Esa noche, Denisse tocaba el Preludio de la Suite No. 1 de Bach en Sol Mayor, las notas de su violonchelo se mezclaban con el agua de la suave lluvia que, resbalando por las ramas y luego por las hojas de los laureles, caían sobre los geranios dormidos que abundaban en las macetas del patio.
Desnuda, frente a la ventana, veía las luces de la ciudad, opacas por el vidrio mojado por la lluvia, sus manos largas, blancas y suaves frotaban las cuerdas y el arco sacando finas notas. Su cabello juntado en una cola, sus pechos de buen tamaño parecían pelearse con el violonchelo. Denisse era una hermosa chica italoamericana, esbelta de piel trigueña su cuerpo parecía de diosa. Había llegado a mi ciudad por un programa de intercambio cultural.
La conocí cuando empezó a frecuentar el restaurant donde yo trabajaba como encargado del turno de la noche. Vivo en una típica ciudad colonial Mexicana, ubicada al sur de la república, cien por ciento turística y por lo tanto muy frecuentada sobre todo por turistas estadunidenses, canadienses y europeos, no era raro que una chica así frecuentara el restaurant y más porque estaba frente a un parque conocido porque en él se reunían artistas de todo tipo además de que estaba rodeado de galerías, hoteles y bares con música viva dándole un tono bohemio a la zona. En una esquina había una iglesia, de hecho en la ciudad casi había una iglesia en cada cuadra.
Su español era bueno, nos empezamos a llevar bien, al grado que ella ya no ocupaba una mesa si no que se sentaba en la barra cerca de mi lugar en la caja registradora para poder platicar más a gusto. Denisse estaría medio año dando clases de música en la escuela de Bellas Artes del estado a la vez hacia un estudio sobre la música local.
Me había pedido que le ayudara a buscar un lugar más amplio pues la universidad la había hospedado en una casa propiedad de la institución pero la tenía que compartir con otras personas y eso no le agradaba.
Yo vivía en la casa que mi madre me había heredado en un barrio típico de la ciudad, era una casa grande de dos niveles. La casa tipo colonial con habitaciones muy amplias, corredores con pisos de ladrillos rojos y con muchas plantas. Había dos laureles que cubrían de sombra todo el patio, en mis planes a futuro era convertirla en un hostal pero por el momento le ofrecí a Denisse que ocupara una parte del segundo piso, era un cuarto amueblado que mi madre tenía reservado para las visitas.
El día que se mudó, no fue al restaurant ya que se quedó acomodando sus cosas, cuando llegue a casa como a la una de la mañana, llovía suavemente y ella practicaba con su instrumento. Tome un baño y me dispuse a descansar.
Escuche que me llego un mensaje, era de ella, “Sube” decía. En esas tres semanas de conocernos nunca le había insinuado nada, y por supuesto que me gustaba, pero debo aceptar que la veía fuera de mis posibilidades, me había contado que sus padres tenían una buena posición en los Estados Unidos, su padre era propietario de una gran tienda de instrumentos musicales además de afinar y reparar pianos pues era músico de profesión y su madre que era italiana tenía una escuela de canto.
Llego otro mensaje “Ven”. Subí despacio las escaleras. Denisse había dejado de tocar, el cuarto que ocupaba tenía dos ventanales a las cuales les había puesto unas delgadas y largas cortinas blancas que el suave viento por su ligereza agitaba.
Su violonchelo estaba en su base, sus cuadernos y partituras estaban sobre la alfombra roja, ella totalmente desnuda recostada en la cama acariciando su cuerpo con el arco de su violonchelo. Junto tenía el control de su equipo de sonido, lo tomo y encendió los altavoces. Empezó a sonar Love History, en violonchelo, muy suavemente.
Su cuerpo era mucho más hermoso que lo que me imaginaba, su cabello trigueño, sus pezones rosados y tensos delataban su excitación, mojaba sus labios que se le resecaban. Dejo el arco de su Cello y se empezó a enjuagar los pechos muy suave al compás de la música, tomando sus pezones entre sus dedos y estirándolos con suavidad.
