—¿Estás seguro de esto?
Nicole se terminaba de ver en el espejo del carro, luciendo increíblemente sensual, de una forma que no acostumbraba a vestir.
—Sí —le dije confiado, disimulando que mi corazón latía fuerte.
Nicole traía puesto un vestido con transparencias que dejaba ver sus nalgas de forma clara; por debajo, un body color negro que destacaba sus pechos y los exhibía hasta el punto donde un descuido podría dejar en evidencia sus delicados y sensibles pezones.
Por detrás se veían claramente sus nalgas; por delante, sus piernas expuestas hasta el inicio del body, cubierto con ese vestido negro con tanta transparencia.
Entramos así a una discoteca con un ambiente cálido y nocturno donde las miradas no faltaban.
Mientras tomábamos, bailábamos y nos besábamos, yo no podía dejar de pensar en Malena…
Ya llevaba un par de semanas que había acudido a esta modelo de una plataforma para adultos de pago para vivir en secreto cómo sería estar con una mujer más dominante que mi novia. La fantasía estaba en mi mente pero no sabía qué tanto quería hacerla realidad por lo que sextear con una atractiva modelo en secreto se volvió un combustible a mi vida sexual en pareja.
Malena era amable, confiada, pero con palabras filosas. Ella había estado texteando conmigo sobre mis fantasías y aconsejándome sobre cómo lograr que mi introvertida novia ganara la confianza para ser más dominante en nuestra vida sexual.
Todo empezó en una fiesta de cumpleaños, en la piscina, cuando Nicole vistió un atuendo de baño muy revelador, con una confianza que nunca le había visto. Su círculo de confianza hizo que ella se viera relajada luciendo tan poca ropa que quise tener esa confianza siempre.
Malena sabía bien esa historia y sabía lo que yo había sentido. Por eso, durante varias semanas, ella estuvo texteando fantasías conmigo y chequeando cómo respondía yo a ellas.
—Esto será muy fácil. Ella será muy dominante contigo muy pronto… —afirmó Malena.
Su primer orden sobre mí fue que le comprara ropa reveladora a mi novia, que la vistiera como una “pequeña zorrita” y la recompensara dándole sexo oral siempre que ella usara lo que le compraba.
Lo primero fue un short corto que dejaba ver el inicio de sus nalgas afuera; lo segundo fue una blusa que resaltaba su busto de gran manera; lo tercero, un vestido con falda que cubría apenas lo justo.
Había funcionado. Nicole cada vez se veía más cómoda usando menos y menos ropa en público. Este atuendo de fiesta no era la excepción. Cada vez que bailaba, sus pechos saltaban; sus nalgas eran visibles cada vez que la discoteca hacía un cambio de luz, y el alcohol había hecho que ella ya no disimulara el gusto por la mirada de otros hombres.
Ese día, un hombre se nos acercó y ella no dejaba de mirarlo. Él preguntó si estábamos juntos, a lo que yo interrumpí diciendo que podían bailar si ella quería… a lo que ella solo me vio y me preguntó si estaba seguro.
—¡Claro! Necesito un poco de agua, diviértete. Sabes que no soy celoso y vuelvo por ti en un rato mientras me refresco —afirmé.
Ella empezó a bailar con él mientras yo caminaba rumbo a pedir agua… pero algo en mí me pidió tomar un camino más largo. Salí de la discoteca, prendí un cigarro y dejé que se consumiera con calma. Respiré mientras contemplaba el cielo nocturno… pero mi mano temblaba… algo se sentía emocionante y desconocido… cuando el humo dejó de salir supe que había tardado demasiado… al volver, lo que vi me sorprendió.
Su cuerpo. Pegado al suyo. Una sonrisa. La mano de él en su cadera, ella bailando al ritmo de un reguetón lento, deslizándose en su cuerpo, sabiendo que él podía sentirlo todo.
Tomé un poco de agua con calma y la llamé con un gesto… ella se despidió de un beso en el cachete de aquel hombre y juntos regresamos a casa.
Ella ya conocía la rutina. Se quitó sus botas, se desnudó completamente y, sin dejarme a mí terminar de quitarme la ropa, me besó y luego su mano en mi cabeza me indicó que debía satisfacerla con mi lengua. Ese día le pedí que se sentara en mi cara, que moviera su linda y pequeña vagina por mi lengua mientras el clímax esperaba con fuerza.
Una risa fue lo que obtuve cuando le conté a Malena sobre esa noche.
—Así que la dejaste bailando con otro hombre y no te molestó, te gustó.
—Nunca había sentido algo así.
