Economista y prosti: Fenomenal desfile y más prosti que nunca (1)

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T. Lectura: 12 min.

Hola queridos lectores, un gusto seguir poniendo al día mis relatos para Uds., pido disculpas por el importante atraso, causado por hermosas vacaciones y mucho trabajo, no precisamente como Economista.

Esta vez toca relatarles un hermoso (al menos para mí) y económicamente productivo desfile de negocios ja ja.

Pasado mi encuentro con Fred, genial, y mi posterior atención a los dos recomendados de Sam, muy buenos los dos juntos, fuimos con Tommy a pasar las fiestas a Punta del Este junto a mis padres y los suyos. Nosotros alquilamos un apartamento, mis padres tienen uno y mis suegros una hermosa casa, con piscina (ustedes ya lo saben pues esa piscina y la barbacoa adjunta fueron parte de la seducción a mi suegro.

Al igual que muchas personas que pueden hacerlo, algunos conocidos se trasladaron a Punta del Este por enero, por ejemplo Maca y su marido, Sam y su esposa (ya les he contado en el relato anterior de avances con ella y sus nuevas tetas).

Ya les he relatado cómo seduje a Sara, la esposa de Sam, con total beneplácito de Sam.

Fui con la idea, que Tommy por supuesto apoya, de tratar de ampliar mi red de contactos/amigos/clientes (aunque no me gusta llamarlos clientes). Ya sabía de antemano alguna cosa: no se conquista en la playa, a la playa todos van en familia, se conquista en cualquiera de los Casinos, o mucho mejor, en las fiestas privadas, o recomendación de conocidos.

Sabía que YY, argentina, que sale como “permitido” dos veces al mes con quien he llamado Tiburón, o Tib, es presencia (ese nivel de famosas, todas cobran por presencia) en casi todas las fiestas de Punta, y ella pasa desde siempre gran parte de enero en Punta del Este con su marido, y podría ayudarme a entrar a esas fiestas exclusivas.

Llamé a Tiburón, le expliqué, se puso como loco ja ja. Aunque tenía pensado otro viaje, a esquiar, armó una pequeña visita al balneario del Este. Su idea, brillante, era aprovechar y estar con YY, pedirle que me ayude llevándome a un par de fiestas y de paso estar conmigo.

Se armó todo. Sin problemas, y con colaboración de X e Y (para abreviar) y de Tib.

En cuanto llegó Tib a Punta del Este, armamos un té en una conocida confitería del centro, en un rincón, y planificamos todo.

YY y su marido nos llevarían como invitados a Tommy y a mí, a un par de fiestas. Siendo quién es Y, nadie pone objeciones a que nos invite, Tib irá con su esposa, pues sus grandes amigos, sabiendo que están en Punta los invitaban. Y ahí es donde, según Y comienzan los grandes contactos. Discreción total, quizás un intercambio de números de teléfono o un papel discreto entregado, y contactos posteriores si hay interés.

En la fiesta, con muchas esposas presentes, solamente conversación social y algo de flirting y/o vestido insinuante.

YY me hizo saber que ella me dirigiría a algún ex amigo o conocido, conversando con algún señor o matrimonio que fuera parte de su pasado como “amiga” y que Tommy y yo deberíamos acercarnos casualmente a saludar y conversar. El resto, si había interés sería a través de algún papelito o incluso con YY como intermediaria, lo cual me pareció buenísimo.

Y así ocurrió. Grandes, enormes, mansiones frente al mar o en el bosque, decenas o hasta más de 100 invitados, coches impresionantes. Seguridad abundante. Y casi todos con prendas blancas, hombres y mujeres. A veces, algunas mujeres de negro, que no falla, ja ja.

Vestidas de blanco, muchas transparencias discretas para lucir belleza natural o adquirida por cirugía, edades variadas, en general desde +30 hasta +70 en algún caso.

Se pudo cumplir lo acordado, fuimos a dos hermosas fiestas donde lo pasamos genial. YY es como un imán que atrae personas y Tib conoce siempre al menos a la mitad de los invitados (Punta es una especie de colonia argentina en verano).

