Al día siguiente todo transcurrió, entre comillas, normal. Decidimos pasar todo el día fuera de casa para disfrutar la playa, ya que nos iríamos el domingo temprano.
Así que mi mamá y yo decidimos ponernos unos trajes de baño hermosos de color amarillo que apenas cubrían nuestras tetas y una diminuta tanga que dejaba ver nuestras nalgas; llevábamos también unos minishorts y una blusita, en mi caso transparente y la de mi mamá de color blanco.
Al salir, todos se nos quedaron viendo. Mi cuñado nos miró con cara de lujuria, y mi hermano también me vio con una cara de morbo con la que nunca lo había visto, lo cual me gustó. Por el contrario, mi hermana y su esposa de mi hermano nos dijeron:
—¡Es demasiado, esos trajes de baño enseñan mucho!
La verdad no nos importó en absoluto y decidimos irnos.
Al llegar a la playa fuimos a desayunar y después a dar un paseo, todo muy normal. Platicábamos, reíamos y, cada que podía, mi cuñado nos manoseaba a mi mamá y a mí, claro, siempre por separado.
Al llegar la tarde, decidimos ver el atardecer en la playa y después ir a cenar, pero a mí se me ocurrió el plan perfecto para que mi fantasía se cumpliera sin ningún contratiempo.
Fuimos a cenar a un lugarcito bonito y tranquilo en Mazatlán que me habían recomendado unos chicos. Cenamos, pero les dije a mis hermanos que quería regresarme ya que me sentía mal y quería dormir. Mi cuñado entendió la señal y enseguida respondió:
—No te preocupes, cuñada, yo te puedo llevar y después regreso por todos si les parece bien.
—Claro, cuñado, te agradecería mucho que lleves a mi hermana. Así la cuidas y no dejas que ningún hombre se le acerque —dijo mi hermano entre risas.
Cuando íbamos en camino, mi cuñado me dijo:
—Mami, ¡quiero meterte toda la verga, muero de ganas! ¡Y también quiero ver a mi suegra en cuatro! —mientras me tocaba la panochita, algo que me encantaba.
—Sí, quiero sentir tu rica y gruesa verga dentro de mí y después que se la des a probar a mi mamá, así con mis jugos —respondí mientras le agarraba el bulto que, debo aclarar, ya tenía súper erecto.
—Sí, putita, quiero que mi suegra me limpie toda la verga con tus jugos.
Y antes de que terminara, yo ya le estaba bajando el cierre, dejando expuesto todo su miembro. Empecé a chupárselo desde los huevos; pasaba mi lengua por el tronco hasta llegar a la cabeza, que ya estaba muy lubricada. Me la metí toda en la boca, subiendo y bajando sin sacar su miembro, jugando un poco con la lengua, lo cual lo volvía loco. Así estuvimos mientras él gemía de placer. Al llegar al hotel, como pudo se acomodó todo y salimos del carro.
Apenas llegamos al departamento, me lanzó contra el respaldo del sillón. Me quité rápido el short y él solo hizo a un lado mi tanga. Yo estaba súper mojada y él empezó a chuparme toda, desde la panochita hasta el culo; era una delicia sentir cómo pasaba su lengua por mis labios e introducía su lengua para después llegar a mi culo y mojarlo todo. Así estuvimos un rato hasta que le dije:
—¡Ya méteme tu verga, quiero sentirla y déjame tu lechita ahí adentro, ya no aguanto!
Él se incorporó, se sacó la verga y, sin avisarme, me la metió toda por la panochita. Yo gemía tan rico:
—¡Así, así, cuñado, dame duro!
—Qué puta eres, ¿te gusta mi verga, verdad, puta?
—¡Sí, me encanta tu verga! —mientras sentía cómo me rozaba todas las paredes y me mojaba más y más.
—Así, mueve esas nalgotas, me gusta ver cómo rebotan con mi verga adentro.
