Entrando en confianza con Armando

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A pesar de que Armando y yo habíamos quedado de vernos la semana siguiente, para ver el juego de jueves por la noche, no fue así. No sé si sea algo normal que a todos les pase, pero mi deseo por personas de mi sexo no es constante, a veces podría decir que es casi nulo, pero después por alguna razón los deseos y las fantasías regresan.

Tal vez después de la última a vez que nos vimos mis fantasías se vieron satisfechas, al menos temporalmente, pero en cuestión de semanas yo ya estaba masturbándome pensando en Armando. Y creo que estábamos en la misma sintonía, el no me insistió en las semanas anteriores, ni yo a él, pero seguimos en contacto. Poco a poco nuestros mensajes volvieron a tomar un tono sexual, compartiendo fotos subidas de tono, hasta que decidimos volver a vernos; otro jueves por la noche.

Igual que las ocasiones anteriores, saliendo del gimnasio nos fuimos a su casa. Me recibió en la entrada, nos saludamos como se saludan dos buenos amigos, y nada más. Al entrar me propuso ver el juego en su recámara, y por su puesto acepte, cargando con botanas y cerveza caminamos hasta allá. Me señaló una pequeña mesa donde poner las cosas y en cuanto las puse y me voltee, Armando ya estaba a unos centímetros de mi, con una sonrisa de quién sabe que no vamos a ver ningún juego de fútbol americano.

Es extraño, es un hombre al que tengo frente a mí, pero mi cuerpo reacciona diferente, se dispara de inmediato la dopamina, me invade la excitación y rodeo con mi brazo su cintura, si, como fuera una mujer la que está frente a mí, lo jaló hacia mí y nuestros cuerpos se aprietan uno contra el otro. Los dos sonreímos. Era extraño, la siguiente reacción natural entre un hombre y una mujer sería besarse, pero los dos tenemos la duda, ninguno se atreve a dar ese paso. Tanto por la duda personal de si realmente quiero besarlo, pero más aún por la duda de si él lo desea, y el miedo de cruzar una línea que tal vez ninguno de los dos desea cruzar.

Sin embargo, yo siempre he sido abierto a probar cosas nuevas, aunque no sepa si me va gustar, puedo probar, y puedo incluso aceptarlo por el simple hecho de que a la otra persona le da placer. Al final ese es el objetivo, darnos placer mutuamente.

Yo: No puedo evitar ponerme nervioso (risa nerviosa)

Armando: yo estoy igual

Yo: ¿está raro no?

Armando: Si bastante.

Los dos estábamos congelados tratando de descifrar cuál sería el siguiente paso. Como siempre, vestíamos ropa deportiva, y nuestras manos empezaron a recorrer mutuamente nuestros cuerpos, primero por encima de la ropa, después por debajo. La sensación de su piel cubierta en vello corporal me excitaba demasiado. Me da un poco de pena decirlo, pero mi boca por instinto buscaba los besos, empecé a besar su cuello lentamente y no parecía molestarle, hasta que en determinado momento nuestras caras coincidieron, nuestros labios se rozaron, una sensación extraña recorrió mi cuerpo, pausamos, pero el instinto ganó, lamí su labio superior con mi lengua, y después lo chupé.

Tuve respuesta, el chupó mi labio inferior. Después pausamos de nuevo, creo que los dos reconsideramos si realmente queríamos hacer eso, pero los dos nos dejamos llevar. Nuestras bocas se unieron en un beso, nuestras lenguas se entrelazaban, las manos recorrían nuestros cuerpos.

Poco a poco nos dejamos caer sobre la cama, yo acostado boca arriba, el encima de mi. Era obvio que empezábamos a sentirnos más cómodos el uno con el otro, nos dejábamos llevar con más confianza, nos estábamos besando cuál si fuéramos una pareja de enamorados, claro la sensación era extraña, pero debo aceptar que placentera. Al mismo tiempo removíamos la ropa uno al otro, hasta que los dos quedamos completamente desnudos y enredados en un beso.

Nuestras vergas estaban completamente duras, la excitación al máximo. Con mis manos apretaba sus nalgas cubiertas de vello y las abría para exponer su ano, podía verlo a lo lejos en un espejo y lo deseaba. Le pedí que se volteara, de manera que sus nalgas quedaron justo sobre mi. Aspiré su aroma, y clavé mi cara entre sus nalgas, alcanzando con mi lengua su zona más erógena. Comencé dando ligeros lengüetazos, probando su sensibilidad; él mantenía su cuerpo erguido, su mirada hacia el techo, disfrutando mi lengua, sentado en mi cara.

