Doña Remedios (2)

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T. Lectura: 4 min.

Mientras nos basábamos una mujer apareció entre los arbustos muy seria Remedos le pregunto ¿Qué se te ofrece Amparo? La mujer contestó de inmediato y sin titubeos ¡hablar contigo del joven! Por la mirada de Remedios intuí problemas ¡espera aquí un momento! Me dijo Remedios que se alejó unos veintes pasos, desde mi posición no escuchaba bien de que hablaban, pero parecía que discutían diez minutos más tarde Remedios se me acerco y sin titubear me dijo ¡quiere una aventura contigo, nos vio por la ventana! ¡si accedes, no contara nada a nadie! ¿y tú la crees? ¡sí, es una mujer de palabra, solo será una vez y asunto zanjado! ¡no quiero presionarte, pero si habla será el fin de lo nuestro y un escándalo!

Sin pensarlo dije ¡de acuerdo lo haré Remedios! Ella levantó su mano y la mujer se alejó sin mediar palabra. De regreso al pueblo ella me conto que la mujer vivía sola en una casona a una hora del pueblo que había enviudado hacia años, aunque aparentaba un poco más tenía sesenta y dos años. Me aconsejo que subiera después de que todos se hubieran marchado a sus trabajos y que volviera antes del anochecer para no levantar sospechas.

Al día siguiente emprendí el camino hacia la casona de Amparo mientras subía disfrute de las vistas de la sierra, al llegar pude apreciar que era muy parecida a la de Remedios, la puerta estaba entreabierta la llame ¡Amparo! Escuche su voz en el interior ¡entra y cierra la puerta! Al entrar pude ver que ella sólo llevaba puesto un fino y corto camisón que me permitió apreciar sus firmes y abultadas tetas y los voluminosos muslos de unas piernas bien torneadas.

Ella me observo en silencio, hasta que lo rompió diciéndome ¡No estoy demasiado orgullosa de las formas, pero cuando los observé juntos a los dos pensé en mí! ¡he estado sola durante tanto tiempo, si estás dispuesto, me gustaría experimentar la juventud de un hombre, aunque solo sea por un momento fugaz!

No te pido mucho solo un momento de tu tiempo para aliviar mi soledad.

Sus palabras me conmovieron y las vistas me excitaron aún más provocando que mi polla racionara, ella continúo diciendo ¡un cálido abrazo nos vendría bien es una forma sencilla de mostrar amabilidad! Cosa que hice de inmediato pidiendo disculpa por mi torpeza, mientras nos abrazábamos con mis manos levanté el camisón descubriendo un portentoso culo. Con mi polla tiesa en todo su esplendor la atraje más si cabe hacia mí y sin darle tiempo a reaccionar la subí sentándola sobre la mesa y antes que pudiera recuperarse de la sorpresa, se la me ti en el coño.

Comencé a moverme despacio sujetándola por la cintura mientras ella, sin oponer la menor resistencia se dejó hacer solo exclamaba ¡Dios mío, Dios mío! comenzó a gemir ¡Oh!, ¡oh! sus gemidos se fueron exaltando poco a poco, sentí las contracciones de su coño y comprendí que estaba a punto de correrse aceleré mis embestidas al tiempo que movía espléndidamente su culo.

Comenzó a jadear con fuerza hasta que le sobrevino un fuerte orgasmo.

Recostada sobre la mesa mientras se recuperaba exclamo ¡Dios, no hacia una cosa así desde hace años! Yo legos de desalojarla le pedí que se quitara el camisón, ella no opuso ningún reparo ¡está bien, pero vallamos a la cama! Mientras yo me desnudaba ella se sacó el camisón por cabeza, dejando al descubierto su cuerpo blanco infinitamente mejor que el que me podía haber esperado.

¡Tiene usted un cuerpo precioso Amparo! Complacida por mi elogio, se me acerco con deseo de proseguir. Con una mano me aferro la polla y con el otro brazo me estrecho con fuerza, al tiempo que yo le manoseaba con una mano su trasero y con la otra sus tetas algo caídas pero firmes, retrocedió hasta la coma sentándose en el borde y separando las piernas se tumbó en la cama de espalda.

De inmediato me arrodille en medio de sus anchos muslos y comencé a lamer su coño rizado de color marrón, su coño era grande de labios gruesos, su clítoris sobresalía un poco, chupe y lo frote con mi lengua mientras con dos dedos frotaba la entrada de su coño, observe como los dedos de sus manos se aferraron a las sábanas y comenzó a gemir frenéticamente chupe y frote su clítoris con mi lengua hasta que ya no pudo más y me grito.

¡Mete de una vez tu gran polla en mi coño! Me levanté y sin titubear se la metí hasta el fondo de un golpe, ella se aferró a mí y comenzó a menearse furiosamente alcanzando un estado de locura ¡más adentro, con más fuerza Oh, oh me estas matando de placer! ¡Oh, oh, me corro, me corro! Gritaba mientras me rodeaba con sus pies y me estrujaba contra su cuerpo.

Deje que se recuperara echándome a un lado de la cama, ella se levantó para tomar agua y aproveché para pedirle que me dejara contemplar su voluptuoso cuerpo, especialmente su estupendo y enorme culo. Giró de un lado a otro, encantada de ver cómo la admiraba.

Volvió a la cama y sujeto mi polla, jugueteando con ella y meneándola con destreza consiguiendo empinármela, me paso una pierna por encima, atrapándome entres sus anchos muslos, y su voluptuoso abdomen. Desde mi posición debajo de ella, admiraba sus abultados pechos mientras ella se desprendía del pañuelo que llevaba en la cabeza, dejando a la vista una melena gris que le caía sobre los hombros, reposó sus manos sobre mi pecho señal inequívoca de que comenzaba el tercer asaltó.

Su robustez no le expedía moverse esplendorosamente con mucha agilidad, mientras aceleraba el ritmo comenzó a clamar ¡Follame, follame, con esta gran polla, ¡Oh, oh, sí, sí! Amparo se entregó con mayor desenfreno consiguiendo correrse dos veces seguidas, entre resoplidos y gritos ¡Me corro, me corro, si, si! Nunca en mi vida conocí a una mujer que gozara tanto follando como a Amparo legos de agotarse se desalojó mi polla y se volteó colocándose a cuatro diciendo que se la volviera a meter, la atraje hasta el bordé de la cama para poder penetrarla.

El culo en esa postura se veía grandioso, contemple con admiración su magnitud. Sus nalgas blancas y frías al tacto, me resultaban enormemente atractivas. Amparo inclinó el cuerpo enterrando su cabeza contra la almohada, con las nalgas bien separadas pude ver su objeté pequeño y oscuro acercando mi polla a su coño se la metí de un solo golpe hasta el fondo ella dio un respingó, comencé a moverme a un ritmo cada vez más intenso, ¡ella llevo su mano a su clítoris masturbándose mientras gemía! ¡Oh, oh, oh! Cuando ya estaba a punto de correrse me grito ¡vamos más rápido, más rápido! Obedecí de inmediato y los dos nos corrimos a la vez, con una fuerte descarga por mi parte en su interior y ella con un gran orgasmo.

Nos quedamos reposando en la cama abrasados hasta que llegó la hora de la despedida, no sin antes pedirle si podía volver a visitarla ella con una sonrisa me autorizo que la visitara cuando quisiera.

Llegué a casa con el tiempo muy ajustado, y no pude contarle nada a Remedios. Hasta la mañana siguiente, se lo conté todo sin guárdame detalle alguno, se puso tan caliente qué follamos varias veces durante la mañana corriéndose dos o tres veces cada vez

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