En una fiesta fui de blanco y en la otra de negro. En la primera un vestido de raso blanco, aprovechando la excelente “caída” que brinda la tela. Escote hasta casi el ombligo, bien amplio pero con cintas adhesivas para que no se me escaparan las tetas. Obviamente sin sostén, se marcaban los pezones. El vestido largo al piso, con profundo escote también en la espalda y dos larguísimos cortes desde el piso a la cintura, uno frente a cada pierna. Debajo, una mínima tanga del mismo raso del vestido. Para no generar falsas expectativas de que se viera mi cuca, la tanga se sujetaba con dos hilos bien visibles que subían hacia mis caderas para unirse al hilo que pasaba por el trasero.

En otras palabras, los muslos y parte de la entrepierna totalmente visible al caminar o sentarme, y a veces, la tanga, pero nada más.

A la segunda reunión, vestido negro drapeado al frente, arriba de la rodilla, escote profundo sin sostén y por detrás, desde la parte trasera de las rodillas hasta casi verse el culo, una abertura en V invertida, con el vértice que llegaba hasta donde los muslos se hacen glúteos ja ja.

Se bailaba, se bebía y se conversaba, había de todo. Y honestamente, el llamador de la presencia de YY funcionó de maravillas.

El primer contacto, para mi sorpresa, fue con el dueño de casa de la primera fiesta. El señor por el cual puse que las edades llegaban hasta +70. Un Sr. mayor, ya viudo, obviamente de +70, que fue “amigo” de YY cuando ella, dirigida por un manager y mucho más joven, no tenía límites de contactos.

YY conversaba con el señor, a quien llamaré Raúl. “Casualmente” yo pasé cerca, YY me llamó y me presentó a Raúl. Nos dirigimos a un sofá a conversar un poco, Raúl no quitaba sus ojos de mis muslos, bien destapados por los cortes del vestido. En determinado momento, YY se retiró y quedamos conversando solos con Raúl.

Nada tímido, ventajas de la edad, ja ja, me alabó las piernas, me sonreí, aceptando el piropo. “Son hermosas pero me gustaría ver más” dijo. “Mmm quién sabe, nada es imposible si se lucha por ello, y debo confesar que soy un poco exhibicionista si se dan las condiciones” dije.

—¿Pero tu marido no se opondría? Se me ocurre que debería ser muy celoso con tanta belleza a su lado.

—Si se dan las circunstancias correctas, disfruta ver cómo me admiran, hemos evolucionado a ello, dije. Y a continuación: Su amiga YY me conoce bien, hable con ella y sabrá más de mí, de mi profesión de Economista y directora de una Asesoría, de cómo conocerme mejor y de cómo hacer que mi marido no se moleste. Mientras tanto, le dejo mi tarjeta con mi número de teléfono, por si desea que conversemos.

—Así lo haré dijo, y créeme quedo muy intrigado con eso de que tu marido disfruta ver cómo te admiran.

Dicho lo cual nos separamos para que siguiera atendiendo a sus invitados. Y yo logré entregar mi tarjeta de visita a otro caballero más, siempre ayudada por YY y Sam.

En la segunda fiesta. Ya les dije cómo fui vestida, todo fue más sencillo en el sentido de que yo ya sabía cómo es el ambiente y cómo debía manejarme, acercándome a Y cada vez que la viera con algún caballero, o incluso acercándome a su marido X si lo veía hablando con alguien de mi interés. Por supuesto ellos a veces me acercaban a algún amigo reconocidamente “liberal”. Fue fácil llegar a entregar cinco tarjetas.

Y luego, era cuestión de esperar y planificar, mientras atendía gozosamente a Tib, a Sam y Sara, y algunos otros de mis amigos que pasaban algunos días en la Punta.

Y, como era de esperar, llegó la llamada de Raúl. Había hablado con YY quien le había dicho que yo era de total confianza, persona siempre abierta al diálogo si las condiciones eran adecuadas y que ella misma sabía, “por amigos en común” que mi marido era incapaz de negarme nada que yo pudiera haber acordado, y al parecer, YY le dijo “créeme no le niega nada de nada”.