—No pasa nada, conoces tu lugar. Ese es dándole placer a mujeres hermosas. Has obedecido bien mis órdenes… hemos explorado juntos fantasías de dominación fuertes… ¿Seguro que quieres seguir adelante con esto?
—Sí —dije sin pensarlo.
—Entonces empecemos… —dijo ella.
Procedí a pagarle el acostumbrado monto por nuestras sesiones. Busqué un lugar con calma en la casa, me desnudé y, con el pene en una mano, leí sus nuevos mensajes:
—Sabes, me parece que yo le podría hacer una fiesta de cumpleaños a Nicole. Solo nosotras dos… Tal vez, ya que tú estás de acuerdo, pueda invitar a unos amigos para que sean nuestros entretenimientos… Empezaríamos la noche bailando juntas en nuestros cortos vestidos sin importar la mirada de otros hombres… eso te gustaría, ¿verdad?
—Sí…
—¿No te molestaría que yo la bese?… al fin y al cabo es una fiesta de cumpleaños y ya que tú no estás yo puedo ayudarla, ¿verdad?
—Sí.
—¿Te gustaría? ¿Que yo bese a Nicole?
—Sí.
—Ups… pero no puedo solo besarla, necesito verla sin ropa… Quizás escuchemos a alguien tocar la puerta… ¿sabes quién es?
—No…
—Es el chico de la discoteca. Escuché que él está bien armado… creo que él debería cogernos a ambas. Él es uno de mis 5 invitados.
—¿Y yo dónde estoy?
—Esto es una fiesta privada, así que no creo que tú estés invitado; es solo de amigas… pero te digo algo: si tu pene es más grande que el de mi amigo, tú puedes entrar en su lugar… mándame una foto…
Aprovechando la luz y excitado más allá del razonamiento, me acerqué a un espejo completamente desnudo y me fotografié en un ángulo favorecedor. Mis muslos marcados por el ejercicio, mi abdomen duro aunque de contextura delgada, y mi pene, rasurado y largo, expuesto ante mi cámara. Sin pensar dos veces, envié esa foto.
—Wow… la verdad no te esperaba tan bien dotado. Tienes un buen pene, es lindo y es ideal para un novio. Me gusta que se ve grueso y lo depilas. Me gusta cómo se ven tus testículos… pero mis amigos no son como tú… creo que esta vez no podrás entrar…
El corazón me latía rápido ante la negativa. Incluso en un escenario ficticio, esto se sentía muy real…
—¿Qué crees que vamos a hacer con nuestro amigo?
—¿Se la van a chupar? —pregunté.
—Es una gran idea… —dijo Malena.
El chat empezó a llenarse de mensajes de fantasía. Ella describía cómo mi novia pedía que no me contaran nada a mí, cómo aceptaba poco a poco y reconocía que le gustaba ese pene.
—El segundo hombre tocó —añadió Malena—. Este también es más grande que tú… El tercero tocó y este es todavía más grande que el anterior… el cuarto también… ups, parece que solo nos queda el último… y… wow. Son del mismo tamaño.
—¿Eso qué significa? —pregunté.
—Que no puedes entrar, porque debías ser más grande que él… solo puedes tocarte… mientras ella puede que no quiera que te digamos nada, pero ups… es demasiado tarde, ya lo sabes, tienes que pretender que grandes vergas, más grandes que la tuya están en nuestros cuerpos ahora. Uy y ella está diciendo que nunca había visto algo tan grande. Te gusta que ella sea tan dominante y egoísta, ¿verdad?
—Sí…
—¿Estás cerca de venirte? Antes de eso tengo una última orden.
—Dime…
—Ya que te gustó tanto nuestra fantasía, mándale un mensaje a Nicole que diga: “Sabes, he estado pensando y creo que te verías tan sexy con el pene de otro hombre en tu boca”.
Mi corazón se paralizó. Desde que había empezado a pagar estas sesiones con Malena, nunca había llegado a la vida real de esta forma… al principio dudé, pero Malena insistió, me retó, me dijo que quería que tomara una captura de pantalla de su respuesta. Y aún poseído por la excitación, le escribí a mi novia con un gran nerviosismo.
—Sabes, he estado pensando. Te verías muy sexy con el pene de otro hombre en la boca… —presioné enviar.
—¿Disculpa? —escribió Nicole con varios emojis de risa y signos de pregunta.
—Creo que te verías muy bien…
—¿Como si fuera un accesorio? ¿Que tuviera la cosa de otro hombre en mi boca?
—Creo que sí…
—No entiendo… ¿a qué viene esto?
—No lo sé… a veces pienso que te verías sexy haciendo eso…
—¿Pero a otro hombre?
