Doña Remedios (1)

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Mi padre abandonó a mi madre en la ciudad dejándola sola y destrozada, un hombre sin escrúpulos incapaz de sostener a una familia un borracho vividor sin apego a la familia, no recuerdo un gesto cariñoso suyo. Mi madre trato de salir adelante por sus propios medios trabajando de camarera para que yo pudiera estudiar, al cumplir los dieciocho tuve que dejar los estudios para ayudar a mi madre, que entre las deudas que mi padre nos dejó y el alquiler del piso nos vimos prácticamente en la pobreza.

Mi madre no tuvo más remedio que recurrir a su único hermano. Tío Ernesto que siempre advirtió a mi madre que mi padre solo le traería problemas, mi madre ahora humillada y sin recursos sabía que su hermano había tenido razón.

La oí llorar y suplicar a su hermano que aceptó que nos fuéramos a vivir con él y su familia una temporada. Tío Ernesto estaba casado con Lucía una mujer muy guapa y siempre sonriente. También vivía con ellos doña Remedios la madre de Lucia, un poco estirada y reservada. Tío Ernesto era mayor que mi madre tenía cuarenta y ocho años mi madre cuarenta y dos la misma que la tía Lucia, doña Remedios tenía sesenta. Yo la animaba diciéndole que lo mejor para nosotros era volver al pueblo legos de la gran ciudad y del hombre que decía ser mi padre. Tío Ernesto, Lucia y su madre vinieron a recogernos en su coche delante tío Ernesto conduciendo y Lucia que no paró en todo el viaje de hablar, detrás mi madre y doña Remedios en medio de las dos mujeres yo.

Se nos hizo de noche y para colmó comenzó a llover, tío Ernesto tuvo que aminorar la marcha alargando aún más el viaje, la carretera sé volvió pedregosa, con baches y socavones doña Remedios en su afán de sujetarse a algo con su mano fue a parar justo entre mis entrepiernas, mi polla al contacto respondió endureciéndose cómo yo nunca había experimentado, para mi asombro ella no hizo nada por retirar su mano amparándose en la oscuridad su mano subía y bajaba a lo largo de mi polla note perfectamente sus dedos oprimiendo mi polla, creo que la estaba midiendo.

Me excite tanto que silenciosamente me desvanecí con una prematura corrida cuando por fin terminó el viaje al bajar del coche pude apreciar en los ojos de doña Remedios un brillo que no le había observado hasta entonces, al entrar en la que ahora también sería mi casa doña Remedios alegando cansancio se fue para su habitación.

Mi tía Lucía nos indicó cuál sería nuestras respectivas habitaciones, a mi madre le tocó en la parte alta de la casa junto a la del matrimonio y a mí me tocó en la parte baja de la casa enfrente a la de doña Remedios. Por la mañana mi madre me despertó y me pidió que me diera prisa me esperaban para desayunar, mientras desayunábamos mi madre pregunto por doña Remedios, Lucia nos dijo que su madre solía levantarse una hora más tarde, el primero en despedirse fue tío Ernesto para irse a su trabajo. mi madre y la tía Lucía decidieron salir a realizar algunas gestiones.

Me pidieron que fuera deshaciendo las maletas en su ausencia, cuando se marcharon me propuse echar una mano en todo, no quería ser una carga en la casa y decidí lavar los platos y tasas que habíamos utilizado en el desayuno, mientras lo hacía recordé lo sucedido en el coche volviéndome a excitar, mi polla respondió rápidamente poniéndose dura como una piedra. Al oír su saludo me gire rápidamente sin pensar que mi pantalón corto de pijama apena podía ocultar mi polla dura doña Remedios clavo su mirada en mi polla y nuevamente pude apreciar esa mirada de la noche anterior sin saber que decir o que hacer opte por irme a mi habitación con la excusa de cambiarme de ropa.

Como un autómata en mi habitación comencé acariciar mi polla dura, me tumbé en la cama y serré los ojos mientras masajeaba mi polla, ya estaba a punto cuándo la voz de doña Remedios retumbo en mis oídos ¿quieres que te ayude con ese asunto tuyos? los colores me aparecieron cuándo vi ante mi vista a doña Remedios traté de balbucear una disculpa mientras trataba de cubrirme con las manos que apena disimulaba mi bulto. Ella se quedó mirándome por un instante en silencio hasta que volvió a preguntarme descaradamente.