—“Y motivado por esa conversación con nuestra común amiga YY es que te llamo para invitarte a tomar el té en lugar lindo de los que tenemos en Punta” “Por supuesto, si lo deseas puede acompañarte tu marido”.

—Me encanta esa invitación y no creo que Tommy me acompañe pues aprovecha sus vacaciones ¡para trabajar un rato cada tarde! Pero no se preocupe, don Raúl, no le molestará en absoluto que nos veamos Ud. y yo a tomar el té en donde usted guste.

—¿Qué te parece en… así disfrutamos de su especialidad belga? Y por favor nada de don, ¡decime Raúl simplemente, así me siento menos viejo! ¿Hoy a las cinco de la tarde te parece bien?

—Allí estaré. Hasta luego.

El lugar hermoso, la especialidad belga, riquísima. Pudimos conversar a gusto en una mesa arrinconada.

Fui vestida muy sencilla, jean ajustado y camisa blanca un poco abierta. No tenía previsto que ocurriera nada especial.

Conversamos de diversos temas, entre ellos la fiesta, el clima (infaltable ese tema), mi atuendo en la fiesta… cuando llegamos a ese punto ya supe que nos acercábamos al tema de fondo.

—Tenías un vestido hermoso en la fiesta, y más aun lo que pude entrever de tu cuerpo, dijo, bastante directamente.

—Gracias. Realmente eres muy gentil, en realidad el mérito principal es de la costurera que trabaja para mí y con la cual nos entendemos de maravillas.

—Pues yo creo que el mérito principal es de tu cuerpo, y créeme que lamento que seas casada, si fueras soltera, libre, no vacilaría en pedirte cosas…

—Ayyy Raúl, que gentil al decir eso de mi cuerpo… y al respetarme tanto, y a mi marido. Seguramente él apreciará tus palabras de respeto cuando le cuente nuestro encuentro, y créeme que no se molestará en absoluto, de hecho le gusta que me admiren, refuerza su amor por mí el hecho de que me admiren… o a veces me deseen… y a mí me encanta ser mirada y deseada.

—¿Entonces le contarás nuestra conversación? Tendré que cuidar mis palabras y mis deseos entonces.

—Para nada, ¿acaso quieres hablar de otras cosas? Puedes ser totalmente claro y abierto, sin temor.

—He hablado con YY acerca de ti y me ha dicho que eres íntima de un íntimo de ella, y eso me hace soñar…

—Si ella lo dice…¡habrá que creerle!

—¿Tienes amigos íntimos entonces? ¿Te autoriza tu esposo?

—Desde que se lo mencioné, hace solamente dos años, Tommy nunca ha puesto objeciones, (y decidí ir a fondo): solamente me puso dos condiciones que siempre las he respetado.

—¿Y cuáles son esas condiciones? Seguro me interesa.

—Ser la mejor y la más cara.

—¿Y cumples?

—Claro que cumplo, ¡con creces! Y él muy a gusto, y suele mirar y gozar, y a veces participar, como ves soy totalmente sincera contigo…

—Entonces quiero probar si puedes ser mi fuente de placer y alivio sensual, carezco de una amiga fija desde que YY cambió su forma de relacionarse y solamente se encuentra con dos “permitidos”. Si eres tan buena como dices, ¡no vacilaré en que sigas siendo la mejor paga! Pero además, ya que te gusta ser admirada y sentirte deseada, podría presentarte amigos. ¿Qué tal xx por salida?

—¿Sabés Raúl? Es una excelente propuesta de arancel. Creo que nos entenderemos muy bien, y me gustaría proponerte algo…

—Podés proponerme lo que sea. Adelante, por favor.

—Me encanta mostrarme, y a Tommy ver cómo me muestro. ¿No te gustaría ver un desfile junto a esos amigos tuyos de los que hablamos? Después del desfile, puedo o podemos quedar contigo, y con tus amigos podríamos hacer una especie de subasta para estar con ellos los días siguientes. No olvidemos darles tiempo para hacerse los análisis del caso, y seguramente con ellos, deberé coordinar para horarios diurnos pues seguramente sean casados.

—¿Análisis? ¿Qué análisis?

