Algo que me gusta de don Apolonio es que a pesar de lo sucedido no me ha buscado ni investigado acerca de mí, me imagino, ya que la vida sigue como si nada hubiera pasado, quizá igual el miedo a ser descubierto por su mujer, que, para colmo, descubro que es la presidenta de la sociedad de padres de la escuela, una mujer muy cabrona, como dicen las demás madres.
Y esa no es la única sorpresa que me esperaba en este lugar, justamente al presentarme a la sociedad de padres completa descubro que uno de los integrantes es el albañil, ¡el ex de mi mamá!
–Rey González para servirle maestra, me dice al presentarse, obviamente más acabado, ¡pero si es él!
No atino a pensar si la causa de mis sueños húmedos o mis motivos para masturbarme sean el reencuentro de mi madre con don Rey o la cogida con Apolonio.
No tardo en adivinar que soy una sucia, morbosa y libidinosa ya que cito a don Rey para poder ver si puede arreglar unas grietas en la loza de la casa, acepta a regañadientes ya que me dice que hace tiempo que ya no se dedica a eso.
En fin, solo fue esperar con ansias el día acordado, ya que al fin de mes mi papá tuvo que salir a concretar la venta de la antigua casa, tiempo más que suficiente consideré para mis adentros.
Llegado el día llevo a don Rey a la casa con la libido y el morbo a tope, obviamente pasamos por la casa de materiales y veo a Apolonio entre sorprendido y enojado al verme acompañada.
Sin poder explicarle, caminamos con don Rey hasta llegar a la casa, estaba explicándole el problema en el techo de la cocina cuando llegó mi mamá, su cara de asombro, toda sonrojada sin saber que decir viéndolo a los ojos y el también, pasmado sin palabras.
–bueno maestro, lo dejo trabajar ojalá termine hoy, le digo tratando de disimular mi calentura y morbo, dándole un tierno besito a mi mami.
Finjo salir de la casa al abrir y cerrar la puerta, me quito las zapatillas para no hacer ruido y entro lentamente al pequeño cuartucho que sirve como bodega en la casa, un par de días antes mi papá había hecho un agujero en la pared para instalar algo, quien lo diría, al principio solo se reclaman como una pareja despechada sin ir más allá.
Enojado abre una escalera y sube tratando de ya no discutir, le pide a mi mamá algo de beber y está se acerca con un vaso y se queda parada el pie de la escalera, don Rey baja toma el vaso y bebe lentamente, le da el vaso a mi mami y cuando esta lo agarra la toma de la cintura y acercándola hacia él la besa.
Para mi asombro ella le arrebata el vaso y se va, ¿o sea? ¿tanto para eso?
Don Rey sube de nuevo a la escalera y sigue trabajando, se nota un bulto en su pantalón, mi madre vuelve y acercándose a la escalera le pide que por favor se vaya, sin quitarle la vista al bulto del pantalón, sin hacerle caso, baja el zíper y deja su verga al aire mirándola a los ojos.
–¿También quieres que mi amigo se vaya?
Observo a mi mamá acercarse lentamente a semejante armatoste de carne, sonriente se la lleva a la boca y empieza a chuparla, como aquella vez que la descubrí, solo que ahora ella tiene 51 y el 76, pero el tamaño de su reata y su vigor siguen intactos.
No sé cuánto tiempo pasa mi madre chupándosela, de repente la aparta y baja de la escalera desnudándose, la toma de la cintura y la desnuda lentamente apoyándola sobre la mesa, la sube en el borde y se la empieza a meter lentamente comiéndole los pechos con desesperación, como queriendo recobrar el tiempo perdido.
Mi mamá gime y grita como poseída diciéndole que la vuelve loca y otras tantas palabras y gritos que salen de su boca, don Rey se la coge sin contemplaciones olvidándose de sus achaques y dolencias, de repente se detiene y empieza a besarla con lujuria y pasión justamente cuando me llega un orgasmo y sin siquiera tocarme.
