Experiencia sexual compartida (2)

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T. Lectura: 4 min.

Al día siguiente.

Después de ese arrebato de última hora sobre la videollamada, Roque se sintió algo intranquilo por la reacción de ella. Asimismo, inmediatamente dejó de preocuparse, al no poder contener el deseo que sentía por esa mujer; no podía quitarse de la cabeza su cuerpo desnudo, sus tetas redondeadas, sus pezones erectos, sus labios húmedos y abiertos gimiendo de placer, su coño mojado… Su mente se dispara, al igual que su entrepierna… y desea tocarla, acariciar sus pezones, lamerlos, acariciar su ombligo, besar todo su cuerpo sin parar y follarla dándole mucho placer.

Un sonido estridente le saca de su fantasía, su teléfono móvil suena y vibra sin parar. Roque lo saca de su pantalón y no puede evitar un jadeo a ver el nombre de ella en la pantalla. Su mano tiembla al descolgar y sus ojos no pueden dejar de mirar a esa mujer sonriente, tremendamente atractiva, con un picardías negro. Por fin, pueden verse las caras, se miran a los ojos, no hablan, se desean. Recorren con la mirada sus cuerpos…

Ella rompe el silencio y le invita a mirarla. Comienza a tocarse, acariciando su cuello se baja los tirantes de su picardías dejando al descubierto sus pechos firmes, los masajea despacio, con ambas manos, acaricia sus pezones…, comienza a notar una tensión muy intensa en su sexo, está mojada y así se lo hace saber a Roque. Éste gime y le pide que se desnude. Ella, con un movimiento sutil y sin dejar de acariciarse, se queda completamente desnuda ante él.

Comienza a jadear… mientras desea verlo desnudo. Roque se despoja de toda su ropa. Su pene erecto salta como un resorte al bajarse el bóxer. Ella lo mira, desea de repente, masajear sus nalgas, acariciar sus testículos…

Roque siente las yemas de sus dedos en su culito, sus manos manejando expertas sus huevos…, agarra su polla vigorosamente. De repente algo húmedo en su glande le hace gemir de placer. Ella chupa, lame su glande con esmero, mete en su boca su polla y su lengua la recorre de arriba a abajo, de abajo a arriba… Roque jadea, agita vigorosamente su miembro, abre los ojos, observa como ella acaricia su clítoris, lo mueve con maestría, está muy excitada, mete sus dedos y los mueve con placer.

Ambos gimen al unísono, Roque se arquea, nota como su polla palpita, grita mientras su semen se esparce por aquella habitación sin punto fijo. Ella al verlo se abandona al placer, todo su cuerpo late, jadea, grita y disfruta de su orgasmo, mientras Roque mira ansioso. Ambos se miran, ella empieza de nuevo su ciclo de deseo, quiere que Roque la toque, la acaricie, la coma, quiere sentirle dentro, follar con él, acompasar sus movimientos con los suyos, sus jadeos, sus orgasmos…

Vuelve a tocarse con ansía, con deseo contenido y sudorosa mete sus dedos dentro de ella, los mueve, su respiración se acelera cada vez más al ver como él la mira con deseo. Gime de nuevo, él boquiabierto, excitado, ve su squirt y tiene de nuevo una erección

Tras esto, deciden verse en persona esa misma tarde…

Allí, tumbados en la cama, abrazados, sintiendo la fusión de sus cuerpos desnudos, esperaron, sin dejar de acariciarse y susurrándose cosas al oído, la llegada de la cena. Envuelto en un esponjoso albornoz blanco, con las iniciales del hotel bordadas en hilo dorado, Roque abrió la puerta al camarero que traía la cena, y presuroso, le dio las gracias con una buena propina.

Con una amplia sonrisa descorchó una botella de cava y sirvió dos copas. Ambos brindaron con ojos de deseo. Roque cogió el paño cubre-botellas y haciendo un gesto juguetón de petición de silencio, le tapó los ojos y acercó sus labios a uno de sus oídos pidiéndole que se tumbara.

Su aroma, el roce de sus labios, esa bocanada de aire en su oído, hizo que el deseo volviese a apoderarse de ella. Su sexo se excitó de tal manera que notó una gran tensión fruto de su clítoris erecto, se sintió empapada de flujo y soltando un gemido, le suplicó que no parara.

Roque, destapó una apetecible ensalada y sujetando con su boca un brote de canónigo verde, comenzó a acariciarla, deslizando aquellas hojas por su cuello, sus orejas, sus hombros, brazos, por su abdomen, por sus redondas y grandes tetas. Pasó delicadamente ese brote por sus pezones, que chocaban con sus labios y recibían ansiosos su aliento.

Ella sin ver lo que estaba pasando pedía más entre jadeos. Roque acarició el pubis de ella, soltó aquella hoja que había mantenido en su boca todo ese tiempo y comenzó a comer su coño con ansía, a chupar su clítoris erecto mientras ella gritaba de placer. Entre tanto, su cabeza se perdía entre sus muslos, su boca paladeaba sus jugos y su lengua succionaba lamiendo su vulva, una oleada de calor entre sus piernas la invadía, una tensión intensa la poseía fruto del placer que sentía, y así, sin poder ni querer contenerlo más, todo su cuerpo comenzó a temblar de placer, mientras su sexo latía sin control entre gemidos.

En ese momento, Roque, con una erección descomunal (tenía su polla a punto de explotar con el glande violáceo, húmedo de excitación y lleno de fluidos deseosos de salir) le destapó los ojos y la besó. Ella también lo besaba con intensidad, intentando reponerse del clímax que acababa de experimentar, y con un pequeño mordisquito en sus labios le susurró que ahora le tocaba a ella jugar.

Le ofreció una copa de cava y ambos bebieron de la misma copa entre besos. Ella comenzó a acariciar con su dedo índice la cara de Roque, sus ojos, perfilando con su dedo sus labios, su cuello, su pecho… el tacto del dedo de aquella mujer suave, sedoso, caliente provocó una intensa excitación en Roque. Su polla estaba dura, erecta, hinchada, y sentía una tensión tan intensa que deseaba expulsar ese semen, gritar como un loco, correrse encima de ella…

Mientras ella besaba y lamía su torso desnudo, su ombligo y respiraba agitada, deseosa de probar cada poro de su piel. Su boca rozó el glande de Roque, rosado, hinchado, húmedo y comenzó a comerle la polla. Su lengua se movía con rapidez y recorría toda su longitud, cada vez más rápido y con más intensidad. Con sus manos masajeaba sus testículos con maestría.

Roque notaba cómo le invadía una sensación de pérdida de control, de dejarse ir, de no poder contenerlo más… y entre jadeos… un fuerte gemido seguido de oleadas de semen que salía sin parar, entre tanto, ella mordisqueaba y chupaba sus huevos mientras la polla seguía expulsando líquido sin control. Tras esto, ella excitadísima, se colocó encima de él y comenzó a frotar su chocho con la polla aún erecta de Roque, notando éste como latía su orgasmo encima de su polla.

Ambos se besaron apasionadamente, con la respiración entrecortada… y así abrazados, desnudos piel con piel, en una habitación de hotel a las afueras de la Ciudad Condal, donde las horas parecían minutos, se quedaron profundamente dormidos.

Continuará.

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