—Oh, perdona, omití decirte que siempre pido a mis nuevos amigos un juego completo de análisis de salud sexual, pues soy muy egoísta, y quiero que siempre… digamos… me obsequien depositando su fuego dentro de mí.

—¿De verdad aceptas eso?

—Te diría que casi lo exijo, más que aceptarlo, ¡y espero que tengas mucho fuego acumulado!

—Acabas de llegar al techo de mi consideración, y asegurar tu salud y la de tus amigos es algo excelente. ¡Te felicito! Y lo disfrutaré por cierto. Y quiero que sepas que tengo mucho fuego acumulado. Hace un tiempo no consigo a nadie que valga la pena para intimar.

Todo estaba encaminado, con mucho tacto llevé la conversación nuevamente al tema arancel, para asegurarme de haber entendido bien su oferta, y rápidamente Raúl confirmó la cifra ofrecida (y esta vez quedó impresionado de que yo le aclaré que no pongo límite de tiempo a mis servicios, hasta puede ser un día entero si resiste ja ja).

Demás está decir que al día siguiente, Raúl me mensajeó diciendo que ya había ido al laboratorio de análisis y estaba contactando a sus amigos para organizar todo, desfile y subasta, (sin que ellos lo sepan).

Le propuse que con Tommy llegaríamos como “visitas inesperadas”, sociabilizando con todos antes de desfilar. Luego Tommy o el propio Raúl harían mi presentación de “putifina” y todo seguiría su cuerpo normal. El resto de la noche y la mañana siguiente yo la pasaría con el propio Raúl, en presencia o no de Tommy, eso se vería a último momento.

Convinimos para el día siguiente a eso de las 20 horas cuando R y amigos hubieran hecho piscina y degustado una típica picada de quesos y fiambres.

T y yo llegaríamos a esa hora diciendo que: “pasábamos por aquí cerca y venimos a saludar y a ver si hay café Raúl”. Los amigos de R debían volver no muy tarde a sus casas, obvio.

El horario me quedó perfecto para ir vestida con una prenda de estreno, que a priori me encantaba (y que a posteriori, gustó mucho e impresionó a los presentes).

Pasemos a los hechos del comienzo de la noche.

Llegamos tal como convenido, exactamente en el momento adecuado (mensaje de Raúl mediante) en que se iba a servir café. Café hecho por R y la comida había sido encargada a un servicio de catering.

Presentaciones del caso, los amigos que estaban con Raúl eran tres, y comenzamos a socializar en el living tomando café, mientras se preparaban a jugar una partida de Pool en la mesa del salón de juegos.

Déjenme contarles de mi vestimenta (tenía más ropa en un bolso que habíamos pasado a dejar allí muy temprano en la tarde, y que estaba en un dormitorio suite del piso alto de la casa).

Llevaba el cabello suelto, bien liso. Una gargantilla de cristales Sw… pues no uso joyas de piedras auténticas por seguridad. Mi “vestido” como siempre hecho a medida era una versión de un blazer masculino, en raso y color negro. Definirlo como largo o corto es imposible, para blazer normal es apenas largo, y para llamarlo vestido es cortísimo. Digamos que llega justo a cubrir mis nalgas y ni un centímetro más.

Se cierra con un solo botón y las solapas, son larguísimas y bastante separadas, con lo cual debí recurrir a cinta doble faz para no mostrar (en ese momento) mis tetas.

Por debajo, un short de lycra negro, apenas terminado por encima del fin del blazer, como estrategia de sugerir y no mostrar (todavía ja ja). Y eso se completaba con algo espectacular que traje de nuestra última ida París: una botas, las llamaré botas a falta de otro nombre, preciosas.

Comienzan con, digamos, zapatos negros, stilettos, de generosos 12 centímetros de taco, y esos zapatos, se continúan en una sola pieza con lo que sería la caña o cuerpo de la bota, de micro red elastizada, negra con cientos de diminutas lentejuelas plateadas, y esa red, símil bota, llega hasta la mitad del muslo, donde termina en un puño elastizado negro, sin brillos, de unos diez centímetros de ancho.

