Esposa puta con dos señores y yo de mirón

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Recuento un poco, soy Fernando, tengo 25 años y estoy casado con Priscilla, ella tiene 24, ella es una flaquita de 1.50 m, tetas y colita pequeñas pero deliciosas, aperlada, cabello largo y negro, yo mido 1.74 m, moreno y tengo cuerpo delgado, pero ambos tenemos cuerpo un poco trabajado del gym, sin nada extraordinario.

Roberto es el gerente de mantenimiento de una empresa en la cual damos servicio, es un señor joven de 46 años, alto, moreno y fuerte por el gym, aunque en el trabajo es muy serio, nos mostró lo que es coger, así como lo contamos en el relato anterior.

Después de lo vivido con Roberto, como dos semanas después, nos invitó a una cena en su casa, al menos así nos dijo; nos envió la dirección y Pri y yo fuimos, a sabiendas que lo más seguro es que quería coger nuevamente con mi mujer, por lo que lo hablamos y pensamos en las posibilidades que había, incluso nos excitamos pensando en eso y terminamos cogiendo.

Camino al domicilio de Roberto llegamos a comprar algo, botana y una botella de vino para el “jefe”, al llegar, colocamos el número en el comunicador y el portón se abrió, el lugar era un fraccionamiento algo elegante. Dimos con la casa y ahí estaba afuera Roberto esperándonos. Nos saludamos y noté como sus ojos brincaban sobre Pri.

Mi mujer llevaba una blusa negra de brillos que se sostenía únicamente con sus pequeñas tetitas, y un pantalón de mezclilla entallado, que marcaban sus pequeños chamorros por los tacones altos y negros que llevaba, yo por mi parte solo iba de camisa, pantalón de mezclilla y tenis.

Roberto nos llevó al interior de la casa, agradeció la botella y nos dijo “ahorita nos la bebemos”. Al entrar, estaba en la sala grande un señor un poco mayor a Roberto, era alto, blanco de cabello rizado y oscuro, cuando se levantó resultó ser más alto que yo, casi a la altura de Roberto, y su cuerpo era delgado, pero de brazos fuertes.

Le pondremos Poncho al amigo de Roberto, quién resulto ser muy amable y educado, pero noté como se miraba con Roberto y sus sonrisas los delataban, algo tramaban, se lo hice saber a Pri y le comenté que si se incomodaba nos podíamos ir, aunque no lo niego, me excitaba tanto pensar que esos dos hombres deseaban estar con Pri.

Roberto estuvo sirviendo copas de vino y ponía cervezas, además colocó una tabla de charcutería, sin embargo, Pri y yo nos prendimos con la mezcla de vino y cerveza, Roberto miraba fijamente a Poncho y ellos se reían, pregunté si era la casa de Roberto y si su esposa se encontraba, pero Poncho amablemente me respondió que era su casa pero que Roberto le platicó que éramos muy divertidos Pri y yo.

Al tomar confianza entre los 4 Roberto preguntó que hacía cuanto que no cogíamos, Pri se puso roja de la pena, yo me reí nervioso, peor Roberto y Poncho soltaron unas carcajadas, respondimos que hacía 2 días y comenzaron a decir que por la edad es normal, y así pasaron varias preguntas hasta que Poncho dijo, -yo tengo un fetiche, es ver coger- y nos preguntó por el nuestro, Pri y yo no supimos que decir, pero yo dije, -que nos vean-, todos reímos.

Estábamos sentados en una isla de la cocina, en bancos altos, y pude ver como Roberto se acercaba a Pri con el pretexto de tomar la botella de vino, pero él se le pegaba a la espalda de ella, mientras decía – a mí me encantan los pies, ¿los tienes bonitos Priscilla- mi mujer dijo que si, y yo confirmé.

Tras un rato nos fuimos a la sala con más vino, Roberto llevó de la mano a Pri, se veía diminuta a su lado, se sentó en un sillón grande de 3 plazas, yo me puse a su lado izquierdo y Roberto a su lado derecho, Poncho en el sofá de aun lado. Roberto dijo que estaría bien romper el hielo así que me dijo, Fer dale un beso apasionado a Pri, recordé lo que habíamos vivido con él y entre nervios y excitación me acerqué a mi mujer y la bese apasionadamente, según yo.

Pri me besaba, quería lucirse, sabía que esa noche ella sería la estrella. Al terminar el beso le dije a Roberto -ahora usted inge, lo reto a Priscilla le baile, pero usted no la pueda tocar, el sonrió y me dijo que era un cabrón; Mi mujer se levantó y con la copa en una mano se empezó a mover, podía rozar con sus nalgas el paquete de Roberto, el no dejaba de mirarla y Poncho hacía lo mismo esperando que la blusa dejara ver algo más.

