Dianita con los ojos aguados, sintió una emoción indescriptible, su plan estaba funcionado, los recuerdos estaban regresando, pero no debía forzar la situación por la salud de él. – Sí, es cierto la primera vez que nos conocimos eso paso, y con una sonrisa en su rostro termino diciendo; — ya ves, aunque pierdas la memoria sigues siendo un depravado que aprovecha un descuido, para mirarles el culo a las mujeres, dijo riendo.
Él levantando sus manos en señal de rendición dijo; – en serio el resto de la noche vas a recordarme que me atrapaste mirándote el culo cierto. Ella con una mirada burlona le dijo; – es que eso es algo que, aunque pierdas la memoria mil veces nunca dejaras de hacer.
Ambos se quedaron en un silencio después de la respuesta de ella, él no sabía que contestar, pero sabía que tenía razón, su belleza era surrealista y su culo era una obra de arte, por más que no quisiera mirarlo, era una misión imposible de hacer, después de unos minutos él dijo.
—¿Sabes? Me alegra que estés aquí —dijo finalmente, rompiendo el silencio. Su voz era más suave ahora, como si se atreviera a dejar entrever una parte de sí mismo que había estado ocultando.
Dianita sonrió, sintiéndose un poco más relajada. —Yo también, Thiago. Me alegra ver, aunque sea por momentos el hombre que una vez conocí.
Al escuchar esas palabras él sonrió, se levantó de su silla; – Ahora vuelvo voy por otra botella de vino, dijo visiblemente contento, – ya te estabas demorando, contesto Dianita.
Thiago volvió minutos más tardes a la habitación, El ambiente se suavizó, y por un momento, parecían olvidar el juego. Hablaron de cosas triviales, de la universidad, de sus amigos en común, pero siempre había un subtexto, un roce de miradas que hacía que sus corazones latieran con más fuerza. Cada risa, cada comentario, cada vez que sus manos se rozaban mientras alcanzaban la botella de vino, hacía que el aire se volviera más denso.
De repente, Dianita decidió que era hora de intensificar la situación nuevamente. Con una sonrisa traviesa, se inclinó sobre la mesa, acercándose a la computadora. —Entonces, ¿Qué tal si nos concentramos? Quizás un poco de… motivación te ayude a recordar.
Thiago alzó una ceja, intrigado. —¿Motivación? ¿Qué tienes en mente?
Dianita se inclinó aún más, acercándose más a Thiago y su aliento cálido se mezcló con el aroma del vino. —Un trato: por cada fotografía mía que encuentre en tu computadora, ella tomo un sorbo de vino. Podrás… —hizo una pausa, disfrutando del efecto que sus palabras tenían sobre él—, preguntar porque esa fotografía está en tu computadora.
Thiago sonrió, sintiendo que, aunque estaba jugando con fuego, no podía resistir la tentación. —Eso suena interesante —dijo Thiago, inclinándose hacia adelante, sus ojos brillando con curiosidad. —Pero, ¿puedo hacer cualquier pregunta y será contestada?
Dianita no pudo evitar reírse suavemente, su voz melodiosa llenando el espacio entre ellos. —Espero que no sean demasiadas comprometedoras, pero si hay menos de diez fotografías, puedo elegir cualquier desafío que te tocaría hacer… te arriesgas.
La habitación estaba envuelta en una atmósfera cálida y cargada de expectativa. Thiago y Dianita estaban sentados uno frente al otro, rodeados de fotografías que habían ido revisando una por una, cada imagen un portal de recuerdos compartidos y momentos íntimos. El juego de preguntas y respuestas había comenzado como una simple distracción, pero con cada fotografía, la tensión entre ellos se había ido intensificando, tejiendo un hilo invisible que los unía cada vez más.
Thiago, con su sonrisa pícara y mirada traviesa, había lanzado preguntas que hacían sonrojar a Dianita, mientras ella respondía con una mezcla de timidez y audacia. El aire estaba cargado de risas y susurros, pero también de una electricidad que ambos sentían en la piel. Cada pregunta comprometida era como un paso más hacia un territorio desconocido, un lugar donde las barreras se desvanecían y los deseos más profundos salían a la superficie. A Dianita le encantaba el juego.