Raúl fingió sorpresa por nuestra llegada, pero nos dijo que éramos bienvenidos y nos invitó a presenciar el partido de Pool que iban a disputar, además de tomar un café que aceptamos con gusto. Por supuesto, llamaba (y mucho) la atención mientras circulaba entre los presentes, mi outfit era un éxito total de acuerdo a las miradas que recibía mientras caminaba entre todos.

Al terminar el café, y cuando iban a disputar la partida de billar, un amigo de Raúl tuvo una idea brillante.

—¿Qué les parece si la señora hace el primer tiro? Nos ahorramos el lanzamiento de sorteo. Capté la idea… y creo que todos la captaron al instante. La propuesta era que me inclinara sobre la mesa y poder ver ellos que había bajo el blazer.

—Es un honor que acepto encantada dije.

Tomé un taco y la tiza, puse tiza. Arias veces acariciando por así decirlo la punta del taco. Y me posicioné, piernas abiertas y cuerpo inclinado (un poco exageradamente) sobre el borde de la mesa. Comencé a deslizar el taco en mi mano buscando el punto de impacto, exagerando el símil sexual de la situación y golpeé la bola.

—Impresionante. Se oyó decir a alguien, y no se refería al golpe de bola…

—La señora domina bien el palo y las bolas… acotó otro.

Y entonces, olvidando el juego de Pool, Raúl dijo:

—Amigos, la señora Sofía, Economista, es también Magister y Doctora en Economía con especialización y actividad profesional en Finanzas individuales y familiares, dijo Raúl.

Entonces tomó la palabra Tommy.

—Amigos, lo dicho por Raúl es cierto. Pero no puedo ocultarles que además de todo lo dicho de sus estudios y trabajo en Economía, mi querida esposa Sofía, gusta de modelar en sus ratos libres, y lo hace muy bien.

Sus palabras fueron un detonante para lo esperado, que me solicitaran desfilar.

—Nos gustaría verla desfilar.

—Nos impresiona con su elegancia, por favor, una demostración de desfile.

—Y yo quiero ver más, supongo debe desfilar muy bien.

—Querida, ¿lo harías por ellos?

—Si tú me lo pides amor, lo haré encantada, pero que apaguen sus teléfonos.

Al momento todos lo hicieron, no quise que se filtraran fotos.

—Sofi, dijo Tommy, recuerda que trajiste un bolso que entregaste a la mucama al llegar antes de entrar. Y no defraudes a los amigos, he visto que te miran con admiración.

—¿Admiración? Exageras, quizás solamente es curiosidad. Siéntense por favor.

Se sentaron todos y pasé dos veces frente a ellos, luego de la primera pasada, a la vista de ellos, me quité los dos trozos de cinta que adherían las tetas al interior del blazer y se los entregué a Tommy. —Estoy más cómoda, dije, y pasé frente a ellos otra vez, esta vez moviéndome de tal manera que las tetas saltarán bajo el blazer.

—¿Podrías pasar más cerca? Quiero ver mejor esas medias. —¡Son botas! Y pasé nuevamente frente a ellos.

Trataré de ser breve para no alargar mucho el relato (es un gran defecto).

Subí al piso alto, tratando de lucirme en la escalera. Me puse mi infaltable vestido plateado strapless, un talismán infalible ja ja. Lógicamente te mantuve las botas y me puse una tanga. Pasé desfilando, al terminar la primera pasada tomé una silla y puse un pie sobre ella. La pierna, flexionada, se lucía enormemente.

Luego me senté y me abrí de piernas, mostrando la tanga, negra, un una postura tipo S.S. en Bajos Instintos. Y pasé otra vez frente a ellos, retirándome por la escalera, con aplausos.

La tercera vez fue en tanga y corpiño media copa blancos, de raso. La tanga de “mariposa”, es decir que al frente es una mariposa de alas abiertas, que cubre lo justo.

Y detrás otra mariposa más pequeña, justo encima de la raya del culito.

El corpiño de tamaño reducido, empujando los senos hacia arriba, pero cubriendo pezones y areola. Por encima, una bata larga negra, bien transparente.