—Sí, creo que me gustaría verte así…
—Esto es nuevo. No sé si sentirme la novia más afortunada del mundo o si asustarme.
—¿Alguna vez lo has pensado?
—Creo que es normal tener curiosidad…
—O sea que sí has fantaseado con eso…
—¿Con chupar otro pene que no sea el tuyo? Pues curiosidad tal vez, por saber qué se sentirá, supongo… pero no entiendo… ¿qué ganas con esto? ¿Te gustaría verme haciendo eso?
—Creo que solo me gustaría que fueras más dominante y tuvieras más confianza, y verte así con alguien más puede ser muy sexy…
—¿Por eso me dejaste bailar con aquel hombre de la discoteca?
—No lo sé…
—¿Te hubiera gustado verme hacer algo con él?
—Tal vez…
—¿Eso te pone duro? ¿Imaginarme teniendo el pene de otro hombre en mi boca, mientras tu miras?
—Creo que sí…
—Sabes, no puedo creerlo. Me siento extraña…
—¿Te desagrada la idea?
—Siendo honesta… no
—¿Entonces te gustaría?
—Puedo pensarlo…
El grupo de pantallazos de la conversación llegó a Malena y ella sonrió. Amaba que le hicieran caso, amaba poner a personas en situaciones que los retaran y, sobre todo, amaba cuando eran sumisos ante ella.
—Bien hecho… ella será mucho más dominante de ahora en adelante. Te felicito por tu nueva vida y recuerda que esto fue lo que deseaste. Es solo el inicio… De momento es todo de mi parte. Mi siguiente orden es que tengan una conversación real entre los dos…
Nicole llegó a la casa con una extraña sensación desde la conversación… pero su novio estaba ahí igual que siempre. Ella sentía una extraña mezcla de libertad y compromiso; no sabía cómo reaccionar ante lo dicho ni cómo navegar esos dos sentimientos… el miedo a lo desconocido y sus fantasías personales… aquellas donde su novio le proporcionaba todo el placer y atención que ella necesitaba.
Un pensamiento se cruzó por su mente:
Aquel día en la discoteca, su trasero se pegaba fuertemente al otro cuerpo. Podía sentir el pene del otro hombre a través de su ropa delgada, como si su cuerpo recordara ese contacto… y al fondo, su novio, el adicto a los cigarros, el siempre confiado, esperándola con una sonrisa como quien disfruta un espectáculo… como quien disfruta ver a su pareja tomar confianza más allá de lo convencional.
Nicole se puso de rodillas…
—¿Te gusta esta vista? —dijo mientras mamaba mi pene. El contacto visual no se perdía… la saliva iba y venía mientras ella sentía su garganta cálida con ese sabor familiar…
La conversación no había durado mucho, pero ella pasó de la confusión al interés… quería probar qué tan real era esa idea. Mientras él no sabía ni qué pensar ni qué sentir… ¿había llegado demasiado lejos en su intento de convertir a su pareja en alguien más empoderada de su sexualidad?
Nicole, que era tímida, pequeña, de muslos delgados, trasero definido y un abdomen que contrastaba con su personalidad de no destacar, no pudo evitar imaginarse succionando a aquel hombre de la discoteca con quien apenas intercambió unas palabras… la fantasía estaba en su mente.
Yo la observaba, sabiendo que algo había cambiado. Su boca se deslizaba sobre mi pene mientras las palabras salían solas.
—Deberías darle una mamada a alguien que te guste. Quiero verte disfrutar así de rico…
Nicole no pudo evitar sentir una calidez en su vagina húmeda… Su boca empezó a moverse con más agilidad hasta que el clímax llegó. Ella se separó rápidamente y una abundante lluvia de leche caliente decoró su cara, desde su frente hasta su barbilla…
Ella, poseída por el deseo, se desabrochó su pequeña faja, bajó su falda y su ropa interior color blanco. Procedió a meterse el pene todavía duro de su novio y, cabalgándolo desde arriba, le dijo:
—¿Así te gustaría verme, toda llena de leche?
—Sí.
Su pene parecía recibir un segundo aire de vida, y ella, sin preguntar, acercó su cara a la de él, limpiándose la leche con la lengua torpemente. Ambos sellaron el momento con un beso cómplice.
Mientras tanto, Malena en su casa… no podía dejar de pensar en lo que había hecho… tomó la foto del pene que le había enviado por la aplicación y su mano empezó a estimularse con un juguete…
—Esto es solo el principio de la dominación… —pensó para sí misma con una sonrisa cargada de intención.
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Interesante relato, vas más que bien