Las fotografías seguían pasando, cada una excusa para acercarlos más. Con cada pregunta, la distancia entre ellos se acortaba, hasta que parecía que solo existía el uno para el otro. Dianita disfrutaba de la forma en que Thiago se reía, cómo sus mejillas se sonrojaban cuando las preguntas se volvían más atrevidas. Y él, a su vez, se deleitaba en la forma en que ella se inclinaba hacia él, su voz bajando a un susurro cuando las respuestas se volvían más íntimas.
Finalmente, llegaron a la novena fotografía, la última antes de que el juego alcanzara su clímax. Dianita sonrió, sabiendo que era una oportunidad perfecta para llevar las cosas al siguiente nivel. —Entonces, parece que es la última, Thiago. ¿Listo para tu desafío? —preguntó, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y deseo.
Thiago tragó saliva, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. Sabía que estaba a punto de cruzar una línea, una que los acercaría de una manera que no había previsto. —Dime, ¿Qué tengo que hacer?
Dianita tomó un respiro profundo, sus labios curvándose en una sonrisa pícara. —Quiero que me digas cuánto mide tu verga. Es una pregunta que siempre me hice —dijo, su voz firme pero cargada de intención y sus ojos brillando con picardía. La habitación pareció llenarse de un silencio pesado, donde solo se escuchaba el latido de sus corazones.
Dianita sabía perfectamente que esa pregunta crearía un choque en su mente, ya que por esa apuesta fue que ellos tuvieron sexo por primera vez.
Thiago sintió cómo la adrenalina corría por sus venas, su mente hizo como especie de un corto circuito y empezó a inundarse de recuerdos. Aquella pregunta, tan directa y atrevida, lo transportó a un momento del pasado, a la primera vez que habían estado juntos, cuando él había sido el primero en explorar lo más íntimo de ella. Su mente viajó a aquella noche, a la suavidad de su piel, a la forma en que su cuerpo se había rendido a él, entregándole algo que nunca antes había dado, su entonces virginal ano. Sabía la respuesta, pero no quería revelarlo todo aún. Quería ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar Dianita.
En ese instante, todo el ruido del mundo exterior se desvaneció, y solo existía ella. Con una sonrisa en su rostro y dando un paso decidido, se inclinó hacia ella, sintiendo cómo el tiempo se detenía. Finalmente dijo; —Quisiera darte esa respuesta, pero no tengo ni idea —dijo, su voz calmada pero cargada de intención. Era una mentira, pero una que servía a su propósito.
Dianita frunció el ceño, sus ojos verdes clavados en los de él. Su expresión era una mezcla de curiosidad y desafío. —Entonces tenemos un problema, porque tienes que darme la respuesta. Ese fue el trato —dijo, su voz firme, pero con un dejo de diversión. La cercanía entre ellos era palpable, el calor de sus cuerpos fundiéndose en el espacio reducido que los separaba. Thiago podía sentir su aroma, dulce y tentador, y su mente comenzó a imaginar todas las posibilidades que ese momento podía traer.
Con sus cuerpos aun cerca y ambos con sus respiraciones aceleradas como si se quedaran sin aliento, y con sonrisas nerviosas en sus rostros. Thiago finalmente dijo; —Entonces, ¿Qué te parece si lo volvemos más interesante? Quizás… una apuesta.
Dianita alzó una ceja, intrigada. —¿Una apuesta? ¿Qué tienes en mente?, ella no podía creer que todo se estuviera repitiendo exactamente como la primera vez, había perdido el control del juego, se preguntaba.
—Sí, hagamos una apuesta, la que no quisiste aceptar el día que hablamos por mensaje de texto —propuso, —Los dos decimos una medida.
Dianita sonrió, sus labios curvándose en una expresión que era tanto divertida como seductora. —Y cuál sería el premio del ganador, si acepto la apuesta —preguntó, llena de curiosidad.
Thiago dio un paso más hacia ella, su sonrisa era confiada. —Si ganas, puedes pedir lo que quieras —respondió, su risa contagiosa llenando el aire.
