De dama a golfa (4)

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Después de nuestro último encuentro Apolonio se torna un poco distante, quizá por el comentario de tener un hijo o su esposa, en fin, para mí solo fue un comentario sin chiste en medio de mi calentura.

Aprovecho las vacaciones para sacar mis últimas cosas de nuestra antigua casa, visitar familiares o salir con mis antiguas amistades, tratando igual de distraerme un poco de la rutina de ver a mi madre coger con su albañil o de pensar en Apolonio o mi nuevo hermanito.

Precisamente termino de acomodar mis cosas en mi auto cuando una camioneta se detiene frente a la casa, ¡es mi exsuegra!

Mi exsuegra es una mujer muy agradable y muy bien conservada, 72 años, viuda, y vuelta a casar me dice con alegría.

–Te presento a mi marido

No quiero imaginar la cara que puse al ver a ¿don Gumaro? el jardinero examante de mi madre tres años mayor que mi exsuegra

–¿Se conocen? pregunta mi exsuegra

–Si, dice don Gumaro, ¿Qué milagro? me pregunta mirándome de forma libidinosa, recorriéndome el cuerpo descaradamente, cuando su mirada llega a mis senos, se pasa la lengua por los labios, relamiéndose discretamente.

–Que crecidita estas, me dice sin soltarme la mano mirando mi busto.

–¡pero qué sorpresa tan grande! le digo a mi exsuegra tratando de aliviar la situación.

–te vimos salir de la casa y le dije a Gumaro: Mira esa es mi exnuera, riendo como si se tratara de una broma.

Nos abrazamos y besamos entre los tres, por supuesto, don Gumaro me toma de la cintura y me da un beso casi en la comisura de mis labios, yo le apoyo los senos en su pecho, la perra que llevo dentro de mí está empezando a despertar.

Mi exsuegra me invita a cenar para recordar viejos tiempos, me dice, yo asiento intuyendo que en realidad intenta presumirme a su nuevo maridito, suben a su camioneta sonrientes cuando se alejan miro a mi exsuegrito y le brindo mi mejor sonrisa, el vejete me mira embelesado.

Llego a la casa en la que algún día conviví con mi ex marido y su familia, entro y don Gumaro está plácidamente sentado en el sillón de la sala mirando la televisión.

–hola, ¿no está su esposa?

–Salió al salón a arreglarse, no tarda

–¿Quiere que le prepare un café en lo que la esperamos?

El asiente, me siento en confianza ya que conozco la casa de lado a lado, me encamino hacia la cocina meneando mi delicioso trasero, pues intuyo que sus ojos están fijos en él, lo hago adrede, lo provoco, lo caliento.

Pongo a calentar el agua para el café, él se acerca silenciosamente por atrás, sin rozarme ni tocarme, siento su respiración en mi nuca susurrándome al oído.

–Que linda te has puesto, ¿tu mamá sigue igual de sabrosa? Aunque la que siempre me calentó fuiste tu

Quizá esperaba a que me molestara o le dijera o hiciera algo.

–Pues igual y nunca se animó a decirme nada

Quizá no esperaba esa respuesta ya que pasaron unos cuantos e interminables segundos para empezar a rozar mis brazos desnudos con sus dedos, mis pezones empiezan a ponerse duros y a excitarme.

–Siempre supe que eras una putita, lo supe desde que te veíamos espiarnos desde la ventana de tu casa, ¿ O sea que me veían?

–Te gusta la verga, se nota en tu mirada, en tu caminar, como provocas, a poco crees que no lo noté, una hembra como tú, necesita verga y mucha.

Continua acariciándome mientras me habla, apoya su bulto en mi formidable trasero, yo me acomodo para sentirlo.

Lleva ambas manos a mi entrepierna, con uno de sus gruesos dedos aparta mi diminuta tanga y recorre toda mi vagina, introduce su dedo profundamente, sigo de espaldas con mi trasero apoyado en su tremendo bulto.

Su dedo gordo juega con mi clítoris, lo presiona suavemente, el dedo anular lo mete dentro de mi vagina y lo saca, su dedo reemplaza al pene que ya estoy deseando.

Me da vuelta, me pone frente a él, desabrocha mi blusa sube mi brasier, mis senos saltan retadores, acerca su cabeza entre ellos y sin decir palabra empieza a succionarlos mientras sigue masturbándome, después de unos minutos, me toma del mentón y acerca su boca a la mía, con desesperación nos abrazamos y nos damos un largo beso, nuestras lenguas se chupan y entrelazan.

La llave en la puerta suena dando paso a la voz de mi exsuegrita, rápidamente acomodo mi ropa y abrochando mi blusa me meto al baño.

Salgo del baño sonriente, ya más compuesta, pero en llamas, lista para salir.

Vamos al antiguo club que frecuentábamos en familia, don Gumaro cuando puede me manosea y yo me hago la desentendida, mi exsuegra bebe y bebe como siempre, a tal punto, que ya no quiere bailar y le pide a su maridito que baile conmigo la última pieza antes de irnos cada quien a su casa.

Don Gumaro gustoso me toma del codo y me conduce al medio de la pista casi en penumbras y con algunas parejas acarameladas alrededor, me toma en sus fuertes brazos mientras paso los míos alrededor de su nuca, bailamos muy apretadamente, sonriéndonos.