Avergonzado apenas pude balbucear una respuesta. Una sonrisa apareció en su cara, serrando la puerta tras de sí se acercó al borde de la cama y deslizó suavemente sus manos entre las mías apartándolas y atrapando mi polla entre sus dedos ¡Caramba! el rostro se le encendió ¡Qué tamaño, madre mía!¡no imaginaba que tuvieras un amiguito tan grande y hermoso! note sus ojos de deseo mientras trabajaba mi polla subiendo y bajando desde el capullo hasta los huevos suavemente.

Con el mismo descaro me pregunto ¿has hecho sexo alguna vez con una mujer? ¡no señora! ¿eres virgen entonces? asentí tímidamente ¿sabrías ser discreto? ¡Si, señora! Ella sonrió soltó mi polla y dándome la espalda comenzó a desnudarse arrojando su traje a una silla, mientras se desprendía del sujetador, devore con la vista su ancho cuerpo. Cuando se desprendió de su braga mis ojos vieron un gran culo esplendoroso de una blancura deslumbrante, al girarse para dejar sus prendas sobre la silla aparecieron unos generosos pechos, pude ver por unos segundos bajo su vientre el monte de Venus cubierto de vello oscuro y rizado, esa visión me produjo que me excitara de una manera descontrolada.

Entro en mi cama y aparto las sábanas me quería totalmente a su merced, sujetando mi polla con su mano la masajeaba despacio de arriba abajó, ¡Si me juras, que nunca dirás nada a nadie, de hoy en adelante te enseñaré como disfrutar de este amiguito tuyo! ¡se lo juro que nunca diré nada a nadie! ¿espero poder confiar en ti? !Por supuesto que si doña Remedios! ¡De acuerdo, ahora déjame hacer a mí! se la metió en la boca y con la lengua me espoleaba el glande, con una mano me frotaba la base de la polla y con la otra acariciaba delicadamente mis huevos.

Era la primera vez que me chupaban la polla, el placer era inmenso, ella de vez en cuando paraba y me observaba, parecía que la idea de ser la primera persona que me poseía la excitaba, su cara y mirada era de pura lujuria, chupó hasta poner mi polla tiesa y dura, pasando una pierna por encima de mí y con su mano apunto mi polla a la entrada de su coño, se dejó caer suavemente y comenzó a subir y bajar, echándose sobre mi vientre sus labios sé unieron a los míos y su lengua entro en mi boca revolviéndose contra la mía de un lado al otro. Sus movimientos se volvieron compulsivos, yo intuitivamente me sujeté a sus caderas y la acompañé con desenfrenados movimientos empalándola con toda mi polla.

Comenzó a menearse más rápido presa del desenfreno alcanzando entre gritos un brutal orgasmo. Se quedó postrada sobre mi empalada por mi polla que aún permanecía dura. Nos besábamos y acariciábamos mientras ella me susurraba palabras cariñosas jactándose de haberme iniciado en el sexo, saltaba a la vista que la idea de desvirgarme la excitaba. Doña Remedios cociente de que mi polla aún continuaba dura en su interior, se echó a un lado y abriéndose de pierna me dijo ¡sitúate en medio!

Ella misma dirigió mi polla a la entrada de su coño mientras yo la penetraba, situó ambas manos sobre mis nalgas y me dijo ¡¡vamos comienza a moverte!! comencé con movimientos acelerando y violentos. Ella estaba excitadísima, dio rienda suelta y desenfreno. Sus manos se aferraron a mis nalgas, tiraba de ellas convulsivamente como si quisiera que la atravesara con mi polla. Doña Remedios no tardó en llegar a otro orgasmo moviéndose y jadeando de un modo histérico, al instante me corrí dentro de ella, que al sentirlo se contrajo serrando sus grandes muslos, presionando mi polla dentro de su coño.

Paso un rato hasta que recobráramos el sentido, sujetándome con las dos manos me besó apasionadamente y me dijo que era un joven bien dotado que hacía tiempo que nadie la había satisfecho tanto cómo yo, ni siquiera su difunto marido. Sus mimos me habían vuelto a poner la polla tiesa dentro de su coño, doña Remedios intento apartarme aludiendo a la prudencia. Mis movimientos pusieron las cosas a mi favor doña Remedios no tardo en ponerse cachonda y volvimos a follar, aunque esta vez con más calma hasta que nos corrimos al unísono los dos desvanecido caímos en la cama por un rato hasta que doña Remedios me apremió que nos diéramos prisas, pronto los demás volverían. Después de asearnos empezamos con las tareas cotidianas, mientras la ayudaba doña Remedios aprovechó para decirme que tenía que ser muy prudente delante de los demás. Que la tratase con el respeto de siempre para no levantar sospecha. Yo no cabía de júbilo había perdido mi virginidad con una mujer madura.