Dianita lo miró fijamente a los ojos con una mezcla de diversión y escepticismo. —¿Y si pierdo? —preguntó, tono juguetón.
Thiago se reclinó ligeramente, su sonrisa confiada y con unas ganas enormes de besarla, sus labios casi se tocaban. —Si pierdes, puedo hacer lo que yo quiera —dijo, con un tono de misterio que hizo que Dianita sintiera un escalofrío recorrer su espalda.
Dianita levanto una ceja, su expresión era una mezcla de diversión y sospecha. —¡Uy!, qué peligro esa propuesta, — Es más peligrosa que la que propusiste ese día dijo, con su sonrisa ampliándose.
Thiago se encogió de hombros, su expresión inocentemente traviesa. Su risa llenando el aire una vez más. —La pregunta es, ¿Esta vez sí te vas arriesgar?
Dianita lo miró, sorprendida por el giro que él le había dado al juego. —Vez que al final sí eres un depravado, ¿siempre queriéndote aprovechar de las mujeres inocentes? —dijo, su voz cargada de diversión.
Thiago sonrió de nuevo, esta vez su sonrisa más suave, más sincera. —Te vuelvo a repetir lo que te dije ese día, mirándola fijamente, — A veces, los mejores momentos surgen de las apuestas más arriesgadas, entonces esta ves si te arriesgas —dijo, finalmente.
En ese momento, el aire en la habitación estaba cargado de una tensión sutil, una conexión que iba más allá de las palabras. —Tal vez tengas razón —admitió. — creo que hoy es un buen día para arriesgarme, ¡Acepto! —respondió ella, con una sonrisa que iluminaba su rostro.
Con la apuesta aceptada, ambos se miraron, sus respiraciones aceleradas, sus cuerpos casi rozándose. El juego había comenzado, Thiago sabía perfectamente que ella conocía la respuesta, lo que quería averiguar era si estaba dispuesta a perder. La habitación, envuelta en esa penumbra cálida, se convirtió en el escenario perfecto para averiguar porque lo hacía.
—De acuerdo, entonces —dijo Thiago, llevando una mano a su pecho como si estuviera haciendo un juramento. — Cada uno dirá su número y, al final, revelaremos la verdad. Pero recuerda, no hay vuelta atrás.
Dianita asintió, una chispa de desafío brillando en sus ojos. Su corazón latía con fuerza mientras pensaba si ganar o perder, sabiendo que cada opción traería consigo sus propias consecuencias. Pero la emoción del momento la envolvía, y no podía dejar que el temor la detuviera. —Voy a decir… —comenzó, mirando a Thiago a los ojos, llenando el espacio con una tensión casi eléctrica—… 22 centímetros.
Thiago se sorprendió un instante, en su mente rápidamente se dio cuenta que ella no quería perder. Siguió su juego con una sonrisa pícara, si era solo por estar con él, hubiese decidido perder, ¿Por qué quería ganar?, se preguntaba.
—¿22 centímetros? Bueno, parece que me tienes una gran estima —contestó, disfrutando de la forma en que sus palabras colisionaban con la atmósfera que los rodeaba.
—Bueno, aunque no recuerdes nada, ya debes imaginarte que ya hemos estado juntos, así que diré, que te tengo confianza. — dijo con una sonrisa muy pícara.
—Yo diré… 20. Decidió perder para no revelar aun que había recuperado parte de sus recuerdos.
El desafío se reflejaba en sus miradas; ambos eran conscientes de que la revelación del número sería solo el principio. La tensión entre ellos se intensificó, y todo lo que los rodeaba se desvaneció. Estaban sumergidos en su propio mundo, donde el tiempo no existía y cada latido del corazón marcaba un nuevo paso hacia lo desconocido. —¿Listo para revelar la verdad? —preguntó Dianita, su voz un susurro entrecortado por la adrenalina.
Ambos se miraron, la tensión en el aire era palpable. Habían pasado de la inocente broma a un juego de emociones que ninguno de los dos había anticipado. En la habitación, la risa había sido reemplazada por una carga eléctrica que parecía unirse en el espacio entre ellos. —¿Sabes que, para tomar la medida, debo hacerlo mientras miras cierto? —preguntó Thiago, su voz un susurro que apenas rompía el silencio.
