¿Recuerdas aquella vez en la que me saqué la polla bien dura, apuntando al techo, y comencé a acariciármela?
Estabas en el sofá de la izquierda, yo en el de la derecha. Claramente te estaba provocando, joder que dura se ponía me ponía, benditas hormonas.
Tú mirabas, decías no tener ganas. Yo cogí unos aros de plástico, el típico juguete del todo a un euro que estaban por allí tirados y comencé a lanzarlos jugando a tratar de ensartarlos en mi polla. ¿He dicho ya que estaba dura como una piedra?
Algunos aros rebotaban en mi glande y se salían, otros, los menos, acertaban y se ensartaban cayendo hasta reposar en el pubis escondiendo así parte del miembro. Con cada acierto yo apretaba los músculos para que se zarandease mi nabo a sabiendas que tú estabas mirando de reojo.
Los aros se acababan, los recogía y comenzaba otra vez el juego, así varias veces.
-¿Qué haces? -Preguntaste
-Jugar- Contesté
-No sabes.
-Si tú lo haces mejor ya sabes.
-Paso.
Recogí los aros una vez más para seguir con el juego. Del total de cinco o seis aros los más pequeños eran demasiado estrechos para mi capullo, así que cada ronda no contaba con más de tres intentos.
El líquido preseminal ya asomaba por la punta lubricando el glande, pero no pareció ayudar a mi puntería ni facilitó la bajada de aquellos aros entorno a mi polla.
De cualquier manera parecía tener ya tu atención y aunque el gesto era de cierto desprecio ante el juego de un idiota, tu ojos ya no se apartaban de mi jugosa polla.
-Mierda ni uno- Dije tras la última tanda de intentos.
-Joder que torpe- Contestaste
-inténtalo tú enterado.
Por fin la provocación tuvo éxito y te levantaste del sofá acercándote hasta el mío, pude adivinar perfectamente tu erección bajo el pijama. Recogiste los aros desparramados tras los últimos intentos fallidos y situándote a poco más de un metro de distancia comenzaste a lanzarlos hacia mi polla.
-Mal, muy bajo- Dije al rebotar el primero en el tronco mientras meneaba la polla a un lado y otro dibujando un no en el aire.
-Estate quieto, no hagas trampa.
El segundo tiro fue más ajustado, pero tras golpear el glande cayo hacia mi abdomen.
-¡Casi!
Para el tercero y último te concentraste especialmente, sopesaste el liviano aro de plástico en la mano e hiciste el gesto de tirar dos o tres veces hasta que finalmente lazaste lo que terminó siendo un nuevo fallo, y el peor de los lanzamientos.
-Ja ja ja, eres malísimo.
-A tomar por culo, esto lo termino yo ahora mismo- Dijiste.
Y tras aquella última frase todo fue precipitado. Te arrodillaste en el suelo frente a mí, sujetaste la polla por la base y ohhh, sí por favor, te la metiste en la boca y comenzaste bajar y subir por ella mamándola de forma sublime.
Ni en mi mejor pronóstico contaba con ello, que placer fue sentir la humedad de tu boca en mi primera mamada hermanito. Que gemido debió de escapar de la mía al sentir mi glande atravesando el aro de tus labios mientras estos se deslizaban polla abajo llenándola de saliva.
Recuerdo el frescor, la humedad, la morbosa sensación de felicidad ummm.
Fueron cuatro o cinco bajadas, no más. Tu boca describía una leve espiral durante el mete y saca y tus labios succionaban con fuerza en la retirada mientras yo miraba atónito como mi pene entraba y salía perfectamente lubricado.
-Ufff joder que gusto, sigue, sigue que me corro.
Me hubiera gustado correme dentro, claro que sí, pero decir que fue así sería faltar a la verdad. Y no me quejo, porque igualmente me regalaste un placer que nunca antes había sentido.
Te la sacaste de la boca perfectamente ensalivada y mirándola con esa bonita cara tuya la agarraste con la mano para seguir pajeándola intensamente, bastaron unas sacudidas más para sentir que el volcán ya era imparable y los chorros de semen comenzaron a salir disparados.
-Ummm, sí, me corroo Carlos, me corro, que gusto.
Tu mano siguió bajando y subiendo hasta que mi polla dejó de escupir leche, los últimos restos resbalaban glande abajo empapando tu mano mientras yo me recuperaba del orgasmo mirando la escena.
-¡Listo! ¿Lo ves? Se me da mucho mejor que a ti. -Me dijiste pasando tu mirada dese mi polla hasta mi cara a la vez que la soltabas y te limpiabas los restos de semen restregando tu mano por mi pubis y abdomen.
Te levantaste y te fuiste pasillo adentro camino de tu habitación mientras yo me quedé mirando alucinado como desaparecías con mi polla aun palpitante y cubierta de semen y saliva. Mil gracias por aquel regalo tete.
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