anita? ¿Eh? —sin dejar el mete saca me jalo el cabello con fuerza hacia atrás para que girará mi cabeza a poder verlo, allí pude ver el teléfono recargado en un ángulo que nos enfocaba de costado—

—Soy la puta del Ruso —le gemía llena de placer con las piernas temblando, empapadas de mis jugos a pleno orgasmo— Soy tu puta amo

—Siii —gimió alto y triunfante— Eres mi puta perra —gritaba fuerte y dándome una nalgada—

—Soy tu puta papi —berreaba de placer— Dame verga… dame… que…

Y me fui a otro mundo, uno de placer, gritando meándome de placer, me soltó las manos apretó mi cadera y me taladro sin parar, me lleno de leche y no paro hasta dejármela bien batida dentro de mí, caí a un lado, temblando, jadeando, sucia, rendida y bien rosada del coño, pero más que satisfecha, por primera vez ya no quería más, porque ya no me sentía capaz de aguantarle otro palo a este hombre, él Ruso reía al lado de mi igual de rendido…

Cuando abrí los ojos ya estaba en la cama con aquel hombre aún a mi lado, desnudo con la verga al aire pero ahora flácida, me levanté directo al baño, creí que estaría dolorida pero no del todo, aunque si me dejó moretes en las piernas, las nalgas y una marca en el cuello, por su fuerte agarre y las tetas me las marco de chupetones, me dejó más que marcada, me estaba duchando cuando entro a la regadera conmigo, me acaricio las tetas y las nalgas, cuando salimos y nos vestimos me llevo a casa, me dejó justo enfrente.

—Te veo mañana en la rutina —me hablo sereno y con una sonrisa plena pero con un doble sentido en esta y sus palabras.

—No faltare ni un día… —deje mi mano en su pecho y me jalo hacia él por la cintura.

—Mi putita tiene que estar siempre lista ¿entendiste? —me devoro los labios y al soltarme me dio una nalgada— Te usaré como se debe mi puta…

—Tú lo que pidas mi amor… —él se relamió los labios— aquí tienes a tu piruja… —me apreté las tetas y mordí mi labio.

Cuando entre a la casa, me envió un mensaje que decía “Te deje un recuerdo en tu mochila y el vídeo lo usaré para jalarme la verga está noche”, aquel recuerdo no era otra cosa que el dildo que había usado.

Era un viejo enfermo y delicioso… tenía todo para mantenerme sometida ante él, coge delicioso, es un vulgar de lo peor y 100% me pone bien puta, como buscaba sentirme.

Después de esto El Ruso es mi mejor amante, por si se lo preguntan si, aún lo veo, lo busco y me busca, después de esta destrozada que me dio era imposible dejar de pedirle más y más, me consiente y cada que me lo pide le doy lo que quiere, voy a su casa, hotel o donde pida, a ser su puta, para seguir sus morbosos juegos y que me dé tanto como él quiera…

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