Dianita asintió, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en su pecho. La diversión de la situación la hizo sonreír, pero en el fondo, había un deseo latente que empezaba a salir a la superficie. —Entonces busca el metro —dijo ella, con un tono juguetón.
Thiago salió de la habitación con pasos rápidos, y al regresar con el metro en la mano, su mirada parecía más intensa. —¡Listo! Ya podemos salir de dudas de una vez por todas —anunció, mostrando un aire de confianza que ocultaba el nerviosismo que sentía.
Dianita comenzó a contar, su voz era como la melodía de un canto provocador. —Uno, dos, tres… ¡Ahora!
Thiago bajó su pantalón, y con la erección visible que la tensión había provocado, tomó el metro y midió su miembro. Ambos pronunciaron el número al unísono, como si invocaran a los dioses de la risa y el desenfreno. El eco de sus palabras resonó en la habitación, y Dianita se rio, sintiendo que la broma había ido muy lejos.
—¡22! —gritó Dianita, y al instante, la habitación estalló en risas.
Thiago se quedó en silencio por un instante, procesando lo que acababa de escuchar. La incredulidad se dibujó en su rostro, todo parte de su actuación, pero también un rayo de emoción encendió sus ojos. —¿22? —susurró, incapaz de esconder la mezcla de sensaciones que lo invadía.
Dianita, sintiendo la chispa en el aire, se inclinó hacia él, su rostro apenas a centímetros del suyo. La atmósfera había cambiado, y lo que comenzó como una broma se transformó en algo más profundo, más serio.
—Sí, 22 —confirmó Dianita, su sonrisa ampliándose mientras la tensión entre ellos se convertía en una burbuja lista para estallar.
La risa de Dianita estalló como un chorro de agua fresca, y la burbuja de tensión se convirtió en una explosión de complicidad y deseo. —¡No puedo creer que hayas dicho eso! —exclamó ella, sus ojos brillando de alegría. Él había sido honesto, pero la revelación había creado una chispa que encendía sus ganas de explorar el momento.
Acortando la distancia entre ellos, Dianita se inclinó, dejando que su aliento cálido rodeara a Thiago. La atmósfera se tornó más densa, y una corriente de intimidad se apoderó del momento. —Ahora, el verdadero desafío, Thiago… —dijo, su voz baja y seductora. — ¿Qué harás, ya perdiste?
La pregunta flotó entre ellos, cargada de posibilidades. Thiago sintió un escalofrío recorrer su espalda; sabía que su respuesta podría cambiarlo todo, pero la emoción del momento lo empujó a actuar. Se dejó llevar por la emoción del momento y la posibilidad de explorar territorios inexplorados. —Haré lo que tú quieras —respondió, sintiendo cómo la emoción lo desbordaba.
Dianita sonrió, sabiendo que sus palabras eran un reflejo de los verdaderos sentimientos que ambos albergaban. En su corazón, deseaba que sus amigos encontraran la paz entre ellos, pero, con una mezcla de sinceridad y un toque de travesura, dijo: —Thiago, lo que realmente deseo es que hables con Cristian y recuperes esa amistad, que se reconcilien, que escuches su versión de lo que ha pasado —declaró, su voz sincera.
Thiago la miró a los ojos, y en ese momento vio la ternura y el sentimiento sincero de Dianita. Su corazón se apretó al pensar que no podía contarle la verdad: que gracias a ella había recuperado parte de sus recuerdos. Sabía que Dianita había sido una luz en su oscuridad reciente, y que su amistad con Cristian no se había deteriorado como le dijo Sofia, realmente no necesitaba hablar con su amigo, sin embargo, sabía que una apuesta era una apuesta.
—Está bien, pero solo lo haré porque soy un hombre que cumple sus apuestas —le dijo, siguiendo con su actuación, aunque sentía una parte de sí que le dolía. —Pero debiste pedir otra cosa, no eres buena reclamando premios.