No aguanto más, quiero ser poseída, a mi mente llega Apolonio, a estas alturas cualquiera que me encuentre estaría bien, me alejo lentamente al ritmo de sus gritos, gemidos y frases de amor no sin antes quitarme el brasier y la tanga, me siento muy caliente, motivada y decidida.
Lentamente sobre mis pasos llego a la casa de materiales, no me quiero ver tan obvia así que espero a verlo o que el me vea, no pasa mucho tiempo, de repente llega en una camioneta vieja y al verme me hace la seña de que lo espere, con emoción espero hasta que sale de nuevo en la camioneta, me pide que me acerque y me sube.
Nos damos un beso en plena boca, sus manos me recorren de los tobillos hasta mis senos, se detienen a jugar con mis pezones así sobre mi blusa.
–¿Estás sin brasier?
–Sin brasier y sin nada, mira
Le digo mientras tomo su mano y la llevo a mi vagina ya húmeda y palpitante, abro las piernas lo más que puedo para darle paso a dos de sus dedos mientras estiro la mano y roso su inmenso pene ya erecto.
–Es increíble lo que me gusta tu verga, hum, me lo comería ¡ya!
Así acariciándonos, él con su pene ya fuera del pantalón y entre mis manos, comenzamos a dirigirnos hacia su casa.
Llegamos, a diferencia de la vez pasada esta vez había armado sobre el piso una especie de cama con una colchoneta que había cubierto con unas sábanas inmaculadamente limpias y perfumadas de color azul.
Sacándome de mi sorpresa me toma de la mano y me invita a pasar, sola me saco lo que me resta de mi vestuario y lo arrojo a un costado, quedo toda desnuda ante sus ojos, mi única indumentaria son mis zapatillas blancas de tacón de aguja, mi pelo suelto un poco desparramado por mi espalda y la otra parte que cae sobre mis deliciosos y jóvenes senos.
Él me mira incrédulo, sin decir palabra, me agacho tomo su pene y se lo empiezo a mamar con ansias, estoy muy excitada, los pensamientos de mi madre y su amante me descontrolan y me excitan aún más.
Don Apolonio me toma de la cabeza y empuja para adelante y para atrás, toma mis cabellos fuertemente entre sus manos, se lo chupo entera, hasta hacerla llegar a mi garganta, Apolonio gime y se toma las nalgas para aventarse con todo contra mi pobre garganta.
–Así, qué rico la mamas uf
Yo me sigo comiendo su tranca y sus huevos, los llevo a mi boca, les paso la lengua por todo el borde.
Se la chupo tanto y con tantas ganas que el pobre hombre no soporta más y me empieza a escupir su leche caliente entre suspiros y gemidos.
Su sabor entre ácido, aceitoso, salado y agridulce contrasta con lo que pensaba que sabría el semen, sin embargo, la imagen de mi madre tragando gustosa me hace aceptar el sabor de Apolonio, retiro su verga de mi boca, pongo mi cara, los restos de leche caen en mi rostro, chorreando por toda mi cara.
Apolonio esta apenado por haberse venido tan rápido lo miro comprensiva, después de todo es un hombre de casi sesenta años con una mujer de 28.
Empieza a intentar vestirse, antes que prosiga, me inclino un poco, tomo su pene flácido, que aún así, tiene un buen tamaño, lo contemplo, le sonrío y pensar que este armatoste es con lo que tantas veces había fantaseado, lo contemplo dormido, acostado sobre su par de testículos gordos y peludos, le digo palabras de ánimo entre lamidas y besitos tiernos y largos.
Me tiro sobre la colchoneta un tanto cansada, él se sienta a mi lado, acaricia mis piernas, me mira
–No te imaginas cuanto soñé con este momento, me dice, posando su mano sobre mi sexo.
Desde que te vi pasar por la calle y te deseé un chingo me cae.