Lentamente mis chupadas se volvían más intensas y de igual manera su placer y sus gemidos. Entonces dobló su torso para colocar su cara justo sobre mi pene, de manera que sus nalgas se abrían aún más para mi, sus huevos y su verga quedaba reposando casi en mi pecho y su boca engulló mi verga casi por completo. Así varios minutos disfrutamos dándonos placer con nuestras bocas, aprendiendo de nosotros, lo que nos gustaba, lo que podíamos hacer; hasta que nos detuvimos por segundos.

Se levantó un poco separando su culo de mi cara, se recorrió hacia enfrente mientras con su mano acariciaba mi verga hasta quedar su culo justo sobre ella. Sabía lo que él quería, yo continuaba acostado boca arriba, tomé mi verga y empecé a rozarla alrededor de todo su ano, que junto con mi saliva y mi precum se sentía ya muy lubricado, hasta que poco a poco empecé a empujar, intentando que su ano se abriera para mi. Lo noté un poco nervioso, excitado pero nervioso, era su primera vez. Le dije que se relajara, que pujara ligeramente para que su esfínter se abra, y en cuanto lo hizo mi verga entró. Yo nunca antes había estado dentro de otro hombre.

Estando montado sobre mi, de espaldas, sus manos apoyadas en mis piernas; el tenía el control. Dejó que mi verga entrara poco a poco hasta que entró toda, el peso de su cuerpo cayó sobre mi pelvis, literalmente sentado sobre mi. Permaneció inmóvil por varios segundos, y después poco a poco comenzó un leve movimiento de cadera. Sus gemidos se intensificaron, su movimiento hacia arriba y hacia abajo comenzó a fluir, y la sensación en mi verga era deliciosa. Sentía como me apretaba, y el calor de su interior me envolvía , me encantaba ver su culo de hombre siendo penetrado, cuando volteaba hacia atrás veía su cara con una mezcla de dolor y placer.

Lo tomé de la cintura tal cual como hubiera tomado a mi mujer, recorría su espalda hasta llegar a su cabeza y jalaba un poco su cabello. Entonces le pedí que se volteara; sin que mi verga saliera de él, se dio la vuelta hasta quedar igual sentado sobre mi pero de frente. Su verga un poco flácida descansaba sobre mi abdomen, ahora podía ver su cara en todo momento, los movimientos de cadera continuaron, pero yo tenía un poco más de control, levantaba mi pelvis para entrar aún más profundo en él.

De pronto él se detuvo por unos segundos, la sensación era demasiado intensa, pero yo quería seguir, empuje con mi pelvis hacia arriba provocando que él cayera hacia enfrente sobre mi, tome con mis manos sus nalgas y empecé a bombear intensamente. Sus gemidos se convirtieron en gritos de placer, su aliento caliente se esparcía por mi cuello, pero me detuve, estaba a punto de venirme y no quería terminar aún.

Baje el ritmo de mis movimientos, empecé a entrar y salir de él lentamente, disfrutando la fricción entre su ano y mi verga, el contacto de nuestros cuerpos, disfrutando el momento. Entonces los papeles se voltearon, Armando sintió que baje el ritmo pero el ya estaba disfrutando y quería más, y empezó a mover la cadera para que mi verga entrara y saliera, yo de inmediato lo sentí y le dije entre gemidos:

Yo: ¡No, espérate me voy a venir!

Armando: “Vente, quiero sentirlo”

No pude contenerme más, y una ola de escalofríos recorrió mi cuerpo al tiempo que me estremecía completo, sentía como mis huevos bombeaban semen en su interior. El, todavía encima de mi gemía disfrutando el calor de mi leche dentro de él, seguía moviéndose, provocando que mi orgasmo se prolongara hasta que le pedí que parara por lo intenso de la sensación. Era la primera vez que descargaba todos mis mecos dentro de otro hombre, la sensación era deliciosa, extasiante.

Como suele pasarme normalmente, mi nivel de libido bajo casi instantáneamente y me encontraba en la bochornosa situación de tener un hombre sobre mi. Mi cuerpo decía ya terminamos, pero mi mente decía, tienes que corresponderle. Sin realmente muchas ganas de seguir dirigí mi mano hasta su miembro y lo tomé, estaba completamente erecto y despidiendo abundante líquido transparente. En el momento no sabía exactamente qué hacer, no me apetecían más besos, tampoco tanto los abrazos, mi cuerpo volvía a su estado heterosexual, pero tenía una responsabilidad. Comencé a masturbarlo, y de inmediato el lo agradeció con gemidos. De alguna manera eso me motivó, me gustó verlo disfrutar mi mano.

