Llego a casa después de una agotadora jornada de trabajo, escucho risas en el comedor, son mis papás que por primera vez los escucho platicar como pareja, me acerco, mi papá le pregunta a mi mamá que le diga con sinceridad quién es el hombre con el que más ha disfrutado del sexo.
Mi madre deja pasar unos minutos, me asomo por la rendija del pasillo, la observo haciendo memoria coquetamente.
—Hum, ¿recuerdas al repartidor de gas que llegaba a la casa de vez en vez con un cilindro?
—Pero si nosotros teníamos gas estacionario
Mi madre estalla en carcajadas
—¿O sea?
—¿Y qué te hacia o por qué es el mejor para ti?
Los dejo que sigan en su plática pero igual no recuerdo haber visto a este repartidor en la casa, alcanzo a escuchar su nombre entre las sonrisas de mi mami, Antonio, quien quizá llegaba cuando yo estaba en la escuela.
Los días pasan y empiezo a sentirme motivada de nuevo, pero igual esta vez quiero ser yo la seductora, mis relaciones anteriores se han dado por diferentes circunstancias y esta vez quiero ser yo quien tome la iniciativa, pero igual para la comunidad soy una dama respetable, así que, le comento a mi ex suegra que ando buscando un departamento cerca del barrio donde vivía para arreglar unos últimos detalles de mi nueva plaza.
Mi ex suegra me dice que va a salir de vacaciones con su maridito y que me deja su casa por una semana, así que solicito unos días y me instalo en su casa plácidamente.
Es cuestión de unas horas para dedicarme a rastrear y preguntar por don Antonio en los servicios de gas en la localidad pero nada, así que aguantando la pena le pregunto a mi mamá por él y para mi sorpresa no solo me dice su apodo para localizarlo si no me proporciona su número, con estos datos averiguo los días en que pasan por la colonia.
Y efectivamente al otro día puntualmente escucho a los repartidores gritando por la calle ofreciendo sus cilindros de gas, llena de un inusual nerviosismo me incorporo y me asomo por la ventana viendo como caminan gritando a lado de su camión repartidor, tan absorta estoy en mis pensamientos que de repente noto que el chofer del camión me observa, llena de vergüenza cierro las cortinas, como una chiquilla curiosa abro una rendija para darme cuenta que sigue observando hacia donde estoy.
Abro las cortinas y salgo al balcón para ver que hace, mientras su ayudante me ofrece gas desde donde está noto que el saca su celular y lo apunta hacia mí, así que le lanzo una sonrisa y me meto cerrando las cortinas.
Obvio sé que no es una peli porno y va a entrar desgarrándome la ropa me digo entre carcajadas, vamos a ver que hace me digo a mi misma.
Al otro día igual escucho que andan de nuevo temprano, así que me asomo de nuevo, sin nada sexi que dé paso a algo mas, solo con mi pijama y mi sonrisa pero igual no hay nadie en el camión.
Tocan a la puerta y voy pensando en el chico del día anterior, pero no, abro y miro a un señor humilde, como de unos 50 o 60 años, moreno claro, bajito y algo pasado de peso.
—Buenos días señora, traigo el tanque, me dice con su voz grave y ronca por el esfuerzo.
Sin la más mínima idea de lo que hago le digo que lo ponga donde siempre.
—Gracias, le digo con una sonrisa pícara, hace muchísimo calor hoy, ¿verdad? ¿quiere un vaso de agua fría?
El duda, pero termina aceptando, empezamos hablando de cosas normales: el calor infernal, el pueblo, su trabajo, le cuento un poco más de mí, me cuenta que lleva mucho poco tiempo en esta ruta, que es casado, me cuenta de sus hijos, su esposa, sus nietos.
Sonrío dulcemente y le respondo.
—¡Qué bonito! Debe ser muy duro pasarse el día entero fuera cargando tanto peso y llegar a casa agotado.