Doña Remedios me prometió Instruirme en el sexo, no pude dormir en toda la noche presa de la excitación. Mi madre tuvo que zarandearme para que me despertara, después del desayuno todos se fueros a sus respectivos trabajos. Doña Remedios apareció una hora más tarde, nos cruzamos una mirada de complicidad, me levante de la mesa y me arroje a sus brazos, le rogué que me dejara follarla otra vez, ¡aun tienes mucho que aprender, comportarte como un buen chico mientras te doy tu primera lección!

Ella se abrió la bata y me muestra la mata negruzca entre sus muslos gordos me arrodillo hipnotizado y hundo mi cara en esa mata negra de vellos, meto mi lengua lo más adentro que puedo moviéndola de un lado a otro. El ataque fue tan inesperado como placentero para doña Remedios, que me sujeto por la cabeza con ambas manos apretó su coño contra mi boca mientras me decía ¡si, si bien, oh oh! chupo con fruición, mientras ella sujeta mi cabeza con sus manos y restriega su sexo contra mi boca y lengua, sus gemidos inundan la cocina ¡Aaah, aaah, ¡siii, siii, aaah!

Yo continúo lamiendo encantado su húmedo coño centrándome en un bulto que parecía excitarla en extremo, más tarde me enteraría que ese era su clítoris, ella a su vez no cesaba de agitar nerviosamente el culo desbordada por la excitación apretó con más fuerza mi boca contra su coño al tiempo que alzaba el culo sus muslos se contrajeron convulsivamente atrapando mi cara entre ellos y siento entrar en mi boca una gran corrida de un intenso orgasmo con largos gemidos ¡Ah, ah, aaah!, permaneció inmóvil durante un instante hasta que finalmente me libero.

Sin mediar palabra alguna se arremangó la bata y dándome la espalda me dijo desesperadamente ¡méteme ahora esa gran traca tuya! mientras se apoyaba en unas de las sillas con las piernas abiertas, mostrándome su abierto y húmedo coño.

Encantado por la manera en la que me había pedido que me la follara no me reprimí y se la metí de un golpe sujeto a sus caderas en su húmedo coño con toda mi fuerza, ella secundo mi embestida echándose hacia atrás y lanzando un grito de placer mi pelvis chocaba contra sus nalgas frenéticamente mis embestidas eran violentas y rápidas la arremetí con mi polla hasta que se corrió entre chillidos de placer continué arremetiéndola logrando otro orgasmo, corriéndonos al unísono entre gritos.

Nos besamos con pasión, yo hubiera vuelto a la carga con el mayor gusto, pero ella me lo impidió diciéndome ¡no, querido joven, ya has hecho más que suficiente, te aseguro que me has hecho gozar como nunca ningún hombre! ¡ahora vamos a limpiarnos antes de que lleve los demás!

El resto del día lo pasé trabajando en el jardín. Por la noche en la cena tío Ernesto me dio las gracias de cómo había dejado el jardín el apenas tenía tiempo, lucia también me agradeció que le hubiese terminado de reparar el invernadero para plantas, doña Remedios también elogió el buen trabajo que había realizado en el jardín y me pregunto delante dé todos si quería acompañarla a una casona que tenía a las afueras del pueblo. Para hacerle unas pequeñas reparaciones y de paso conocería el lugar evidentemente acepte.

Mi madre aprobó mi decisión con besos y mimos legos de sospecha alguna. A la mañana siguiente emprendimos el camino, la casona estaba en lo alto de un monte a dos horas a pie, subimos tranquilamente hablando, al llegar contemple una pequeña casona antigua construida en piedra, puerta y ventanas de madera y el tejado con lajas de pizarra, detrás de la casa corría un pequeño riachuelo de aguas limpias y trasparentes, mientras yo disfrutaba del paisaje, ella me contaba que en esa casa la habían criado sus padres, y ella a su vez a su hija Lucia.