–Pues ya ves, sólo era cuestión de pedirlo, yo también lo… ah…, no me deja terminar la frase, mete un dedo en mi vagina.
No decimos más, se recuesta junto a mí y me besa, como la mujer que deseaba en sus sueños, su mujer, su lengua hurga en mi garganta y sus dedos, porque ya son dos, siguen dentro de mi vulva, empezamos a excitarnos de nuevo, su pene, recargado en mi estómago, crece y se pone firme.
–Hazme tuya -le susurro al oído, quiero que me partas en dos, ¡destrózame! Le exijo.
Se hinca entre mis muslos y los separa lo más que puede, pone la punta de su tranca sobre mis labios vaginales, todavía se da un tiempo para frotarme con ella, aumentando mis ansias, el roce de su suave glande en mi vulva me enloquece, mis puños se cierran, rasgando la sabana sobre la colchoneta, muevo la cadera, tratando de penetrarme yo misma.
–¡Métemela ya cabrón! le grito, ¡ya quiero tenerla dentro por favor!
Apoyándose contra mis piernas, y gracias a lo mojada que estoy me ensarta hasta el fondo de un sólo intento, a pesar de lo excitada que estoy, no deja de dolerme, su verga la siento más grande que la vez pasada, siento que en verdad me parte en dos como se lo había pedido, sus insípidos pelos de su pecho haciéndole cosquillas a mis duros pezones, su correoso estómago aplastando mi vientre y sus dulces besos en mi oreja, ayudan a que el ardor y el dolor pasen lentamente.
Empiezo a disfrutar de sus feroces estocadas, mi boca repasa las vocales extasiada, pronunciando una letra con más sensualidad que la otra acompañando a mis gemidos, el sonido de su boa de carne entrando y saliendo de mi vagina hace que termine de una forma avasalladora.
Apolonio me demuestra que tiene el aguante de un chamaco, que digo el de uno, ¡el de tres juntos!
Me coge en todas las posiciones que se le antojan, me pide que me siente sobre él, mientras yo lo cabalgo el soba mis enrojecidos senos, después me atrapa contra la pared, levanta mis piernas sobre su cintura y me penetra con más rudeza, siento la punta de su espada desgarrando mis entrañas, luego de casi una hora de meter y sacar lo siento explotar con furia, entre gritos lo abrazo fuertemente susurrando palabras tiernas y de ánimo a su oído, como puede, me deposita sobre la colchoneta y tras la última gota de su semen, se desploma sobre mí, así con todo su peso, dificultándome un poco la respiración pero igual no quiero que salga, con su verga aún alojada en mi interior, me pregunta.
–¿Te gusto?
–Si, lo disfruté mucho, y a ti, ¿te gustó?
–Si, nunca imaginé estar así con alguien como tú, se me hace un sueño verdad de dios.
–Conocí a tu mujer, es brava, ¿qué vas a hacer si se entera?
–A cabrón pues no lo había pensado
–¿la amas?
–Si no la amara no estaría con ella y eso nada lo puede cambiar.
–ok, creo que ya entendí, intento levantarme
–Espérate, espérate es cierto que estoy casado, pero igual tú puedes ser mi amante, si quieres.
Está claro que nada del mundo lo convencería de separarse de esa mujer tan horrible que tiene, no vale la pena seguir sufriendo por eso, me digo a mí misma, no tiene caso gastar mis energías en tonterías, lo beso aceptando el trato, tomo su miembro, nos besamos apasionadamente, su preciosa reata reacciona de inmediato, a los pocos segundos vuelve a estar en todo su esplendor, lo tengo encima de mí, así que solo abro las piernas y me penetra, ya no hay dolor, cada centímetro que avanza su boa dentro de mí es de goce total, afuera empieza a llover, ya no somos más maestra y obrero, somos simplemente, un hombre prohibido y su amante.
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Me gusta tu relato ya quiero saber como siguen los siguientes relatos saludos
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