Se dejó caer a mi lado, con su verga en mi mano empezó un movimiento con la cadera que provocaba que su miembro entrara y saliera de mi mano como si estuviera cogiendo, entendí lo que él quería, y sus gemidos “quejosos” me lo sugerían; quería que le diera las nalgas. En un momento en el que mi libido aún estaba baja, fue una difícil decisión, pero se lo debía, y creo que muy dentro de mi también lo quería. Me voltee dándole la espalda como quien se resigna a ser cogido aún contra de su voluntad, pero el tenía que hacer el trabajo, yo solo me acomodé.

De inmediato sentí que acomodó su verga entre mis nalgas y empezó a empujar suavemente, buscando mi ano con la punta, esparciendo su precum por donde rozaba hasta que por fin encontró el punto suave, que claro en ese momento se encontraba bastante apretado. Empujó varias veces intentando entrar pero simplemente no estaba listo, y creo que él se dio cuenta.

Entonces empezó a deslizar su pene erecto por entre mis nalgas y entre mis piernas, y empezó a bombear como si estuviera cogiéndome, la sensación era placentera, con su lubricación sentía como su gran verga se deslizaba entre mis piernas y hasta llegar a mis huevos. Puso sus manos en mis hombros y continuó con el movimiento. De pronto me encontré a mi mismo gimiendo, disfrutando, deseándolo. Sin decir nada estiré mi brazo hacia atrás alcanzando su verga, la tomé, la coloqué en mi culo, me relajé, y entró. Solté un quejido.

Fue extraño, a pesar de que mi excitación no estaba al máximo y mi pene seguía flácido, yo me estaba entregando a él. Le estaba dando placer con mi culo, y mi culo era la única fuente de mi placer en ese momento mientras mi verga descansaba. Algo que jamás antes había sentido. Mis gemidos pasaron de ser un poco fingidos a ser de verdadero placer. A estas alturas Armando metía y sacaba su verga desde la base hasta la punta, recorriendo en mi culo cada centímetro, culminando cada movimiento con el chasquido del impacto de mis nalgas y su pelvis. Y yo gimiendo.

Me dejé llevar, mi trabajo en ese momento era darle placer a Armando y disfrutar la intensa sensación en mi culo, extendí mi brazo hacia atrás y puse mi mano sobre las nalgas de Armando, empujándolo aún más dentro de mi en cada movimiento. Comencé a contonear mis nalgas para agregar más movimiento y sensación. Nos encontrábamos todavía los dos acostados sobre nuestro costado, el detrás de mi.

Entonces Armando cambió de posición, se levantó de su costado para quedar hincado sobre la cama, y sin que yo cambiara mi posición me la metió entrando aún más profundo que antes. Mi cuerpo dio un salto cuando lo sentí, y empezó a bombear con fuerza. ¡Me estaba poniendo un cogidón!

Yo ya entregado al placer de mi culo, deje de preocuparme si mi verga estaba erecta. Después de unos minutos me moví para quedar acostado boca abajo sobre la cama, y Armando se echó sobre mi poniendo sus manos a mis costados para continuar metiéndomela con fuerza. La sensación se hacía cada vez más intensa, el rozamiento de mi pene contra la cama estimuló una ligera erección, pero el placer máximo venía de mi culo, y se incrementaba cada vez más hasta que de pronto increíblemente sentí un orgasmo, uno como ningún otro que haya tenido antes.

Con una intensidad y una sensación de presión dentro de mi que es difícil de explicar. No podía creer que me estaba viniendo de nuevo, sin siquiera tocar mi pene. Era tan intenso que estaba a punto de pedirle a Armando que se detuviera, cuando de pronto el explotó, su ahora familiar gemido largo y profundo me hizo saber que finalmente se estaba viniendo dentro de mi. Sus manos apretaban mis nalgas y las abrían al máximo mientras se vaciaba completamente los huevos dentro de mi culo. Yo estaba perdido en el éxtasis de mi nueva experiencia orgásmica.

Armando se desplomó sobre mi, dejó caer todo su peso, dejando que su verga descansara dentro por un rato. Los dos teníamos la respiración agitada.

Yo: ¡No mames que rico estuvo eso!

Armando: Algo bien jaja

Yo: Wey me vine sin tocarme la verga

Armando: mmm que rico

Después de un minuto, nos separamos, nos levantamos y nos fuimos a limpiar. El resto de la noche volvimos a ser los amigos del gym tomando cerveza.

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