Suspira, su voz grave, ese tono de marido frustrado, sus brazos venosos sujetando el vaso, el olor a sudor y a hombre de verdad que desprende, no dejo de mirarlo a los ojos, sonrío con las cosas que dice cuando intenta ser gracioso, algo me pasa, me siento atraída, alegre, en fin, no llego a más, sin saber porqué le explico que voy a volver a mi trabajo, es la primera vez que me siento angustiada por su matrimonio etc.
Mantenemos contacto por su número, los mensajes llegan uno tras otro, hasta que nuestro interés digital se convierte en cómplice de nuestro primer encuentro.
La tarde es calurosa, dejo mi auto en un estacionamiento y camino hacia el parque donde quedamos de vernos, con mi ceñido y pequeño vestido mostrando mi par de tremendos y redondos senos, mi estrecha cintura, mis sensacionales, largas y torneadas piernas que obligan a soñar en muchas cosas, no llevo medias, lo que deja notar más mi sensualidad y belleza.
Mi mirada choca con él más adelante, sentado, bajo la sombra de un frondoso árbol sonriéndome.
Paseamos, entre pláticas le tomo el brazo, nuestras conversaciones inocentes empiezan a subir de tono, las horas pasan y no dejo de sonreír con sus ocurrencias, el no se atreve a mas así que le cierro el paso, lo miro a los ojos, nuestra atracción mutua hace que nos acerquemos uno al otro y nos demos nuestro primer beso.
Abrazados dándonos tiernos besos me sube a su camión y me lleva a un apartamento cercano, el corazón me late en la garganta, tenía tiempo que no experimentaba algo así, apenas cerramos la puerta sus manos grandes y venosas me atraen hacia él, me besa con hambre contenida, su lengua experta explora mi boca mientras sus dedos bajan por mi espalda y se hunden en mis nalgas apretando con fuerza, gimo contra sus labios sintiendo su erección presionando contra mi vientre.
—Desnúdate para mí Yaneth, —murmura
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Tu mamá me lo dijo, me contesta tiernamente mientras se sienta en el sillón que hay
Obedezco con lentitud deliberada ya que es lo que precisamente me gusta, mostrarme desnuda.
Me desnudo lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos con mi mirada de niña tierna, quedo desnuda ante él,
Se inclina hacia adelante, agarrándome por las caderas me jala hacia él, “Siéntate aquí” ordena señalando su rostro, sus fuertes brazos colocan mis caderas a la altura de su cara, siento su aliento caliente contra mis labios vaginales, su nariz roza mi clítoris, suelto un gemido largo y profundo, su lengua lame todo lo que encuentra a su paso.
—Ah, sí, así —jadeo moviendo las caderas en círculos lentos, su lengua penetra mi interior, cogiéndome con movimientos precisos, sus manos maduras aprietan mis muslos, guiándome, animándome a frotarme más fuerte contra su cara, siento los pelos de su insípida barba raspando mi piel sensible, un contraste delicioso que me hacía estremecer, el sonido húmedo de su boca comiéndome la vagina llena la habitación, mezclado con mis gemidos cada vez más altos.
Me inclina hacia adelante colocando mi manita sobre su paquete, se la sobo con fuerza, me las arreglo para liberar su boa, dura, gruesa, palpitante, un miembro maduro con esa curvatura perfecta que sé que rozará todos mis puntos internos, la masturbo mientras él sigue lamiéndome sin piedad.
—Quiero tu boca en ella —me ordena.
Me doy vuelta y así como está sentado adoptamos la posición 69 perfecta, mi boca envuelve su glande saboreando su sabor salado y masculino se la chupo con devoción, lamiendo toda su longitud, bajando hasta sus huevos pesados y subiendo de nuevo, mi lengua juega con la vena gruesa de su eje mientras él introduce dos dedos en mi batiendo con fuerza.
El placer es abrumador, sus dedos me penetran con ritmo constante, entrando y saliendo mientras su lengua azota mi clítoris, mis jugos le cubren la cara goteando por los pelos de su barba mientras yo succiono más fuerte, tragando más de su verga, sintiendo cómo golpea el fondo de mi garganta, mis tetas se balancean con cada movimiento el se da cuenta y estira una mano para pellizcar mis pezones, tirando de ellos con esa mezcla perfecta de dolor y placer que me vuelve loca.