Al terminar el baile Poncho dijo -tengo un reto, Roberto ya que te gustan los pies, dale un masaje a Pri en sus pies-, ella sonrió y se sentó esperando que yo dijera algo, yo por hacerme el valiente dije que por que toda mi mujer, ellos se rieron, pero les dije que era broma, Roberto estiró su mano y colocó las piernas de Pri en su regazo, le quitó despacio los tacones y con sus manos grandes comenzó a dar masaje en los pequeños pies de mi mujer.

De repente Roberto, levantó un pie de Pri y le dio un beso, ella nerviosa se río con una risa que parecía un pequeño orgasmo. Los retos siguieron hasta que Pri dijo que tenía un reto, que los tres le bailáramos a ella, así lo hicimos y noté las manos de aquellos hombres sobando los hombros de mi mujer, no se pasaban tanto, pero sus ganas eran demasiadas.

Al terminar, Roberto dijo, – ahora tu Priscilla haznos un baile tipo table donde te quites algo de ropa, ¿te animas? – ella me miró yo asentí, así que quede en medio del sillón y a cada lado estaban aquellos hombres que se notaban lujuriosos y con ganas de comerse a mi mujer como si estuviera indefensa.

Priscilla se comenzó a mover frente a nosotros, noté que ellos se frotaban el bulto como acomodando la erección que ya tenían, yo imité el movimiento, ella estaba descalza, se acercó a Roberto y se desabrochó el pantalón, bajó el zíper pero no se quitó nada, luego fue conmigo y me dio un beso, paso su pecho frente a mí y la bese, su blusa bajó un poco sin dejar ver sus pezones, luego fue con Poncho y se sentó en sus piernas de frente a él.

Poncho colocó sus manos en la espalda pequeña y curva de ella y bajó las manos y las quiso meter por debajo del pantalón para tocar sus nalgas, pero ella lo detuvo, él tomó la cara de Pri con brusquedad y comenzó a besarla, no la soltaba, ella no se opuso, pero unos minutos después se levantó Pri, se acercó a mí y me besó, Roberto pidió que ella se desnudara, pero ella dijo que no, que si ella se quedaba en ropa interior nosotros tendríamos que estar a la par.

Roberto y Poncho se levantaron casi iguales y se desnudaron, ambos tenían cuerpos grandes y fuertes, me intimidé un poco, pero imité la acción y los 3 quedamos en ropa interior, Roberto un bóxer negro apretado, yo un bóxer suelto de tela y poncho una trusa blanca que le marcaba la erección hacia el lado derecho.

Priscilla se acercó conmigo y me dijo en voz sexy “me ayudas”, yo le saqué la blusa por arriba y sus pequeños pezones café claro se dejaron ver duros en los pequeños senos, Roberto se levantó y sin pensar le chupó una teta, la tomó de la cintura y le dije a Poncho, ayudémosle, la cargó y poncho aún sentado le estiró y bajó los pantalones, mi mujer se asustó, pero yo ya estaba muy prendido.

La tanga roja de encaje que llevaba nos dejó a los 3 muy calientes, al frente era de malla y se notaba su rajita bien depilada.

Roberto puso a Pri en mis piernas, se volvió a sentar y comenzó a chupar los pies de ella, les escupió y se sacó su verga que estaba dura y la colocó entre los pequeños pies mientras se masturbaba con ellos, Poncho por su parte se levantó y comenzó a besar a Pri, estábamos los 3 hombres sobre ella, yo la acariciaba y notaba que su tanguita roja ya estaba mojada se veía la mancha y su aroma y calor la delataron.

Poncho sacó su verga, era gruesa y larga, despacio se acercó a ella y me pidió permiso, yo acepté, él se la puso en la cara y Priscilla sin pensarlo comenzó a mamarla despacio.

Comencé a frotar la conchita de Pri y sentí la humedad y lo viscoso que estaba, estiré la tanga a un lado y Roberto miraba la rajita llena de líquido brillante, Poncho me pidió que se la metiera a mi mujer, ella se incorporó y se sentó sobre mis piernas, Roberto le retiró la tanga y yo comencé a metérsela despacio, ellos se pararon frente a ella y ella comenzó a mamar las dos vergas mientras gemía delicioso.

