Hacía poco tiempo que lo había intentado por detrás por primera vez, y aún me costaba entregarme por completo al placer.
Era ya muy tarde. Mi pareja y yo habíamos tomado un par de copas de vino y estábamos a punto de dormir, pero al sentir su verga junto a mi cuerpo y su excitación rozándome, empecé a encenderme.
Los besos no tardaron en llegar. Nos quitamos la pijama y, solo quedé con una pequeña tanga de encaje negro frente al espejo, nos dejamos llevar entre caricias y miradas. Primero, él sobre mí, me penetró. Luego cambiamos: me subí encima, sosteniendo su mirada, y después me di la vuelta, ofreciéndole mi espalda.
Estaba muy excitada, me gusta mucho sentir el pene dentro de mi vagina mientras estoy encima. Tanto placer me hacía gemir y repetir muchas veces “Hijueputa que rico”.
Cuando estaba muy caliente, él me puso en posición de cucharita y me besaba las tetas, suavemente me decía al oído “Que ricas tetas”.
En ese momento lubricamos su verga y me penetró, suavemente por atrás, comencé a mover mi culo y caderas suavemente, mientras el acariciaba mi clítoris.
Cuando me sentí más caliente, me puse encima de él, mientras él estaba recostado, su verga penetraba mi culo.
Cuando no podíamos más de la calentura, él me puso en cuatro y continuaba acariciando mi clítoris.
En ese momento me deje llevar por la calentura, seguía gimiendo de placer.
Y nos vinimos juntos. El derramando su semen dentro de mí.
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