Yo, como una puta obediente, empecé a mover las nalgas y eso le encantó. Empezó a bombear duro y a darme nalgadas; se sentía tan rico su mano sobre mis nalgas que mi cuerpo colapsaba de tanto placer.
—¡Me voy a venir, ya no aguanto, dame más duro!
Al mismo tiempo nos venimos los dos. Sentí cómo su verga descargaba toda su leche tibia dentro de mí y yo no dudé en empaparlo con mis jugos.
—Estuvo delicioso, pero debes irte, no quiero que sospechen.
—Gracias, amor. Deja me cambio y me regreso, si no, se darán cuenta —me dio un beso y se fue de regreso con ellos.
Al poco rato regresaron todos ya con unas copas de más, excepto mi mamá y mi cuñado, quienes cuidaban y sostenían al resto. Al llegar, cada uno se fue a acostar a su cuarto.
Mi mamá entró a mi cuarto, se quitó la poca ropa que traía encima quedándose solo en su traje de baño y se fue para la terraza que da hacia la playa. Yo sabía que mi cuñado estaría ahí y, en efecto, al salir mi mamá, él ya se encontraba sentado afuera en un sillón. Yo me quedé escondida para ver todo.
—Te ves riquísima, tienes unas tetas impresionantes como las de tu hija Adri —yo soy Adri, jajaja— y esas nalgas me fascinan. Voltéate y báilame un poco —le ordenó mi cuñado.
—Mi vida, ¿a quién crees que se parece mi hija? Obvio a su madre —decía ella mientras se volteaba y empezaba a mover sus ricas y grandes nalgas.
Mi cuñado no aguantó más y la empinó en el balcón, le hizo a un lado la tanga y, sin permiso alguno, empezó a chuparle la panochita.
—¡Así, yernito, así! ¡Cómeme la puchita así! —decía mi mamá, quien empezaba a mojarse toda.
Mi cuñado estaba tan entrado que no vio que yo los observaba. Me acomodé en un sillón, usando solo una bata transparente que dejaba ver mis tetas, mis nalgas y mi vagina depilada. Abrí las piernas y empecé a tocarme.
Mi mamá se incorporó y mi cuñado dejó de hacerle sexo oral.
—Párate, hijo, y sácate la verga; tu suegra te va a enseñar cómo se mama una verga tan rica como la tuya —se hincó y agarró la verga de mi cuñado con una mano, y antes de chuparla, le dijo:
—Grábame, quiero que mi hija Adri vea cómo te coges a su mami.
—Eres una puta, suegrita, y eso me fascina. Vuélvete loca y trágate toda mi verga, putita.
Y así fue: mi mamá empezó a chuparle los ricos huevos a mi cuñado, comenzó a subir y con la lengua recorrió todo el tronco venoso hasta llegar a la cabeza. Primero le chupó la puntita con la lengua haciendo círculos y, sin previo aviso, se la metió toda a la boca. Me sorprendió que pudiera tragársela entera, así como yo, y eso me excitó aún más. Subía y bajaba de forma frenética. Mi cuñado la agarró de la cabeza y empezó a cogerle la boca, de la cual le escurría abundante saliva.
—¡Así, perrita, así! ¡Trágate toda mi verga, abre bien esa boquita! ¡Qué rico me la chupas!
Cada escena era tan rica y excitante que sabía que pronto llegaría a mi éxtasis.
Así estuvieron un rato, hasta que mi mamá se levantó con los ojos llorosos y la saliva cayéndole hasta los pechos:
—¡Méteme la verga por el culo, hijo! ¡Quiero que me lo destroces como a mi Adri!
Se empinó y se abrió las nalgas con las dos manos. Mi cuñado se acomodó detrás de ella, le dio una rica chupada, se incorporó, agarró su verga súper erecta y empezó a metérsela. Mi madre gemía:
—Despacio, hijo, que la tienes muy gruesa…
—Suegrita, tú puedes con esto y más, y lo sabes.