Abro las piernas discretamente y trato de acomodar su bulto entre ellas, lo siento puntearme mientras me meso despacio sobre él, su lengua recorre mis orejas, me las chupaba, después baja a mi cuello y vuelve a subir alborotando mis hormonas, discretamente coloca una de sus manos en mi seno, acaricia mi endurecido pezón por encima del brasier y de mi blusa.

–Te cogería aquí mismo, me dice al oído.

–Me comería tu verga hasta tragarme tu leche, le reviro.

Acaba la pieza, regresamos a la mesa y mi exsuegrita ya está dormida sobre la mesa completamente ebria, salimos, don Gumaro la acomoda en el asiento trasero, ella despierta y me pide que me quede con ella, lo clásico de las borrachas, llora y recuerda tiempos pasados mientras don Gumaro me observa por el retrovisor y con la mirada me indica que mire hacia donde tiene la mano.

Quedo admirada del tamaño y grosor de su miembro, es espectacular, grande, dura y gruesa, de esas reatas para disfrutar por todas partes del cuerpo, le sonrío coquetamente mientras mi exsuegra empieza a roncar plácidamente.

Llegamos a su casa y don Gumaro la sube a su recámara, está muy ebria, aprovecho en darle unas pastillas para dormir que tiene en su cómoda, no tardan mucho en hacer efecto, apago la luz del cuarto, me desnudo completamente, sólo dejo mis zapatillas, al igual que con Apolonio, deseo que don Gumaro me contemple.

Me dirijo a la sala, él ya me está esperando solo con los pantalones puestos, me paro delante de él, levanto una de mis piernas y la apoyo en el brazo del sillón y sin decir palabra le pongo mi vagina en su boca, acaricio sus cabellos canosos, lo observo, me toma de las nalgas apoyando mejor mi desesperada vagina y la empieza a besar, primero mis labios externos, luego mis labios internos, suspiro y me toco los pezones mientras recorre mi vagina de punta a punta, de costado a costado, luego se dedica a estimular mi clítoris, lo sorbe, lo aprieta con sus labios con un movimiento zigzagueante, no resisto más, exploto en su boca restregándome en ella con furia sin importarme lo que el sienta me dejo ir en un orgasmo avasallador recorriendo su cara embarrando mis fluidos hasta en sus ojos.

–¿Te gustó perra?

–¡Si! uf, mucho

–No sabes cuantas veces soñé con comerme tu culito, puta, ¡cuántas veces me cogí a tu madre pensando ti!

–¿neta? pues aquí me tiene, ¿Qué está esperando?

Sonriente y triunfante me pone en posición de perra en el sillón, abre mis nalgas y comienza a lamerme el ano, su lengua entra en mi agujerito y sale, se va a mi vagina, lame mi clítoris y regresa a mi ano, se sienta en el sillón, me pide que lo monte, tomo su tranca con mi mano y me la entierro yo misma bien adentro, la tiene tan larga y gruesa que siento que me toca mi límite vaginal, entra y sale desaforadamente, mientras lo cabalgo me chupa las tetas, clava sus dedos dentro de mi ano para dilatarlo al máximo y poder penetrarme sin molestias.

Me imagino que siente que estoy preparada ya que me vuelve a poner en cuatro patitas, como la perra que soy.

introduce apenas su verga en mi ano, hace que incorpore un poco la espalda, poco a poco va introduciendo su tranca descomunal hasta que sus huevos golpean mis nalgas, ya la tengo totalmente adentro, don Gumaro sabe de su tamaño, se queda quieto para que me acostumbre a su aparato, mientras tanto me estimula con una mano los pezones, un rato cada uno y con la otra incita a mi clítoris, me vuelve loca, estoy tan caliente que le digo que me penetre con los dedos la vagina para saber que se siente ser penetrada por mis dos cavidades al mismo tiempo.

–Pinche perra puta ¿te gustan varios cabrona?

–¡Sí! me encanta la verga ¡las quiero todas para mi solita!

–pinche escuincla, ¡resultaste ser más puta que tu madre!

–Deme su pene, quiero sentir como entra y sale de mi culo.

No se hace esperar demasiado, comienza con un movimiento de entrada y salida, luego lo hace circularmente, me muerdo las manos para que mis gemidos lujuriosos no despierten a su vieja, aunque a estas alturas no la despierta ni una bomba atómica, ronca plácidamente mientras nosotros dos nos gozamos como animales salvajes.

Poco a poco va desenterrando su pene de mi ano, me pone de frente tomándome con fuerza de los cabellos haciendo que me hinque frente a su aparato

–Toma puta, chúpala.

Se la chupo como a nadie de los que me han cogido, lo hago disfrutar de una mamada magistral, cuando empieza a eyacular, la saca y derrama su semen caliente en mi cara, desparramándolo por mis cabellos.

–Toma puta mi leche en tu cara, como se lo merece una zorra como tú.

Su semen se desparrama por todo mi rostro y embadurna mis cabellos.

Caemos rendidos en el sillón donde estamos un buen rato besándonos y acariciándonos.

No incorporamos después de un buen rato, él va a ver a su esposita para después alcanzarme en la regadera y bañarnos juntos cogiendo rico bajo el chorro del agua tibia.

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