Quede inmóvil ante esa escena, era como estar frente a una divinidad, parecía una Musa llegada del mismo Olimpo. Se empezó a masturbar, sus dedos amaestrados en el movimiento, largos y suaves jugaban con su clítoris con gran maestría. Di un paso al frente queriendo formar parte de esa escena, y como si dirigiera una pieza musical alzo su mano en señal de alto, me que inmóvil, entendí que quería que observara.
Se abrió la vulva con una mano y con la otra se metió una de sus tetas en su boca, la cual mordía y lamia a la vez que clavaba sus mirada en la mía. Empezó a meter sus dedos en su vagina. Sentí una erección muy fuerte, sentí que mis líquidos ya me mojaban. Termino la pieza y empezó Passacaglia en piano, fue entonces que me llamo con suave ademan, con la mirada señalo su vagina.
¡Qué sabor! Sus líquidos vaginales cubrían toda mi boca. Metía y sacaba la lengua, succionaba, mordía y lamia esa fruta de sabor exquisita y de sabor inigualable. Me separo de su vulva y de un movimiento rápido se puso encima de mí, bajo hasta donde el bulto de mi polla era ya notable, me sobo por unos segundos luego con maestría bajo el zipper y saco el animal erecto y venoso.
La sonata Claro de luna de Beethoven empezó, su mirada parecía acompañar las primeras notas del piano, luego puso sus ojos en mi pene palpitante que dejaba escapar gruesas gotas de lubricante. Se lo puso en la boca despacio, al compás de la música, y empezó a lengüetear la punta de mi polla como si su lengua tuviera un pequeño motor, subía y bajaba lengüeteando, al bajar hasta mis huevos los succionaba con su boca poniendo más tensa mi erección.
Recorrió con su boca mi cuerpo, mordió suavemente con sus labios mis pezones sin dejar de masturbarme, luego volvió a bajar tomado mi verga y metiéndosela en lo más profundo de la garganta. Metía y sacaba toda entera de una vez, mostrando una garganta educada.
Se puso en cuatro frente a mí, la bocina quedo en silencio, empezó luego suavemente Mariage d´Amour con violonchelo. La penetre desde atrás, la suavidad y la tibieza de su vagina era excitante, veía como entraba y salía mi palo ardiente, su piel blanca resaltaba mi verga venosa y morena. Su espalda era más suave y hermosa que la porcelana, su cintura delgada y sus nalgas amplias y firmes.
Su ano era rosado, lubrique con mi lengua, le deje toda la saliva que pude y con suavidad metí mi dedo medio, despacio, sin prisas pues teníamos toda la madrugada.
Me acomode y puse la punta de mi verga en la puerta de su fundillo, primero la cabeza, jugaba con esa estreches metiendo y sacando la punta de mi polla. Denisse gemía. Le deje ir toda suavemente, hasta que mis testículos golpearon sus nalgas, la suavidad de su ano y su estreches me hacía gozar. Sentía como su piel suave de su fundillo envolvía mi polla. Los quejidos suaves y melodiosos de Denisse eran excitantes.
Se me encimo, con su mano suave guio a mi verga hacia su abertura la cual ya estaba empapada. Empezó a darse de sentones sobre mi erecta polla, su lengua se entrelazo con la mía, sentía como sus pezones rosaban mi pecho a la vez que dejaba caer su peso sobre de mi quedando ensartada en lo más profundo. Ya no pude más. Sentí como todo mi semen inundo su vagina. Nunca había eyaculado tanto. Fue un placer inmenso, no dejaba de acariciar el cuerpo hermoso y suave de Denisse.
El Preludio de la suite No. 1 De Bach en sol mayor empezó nuevamente, sus notas parecían meterse entre las ramas de los laureles, entre los geranios, entre las sábanas blancas donde yo y Denisse reposábamos nuestros cansados cuerpos. Esas mismas notas parecían salir por la ventana, y perderse en esa ciudad, en sus calles empedradas iluminadas por faroles, con una madrugada ya por esfumarse.
Fin.
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