Todavía no había amanecido, pero el aire, aunque fresco, sabia a tomillo y romero mientras subía a la sierra.
Atrás quedaba el invierno y empezaba a resultar muy agradable caminar a primera hora de la mañana.
Pero su recuerdo no se apartaba de mi cabeza. La tenía presente día y noche, pero saliendo a caminar solo, se hacía más fuerte mi deseo de verla y tenerla cerca. Echaba de menos su voz, su aroma, sus ojos y su sonrisa. Rozar su piel era un deseo ferviente que iba haciendo mella en mi ser.
Mire la hora en el teléfono y vi un mensaje suyo. Me daba los buenos días y me animaba a salir a caminar, que ella ya había salido.
Le pregunté si iba sola y me respondió que si y le pedí inmediatamente que me diera su ubicación, porque yo también estaba caminando. Me la-dio y observé que estábamos a unos 10 minutos de distancia a pie.
Raudo eché a correr en su búsqueda, y apenas en cinco minutos la vi de lejos. Ella se detuvo sonriente y yo me acerqué corriendo casi sin aliento ya pero muy feliz, más cuando comprobé como sus maravillosas curvas se enfundaban en unos leggins fabulosos.
Seguimos andando y, muy poco después, la propuse dejar el camino y coger una senda mas frondosa. Con cara divertida me dijo que si y entramos en la-senda. A unos centenares de metros el terreno se hacía un poco más escarpado y nos tuvimos que ayudar a subir y bajar varias veces.
Finalmente, bajando una de ellas, yo delante, me di la vuelta en el momento en que ella resbalaba y caía encima de mi mientras yo abría mis brazos para evitar que se golpeara.
Nos caímos al suelo, pero sin hacernos daño… y vi brillar su sonrisa.
Intento levantarse pero la abracé fuerte impidiendo que se moviera, sonriendo yo también.
Y entonces me besó. Fue un beso largo en el que al poco tiempo ya se entrelazaban nuestras lenguas.
Terminó el beso y me miró con ojos de lujuria. Mis manos ya se habían agarrado a su culo, y mi polla estaba despertando.
Gimió levemente y me volvió a besar.
Sin decirnos nada, nos empezamos a devorar. Sus manos acariciaban mi polla por encima del chándal mientras mi boca viajaba a su cuello y sus orejas, hambrienta de comerla por entero.
Encima de mí, me bajo los pantalones y masturbó mi pene suavemente. Lo introdujo en su boca y empezó a chupármela despacio poniéndomela muy dura.
Me desesperaba acariciando sus pechos mientras-su experta mamada me llevaba al éxtasis.
Le pedí con mis ojos que parara y lo hizo, para inmediatamente ponerse sobre mí, hacer a un lado sus bragas y metérsela hasta el fondo.
Me empezó a cabalgar con mucha suavidad pero aumentando el ritmo muy pronto mientras yo la agarraba fuerte de sus caderas para no salirme de su coño.
Le noté cómo se contraía su coño para estrujar fuertemente mi polla con él.
Nuestros movimientos empezaron a acompasarse y nuestros gemidos y jadeos a sonar más fuerte.
Nos miramos un momento los ojos y su voz sonó gutural anunciándome un “me corrooo…” que me llevó al grado máximo de excitación mientras soltaba mis chorros de semen en su interior.
Abrazados, quedó sobre mí, mientras una suave brisa de aire fresco con olor a tomillo y romero nos llenaba de paz y calma.
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