Dianita sosteniéndole la mirada, y con una sonrisa de satisfacción por el deber cumplido, —Tienes razón, a veces debería pensar un poco más en mí, pero cuando las cosas se hacen con el corazón la satisfacción es más grande, — dijo ella, con un brillo especial en sus ojos.
Luego, buscando un momento de comodidad, añadió: —Ahora, ¿tienes algo que me prestes para dormir más cómoda?
—Bueno, como verás, es una habitación de hombre. Solo tengo camisetas y camisas, creo que te pueden servir —dijo Thiago, imaginando lo espectacular que se vería ella con una de sus camisas.
Dianita levantó una ceja, captando el doble sentido en sus palabras, pero decidió seguir con su juego. finalmente dijo; — Bueno para tú, desgracia si no las has botado en alguna ocasión deje ropa cómoda en tu habitación.
Eso lo tomo desprevenido, de eso no se acordaba, Dianita camino moviendo sus caderas muy sensualmente, se acercó al armario y sacó un short corto y un top que dejaba poco a la imaginación.
—Ves, te lo dije, ropa cómoda —dijo, girando para mostrar su atuendo, y Thiago sintió que su corazón se aceleraba.
—Ok, definitivamente sí has estado en mi casa —respondió él, tratando de mantener la compostura.
—Pero quiero decirte algo, mañana hablaré con Cristian, como me lo pediste, pero no prometo nada —añadió Thiago, sabiendo que su amigo podría ayudarlo más que ella.
Dianita sonrió, entendiendo que eso era suficiente. —Lo sé, pero para mí eso es suficiente.
Luego, con un tono juguetón. — Mañana debemos reunirnos en la universidad. Después de que hable con Cristian, tú y yo salimos a tomar algo; es lo mínimo que me merezco por haber jugado conmigo toda la noche.
Dianita soltó una carcajada mientras se dirigía al baño, la tensión aún vibraba en el aire, creando una atmósfera cargada de expectativas. —Mientras me cambio en el baño, lo voy a pensar, yo no fui quien perdió la apuesta. — dijo riendo.
Mientras Dianita se cambiaba en el baño, Thiago se permitió un momento de reflexión. Con cada risita y cada mirada, la química entre ellos se volvía más intensa. Paso sus manos por la cara, —resiste Thiago, recuerda que debes protegerlas a las dos.
Cuando Dianita salió del baño, el short que llevaba puesto se ceñía a su figura como usa segunda piel, de una manera que desataba todos los pensamientos de Thiago, el top solo cubría sus grandes pechos. Se veía espectacular, era muy difícil contenerse de no cometer una locura con esa belleza de mujer, ella era pura tentación.
—Ves, ropa cómoda —dijo ella, dando una vuelta provocativa, desafiándolo con su mirada.
Dianita se acercó a él, la complicidad en sus ojos era evidente. —¡Ah! lo pensé, Solo por cumplir la apuesta, te diré que sí a nuestra salida, —dijo ella, con ganas de volver a jugar con su mente, como queriendo hacer que perdiera la cabeza y se abalanzara sobre ella. — Aunque te equivocas, yo nunca he estado jugando contigo toda la noche; te recuerdo que fuiste tú quien propuso la apuesta, solo que la suerte no te acompaño. — le dijo riendo visiblemente.
Con una sonrisa y la promesa de una noche llena de posibilidades, Thiago se dirigió hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo y le dijo: —Como dijiste con eso me basta, mañana quiero escuchar tu versión.
— Que tengas lindos sueños, ¡ah! y no vayas abusar de mi en ellos. — dijo con una sonrisa pícara y salió de la habitación.
La puerta se cerró tras él, y ella riendo por sus palabras, se quedó pensando en cómo, de un simple juego, había surgido una conexión tan profunda. La noche se había vuelto larga, llena de posibilidades y de ese deseo reprimido que ambos sentían.
Ambos sabían que, al día siguiente, la conversación con Cristian sería un paso hacia algo nuevo, no solo en su amistad, sino en el camino que empezaban a compartir. La chispa había sido encendida, y lo que comenzó como una simple apuesta se había transformado en una danza entre deseo, verdad y amistad.
Continuará.
Si te ha gustado el capítulo, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciaré mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores.
![]()
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Administración de CuentoRelatos