Tras un rato, Roberto me dijo, préstamela, tomó a Pri y la cargó como si fuera una pequeña, ella colocó sus brazos detrás del cuello de él y el la ensartó, ambos se besaban apasionados, yo miraba como entraba la verga en la conchita de Pri, se veía algo de líquido blanco, mi mujer se había corrido de lo excitada que estaba, él la movía a su antojo mientras Poncho miraba y se masturbaba. Después de ver ese subir y bajar de mi mujer, Roberto la colocó en el sillón, levantó sus piernas y comenzó a darle sobre ella, aprovechaba para chupar sus pies y lamerlos a placer, me indicó que le pusiera mi verga en la boca y así lo hice.

Cuando Roberto sacó su verga de mi mujer, saltaron gotas de la humedad de ella, él la cargó y se la puso de frente a poncho, él se acomodó y ella sin pensarlo y como si tuviera toda la experiencia se montó en Poncho, él la abrazó y sus manos recorrieron desde su nuca hasta las nalgas de mi mujer, comenzó a darle duro, le besaba y chupaba los pezones, era como si no supera como tomarla o como si el tiempo fuera a terminarse.

Pri logró un orgasmo y sus piernas temblaban, un chorro salió de ella y Poncho con un quejido y orgasmo a la vez nos hizo saber lo caliente que estaban, Priscilla se levantó y dejó caer sobre mí, yo la besaba, y le pregunte si le gustaba, ella movía la cabeza diciendo que si.

Roberto la tomo de la mano, la llevó a un banco y le pidió sentarse, se puso de frente y levantando una de sus piernas comenzó a metérsela duro, -quiero que te corras conmigo también- así que sin dudarlo y sin descanso comenzó a cogerla, Priscilla comenzó a mover sus manos, pero Poncho se acercó y la detuvo, podía ver como su verga se balanceaba y escurría un hilo transparente por sujetar a Pri.

De pronto un chorro salió de ella y Roberto no paraba de decir “así, así”, hasta que salió de ella y el líquido escurrió por las piernas de mi mujer, Poncho la colocó boca abajo en la barra, las piernas de mi mujer colgaban de la barra por lo alto y él se apoyó dejando caer su peso y haciendo que ella gritara, después comenzó a tomar su ritmo mientras se la metía y la nalgueaba.

Roberto se sentó en la barra frente a Pri y abrió las piernas para que ella pudiera alcanzar su verga, ella la chupaba, pero por los movimientos de Poncho no podía chuparla bien, yo miraba masturbándome, era como si me hubieran sacado y solo fuera un espectador.

Tras un rato Poncho se detuvo, me dijeron que yo me la cogiera, fui y me subí en la barra y de misionero comencé a darle a mi mujer, ella estaba feliz, podía notar su calor en su conchita, estaba demasiado resbalosa y además olía a esos hombres, nos comenzamos a besar un rato, pero yo estaba muy excitado, salí de ella y solté un chorro sobre su vientre y llegó un poco a sus pechos, Roberto lo limpió con una servilleta que estaba ahí en la barra.

Roberto se llevó a Pri al sillón de nuevo y la puso de perrito, el por detrás y poncho por delante, luego cambiaron, hasta que Poncho propuso una doble penetración, pero ella gritó que no, aunque insistieron ella se opuso, así que Poncho dijo bueno ven, la colocó montada de frente a él, comenzó a darle duro hasta que sacó su verga y soltó un corro en las nalgas de mi mujer, quedaron escurriendo mientras el daba golpecitos con su verga gorda.

Roberto le dijo, métesela otra vez cabrón, Poncho sin dudarlo se la metió de nuevo a Pri, ella gritó y con sus piernas empujó para salirse, eso lo aprovechó Roberto y le dijo a Poncho que la sujetara, él la abrazó con fuerza y Roberto comenzó a darle de perrito a Pri, así estuvo hasta que también salió y lanzó un chorro que escurrió por las nalgas de ella, incluso algo le salpicó a los brazos de Poncho que la sujetaba.

Ahí estaban los dos hombres tumbados en el sillón llenos de sudor, en medio mi mujer con su conchita muy roja por tanta fricción, pero toda sudada y sus piernas con restos del semen que había escurrido.

Tras un rato, Roberto se quedó dormido, Pri y yo nos limpiamos y nos cambiamos para irnos, Poncho insistió en que nos quedáramos, pero no podíamos, aunque dijo que cuando quisiéramos podríamos regresar pues era su casa y vivía solo porque era divorciado, agradecimos.

Mi mujer y yo llegamos a casa y aunque estábamos cansados, no podíamos dormir, seguíamos excitados y a la vez perplejos por lo que había ocurrido.

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