—Eres tan hermosa, tan perfecta, tu cuerpo joven me vuelve salvaje —murmura entre lamidas.
Su voz y sus palabras me encienden, acelero el movimiento de mis caderas, frotándome en su cara sin ningún recato, persiguiendo el orgasmo que deseo desde hace días, sus dedos entran más profundo, rozando ese punto exacto que me hace ver estrellas, grito como puedo con su verga en la boca mientras mi sexo se contrae en espasmos violentos en su boca, el lame con avidez prolongando mi placer hasta que termino, el sigue lamiendo tiernamente.
Me levanto jadeando, me giro para mirarlo, su cara brilla con mis fluidos y su verga esta más dura que nunca, prieta y palpitante, me siento a horcajadas sobre él, guiando su erección hacia mi entrada, bajo despacio, sintiendo cómo me abre centímetro a centímetro rozando cada pared interna, gimo al sentirme completamente empalada, tragándome toda su longitud.
Comienzo a cabalgarlo con movimientos fluidos, subiendo y bajando, girando las caderas para sentirlo en todos los ángulos, sus manos agarran mis nalgas, ayudándome y su boca capturan cada uno de mis pezones, chupándolos a su vez con fuerza, el sonido de nuestras carnes chocando es excitante, mezclados con mis gemidos y sus gruñidos roncos.
—Cógeme más fuerte Antonio quiero sentirte —suplico aferrándome a él, acelerando el ritmo, él me embiste con potencia sorprendente para su edad, enviando descargas de placer puro a través de mi cuerpo.
Me inclino hacia atrás colocando una de mis manos en su rodilla mientras la otra la llevo a mi clítoris, frotándolo en círculos rápidos mientras me pistonea sin piedad, el segundo orgasmo me atraviesa como un rayo, grito su nombre mientras me sujeta fuertemente contra el y en un gruñido animal se viene dentro de mi inundando mi interior con chorros calientes y espesos de semen, me detengo para sentir cada pulsación, cada chisguetazo llenándome, marcándome.
Nos quedamos unidos, jadeando, sudados, con su verga todavía latiendo dentro de mí, beso su cuello arrugado, lamiendo el sudor salado de su piel.
—Quiero más —le susurro al oído, él sonríe besándome.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Mi mamá me lo dijo le digo con una sonrisa pícara
Me levanta como si no pesara nada y me lleva a la cama, abre mis piernas ampliamente y se hunde de nuevo en mí con una embestida profunda, esta vez cogemos lento, saboreando cada sensación, sus caderas embisten tiernamente, su verga explora cada rincón de mi útero, acaricio su espalda, muerdo su hombro, me pierdo en el éxtasis de su experiencia, me da la vuelta, me coloca a cuatro patas, me penetra, sus bolas golpean deliciosamente mi vagina en cada envión, su mano me toma del cabello, la otra la coloca en medio de mis caderas.
—ah, Yaneth, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, no puedo creer que estés con este viejo. —Me dice mientras explota de nuevo dentro de mí.— ¿Te gustó? —Me pregunta mientras descanso recostada en su curtido pecho
—Mucho
—¿Más que los cabrones con quienes andas?
Lo miro fijamente y le contesto que si dándole un tierno besito
—Te quiero para mi solamente Yaneth
—¿Y tu esposa? Tu familia
Quedo en espera de su respuesta.
—Ya había pensado en rehacer mi vida —me dice dándome un beso largo y apasionado, yo correspondo pensando en que es la respuesta que quizá estaba esperando.