Entró la cabeza y después empezó a meterla poco a poco hasta que entró toda y sus huevos quedaron pegados a sus nalgas. En ese momento la sacó y la metió un par de veces.
—Ahora sí, mi putita, ya estás lista —dijo mi cuñado.
Y comenzaron las embestidas. Se la metía y sacaba tan duro y rico mientras le daba nalgadas a mi mamá, quien gemía como perra en celo:
—Hijo, ¡qué rico le destrozas el culo a tu suegra! ¡Así! —decía mientras con la mano se tocaba el clítoris.
—¡Qué rico me aprietas! Tienes un ano bien cerradito, suegra, y desde aquí te ves más deliciosa.
—Hace tanto tiempo que tu suegro no me da que por eso me he vuelto una puta, hijo —le dijo mi mamá, y le pidió cambiar de posición.
Acostó a mi cuñado en el sillón viendo hacia adentro y ella se montó dándole la espalda. En ese instante se dio cuenta de que yo estaba ahí, pero en vez de parar, solo sonrió y me lanzó un beso. Eso me excitó demasiado. Se la metió ahora por la panochita y empezó a cabalgarlo de una forma impresionante; subía y bajaba y en cada movimiento le rebotaban las tetas mientras mi cuñado la nalgueaba.
Ella se movía en círculos y de arriba abajo, cada vez más fuerte y frenética. Yo ya no podía más; ver ese espectáculo fuera de lo normal me hizo masturbarme más rápido y no pude evitarlo: sentí cómo mi cuerpo convulsionaba y me vine tan rico y potente. Mi mamá me vio y se excitó tanto que empezó a moverse más rápido.
—Suegra, me voy a venir. ¡Así, mueve esas nalgas así, cabalga a tu yerno! —mientras la jalaba del pelo para que le entrara toda cada vez que bajaba.
—¡Así, hijo, así! ¡Haz que me la trague toda, así, qué rico! ¡Me voy a venir! —decía mientras se tapaba la boca para que los gemidos no se escucharan tanto.
—Me voy a salir —dijo mi cuñado.
—¡Vente adentro, cabrón! ¡Quiero sentir tu leche en mi panochita!
En cuanto mi mamá dijo eso, mi cuñado se vino. Mi mamá expulsó tanto líquido que vi cómo su cuerpo se tensó todo para después caer sobre el pecho de mi cuñado. Se quedaron ahí un par de minutos. Yo me fui a mi cuarto creyendo que ya era hora de dormir, pero no tardó nada cuando entró mi mamá al cuarto. Se acostó a mi lado, aún iba mojada de sus jugos y tenía el semen de mi cuñado.
—No te hagas la dormida —me dijo—. Párate y límpiame la vagina con tu lengua. Ahora seremos las putas de tu cuñado —me besó.
Como una hija obediente, me paré y empecé a hacerle sexo oral a mi mamá. Me tragué sus jugos, que estaban mezclados con el semen de mi cuñado y aún tenían ese sabor peculiar. Eso me excitó mucho, así que logré que mi mamá y yo nos viniéramos de nuevo. Al terminar, me levanté y le di un tierno beso.
—Lo hiciste muy bien, nena. Eres toda una puta como tu mamá. Hay que dormir ahora.
—Gracias, mami. ¡Hasta mañana!
Al otro día todo transcurrió normal, nadie se dio cuenta de nada y regresamos a la Ciudad de México. Papá ya nos esperaba en su casa, cenamos con ellos y cada uno se fue a su hogar.
Ahora todo sería mejor: haríamos el trío que tanto queríamos, pues mi mamá y yo ya éramos las putas de mi cuñado, ¡y eso nos gusta tanto!
Espero me digan que opinas y me dejen sus comentarios eso me excita demasiado y me masturbo, también pueden mandarme correo, yo siempre les respondo a cada uno de ustedes.
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Me masturbe con tu relato, me encantaría que tú y mamá fueran mias
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