Cuando entremos al interior de la vivienda pude ver una sola estancia principal, que albergaba la chimenea y unos muebles antiguos bien cuidados incluyendo una cama de matrimonio, en la parte alta un pequeño desván con una cama infantil al lado de una pequeña ventana. doña Remedios me pidió que encendiera la chimenea, mientras ella corría la cortina de la única ventana y organizaba algunas casas, comprobé por mí mismo que la casa se encontraba en perfecto estado y bien cuidada.

Al mirarla pude ver en su rostro sus verdaderas intenciones, doña Remedios era una mujer sumamente ardorosa, y ahora que se había roto su largo retiro en el sexo ya no había nada capaz de contenerla, después de desnudarnos me insto que me tumbara en la cama boca arriba mientras ella admiraba lo que ella llamaba una obra maestra de la naturaleza.

De ver y palpar paso a chupar, en un instante se me puso tiesa y dura comencé a gemir de placer ¡Oh, sí! Ella me dijo que le encantaba verme disfrutar mientras ella chupaba mi enorme polla cuya cabeza apenas le cabía en la boca continúo chupando hasta conseguir que mi polla tomara su máximo vigor. Voy a mostrarte la forma en que mi marido prefería follarme, subió a la cama y se arrodillo, colocando su precioso culo delante de mí. Me pidió que me situara detrás de ella de rodillas, atrapo mi polla con su mano que asomaba por el medio de sus muslos y se la llevo a la entrada de su coño, la penetre despacio admirando su soberbio culo, su tamaño y blancura me volvían loco.

Súper excitado, comencé el combate sin contemplaciones, ella parecía excitada de sobremanera sus gemidos llenaba la estancia ¡Ah, ah, ah! la arremetía con violencia antes de que ella se desplomara arrastrándome consigo sin desalojarla continúe arremetiéndola con ímpetu, mientras ella tenía el primer orgasmo. Sin desalojarla nos pusimos de costado y continúe con el combate, mientras ella se masajeaba el clítoris hasta que volvió a tener un segundo orgasmo, entrelazados nos quedamos tumbados en la cama mientras reponíamos fuerzas, ella me abrazaba con ternura elogiando mi juventud y yo la elogiaba por lo dichoso que era al tener mi primera maestra en el arte del amor y que además me había desvirgado, eso parecía excitarla de sobremanera.

Nos levantemos para satisfacer nuestras necesidades naturales y al volver a la cama le rogué que se hincara de rodillas boca abajo en el borde de la cama, me arrodillé y lamí su coño por detrás hasta que muy agitada me pidió que la follara de una vez. Con mi polla tiesa a punto de reventar se la metí de un golpe tan adentro como sus nalgas me lo permitieron, ella soltó un alarido de placer ¡Aaaah! Con mi polla bien ensartada en su coño, frote sus tetas con una mano mientras que con la otra le masajee el clítoris hasta que presa del placer se corrió con contracciones internas, que a su vez hizo que me corriera en su interior copiosamente.

Ella poseída por la lujuria y el desenfreno continuo con las contracciones internas que impidieron que mi polla se relajara por un segundo, y después de gozar del orgasmo, volvimos al ataque, ella como yo deseábamos acometer otro asalto, mientras la arremetía con mi polla contemplaba embelesado el balanceo de su culo, mis movimientos fueron aumentando progresivamente, se volvieron más rápidos, hasta el punto qué doña Remedios presa del delirio comenzó a gritar ¡follame, follame, más rápido! la arremetí con furia y frenesí consiguiendo que entre grito se corriera con un desbordante torrente mientras yo a su vez derramaba otra triunfal corrida en su interior.

Los dos caímos de bruces en la cama rendidos, apenas recobramos el sentido ella fue la primera en levantarse y después de lavarse y ponerse sus ropas me beso amorosamente y me dejo para que yo descansara. En efecto me quede dormido por un rato. Al despertarme y después de lavarme me fui en busca de su compañía, junto a ella pasee por las proximidades, el paisaje era bellísimo, en el arroyo entre bromas y risas la salpique con unas gotas en la cara, ella reacciono arrojándome al arroyo, el agua estaba fría y al salir ella me rodeo con sus brazos para darme calor y besándome me dijo lo dichosa que era por haber encontrado un joven amante tan apuesto y bien dotado.

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