Me pongo de pie, sonriendo, sintiéndome orgullosa de mi belleza, Antonio sonríe también, se incorpora me sujeta de la cabeza y me atrae a su boca, su lengua gorda y tibia invade mi boca, me chupa la lengua, me succiona el labio inferior, sus manos se turnan para manosearme y estrujarme pechos y nalgas, alzo un muslo para que me lo acaricie mientras nos besamos, me coloca de nuevo sobre la cama, pero yo me volteo y me pongo en posición de perrita, el encamina su reata hacia mi vagina, pero lo detengo tiernamente y la coloco a la entrada de mi ano.
Abro la boca jalando aire al sentir su cabezota empujando el hoyito de mi culo, Antonio lo presiona con fuerza y me duele mucho recuesto mi cabecita en el sofá, dedicada a gemir y a alabarlo, a decirle que lo amo, que nunca había estado con alguien como él, que es el único hombre que me ha hecho sentir mujer.
—¿Te casarías conmigo? —Me pregunta mientras sigue hundiendo su gruesa boa de carne en mi anito— ¿Quieres ser mi mujer y yo tu marido?
—¡si! —Grito esta vez sintiéndolo avanzar en mis entrañas
Clavo las uñas en las sábanas de la cama mudo testigo de mi sodomía, siento que me parte en dos, me muerdo los dedos para amortiguar mi alarido, me duele, pero igual quiero que sepa que le pertenezco.
Antonio me penetra como loco, clavándome sus uñas en mis nalgas, y sin poder creerlo, me regala un tremendo orgasmo que me dejó fascinada, mi macho saca su vergota, quiere terminar dentro de mí.
Me recuesta boca arriba sobre la cama, nos miramos a los ojos mientras se acomoda entre mis piernas, me la mete con fuerza hasta el fondo, sus enormes testículos peludos golpean mis nalgas, una sensación de ahogo me invade, entonces sin miramientos, pasa sus fuerte y gruesos brazos bajo de mi cuerpo pegándome a su viejo y curtido estómago para comenzar a sacarlo y meterlo , arrancándome gritos de placer al sentir las paredes de mi vagina rozadas por su pedazo de carne.
Antonio pone su cara al lado de la mía, se mueve tan exquisitamente haciéndome sentir el placer de su penetración, su tolete entra hasta el fondo y luego sale hasta la cabeza, me hace sentir tan profundamente penetrada, las paredes de mi vagina se contraen deseando no dejar salir nunca a su nuevo dueño.
Antonio a mi lado, me besa y lame mis mejillas, me susurra entre sus gemidos de placer: “¿Esos pendejos te han cogido así?”, completamente rendida le digo que no, que él es un hombre de verdad.
—¿Soy tú hombre ahora?
—Uf si , eres mi hombre
Mi piel blanca contrasta contra su cuerpo moreno y peludo, me aferro a el como puedo aprieto mis muslos contra su cuerpo obeso y mis manos en su cuello mientras me penetra, con los ojos entrecerrados por el placer de sentirme así de llena, tomo su cara y la conduje hacia mis labios, lo beso desenfrenadamente disfrutando a mi hombre gimiendo como perra en celo le grito:
—Hazme un hijo, ¡quiero un bebé!
—¿En serio quieres un bebé de tu macho?
Por respuesta me abrazo a él con todas mis fuerzas mientras el comienza a culearme de una manera bestial, nunca me imaginé que me chulearían de esta forma a tal grado de sentir tan profundamente el pene de un hombre.
Lo beso, lo muerdo de los hombros, mis orgasmos se dejan venir uno tras otro, Antonio comienza a balbucear que se va a venir, que me prepare porque me va a dar el bebé que tanto anhelo.
Empieza a eyacular llenando mi útero de su semen, me hace sentir sus potentes chorros es algo maravilloso, lo beso gustosa, deseosa.
Nos relajamos juntos, exhaustos, satisfechos entrelazados, su semen hurgando dentro de mí y yo viéndolo agradecida por que, a pesar de mi marido y mis anteriores amantes, él ha sido mi primer hombre realmente, aquel, que estoy segura, todas las mujeres soñamos, aunque no queramos admitirlo, ese hombre, que te lleva al paroxismo como hembra.
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