—Felicitaciones, doctora (el doctorado habilita a que me llamen doctora).

—Que buena está y que bien se mueve.

—Felicitaciones Tommy, su esposa esposo es admirable y desfila muy bien.

Era el turno del cuarto desfile. Tommy y Raúl subieron a la suite.

—Amor, están enloquecidos, hay dos de pija parada. Quiero proponer algo a Raúl.

—Al finalizar esta cuarta pasada, podrías volver al outfit original, pero sin short, y repites la pose en la mesa de billar. Y si tú te animas, Raúl, los hacemos subir y la coges..

Cuando acabes, los dejamos en la suite y siguen toda la noche mientras yo la ofrezco a ellos, que no van a poder negarse.

—¡Ay sí, por favor Raúl! ¡Animate! Van a quedar enloquecidos. Y me van a ofrecer buen pago.

—Acepto, no es la primera vez que cogeré en público, ya he armado fiestas y orgías. Me gusta la idea. Aprovecho Sofía, para darte esto (y sacó un sobre de debajo de una almohada), cuéntalo. —¡Claro que no lo contaré! Y puse el sobre en mi bolso.

Por mí parte, dudé un segundo entre un bikini de playa bien atrevido o un conjunto de lencería. Me decidí por la lencería de Madrid, aunque la marca es italiana.

Color salmón y todas las prendas ribeteadas en puntillas negras. Tacos altos, tanga chiquita adelante, con parte de mi landing strip a la vista, y atrás una cinta ancha, a medio camino entre la whale tail y el hilo. Soutien media copa sin tirantes, lo cual hacía que las tetas se agitaran como un barco en un mar embravecido. Lo completé con un liguero alto con los tirantes colgando libres, todo en la misma combinación de colores. Desde que comencé a bajar, aplaudían, lo hice de la manera más sexy posible. Me paré de frente y de espaldas a cada uno de ellos. Volví a subir la escalera, moviendo mi trasero para deleite de los observadores.

Tommy, que había bajado, encaró a los amigos de Raúl, notó bultos grandes bajo los pantalones, seña evidente de entusiasmo.

—¿Que les ha parecido el desfile de Sofía?

—Excelente. Una maravilla de modelo amateur, debería dedicarse a eso.

—¿Dedicarse a qué?

—A desfiles sexy.

—Ya que tanto les ha gustado, hemos convenido que les hará una nueva pasada, de despedida, con el mismo outfit del comienzo.

—Si pudiera ser algo nuevo…

—Les garantizo que disfrutarán tanto o más que al comienzo.

Y entonces bajé la escalera, blazer y botas parisinas (pero sin el short bajo el blazer).

Me dirigí directo a la mesa de billar, y ellos tras de mí, dando todos la espalda a la escalera que lleva al piso alto.

Me incliné sobre la mesa, disimuladamente desabotoné el blazer, abrí las piernas y seguramente ya veían bastante, pero Tommy se acercó y dijo: Vean señores: Esposa, doctora en Finanzas Individuales, modelo amateur… ¡y dueña de este culo!… y levantó el blazer dejando todo mi culo al aire. Inclinada y de piernas abiertas, contemplaban también mi concha sin limitaciones. Me enderecé y Tommy me quitó el blazer y me hizo girar, me vieron de frente.

Creo que no estaban preparados para ver mis tetas, mis pezones erguidos, mis pelitos púbicos en su totalidad, una tirita prolija y encantadora.

Creo que más de uno dijo “Que tetas”. Señores, dijo Tommy: no les había dicho que Sofía además de todo lo que les dije, ejerce prostitución de altísimo nivel, y como prueba, verán que nuestro amigo Raúl la ha contratado. Un Ahhh unánime se oyó, pero antes de que preguntaran, Tommy dijo: Sígannos. Y me tomó de la mano y me llevó a la escalera. Subimos delante de ellos, yo los oía: “tiene un orto hermoso” “¿viste que tetas tiene? ¿cuánto cobrará? ¿se dejará por atrás?

Llegamos a la suite y Raúl me esperaba parado, totalmente desnudo y erecto. Huevos grandes en un escroto típico de su edad, un poco caído.

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